Chica Sol

A veces saco la libreta y tacho otro nombre. Los hay que tachan los nombres de las que se follan, o de los objetivos logrados. Da igual si la libreta es física o mental. Antes eran muescas en la pistola de alguien según quién moría en un tiroteo. Yo tacho según quién desaparece. El nuevo régimen, tanto emocional como sistemático, no va tanto de quién muere como de quién desparece. La mayoría de la gente que tienes a tu alrededor y en las redes sociales son los fantasmas modernos. Antes se hablaba de tumbas y alientos fríos en la oscuridad, ahora son estados que se actualizan. Medios al margen, a veces tacho gente porque me voy, otras veces porque se van ellos (algo que se acepta con más o menos dolor). En ocasiones los tacho incluso estando ellos delante. Es mi libreta de friki, no pasa nada, a nadie le molesta que garabatee algo en ella. Cosas mías. Algo hay que hacer mientras uno no muere en el sentido secular. La muerte se me antoja cada vez más relativa. Todo el mundo lo sabe si se detiene un momento a pensarlo, hay artistas físicamente muertos menos muertos que la mayoría de las personas que aún colean. Nada nuevo. Otra cena o comida multitudinaria, mira a tu alrededor, el aspecto exterior cuidado (al menos el de los demás), el ciclo tradicional que se repite, el amor con copyright. Las amistades no tanto por calidad como por cómoda acumulación, la defunción de la personalidad y el carácter en pos de cuestiones más prácticas sobre el papel. Y todo sigue siendo cíclico, y por más que todos intuyan que es un deja vu en esencia interesado y falso, ya lo han vivido tantas veces y son tantos, que por más que sean conscientes de las mentiras no hay nada que hacer. Hoy en día ya cuesta incluso que reaccionen ante un insulto o un empujón de cuerpo presente. El tipo de dignidad que predomina tiene que ver con cierta clase de apatía de la que solo se habla en susurros, quizá incluso en otra dimensión, y que tiene que ver sobre todo con no dejar de moverse. El paro más dañino –el de raíz– no tiene que ver con el trabajo ni la quietud, sino con el efectivo apagado gradual de las mentes y la pasión. Para mí eso es lo que más cerca está de la muerte, en su vertiente más terrorífica, física y abstracta.
Ese apagado es práctico para la mayoría de gente. Pero amiguitos, el amor sigue existiendo, y si llega puede ser tanto para darte algo bueno como para amargarte. Todo depende de lo que creas que puedes controlar, de lo rápido que quieras vivir, del miedo que le tengas a la muerte secular, y de tu idea de la dignidad. Si eres una oveja huida correteando sola por el prado de noche mientras te conviertes en lobo, no temas, un lobo solo es un lobo, es lo que hagas de él. No te convertirás necesariamente en maldad.

Edificio de obra moderna. Como una mesilla gigante con cinco cajones. Edificio de cristal de provincias más que de gran ciudad. Parte del engranaje por el cual todo brilla por fuera mientras cada vez más a menudo se pudre por dentro. El tipo de triunfo que sigue vigente.
En la tercera planta sigues sabiendo que te casaste hace dos años, que tienes un bebé, que hace ya bastante que pasas las navidades en casa de lo suegros, que no existe aún ninguna máquina del tiempo. En la tercera planta no se te resetea la mente. No has llegado a los treinta años, pero tenías que apostar fuerte y raudo, no podías perder el tiempo, no querías morir solo. Tu novia decía que no quería tener un niño muy tarde, quería ser una madre joven. Tú no te atreviste a decirle que era más importante el hecho de traer bien a una personita al mundo que el objetivo femenino de ser una madre joven. Bueno, eso, que no se puede dar carpetazo a todo de un modo maduro y profesional, porque luego llegas a la tercera planta y ves a esa chica de veintintantos con la que te pasa lo mismo que con el sol, que no puedes mirar mucho sin apartar la vista. Hay muchos motivos para ello. El principal es que te sientes irresponsable. No porque sientas que estás engañando mentalmente a tu joven mujer y madre de tu hija; te sientes irresponsable porque sientes algo dentro de tu caja torácica que no puedes manejar. Se te va de las manos; ese algo te hace sentir descontrolado, tu peor pesadilla. Ese algo parece vivir en los margenes de la agenda, fuera de lo académico y lo laboral, no tiene software ni se puede descambiar, no se puede calcular ni devaluar, no hay una droga eficaz tampoco contra ello. Además tú estás en contra de las drogas. De pequeño le oías decir a tu madre que la belleza está en los ojos del que mira, pero no entendías la frase. La belleza era belleza y punto. Lo fue durante la adolescencia y durante buena parte de la edad adulta; había tías buenas y tías que había que evitar, exámenes aprobados y exámenes suspendidos, gente apta y gente no apta. Había entrevistas de trabajo prometedoras y otras desastrosas. Mujeres neuróticas y mujeres tranquilas. Tener un hijo era un accidente químico provocado en pos de otro reto. Educarlo era tener dinero para que no te lo quitara el gobierno. Tu mujer está buena y tienes dinero. Y sabes guardar un secreto (tu pequeño sentimiento descontrolado), o más bien no dejarlo salir.

Como eres un tío que sabe valorar lo que ha conseguido, lo que haces es tontear formando una vida paralela con la chica sol. Aunque ella note que no eres capaz de mirarla mucho rato seguido a los ojos, no has dudado en decirle que estás soltero. El anillo no hace bulto en el bolsillo. Es una cuestión de organización, desde siempre has sido educado así, sabes encajar las piezas, y no vas a tirar tu futuro por la borda, ni vas a aceptar condición alguna de ver a tu hijita una vez por semana ni nada parecido. Qué coño, era algo pasivo-agresivo, pero todos te presionaron, serás un adultero, sí, pero les hiciste caso en todo momento, te dijeron que si te esforzabas y eras responsable podrías controlar tu vida, mantenerla estable. Eso es lo que sigues intentando, nada más. Estás rodeado de soluciones versátiles, condones, horarios ambiguos, bolsillos interiores, falacias, habitaciones de hotel, viajes ficticios; todo eso está puesto ahí para usarlo, la vida te da comodines y tienes que aprovecharlos. Ya no eres un crío, no es un noviazgo de verano, estás casado, por el amor de Dios, tienes un bebé, no puedes simplemente aceptar que te has equivocado; la culpa no es solo tuya, tienes derecho a probar otras cosas; te has enamorado, ¿cómo se supone que se lidia con eso?, siempre te habían dicho que eso aparecía justo después de la universidad, después de haberte sacado la carrera, después de las dos o tres novietas de práctica, estaba en el orden vital, mucha gente lo sigue pensando así. Ya no se trata de ser bueno o malo, sino de procurar aceptarse a uno mismo intentando no hacer daño a nadie. No siempre puede cuadrar todo, no siempre puede ser puro. El adulterio es algo que sucede porque todo el mundo sigue confiando en que hay un procedimiento vital normal en contraposición con vidas disolutas. Cuando descubres que no es necesariamente así, ¿se supone que has de cargar tú con toda la culpa?, ¿que has de aceptar no ver casi nunca a tu hija en adelante? ¿Cuándo se supone que se activa el resorte de la madurez?, o acaso… ¿existe la madurez?… ¿por qué toda la vida te han dicho que sí?… En fin, de algún modo tienes que seguir adelante, y no mereces todo el dolor del amor a estas alturas de tu vida, cuando ya te habías montado el asunto según como supuestamente había que montarlo, Dios bendito, si habrás llegado a tragar mierda para ser normal y respetable, y ahora esto.

Así que no había un orden emocional. Tu mujer real no era la chica que conociste un año después de la universidad. Ha llegado unos años más tarde… Ahora tienes ataduras materiales y emocionales. Y no es que eso te moleste, lo que te fastidia es que falla el factor Pareja. Te consideras desprendido, querías compartir tu vida con alguien y todo eso, pero pensabas que eso era algo que uno simplemente decidía hacer; algo que haces porque tomas la decisión de hacerlo; no algo que surge de la nada. Puta mierda… ¿cómo ibas a controlar algo que surge de la nada y que no sabías cuándo podía surgir? ¿Se supone que ibas a tener que esperar?… y de haber esperado ¿tu vida habría seguido por el mismo camino para conocer a la chica sol?
De repente estás cansado, o te duele la cabeza, o tienes demasiadas cosas en ella, o procuras cambiar de tema cuando tu mujer quiere follar, porque has follado hoy dos veces con la chica sol en los lavabos de la tercera planta y no crees que tengas mucha más fuerza, pero sobre todo porque no tienes más ganas, no con tu mujer oficial.
La chica sol comienza a creer que te gusta de verdad, pero además comienzas a gustarle a ella. Eres un tópico ambulante, un fracaso millones de veces escrito. Cuando veías desde fuera casos así te preguntabas por qué esos capullos engañaban a sus parejas. Ahora te preguntas qué porcentaje de ellos no las veían más que como el plan conyugal de vida. Es como coger a una persona y usarla del mismo modo que usas el metro o el avión. Algo para tu desplazamiento personal relacionado con el estatus, puede que con la descendencia. O por meros cuadrantes materiales o sexuales. Ahora te preguntas cuántas parejas se usarán así mutuamente. Pero sobre todo cuántas lo harán a conciencia o simplemente solo porque no saben que puedes colgarte realmente de alguien hasta perder el control y pasarlo quizá realmente mal, un mal rollo que ni siquiera se puede incluir en el currículum.
–Fíjese, me casé con una mujer que a la que en el fondo no quería, tuve hijos con ella, me enamoré de otra, y aun así seguí con mi mujer.
–Espléndido. Contratado. ¿Puede empezar mañana?
Esa mierda no va así. De modo que del lavabo pasas a los hoteles. De repente comienzan a acumularse reuniones ficticias a las que no puedes faltar, siempre nocturnas, a veces tanto que solo te quedan dos o tres horas para volver al trabajo. Surgen un montón de imprevistos por los que no puedes estar en casa para cuidar a tu hija y follarte a tu mujer, y claro, qué vas a hacer, tienes que estar al pie del cañón, es tu trabajo. El tema de los cuernos es tan topicazo que ni por un momento piensas que tu mujer vaya a pensar que has podido caer en eso. Reunión tras reunión, mientras buscas el siguiente orgasmo de la chica sol, las semanas se convierten en meses, y para cuando te quieres dar cuenta estás comiendo en casa de tus suegros en navidad y solo puedes pensar en el amor real que existe en tu vida.
Ahora la clasificación está así:
1ª posición; con mucha ventaja y toneladas de mitificación aliñada con fantasías oníricas y sueños diarios: La Chica Sol.
2ª posición; con vínculo sanguíneo y emocional y dependencia: tu hija.
Y la clasificación no tiene más gente, porque el resto ya están todos asociados de un modo u otro demasiado directamente con tu mujer y el hecho de que la estás engañando. Tu hija es aún un bebé, y de algún modo eso la mantiene en el margen. Ahora no se entera de nada, y para cuando crezca lo que le hace falta no es necesariamente a sus padres biológicos todo el día encima, sino amor, y una educación como es debido, llegue de quien llegue. (Difícil.)

Como no querías afrontar tu realidad solo, y como obviamente no eras el único, un día, tras sincerarte medio borracho con un tipo en un bar, él te contó que estaba en la misma situación. Erais de la misma generación. El tipo te dice que está en un grupo de apoyo, y que te vendría bien formar parte de él. Lo del grupo de apoyo te suena fatal, te suena a alguna treintañera que quiere dar la imagen perpetua de optimismo diciéndote que la sonrisa no es algo natural, sino algo que uno elije. Lo ultimo que te hacía falta –teniendo en cuenta a lo que te había llevado eso– era alguien más diciéndote que todo está bajo tu control. Pero acudiste a una de esas reuniones, y aunque la chica que llevaba el asunto también era de tu generación, no comenzó a estirarte los carrillos para que sonrieras (y no es que tú no tuvieras practica con eso), en lugar de eso lo que intentó fue tratar tus heridas; lo que intentó fue entenderte sin juzgarte solapadamente.
Reunión tras reunión, con diez personas más, comenzaste a confirmar no solo que tus sentimientos por la chica sol eran la primera cosa autentica que te había pasado en la vida, sino que además tu mujer era todo lo opuesto, pura pose, artificialidad, profesionalidad, vacío, incluso el motivo por el que el mundo es un lugar hostil y absurdo tantas veces, y todo por haber tantas personas como ella en él.
En el grupo no intentaban decirte lo que tenías que hacer, solo eran charlas, exposiciones personales. En la sala no había nada más que adúlteros, la mayoría jóvenes y con hijos; algunos acababan hablando con sus parejas, otros tardaban más en hacerlo, otros no lo hacían. La idea era que no había culpables, sino más bien víctimas. El sistema no era solo retorcido en el sentido material, sino también en el emocional.
Tampoco se condenaba la monogamia ni se hacía apología de liberalismo alguno: lo único que había allí era personas intentando quitarse etiquetas de encima. La mayoría de gente no lo hace jamás. Puedes sacarte una carrera si te dejan, o dos, o acumular cosas, aguantar horarios horribles y ser un adalid del formalismo, pero si hay algo complicado y que dé miedo, es intentar ser alguien de verdad.

Era la primera vez que entrabas en una habitación y sentías que nadie te podía señalar con el dedo en cualquier momento. Era la primera vez que nadie te iba a decir que todo era culpa tuya. La primera vez que hablar de la felicidad no tenía que ver con una serie de pasos a seguir. La primera vez que nadie academizaba nada, ni puntuaba a nadie, ni te hacía sentir humillado por contraste. Era la primera vez que una palmadita en el hombro no venía de nadie que solo quería quitarte de en medio.
No podías negar que era autocomplaciente, pero era un alivio que por fin alguien te mirara a los ojos y te dijera que no tienes el control absoluto, y por tanto tampoco la responsabilidad absoluta. Que el karma no existe, ni Dios, y solo en un mínimo porcentaje la suerte. Que puedes hacerlo todo bien y que te jodan, o hacerlo todo mal y que te vaya de perlas. Que no hay orden, sino solo una división entre adaptación y pasión. Solo esos dos tipos de personas.
El asunto estaba trascendiendo el aspecto conyugal. Con la pasión venía por defecto todo el pack de oportunidades para ser alguien bueno, con la adaptación corrías el riesgo de convertirte en un gilipollas. De repente todo parecía más sencillo porque te decían que en realidad todo es mucho más complicado de lo que te han querido vender. La contradicción era un pensamiento coherente. Eso te abría un abanico de posibilidades que suponían también por defecto la ausencia casi total de miedo, en contraposición con la seriedad del enfoque de la adaptación que te hacía ver la vida como algo tan serio que prácticamente te hacía creer que eras inmortal. Así pues la vida era sumamente seria porque no era tan seria como te habían vendido, y por tanto debías intentar hacer algo con ella que no fuera solo encogerte y parecer otro grano más en el desierto.

Desde luego si aquello era una secta relacionada con un mero pensamiento anárquico, a ti te habían captado por completo. Aunque la verdad es que lo único que había era un rato de reflexión semanal que tenía poco que ver con lo que hubieras oído ya mil veces. Porque no había una línea de pensamiento única, sino tan solo gente luchando contra su yo hecho por los demás para poder encontrarse a sí misma. Aun así, era psicoanálisis en la misma medida en que meterse en la piscina con manguitos te convierte en nadador olímpico. No había nadie «trabajando», tomando nota, nadie que ejerciera de líder natural. Solo había una chica que concertaba reuniones e intentaba que arrancaran las exposiciones, en las que ella también ofrecía su historia personal.
Tú no querías ser lo que llaman «fuerte», querías ser Terminator, el T-1000: puede que todo partiera desde un ánimo egoísta, pero es que llevabas tanto tiempo intentando negar esa parte de ti… Ninguno de los extremos era bueno, el altruismo exacerbado tiene tanto de masturbación como el narcisismo, de modo que querías aprender a ser el T-1000, ir más allá de uno de esos extremos para al menos recurrir a eso si fuese necesario. Es irónico que para cuando comenzaste a pensar en términos de fantasía y ciencia-ficción, todo comenzó a volverse estrambótico: cada día comenzó a consistir en pellizcarse unas diez veces. Cuando entraste el primer día a reunirte con el grupo, te creíste enseguida que una de las paredes era todo espejo simplemente porque el lugar antes había sido un gimnasio; eso te habían dicho. Luego resultó que tras ese espejo había un equipo de cerebritos de Pretecnotimes que buscaban un conejillo de indias.
Lo que te dijeron era que no buscaban a nadie demasiado desesperado, no querían a ningún tío que hubiera perdido a su familia en un accidente de tráfico, porque eso podía desequilibrar todo el plan. Lo que querían, más bien, era a alguien que estuviese lo suficientemente harto como para someterse a cierto experimento sin perder el juicio.
Te habían elegido entre once personas, y resultó que la treintañera que guiaba al grupo estaba en el ajo. Así que un día te pasan una especie de test en el que te hacen preguntas del tipo: ¿Estaría dispuesto/a a tener la valentía de aprovechar una segunda oportunidad en su vida?
Se trataba de una oportunidad real. Nada de puntos de inflexión ni de chorradas pseudo-optimistas. Ni siquiera de ese rollo en plan me-la-pegué-con-el-coche-pero-aquí-estoy. De lo que hablaban era de poder volver a la casilla de salida. A la que quisieras.
Pensaste que bastaba con volver al momento en que aún no habías embarazado a nadie. Pero luego decidiste que era mejor ir un poco más atrás, hasta antes de la boda. Te dejaron dos horas solo un día en una habitación sin espejos, pensando. El plan consistía en abandonar a tu mujer y a tu bebé en esta línea temporal. Luego aparecerías en la línea temporal elegida y tendrías que acabar con tu doble para suplantarte a ti mismo, y luego cortar con tu novia oficial post-universitaria. Así pues, todo el proceso incluía, en esencia, abandono y autoasesinato (por llamarlo así). Además, Pretecnotimes mandaría una carta a tu “viuda” en la que tu desaparición quedaría maquillada por un asunto de “Colaboración en pos de un importante avance para la ciencia”, y la manutención del bebé correría a cargo de la empresa hasta que terminase sus estudios. Pretecnotimes te ayudaría con todo, incluida tu “muerte”, y tú podrías localizar e intentar volver a ligarte a la chica sol ya en el pasado.
Evidentemente, lo que más te dolió era tener que dejar a ese bebé. Pero decidiste que ese bebé había sido producto no tanto del amor como de la inercia. No era tanto hijo de una pareja natural como de decisiones administrativo-conyugales. Un niño no podía ser una fase más de una pareja, tenía derecho a ser un niño. A ser una persona. No quisiste hacerte más preguntas, te dijiste que la cría estaría bien, y que quizá incluso la rareza de perder a su padre biológico la endureciese de algún modo. Pero en realidad sabías que todo lo que hacías era tan solo tu acto egoísta. Tu –eso sí– merecido acto egoísta. Era un acto egoísta, pero era el primero de tu vida. Te habías ganado a pulso tu segunda oportunidad. Te dijiste que la mayoría de personas la aprovecharían.
La capsula era bastante roñosa, pero sabías de la seriedad de Pretecnotimes; habías oído historias que luego se hacían realidad. Al cerrarse la compuerta, sentiste una extraña paz. Quizá porque era una paz autentica, y era la primera vez que la sentías.

chica reloj

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3 comentarios en “Chica Sol

  1. Siempre he pensado que un cretino sería un cretino en cualquier línea temporal en que le pongas 🙂 Quizás por eso creo que, si pudiese tener una segunda oportunidad, la cagaría exactamente en las mismas cosas, otras personas, otros lugares, pero los mismos fallos. No es un problema de las decisiones, es un problema de la persona que las tomo.

  2. “la felicidad no tenía que ver con una serie de pasos a seguir” la conclusion que saco es que nos educan mal, muy mal y me refiero a la educacion emocional, no nos enseñan a ser felices de verdad y luego asi nos va
    nota mental: sal de mi cabeza joder!! deja de escribir lo que pienso!!
    (una vez mas, me encanta, no lo puedo negar)

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