Cucarachas y bombas nucleares

Meh, parece decir todo el tiempo. Meh… Estoy en una cena multitudinaria, y la chica que tengo al lado dice meh… Sonríe y actúa y en el fondo solo parece decir meh… Un meh interior de asco por sí misma. Creo que no es del todo consciente de todo lo que se odia, solo consigue captar un porcentaje pequeño de autodesprecio. Su educación la protege del sentido común real, que seguramente pugna por salir, por revelarse. Meh… Puta idiota. Bueno, puede que simplemente sea yo quien la odia, pero aun así estoy teorizando: creo que en realidad ella también se odia a sí misma, no creo que sea algo tan complicado. A mí me resulta muy fácil odiarla. Es un odio tan sutil como punzante e intenso. Es prácticamente imposible que ella pueda hacer algo para cambiar mi opinión sobre ella, y de hecho eso hace que la odie aún más. Y no estoy hablando de ese odio de cuando quieres a alguien pero ella no te quiere y por tanto la odias por hacerte sentir tan mal… No, hablo de un odio sin adulterar, de un odio que ves completamente justificado. De fantasear con verla algún día mendigando en la calle para pasar junto a ella y sonreír satisfecho. Es un odio completamente destructivo y corrosivo. Un odio sugestivo. La clase de odio que te hace confirmarte definitivamente como ser humano, que te hace entender que Dios no existe, y que aunque exista desde luego tú no eres Jesucristo 2. Es tan claro el sentimiento que si ella despreciara más a otra persona que a ti, te sentirías celoso. Lo contrario al amor suele residir ya en lo que llaman normalidad, en lo común, en cada esquina, codazo o mirada mal disimulados. El buen odio como respuesta a esa actitud “normal” no se expresa pues con un puñetazo, esa clase de acción es demasiado honesta; el buen odio se da en pequeñas dosis disfrazadas de rutina, y nunca se agota. Es el odio más sensato. Lo sabes porque quieres a otras personas; no sabrías querer si no supieras odiar. De modo que tener relativamente cerca a una persona a la que odias por lo que representa, se te antoja un alimento más para la coherencia de tu existencia.
Algunos podrían pensar que mi odio es infundado, que no tiene base, que es gratuito o sencillamente basado en la envidia o alguna clase de frustración propia. Podrían pensar que está sacado de quicio simplemente porque no se focaliza en lo obvio, en las típicas malas personas per se, sino que va dirigido ya mucho más a otro tipo de personas que muchos considerarían, en ocasiones, incluso un ejemplo positivo. Mi odio se focaliza ya en ese tipo de personas porque creo que son mayoría, y porque estoy convencido de que las cosas van mal cuando la mayoría no solo están equivocados respecto al modo de vivir sus vidas, sino que además se sienten orgullosos porque no están ni cerca de plantearse que puedan estarlo.
De ahí mis fantasías con que la persona que tengo al lado lo sepa, con que sepa que en realidad no se acepta a sí misma. Que no va a ser uno de los bichos que sobreviva al cataclismo. Que por más que la mayoría de gente sea como ella, eso no significa nada. Nada en absoluto. Nada significativo más allá del hecho de encajar como quien se pinta de rojo, pasa desapercibido en el infierno, y con eso ya se conforma.
Y hay muchos motivos para mi odio. Puede que no sean fáciles de exponer, pero los hay. Uno de ellos es, por ejemplo, que si yo fuera en algunos aspectos como esa persona horrible, iría más tranquilo por la vida, me iría mejor y tendría más recursos, obviamente más dinero, y puede que hasta el futuro asegurado. Pero ¿vale la pena serse infiel a uno mismo por todo eso?, ¿por seguridad o sencillamente para evitar que esa mayoría odiosa te rechace quizá algún día? Ella representa tan bien a esa mayoría que era imposible que sintiera por ella algo más que un profundo desprecio. Conozco a bastantes personas, y no es que haya ninguna más que no sea como ella, pero ella se lleva la palma en cuanto a orgullo narcisista mal disimulado por ser simplemente una oveja más. Ella y las de su calaña son el auténtico cáncer. La Idea de responsabilidad que mata almas. La Idea de entretenimiento que mata el arte. La Idea de la existencia que consiste en el estatus y la jerarquía (de ahí su vena chismosa: para ella esa información es útil). Ella es la competición no-saludable. Ella es el motivo por el que madrugar no es un coñazo tanto por la hora como por la mera idea de tener que hacer lo que debas hacer. Ella puede decir de otros que son parásitos, cuando en realidad es ella quien parasita cierto concepto de cómo hay que vivir la vida y que solo hace que alimentar la Enfermedad de estar vivo, y no la Suerte de poder existir. La odio porque no puedo denunciarla o ponerla en evidencia fácilmente; no puedo atacarla. No ha hecho “nada malo”, solo ser una marioneta. Y tampoco puedo confrontarla por el hecho de ser feliz siendo una marioneta, porque ella no cree ser una marioneta. Como no lo creen ser tantas y tantas personas. A las que también odio como a ella. Porque repito, esto no es una historia de amor. Da igual las veces que repita la palabra «odio»: NO es una historia de amor. O en todo caso, si lo es, lo es por amor a la existencia, por la fortuna de estar vivos, lo cual justifica mi odio por quienes convierten eso en una pesadilla a plena luz del día.

Estoy con ella y cinco personas más en una cena otro día. La vida se puede resumir en cenas. A más personas hay, peor suele ser la versión de las mismas. Si hablas con una metido en su cama, es probable que descubras a alguien sensible, que siente y padece. Si vas a un estadio, todo estará lleno de gilipollas. La chica a la que odio no sabe eso. La chica a la que odio tiene una carrera, de hecho, pero aun así no sabe una mierda. Porque no era interés por nada, solo era “titulitis”. Solo era practicidad. No es una educadora, no es profesora aunque crea que sí; solo es el producto del miedo al dinero. Y de ahí, se pasa a pensar qué oficio podría tener una que no suene a narcisismo. Profesora está bien. Ayudas a los niños. Al menos sobre el papel, y nunca mejor dicho. Viajas un mes al tercer mundo y vuelves siendo igual de ombliguista pero con mil y pico fotos chulísimas. Es importante que luego digas: “Tienes que ir, vivir la experiencia”. ¿Qué experiencia, Puta reina mía, la de aprender a usar una cámara nueva que te compraste para el viaje?, ¿la de seguir siendo igual de mala puta para con la Vida aun habiendo ido a las cloacas de la existencia? Lo contrario a enamorarse se ve ya por todos lados, en la mayoría de caras, las cenas, en la tía cabrona ésta que cree que puede engañar de verdad a alguien, o a sí misma. «Buena chica» de los cojones. Buen chico por los cojones. El mundo no se lo está cargando ningún fantasma, habéis sido solo vosotros teniendo esa puta previsión inteligente del futuro, de vuestro futuro. Inteligente… vosotros sabréis. Seguís creyendo que la felicidad es tangible. No te metería la polla ni aunque me suplicaras arrastrándote. Yo soy menos que nada, pero vosotros sois los que lo convertís todo en nada. Con todo vuestro esfuerzo canalizado según las condicionadas normas. Con el futuro no como un abanico de posibilidades, sino como una boca enorme que os espera para tragaros si no espabiláis y sois lo suficientemente gilipollas para con vosotros mismos. Vosotros, que encima queréis vender rollos sobre ser feliz y no tener miedo. Es como si Hugh Hefner me echara bronca por hacerme una paja; tiene cojones. Vosotros, precisamente. La puta que siempre tengo al lado en las cenas con sus risitas de puta moralista. Y a veces la imagino sangrando mientras un negro sonriente la encula y ella llora pero disfruta porque le está poniendo los cuernos a alguien y sin saber por qué eso la hace sentirse sincera por fin. Desgraciada de diseño; haz lo que quieras, yo prefiero ser un desgraciado real si es que no consigo lo que persiga. Pero no un desgraciado eterno persiguiendo lo que no me importa por miedo a la boca enorme del futuro. Esa boca llena de dientes que perfila la responsabilidad moderna. El miedo en cada anuncio. Sé delgado y pon una alarma en tu casa y cambia de casa solo porque puedes y de coche y de móvil y… ¿Sueno demasiado demasiado en plan “los jinetes del Apocalipsis”? No lo creo. De todas formas creo que el Apocalipsis será algo gradual, algo administrativo. La gente quiere imaginar algo guay, un meteorito o algo así; pero la mayoría de veces para ver el curso del fin de los días basta con mirar a la cara de muchas personas. Yo lo veo siempre en la carcajada odiosa de mi compañera de cenas. Ella ayuda a que algo importante siga muriendo cada vez que sonríe justificando su forma de ver las cosas. Lo que nos va a matar a largo plazo es esas «buenas chicas», los «buenos chicos», los concienzudos emprendedores; y no el chico conflictivo que deja los estudios para trabajar en el bar de su padre, o en el taller, o para fugarse. Lo que nos matará no será el conformismo de quien tiene un currículum de medio folio; será el conformismo de quien va con cuatro folios de méritos y aun así lo único que quería era dinero.
Consigue respuestas. El odio es tan válido como cualquier otro sentimiento. Es mucho mejor odiar bien que actuar para que alguien crea que le amas. El odio es honesto, pero amar mal es el motivo por el que decir Te quiero ya es solo una forma de humillarte si lo dices de verdad. En la Edad del sacrificio a la gente ya comienza a no gustarle eso de oír noticias positivas. No quieren oír Amor si no saben encajarlo en su sistema cerrado. Prefieren no sentirlo si lo sienten por alguien que no parece encajar en su sistema cerrado. Etc. Y todo eso es culpa de todos esos buenos chicos y chicas inteligentes; es decir, no-locos, no-apasionados, ni siquiera demasiado sexuales, solo lo justo. Un buen trabajo del que quejarse y una buena pose que seguir dignificando. Coger todas las oportunidades e irritarse y acabar con ello antes de los 30. La libertad puede ser una condena igual que el amor; y ellos lo saben, pero aun así harán apología de ello, aunque lo eviten en gran medida, aunque nieguen su grandeza potencial como personas, aunque no creen nada más que esquemas para lo abstracto. Ellos matan la Vida en toda su grandeza, y por ello les odio, la odio, y la muerte me sonríe porque ella sí entiende que aunque sufrir forma parte del proceso, morir es el final del mismo siempre, y que profesionalizar el camino puede que no sea lo más adecuado, sino que simplemente es más bien el modo de no participar en la orgía por miedo a las enfermedades. La naturaleza te va a devorar, y entonces más allá no habrá más cenas en las que compararte con alguien.

Qué melodramático, sí; en otra cena la chica vuelve a estar ahí. Hay una salsa picante imposible de tragar. Imagino una bomba nuclear arrasándolo todo. Solo sobreviven las cucarachas. Pero también quedan intactos igual que antes unos platos llenos de esa salsa. Eso sí, han sobrevivido las cucarachas mejor preparadas, no todas. Solo que, han visto que existían esos platos supervivientes, y al final han acabado ahogadas en ellos. Luego, una carcajada gutural ha llegado de alguna parte, antes de que el silencio humano se adueñara por completo de todo el planeta.

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10 comentarios en “Cucarachas y bombas nucleares

  1. ¿Cómo te digo que me encanta? Ahh, me cansa decirte siempre lo mismo, las mismas palabras, cuando cada escrito me gusta en sí mismo, y resulta que todos y cada uno de ellos me parecen brutales cuando los leo. Y, éste, ‘especialmente’, me parece TAN bueno. Porque hacía algún tiempo que no me pasaba por aquí y ahora me encuentro con que hay mucha más carga explosiva que en los últimos que te leí. Menos palabrería y más ir al grano. Aunque nunca te encuentro excesiva palabrería inútil.

    Me encanta, y bueno, creo que entiendo muy bien a lo que te refieres, bueno, tú, o el narrador del relato, pero como en casi todo lo que te he leído he visto la misma manera de pensar, tiendo a pensar que es la tuya. Quizá porque pienso muy parecido y me gusta verme en tus letras y decir: ah, esto podría haberlo escrito yo, pf!!

    En fin, que mis felicitaciones, nuevamente y siempre. No te estoy diciendo nada que no hayas escuchado antes de otras tantas voces, pero aún así, me apetece repetírtelo una vez más. Me gusta mucho como escribes. O más bien, lo que escribes.

      1. Gracias por los halagos, de eso no se cansa nadie 🙂

        Y bueno, yo siempre digo que al ecsribir (yo) todo es muy orgánico, y no me importa que suene sacado de quicio (si es que suena así). Al final no es tanto una descripción de mi forma de pensar (soy mucho más tranquilo que eso…) como una espcie de forma contundente de plasmar ciertos sentimientos que a veces le invaden a uno al mirar alrededor.

        Repito, gracias. Voy a echarle un vistazo al link.

  2. Ohhhhhhhhh!!!!!! Que entrada o post o cuento o reivindicación…. Wowwww!!! Supongo que odiar a las personas siempre es más sincero que amarlas, es un sentimiento, a mi modo de ver, más fuerte, cuando se odia siempre se odia de verdad, nunca a medias, en cambio en el amor hay muchos estaods, escalones o cantidades, depende siempre de la capacidad que tengas para hacerlo, en el odio se tiene toda la capacidad asumida.
    Que me ha gustado este vomito de malas intenciones hacia una mujer que me ha dado repelus, espero no convertirme en alguien mínimamente parecida a ella ^^
    Besos mi Jordi, siempre un placer leerte porque se aprende contigo de lo lindo 😀

    1. No creo que el odio sea un sentimiento más sincero que el amor. Creo, más bien, que se trata de una cuestión terminológica: sólo al odio se le llama odio, pero se llama amor a otras cosas que no lo son

  3. Este blog es un oasis en el desierto. Y el libro (que se sepa que los que pasamos por aquí lo estamos necesitando) sería la gloria porque a “disponible a cualquier hora”, se le podría sumar “en cualquier lugar” y toda la magia que ya sabemos.
    Gracias, Jordi 🙂

  4. La narración (o la historia) casi imperceptible, perdida en medio de una enorme digresión. Enorme en todos los sentidos. De un tiempo a esta parte, ésta parece una cuestión recurrente, casi una obsesión. Está bien rebelarse contra la sociedad del sacrificio (que no del esfuerzo), pero yo, personalmente, hecho en falta un poco más de historia (o de narración).

    Algunas pequeñas correcciones sobre la marcha, que por supuesto puedes (y quizá debas) obviar:

    1) En “sino que va dirigido ya mucho más a otro tipo de personas que muchos considerarían”, creo que sería mejor evitar esa repetición de “mucho”.

    2) En “¿vale la pena serse infiel a uno mismo por todo eso?”, me suena un poco retorcido ese “serse”. Si el efecto está buscado a propósito, bien; si no, preferiría leer simplemente “ser infiel a uno mismo”.

    3) En “madrugar no es un coñazo tanto por la hora como por la mera idea de tener que hacer lo que debas hacer”, si yo he entendido bien lo que querías decir, creo que el “no” está mal colocado. Tal como está, parece que madrugar no sea un coñazo. Pero sí lo es, o eso es lo que yo creo que quieres decir. Tal vez estaría más claro así: “madrugar es un coñazo no tanto por la hora como por la mera idea de tener que hacer lo que debas hacer”.

    4) La expresión “A más personas hay, peor suele ser la versión de las mismas” no me gusta. Preferiría “Cuantas más personas hay…”. Tal como lo has puesto me suena mal. Sí, ya sé que eso no son razones.

    En fin, perdona por ser tan tocapelotas. Como he dicho otras veces, pormenorizo en lo malo y generalizo en lo bueno, y acabo por transmitir una falsa impresión. Me ha gustado, como casi siempre, y como siempre (sin casi) envidio tu agilidad a la hora de escribir.

    Saludos,

    1. No hay problema. Creo que al menos una de esa frases está mal cosntruida. Agradazeco la lectura, y el análisis. A veces escribo tan desde le estómago que se cuelan frases que uno diría en voz alta y que se entienden, aunque luego escritas pueden ser erróneas. Tomo nota.

      Saludos!

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