La Era de la vergüenza del Verdugo

–No quiero.
–¿Seguro?
–Seguro.
–Está bueno…
–Seguro.
–¿No llega H?
–Está al caer. Creo. Me debe pasta.
–Eso me dijo.
–Sí, lo dice todo…
– Y… esto… ¿Las tienes, a las…?
–En el lavabo.
–Genial.
–Pero son para después de la cena.
–Genial.
–Estás manchando la moqueta.
–Tío, no ha caído una sola miga.
–Y la cerveza está dejando cerco.
–Tío…
–Posavasos, para eso están. Te lo advertimos, tienes que respetar las normas del piso cuando picas entre horas.
–¿Me lo advertisteis?
–Dos veces, una hace dos meses, y la otra hace quince días.
–No lo recuerdo.
–Hace dos meses H soltó una indirecta clara. Y hace quince días limpié delante de ti todo el estropicio que dejaste después de cenar.
–No creo que eso cuente como advertencias claras.
–Intentamos no humillarte, no humillarte. Si no lo sabías ya lo sabes.
–¿Dónde están los posavasos?
–Donde siempre… No, ahí no.
–¿Dónde es donde siempre?
–El tercer cajón debajo del fregadero, donde siempre.
–… ¿Ya estás satisfecho?
–… Creo que he oído la cerradura de la puerta.
–H.
–H…
–Hemos estado a punto de cenar sin ti…
–¿Las tenéis?
–En el lavabo…
–En el lavabo, ya le he dicho que son para después de cenar.
–Espero que le haya quedado claro…
–Eh, ¿sabéis que estoy aquí, verdad?
–Lo sabemos, sueles estar más de la cuenta en todos lados.
–El pequeño M suele estar más de la cuenta siempre, sí.
–No me gusta que habléis de mí en tercera persona en mi presencia…
–A nosotros no nos gustan las migas en la moqueta…
–J, ¿las has amordazado bien?, ¿están en la bañera, no?
–Siempre las amordazo bien.
–Me refiero a… oye, no quiero oír ruiditos mientras ceno.
–Señores de la limpieza, ¿tendré que poner la mesa yo solo otra vez?
–Oye tío, mi pasta.
–… No sé dónde he dejado la cartera…
–Eso, ahora los dos a buscar la cartera, y aquí el señor M la chacha de los dos.
–Tienes que dejarla siempre en el mismo sitio, si no siempre la perderás…
–¡Aquí está!, doña cartera…
–Cuarenta pavos, cuarenta…
–Ya está puesta la mesa, ya podéis dejar de disimular… ¿Habéis oído lo de ese tío, lo de “1984”?, es de aquí de Periferia…
–El pequeño M saca rápidamente tema de conversación para que obviemos que ha vuelto a pillar la comida del japonés equivocado…
–¿Me escucháis cuando hablo?… han pillado a ese tío con ese libro y…
–No me dirás que hoy no has pasado frío, pequeño J…
–Hoy hacía frío, hacía frío.
–Me encargo de la cena y jamás se me escucha… estoy empezando a pensar que lo único que os interesa es mi parte del alquiler.
–Hoy pasaba por el centro y me he cruzado con mi novia. Trabaja en la tercera torre de cristal. Casi me da un soponcio.
–Mi novia ahora dice que tiene pesadillas todo el tiempo, que siempre salgo yo en ellas.
–Pues yo creo que este arroz está cojonudo…
–Calla, pequeño M. Tíos, mi novia. Saliendo del curro antes de tiempo. A las dos de la tarde. Nunca nos vemos a esa hora. No tengo la agenda mental preparada para eso. Y va y me dice que si comemos juntos…
–En la última pesadilla salía yo hablando solapadamente de sexo anal con una mujer sin cara…
–Y ahí nos ves, a los dos comiendo en un restaurante a plena luz del día… No sabía qué cara poner…
–Nunca entenderé cómo os entendéis hablando…
–Un día me dijo que teníamos una hija y me empeñaba en llamarla Tori…; dice que lo que más le inquietaba del sueño era que no sabía si le encantaba u odiaba ese nombre, eso le provocaba ansiedad…
–En los postres creo que me ha notado ansioso. La verdad es que estaba deseando largarme; necesito mentalizarme antes de quedar con ella, no sé si me entendéis.
–En otro sueño soy un mono; me voy a dormir como humano y despierto al lado de ella convertido en mono, pero hablando y razonando igual. Dice que lo que la desconcertaba más es que hubiera accedido a vivir con ella, dice que eso parecía en el sueño, que eramos una «pareja».
–Cuando hemos salido del restaurante, he puesto una excusa lamentable y me he alejado. Creo que está enfadada…
–A mi novia no tengo que irritarla personalmente, basta con que se eche a dormir. Lleva semanas diciendo que esos sueños no son buena señal; está todo el tiempo muy arisca, pero luego sigue queriendo sexo, puntual como un reloj.
–A eso me refiero. Quiero mucho a mi novia, en serio, pero necesito establecer un orden… en mi vida. No me gustan las sorpresas.
–¿Cómo sois capaces de hablar sin parar y comer a la vez?
–J, creo que van a cerrar el Pabellón C. Tendremos que buscar Abastecimiento Descargante en otro lado. Esas chicas del lavabo… por cierto, ¿qué…?
–Son trillizas, tienen doce o trece años. Llevan toda la vida en el Pabellón. Nadie las reclama, no hay más subvenciones del estado. O sea, aún menos… o lo que sea.
–Creo que en Japón lo que hacen es pagar por entrar en una habitación recargada de muebles y demás, y tienen diez minutos para destrozarla…
–Pequeño M… eso aquí ya no se hará. No encaja con la política de desahogo actual. A nadie le dice nada eso de reventar cristales con un mazo…
–Y no puedes tener… ya sabes, con un mueble… No puedes… interaccionar.
–Mi padre siempre me dice que eso son modas…
–¿Tu padre, pequeño M?… desde el punto de vista del desahogo nunca se podrá volver a lo material desde lo orgánico…
–¿No?… Pues mi abuelo decía que su abuelo decía que todo eso del Abastecimiento Descargante es un aberración, que en su época cuando se tensionaban trajinaban con pelotas antiestrés y cosas así…
–Sí, en la época de ese hombre salían a correr en chandal, pequeño M, pero el concepto que tenían del ser humano era el de un idiota que tenía que pegar a su mujer cuando llegaba del trabajo. Los índices de negación estaban por las nubes: algo que por cierto ni tan siquiera calibraban.
–Y aun así mi novia sigue poniéndose celosa cuando le cuento que nos hemos abastecido…
–Nunca aprenderás, J, seguro que encima te pones a justificarte… Tienes que callar, callar, callaaaar.
–Como si fuera a enamorarme de alguna niña huérfana, a pagarle una educación o algo así…
–¿Cuántas horas…?
–Lo cambiaron, pequeño M, antes eran ocho horas. Ahora no puedes tener vivo a nadie más de seis horas. En los pabellones lo llaman el alquiler de la muerte…
–No, creo que era el piso de la muerte…
–Ahora tendré que ser yo el que recoja la mesa, claro.
–A mediodía me llamó mi novia. En el sueño de ayer yo era el feto de “Cabeza borradora”…
–Yo he quedado con la mía para el sábado. Por cierto, pequeño M, dice que tiene una amiga para ti… Dice que también le gusta la mercancía descargante por encima de los quince años…
–Será estupendo traerla aquí y que vea cómo me tratáis… será todo muy viril…
–Hablando de virilidad, hoy en el trabajo he comenzando a desencajar un informe de la subsidiaria trimestral de los conductos bianuales…
–En eso tengo que darle la razón al pequeño M, cada vez que hablas del trabajo parece que te estás inventando los términos…
–En nuestra jerga significa que estoy tonteando con la de Personal.
–¿Tú…?
–Bueno, ella más bien, pero yo no me cierro a nada. No es bueno cerrarse a nada.
–J otra vez haciéndose el duro mientras yo lavo cubiertos…
–Calla, pequeño M. ¿Es que vas a dejar a Z, por lo de los sueños…?
–No exageres. Si la dejara no sería por el rollo de los sueños… Dice que soy superficial, y que se me va la mano cuando… estamos en la cama.
–Está claro que no te ha visto en proceso de Desahogo…
–Solo le doy un cachete de vez en cuando. A mí tampoco me gusta el sexo duro en pareja. Y ya sabes que apoyo la Jerarquía en términos de mortalidad potencial. Me considero muy legal, una persona moral.
–Sí, tío, y el sistema hace bien en deshacerse de la morralla.
–Es encantador cuando os ponéis en plan capitalista ético. ¿Alguno de los dos quiere secar tenedores?
–Calla, pequeño M. No te preocupes, J, el problema no eres tú, seguro que tomas la decisión correcta, sea cual sea.
–Además quiere que me abastezca como mucho un par de veces al año, igual que ella… ¿Te imaginas? Acabaría como un yonqui baboso en las calles, acabaría en la droga de pura carencia. Esta tía prefiere que tenga un camello asqueroso a que recurra como cualquiera al asesinato legal.
–Puede que sea más chapada a la antigua de lo que creías. Antes la gente era perfectamente capaz de financiar con impuestos el armamento a países que invadían a otros y demás, y mientras tanto repudiaban el asesinato, aunque estuviera bien administrado y fuera una ventaja para el Equilibrio. Aún queda mucha gente hipócrita, amigo J, tanto en la no aceptación de su naturaleza como con su ideología moral. Pero ya pasó la era de la vergüenza del verdugo. Joder, es lo único que aprendimos en primaria…
–No era una crisis de valores, lo sé…
–Lo que había entonces no era una crisis de valores. Sencillamente estaba todo malentendido. Era como si las hienas hubiesen querido sacarse el graduado escolar. Nada como el ser humano para cagarla sobrevalorándose a sí mismo. Aceptación, J, eso debes decirle a Z. Debe aceptarse de una vez. No es más digna por abastecerse un par de veces al año… solo es más negada.
–¿Ha vuelto a poner el ejemplo de la hiena…?
–Calla, pequeño M… por cierto, no he oído un solo gemido. ¿No se les habrá ocurrido morderse la lengua…? Ya sé que vosotros os descargáis igual con una buena dosis de necrofilia, pero yo sinceramente prefiero el proceso habitual…
–El otro día me encontré con NF. Me dijo que había tenido problemas con una huérfana; bueno, espera. Su mujer llegó a casa y le encontró haciéndole de comer a la cría. La niña se había duchado y estaba viendo la tele. Tenía doce años. El pobre NF se me echó a llorar mientras me lo contaba. No fue capaz de azotar a la niña nada más ver a su mujer entrar por la puerta, aunque solo fuera para intentar disimular. La mujer llevaba dos semanas de viaje de negocios.
–Me sigue fascinando la gente que desarrolla vínculos afectivos con Jerarquicamente Inferiores.
–Pues la mujer de NF no desarrolló nada. Mató a golpes a la cría y luego echó de casa a NF.
–Creo que es la clase de mujer que necesitas… Y puede que yo también… Y bien… qué hay de esas niñas, voy yo a mirar o…
–No os levantéis… no os vayáis a herniar…
–Siempre atento, pequeño M, qué haríamos sin ti.
–Para empezar tener la moqueta y el sillón limpios…
–Muy gracioso, J… Las niñas están vivas. Aunque me temo que pueden ser de las que intentan morder… No sé si has elegido bien, Jotita…
–Es verdad que tienen una mirada extraña… Sabía que no armarían jaleo, pero a veces eso no es buena señal…
–El qué, ¿que no armen jaleo o que sí…?
–Cuando no arman jaleo a veces solo están guardando las energías. En los pabellones ya saben todo lo que pasa fuera de sus muros. Saben que mucha gente intenta apurar las seis horas, con todo el pack de tortura, sexo y muerte, dependiendo el orden de los gustos.
–Hoy en día apurar las seis horas ya no está peor visto que tirarse un pedo a la mesa…
–No sé, yo creo que hay que estar muy tarado para agotar la seis horas… Y cuanto más lo alargues más fácil es que se te complique. Hay casos de huidas cada dos por tres… parece imposible, pero pasa. El espíritu de supervivencia está a la par con la propensión al asesinato.
–Sí, pero huir es ilegal.
–¿Tú no huirías?
–Yo intentaría escapar, pero del Pabellón.
–¿Mmmh, así que los señores son capaces de ponerse en el lugar de esas niñas?
–Calla, pequeño M, claro que podemos. Podemos hacer eso y entender cuáles son nuestros derechos, una cosa no quita la otra. También ha de ser duro ser un cerdo y esperar en la cola del matadero, pero no por eso dejaré de comer jamón. Son necesidades básicas.
–Vaya… no quería poner en tela de juicio vuestro dominio de las leyes… o vuestra fortaleza ética en relación con las mismas…
–Odio cuando se pone a hablar así…
–Siempre parece que tengas algún tipo de escrúpulo moral de la Era del Iphone, M… y a la vez los mismos síntomas de hipocresía… Luego sin embargo sabes torturar a esas crías más allá de las tres horas. Y hasta sueles preferir muchas veces un varón… algo poco común en tíos de nuestra edad. Siempre me has parecido más retorcido que nosotros dos… pero a veces no sé qué pensar. Ironía, sarcasmo… y todo a poco rato de entrar ahí, elegir a tu presa y molerla a palos.
–¿Qué tienes que decir a eso, pequeño M…?
–…
–No vuelvas a ensuciar la puta moqueta, ¿entendido?
–Vale, vale, vale… dejemos en paz al pequeño, pequeño, minúsculo y absurdo M. Tengo hambre de doceañera temblorosa.
–Espera, he traído una cosa…
–No fastidies, ¿has traído hierba?
–Ven, M, no te enfades, tío, es que a veces te pones insoportable…
–Ya le conozco yo, ahora no volverá a hablar en toda la noche, y luego se descargará en su trilliza como un puto talibán.
–Muy bien, pues para eso están, mis compañeros y profesionales. Se acabó la oficina hasta el lunes. Liaros uno bien hermoso; luego cuando llegue el bajón, vamos a por ellas y ya llegará el otro subidón.
–Bien dicho, colega. Coño, me encantan los viernes… Noche de niñas, recargar pilas, limar asperezas, nada de novias, nada de curro, nada de comidas profesionales de mierda, nada de aguantar y aguantar. Padres y putos suegros y protocolos…
–Tener los pies en el suelo es la nueva forma de elevarse, tíos. Somos de puta madre de lunes a viernes, ahora toca librar.
–Está de narices esta hierba…
–Está de narices, tío… Mira a M, no dice nada, pero el cabrón ya va colocado con media calada…
–Puto M… jajaja…
–No te metas con él, eh, tsss, todo bien, estamos bien. Vamos a destripar a esas fulanas infantiles. Lo mejor es la espera, el ahora, los minutos que preceden a la puta tormenta…
–Somos una puta tormenta.
–Una puta tormenta moderna.
–De metal, tío.
–De metal.

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