Todas las jodidas cartas de amor

Nota aclaratoria: Lo que sigue serán fragmentos extraídos de un estudio personal del escritor Marcelo Pi sobre las cartas de amor. El disperso texto es producto de una recomendación de su psiquiatra después de comenzar a experimentar la terapia sin pastillas. Fue publicado en la Guía de la Guía Tab en 2010, después de que se truncara definitivamente la relación que el autor tuvo con la periodista Silvia Pi (no familiar), a condición de ofrecer a cambio un contrato laboral al escritor. Silvia Pi dio su visto bueno a la publicación tras arduas negociaciones y ediciones del texto; dichas ediciones se pasaron por alto en la redacción publicada.
El asunto sigue en los tribunales; tanto en relación con S. Pi como con otros que se han reconocido aludidos en lo que han considerado términos peyorativos.

He querido recopilar algún material propio y ajeno (con permiso) en todo lo relacionado con las cartas de amor para esta pequeña tesis. Creo que el leer y copiar algunas aquí (puede que solo fragmentos), y aunque no irán firmadas, puede desentrañar ciertas claves sobre un ejercicio quizá ya bastante demodé, y que hoy en día seguramente sólo tendría cabida en coyunturas muy concretas, en momentos muy precisos y situaciones de pareja en las que solo los interesados podrían entender por qué un acto de esa naturaleza puede ser algo más que un intento desesperado –y a veces patético– por conquistar a la persona amada.
Es posible que utilice con insistencia la palabra «amor», aviso; aunque dicha palabra ya está en desuso en la vida real, seguramente por delicada, y porque probablemente no describa la realidad de muchas relaciones. O mejor dicho, quiero dejar claro que solo voy a hablar de amor, y no de apaños sexuales, parejas estables, matrimonios, rollos, relaciones de transición, o tantos otros conceptos de potencial eufemistico que suelen confundirse con lo tratado aquí, y que a veces deberían entrecomillarse para sonar sinceros en este contexto. (Por más que a veces esas acciones sean respetables y hasta saludables, no son necesariamente acciones amorosas.) De eso voy a hablar, pues, de estar realmente pillado, y de cómo algunas personas intentan afrontar eso de tal forma que las posibilidades de que todo sea auténtico y vaya bien al menos por un tiempo, sean las máximas posibles.

Lo cierto es que creo que a veces puede ser más difícil mantener una relación amorosa auténtica (y no digamos iniciarla), que no una que funciona más bien en base a otros conceptos de estabilidad personal. Mucha gente parece aplicar métodos de planificación a sus relaciones; es decir, conocen (buscan) a alguien que les atrae físicamente y que les cae bien, y acto seguido llevan a cabo una serie de acciones supuestamente maduras –evitar el sexo en primeras citas, etc.– para convertir la relación en algo oficialmente serio. Lo que no mucha gente estaría dispuesta a reconocer (o aceptar como opinión válida), es que ese método se lleva a cabo en multitud de ocasiones no tanto para cuidar una recién nacida pasión entre dos en la cual ambas partes tienen grandes esperanzas, como para disfrazar una amistad sexual de algo sobre todo relacionado con la necesidad de tener novio/a, y con la preocupación por el estatus social propio.
Para resumir, en esa “táctica” no hay nada irracional. Por decirlo en crudo, es una relación que es al amor lo que un plato precocinado para microondas es a la cocina.
Aunque claro, sigue siendo comida…
Las ventajas de ese popular modo de emparejamiento suelen tener que ver con una sólida base de impaciencia común y conformismo camuflado. Al no haber sentimientos realmente intensos de por medio y reducirse todo a una cuestión de cariño (en el mejor de los casos), mantener a flote la historia puede ser una sencilla cuestión de costumbre, de acostumbrarse a ella. Se dice que eso a veces se convierte en amor real, pero yo no soy muy de esa línea de pensamiento, como ya se está viendo. Creo que ese proceso tiene más que ver con la autosugestión, con el miedo, con la negación. Y con una idea casi nazi de la organización (ultra respetada, cabe decir, en nuestra sociedad). Se supone que uno, llegado a cierta edad ya debería tener algo estable, alguna relación con futuro, o al menos ponerse las pilas para ello. La presión por dar una sensación de equilibrio personal es el motivo principal por el que ese amor precocinado para microondas triunfa como la rueda. Es más cómodo que el otro, y tiene un gran potencial para durar.

Quizá por todo lo dicho antes, las cartas de amor y sus sucedáneos sean ya algo tan poco común. Es decir, una cosa es querer aparentar que quieres una relación seria más allá de la idea de planificación, y otra muy distinta hacer cosas que de hecho incluso podrían ahuyentar al objetivo. Una carta de amor es en parte un ejercicio solitario de encuentro crudo con uno mismo, del mismo modo que lo es todo ejercicio de escritura a salvo de academicismos y objetivos meramente materiales. Así, es probable que muchas personas, si intentaran escribirle una a alguien, incluso a sus parejas, se hundirían sin quererlo en las arenas movedizas de la conciencia del autoengaño; la misma dejaría de estar soterrada. Se darían cuenta de que un acto así resulta demasiado barroco (o atonalmente romántico) para su historia; porque quien decide escribir al fin una carta así, es porque lleva inoculada la dosis de sentimiento irracional tratada aquí. A quien está enamorado puede darle vergüenza hacer según qué cosas para demostrar lo que siente, pero tarde o temprano eso le da igual, y acaba actuando. Creo que es así en la mayoría de ocasiones; llega un punto en que esa persona que no puede quitarse de la mente a la otra deja de pensar en el rechazo potencial, o el ridículo entre otras cosas (entre las que se incluyen humillar a una potencial novia actual, tener que negociar custodias compartidas, etc.).

Fragmento:
“Aunque me des calabazas, esta noche tendré que masturbarme acariciándolas. Lo siento, pero así es como está la cosa.”

Eso es un ejemplo de frases que difícilmente nadie escribiría si no hubiera perdido la chaveta por otra persona. Ahí radica la diferencia entre lo que con simpleza podríamos llamar amor real, y lo que con frialdad ya he catalogado como amor planificado. Esas dos frases se las escribió alguien a una compañera de trabajo, lo hizo a caballo entre los treinta y los cuarenta, con un hijo, una hipoteca y una mujer producto de la impaciencia derivada de la planificación cuando el autor decidió cerrarse en banda ante la posibilidad de que la relación pudiera no estar siendo más que un apaño acordado. No hablamos de ninguna imposibilidad de poder dar “marcha atrás” y cambiar tu vida; el trauma tiene que ver con el proceso de aceptación de la “equivocación”, algo que está a medio camino entre la duda de si alguna vez el autor quiso a su pareja oficial, o si lo que ha pasado es que nunca la quiso y encima ha tenido que afrontar esa realidad irracional que azota a algunos un tiempo después de haber planificado la vida que querían llevar.
Ya sé que alguna gente llama a esto sencillamente VIVIR, pero yo ya soy oficialmente alguien potencialmente desequilibrado para siempre, y mi psiquiatra ha dicho que puedo teorizar… Además, los cambios positivos del mundo nunca los ha traído el rebaño, sino el oficialmente loco y enclaustrado a las afueras del pueblo (frase de mi psiquiatra).

Fragmento:
“ […] la verdad es que hay chicas más guapas que tú, mejor preparadas, con las que tengo más en común. Mi novia es una de ellas. La verdad es que no entiendo lo que me está pasando, pero creo que estoy siendo sincero por primera vez en mi vida (espero que eso cuente). […] Incluso he pensado en ke si dejara a mi novia y me fuera contigo, me sentiría muy violento presentándote a mis amigos, porque no eres la clase de chica que esperan. No es que me importe lo que piensen, pero ellos son importantes para mí. Somos un grupo sólido, casi todos tenemos estudios, y tú eres camarera (que me parece muy respetable) […]Como he dicho no das el perfil de lo que a mí me gusta, de la clase de chicas con las que quiero rollo o lo que sea. Me han dicho que no fuera sincero, que te escribiera un poema o algo así, incluso que buscara un poema y lo hiciera pasar por mío. Pero he preferido ser honesto. Llevo tres años con mi novia actual, y nos va bien, en todo, en el sexo, y en lo demás, pero no entiendo qué no tiene ella que sí tienes tú. Espero que me perdones por esto, la verdad es que llevo años sin redactar nada tan largo.
Me gustaría que quedáramos para hablar de esto, ya tienes mi número. Tengo entendido ke no tienes pareja […] Besos.”

Es justo decir que ahí he seleccionado solo los fragmentos más chocantes. El resto de la carta tenía otro tono, más adulador, aunque estuviera plagado de lugares comunes, fuera muy poco original y no diera para equilibrar la balanza con lo transcrito arriba. El tono de toda la carta es el de alguien que está hablando más consigo mismo que con la chica. Hablamos de un adulto, pero menor de 25 años, promiscuo y dado a aferrarse al cliché de juventud de hacer multitud de cosas y conocer a multitud de personas e ir a multitud de lugares, aunque casi no profundice en ninguna de esas cosas, personas y lugares. Los comentarios que hace sobre su novia son una prueba clara de que esa relación no es más que fotográfica, carne de redes sociales y cenas precoitales de parejas, pero nada parecido a los sentimientos de adoración o protección asociados al enamoramiento real. Esos sentimientos que, a pesar de todo, sí parece tener con la chica a la que envió la carta.

Más fragmentos (esta vez todos de chicas; separo unos de otros al ser de distintas personas):

“Me encantó el tiempo que pasé contigo el sábado pasado. Eras el único al que soportaba ese día. Te iba a decir algo, pero nunca nos quedábamos solos. He visto tu correo en Facebook y me he decidido. El chico que iba conmigo era mi primo, lo digo por si no lo sabes. […] … llevo dos meses pensando en ti y no sabía cómo hablarte. Me das un poco de “miedo”, pero me han hablado muy bien de ti. Ahora estoy sola en mi piso, mi compañera se fue hace un mes y estoy buscando a alguien. No digo que tengas que ser tú, lo digo por si un día quieres venir a cenar. Me encantaría. […] Un besito.”

“Eres un gilipollas. Me da igual con quién vayas. No he llorado, así que no hagas caso a tu amiguito. Me parece bien que no quieras nada, pero al menos podrías respetarme, yo no te he hecho nada. Me haces sentir mal cuando me ignoras, eso es todo. Sabes que te quiero, o ya deberías saberlo, pero ahora paso de ti. Te odio.”

“Esta tarde he ido de compras… Me gustaría que esta noche te conectaras por skype. Dime si puedes :)”

“Hola. Soy la hermana de Tánia. Nos vimos hace tres semanas en la cena de cumpleaños de mi hermana. Y luego en el tren algunos días. He leído tus artículos y me encanta cómo escribes. Te escribo porque el sábado salimos todos. Mi hermana me ha dicho que te diga algo. La verdad es que me gustaría verte allí. Ya me dirás. Besos.”

Todos esos fragmentos están fuera de contexto, y mucho más que los anteriores, pero puedo asegurar que cada uno de ellos define el momento exacto en que la chica se ha declarado al chico, fuera por la vía que fuera.
En el primer caso, hablamos de una indecisa crónica; alguien insegura por tantos motivos que sería tedioso enumerarlos, y que no solo transmite la idea de que el chico le interesa, sino que además deja entrever la posibilidad clara de sexo invitando al muchacho a su piso, que no está compartiendo con nadie. Una táctica femenina casi infalible, obviamente, es la de insinuar esa posibilidad de sexo. Y todo aun partiendo el ofrecimiento de un sentimiento que va mucho más allá del interés carnal. Puedo asegurar que cada una de las chicas que hay transcritas ahí arriba suele repudiar enérgicamente eso comúnmente llamado “rollos” (al menos en sus respectivos presentes). Vale la pena tener en cuenta ese dato, ya que ninguna de ellas deja de juguetear con lugares comunes dialécticos para al menos tener la oportunidad de comprobar si el chico deseado siente algo por ellas o no. A menudo se suele recurrir a un tono estándar cuando quieres acercarte a alguien que aún es más puro mito que persona en tu mundo.
El segundo caso muestra un cabreo que, aunque algunos (hombres) podrían decir que no viene a cuento y que se trata solo de otra mujer histérica y complicada más, no hace más que poner boca arriba sus cartas amorosas y a la vez explotar “contra” el chico a sabiendas de que él sabe lo que ella siente, por más que se haga el tonto en público. Con todo, no deja de ser una declaración clara, con un «te odio» final que, leído el documento entero, da más pie a pensar que se trata de algo más lírico que sentimental, o que es sentimental solo en el porcentaje de la expresión –teniendo en cuenta el contexto– que implica amor, y falso y teatral en el porcentaje que queda relacionado con el significado literal de la misma. No hay que olvidar que viene precedido por un «te quiero»; y aunque nunca he creído eso de que del amor al odio hay un paso (de ser así también habría un paso del sexo al asesinato, ¿no?), en este caso el documento supura sentimiento auténtico por todos los poros, y a veces es inevitable que los extremos se toquen.
El caso de la tercera chica y sus compras y esa cita potencial por Skype, va de una tentativa amorosa separada por la distancia, y que implica a dos personas casadas y con hijos cuya única forma de demostrar de un modo claro lo que sienten, es acariciar la posibilidad del cibersexo vía webcam. Este caso abarca seguramente la coyuntura de muchos hombres y mujeres cuya forma de huir de sus vidas planificadas se encuentra vía chat, y que realmente se han llegado a enamorar, ya que aunque no ha habido contacto físico, desde luego sí penetración. En el caso de esta pareja aún no ha habido decisión de encuentro, pero ese mensaje fue el primero que, en clave (y en suma a muchos otros mensajes), daba a entender que se había enamorado. Según ella, si su marido llegaba a descubrir su historial de mensajes, prefería que viera solo sexo a que viera sentimiento. Cuando hay amor de por medio, la persona que lo “padece” puede ser muy capaz de intentar disfrazar una infidelidad de sexo, sin darse cuenta del error que comete, ya que su pareja puede no haberse aferrado a casi nada más para estar con ella. Eso podría ser lo que hace que las infidelidades sexuales hagan tanto daño; muchas personas tienen el sexo como el pilar básico de la relación, la exclusividad sexual es lo único que las hace sentirse queridas o especiales para sus parejas, porque nadie está queriendo a nadie a otro nivel, desde luego no a un nivel irracional. Ese desequilibrio carne/emoción tan habitual ha acabado arrastrando a todos, tanto a los que han llevado a cabo relaciones planificadas como a los involucrados en relaciones reales. Algo más que me dijo la mujer venía a cuento, y aunque pueda sonar obvio, creo que vale la pena repetirlo: cuando la relación es real la monogamia viene de serie. Por esa regla de tres, del mismo modo que el gran porcentaje de relaciones planificadas han convertido la exclusividad sexual en la prueba definitiva, también parecen de importancia capital asuntos como los regalos en fechas oficiales (y raramente en otras fechas) o la celebración de aniversarios en la pareja, de tal forma que, en lugar de sencillamente vivir y disfrutar de sus relaciones, parece más que las estén aguantando como quien aguanta en un trabajo concreto porque no le queda más remedio.
En el caso de la cuarta chica, se trata de otra relación aún no iniciada, y de cierto lapso de tiempo en el que una de las dos partes ha estado un tiempo pensando en la otra. Al final se decide por decir algo, ni que sea solo para que la otra parte comience a pensar en ella. El hecho del pensamiento único suele ser una señal clara de lo que está comenzando a pasar. Ese mensaje parece sencillo y poco “amenazador”, pero lo cierto es que el chico que lo reciba debe saber que ha de estar preparado. Lo único más “peligroso” que un tío colado por una tía, es una mujer enamorada. Todas esas citas, como la de antes del amor y el odio, lo cierto es que todas, tanto en su versión original como dichas del revés, son potencialmente ciertas cuando se trata de una chica. Es encantador y fascinante, o una mierda, eso aún no lo he decidido.

Fragmento (esta carta que sigue es mía, y se la envíe a la reconocida periodista Silvia Pi cuando nuestra relación ya iniciada flaqueaba; fue básicamente un error de cálculo, y en general un error sin más, más abajo me explico más detalladamente):

“Hola Silvia.

Me ha parecido una buena idea escribirte estas líneas. Sé que pensarás que esto no va a ser más que otro de mis actos falocéntricos, pero tenía que poner en orden la ideas y todo eso que te digo siempre.
Yo sigo sintiendo lo mismo que hace un año cuando comencé a sentirme así por ti. Sé que es probable que lo que te atrajera de mí fuera nada más que mi forma de escribir, pero eso no me importaba. Yo quería estar contigo, y quería seguir estándolo el máximo tiempo posible, y sigo queriéndolo. No te creerás que he llegado a llorar con esto, ni que te quiero más a ti que a mí mismo, pero es lo que está pasando, lo que sigue pasando (voy a ser todo tópicos, y sin la más mínima vergüenza). Sabes que me cuesta mucho decir estas cosas en voz alta, por eso he querido escribirlo. Ha habido mucha cerveza de por medio, tres tentativas de dormir y cuatro falsos inicios de esta carta. A estas alturas ya solo espero poder descansar después de enviártela, pero debes comprender que todo lo que digo es cierto. Sé que te he dicho Te Quiero en todos los contextos posibles, con la boca pequeña, o atenuando la expresión con el tono cuando solo éramos amigos, y más tarde ya de la forma más obvia posible, de ese modo en que si uno no lo dice revienta. Ahora estoy en ese punto otra vez, y te lo digo otra vez aunque solo sea para poder quedarme tranquilo esta noche. Te quiero aunque no sepa por qué, y creo que esa es la forma más honesta de amor. Sé que podría enumerar cualidades, pero creo que no tendría sentido, solo sería paja. La verdad es que ni siquiera me gusta cómo suena lo de Te Quiero, no creo que eso le haga justicia a lo que siento. Paseo por la ciudad y a menudo tengo que respirar hondo y aguantar el aire para poder calmar los latidos. Todo eso que se achaca a la adolescencia, pues bien, yo debo ser el adolescente eterno, porque no sé ordenar estas cosas, no sé actuar con diligencia y madurez. Y creo que si eso se puede hacer con esto es que no está bien hecho, no hay control ni futuro cuando se trata de esto, solo intentas calmar la sed estando con la persona que quieres en presente; el cine y las cenas y el teatro y las putas presentaciones de libros y películas y cortos, solo son excusas para estar contigo. Me importa un carajo la nueva promesa de la poesía de veinte años con padres editores, me importa una mierda la nueva editorial cool, el nuevo festival de cortos y la nueva apestosa novela hipster. No me gustan la mayoría de los canapés, ni hablar con personalidades del mundo editorial, odio todo el puto circo permanente del estatus y las gilipolleces jerárquicas solapadas, la salidas y encuentros sociales que yo no he planeado, los cumpleaños, tus amigas, mis amigos, tus padres, los míos, las putas navidades y los aniversarios. Todo eso no tiene la más mínima importancia en comparación con lo que siento por ti… Pero tú conviertes toda esa comedia en algo bueno. A mí me gustan las películas y la música y los libros, y la vida, la obra de la vida en sí misma, ¿pero cómo voy a poder soportar todo lo que la rodea, todos los compromisos profesionales y sociales sin ti? ¿Crees que lo de dejar de pensar en alguien depende solo de una decisión adulta?, (la verdad, ni siquiera sé qué significa eso de decisión adulta).
Quiero que salgamos un día con tranquilidad, iremos donde quieras, al museo de arte moderno más tedioso si hace falta, nos codearemos un rato con la gente más cosmopolita y sobrada, pero necesito diez minutos a solas contigo, al menos otra dosis (y prometo no hacer otra vez el chiste de un potencial hijo nuestro apellidado Pi-Pi). Solo necesito eso, una dosis más, aunque ya no haya más (que espero que lo haya) y acabe dejando que tu hermana me presente a alguna de sus amigas-metadona.

Te quiero. Y ahora mismo estoy celoso de todo el que ande cerca de ti, rabioso con la vida, y perdido en mi cabeza. Y que nadie te engañe, cuando esto pasa de verdad, pasa así. Si no, sospecha.”

Esa noche al final pude dormir, y pensé que la carta podía dar resultado. Al día siguiente fui a mirar mi correo para ver si había respuesta como un psicópata sediento de sangre electrónica. No había nada. Era muy temprano y era probable que ni lo hubiera visto aún.
Pero da igual, todo lo que pasó luego es carnaza barata de programa de TV cutre. En resumen, lo que pasó fue que no resultó. Porque ella no sentía lo que yo sentía. Yo comencé a salir con chicas-metadona (bueno, solo con una), pero lo más doloroso fue aceptar que ella me había usado como metadona (o ser humano de transición) a mí para olvidar a alguien, y que ya estaba saliendo con una especie de moderno canoso que hablaba unos diez idiomas y usaba expresiones en latín, daba clases en no sé qué universidad, había escrito no sé qué tocho analítico sobre otros tochos, y cuyo único defecto “oficial” que imagino no podría corregir a base de inflar el currículum sería el de tener la polla pequeña (cosa que no he averiguado, pero estoy en ello).
Hace unos días coincidía con él en una presentación pictórica. Las obras eran horribles, conceptuales, frías, vacías, el autor era un gilipollas de 25 años que se paseaba con alguna clase de conjunto blanco oriental, sonriendo e imagino que intentando camuflar alguna especie de falta de carácter completamente escalofriante. La ventaja de comportarse uno mismo muchas veces como un gilipollas, es que reconoces a los otros gilipollas. Eso sí, lo bueno de envejecer y haber estado toda la vida intentando tener pensamientos propios, aunque fuera más bien en secreto, es que llegas a un punto en que a veces casi puedes ser único, sacar una idea (y no solo recordar lo que dijo alguien), y sobre todo entender que la madurez no es nada más que una pose, mera adaptación a nuevas circunstancias. La acumulación de información no te hace más sabio; sencillamente lo eres o no. Yo desde luego no me sentía ningún referente para nadie en eso cuando me metí en el lavabo detrás del novio asqueroso de Silvia Pi, y me puse justo en el meadero de al lado –aunque no había nadie más– para intentar verle la polla (no lo conseguí). Incluso pensé en ofrecerle una mamada para verla en erección y sacar conclusiones más claras (estoy bastante seguro de que hubiera aceptado).
El problema de raíz es que cuando no hay química irracional por parte de los dos sujetos, no sirven de nada todas las jodidas cartas de amor. Pero pronto tengo otra cita social, en ella volveré a coincidir con el novio imbécil sin Silvia cerca, y juro por lo más sagrado, doctor, que no volveré a casa sin averiguar el tamaño de su polla.

san f

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6 comentarios en “Todas las jodidas cartas de amor

  1. Eh…. Suele pasarme siempre y aún me sigo sorprendiendo cuando me pasa, boquiabierta me has dejado, niño.
    Sacar no solo esta historia, si no todas las que conforman el texto es apabullante, me haces senrit un pequeño insecto (o mota de polvo) pegado al Empire State (broma nuestra)
    Tanto las cartas de las diferentes personas como el texto del pobre hombre tratado, me parecen una genialidad de las tuyas, y con esos toques de aquí he venido a desmontar todas las mentiras que la sociedad egocéntrica e hipócrita cree.
    Después de mucho pensar en lo que puede durar un enamoramiento o que se haya convertido en amor real, solo hay que escribir (ya sea para mandarlo o no) una carta de amor que supuestamente exprese tus sentimientos como te gustaría que el objetivo de tu deseo lo vea, que no es lo mismo que como te sientes o como lo ves tú.
    Ahora que ya te he liado con mi comentario (recuerda que siempre han sido así) que no se entiende una mierda, quiero decirte que te quiero un montón, te adoro y me tienen tus letras enamoradita total, escribes como un puto amo.
    Besos mi chico, de los grandes.

  2. También me ha agradado esta lectura. Por un momento pensé que eras psicólogo y analizabas las cartas de amor de distintas personas, pero continué leyendo y descubrí que se trata de percepciones y expresiones que empleas para tratar de entender por qué algunas personas recurren a este medio para explicar a otra lo que sienten. No sé tal vez se trate, en parte, de cobardía e incapacidad de manifestar lo que verdaderamente siente y de ahí que utilicen este medio, también podría ser que al escribir una carta no existe compromiso y obligación de tener que responder a esas palabras o bien de tener que encontrarte con esa persona especial. Hace poco ví una película en la que un hombre mantenía una relación epistolar con una mujer, éste era tetrapléjico y no se atrevía a conocerla personalmente, al final se animó y quedaron… la película estaba basada en hechos reales :))

    un saludo

    1. Sguramente solo es un medio más de decirle a la otra persona lo que sientes. Tiene poco que ver hablar con escribir, escribiendo puedes ordenar las ideas mejor y buscar las palabras adecuadas con tranquilidad para decir lo que quieres decir, y en cualquier caso una carta también se puede responder.

      Gracias por pasar y leer 🙂

  3. “Una carta de amor es en parte un ejercicio solitario de encuentro crudo con uno mismo, del mismo modo que lo es todo ejercicio de escritura a salvo de academicismos y objetivos meramente materiales.” Oh, Yehaa!
    Dicho esto, yo me he puesto hasta el culo de escribir (y enviar) cartas de amor. O de lo que fuera.
    Lo que más me jode en el mundo, son esas etapas en las que no tengo a nadie a quien enviárselas.
    De hecho, creo que el grueso de mi vida amorosa ha sido epistolar. Por eso va “in crescendo”.
    Sí: Todas las jodidas cartas de amor.
    Y sí: del amor al odio hay un paso, y del sexo al asesinato otro. ¿No dicen que las personas que más en contacto están con la muerte son las que más necesidad de follar tienen (corresponsales de guerra, cirujanos, toreros?
    Una carta de amor, Jordim,,

    1. “¿No dicen que las personas que más en contacto están con la muerte son las que más necesidad de follar tienen (corresponsales de guerra, cirujanos, toreros?”

      hostia, pues no sabía eso, lo investigaré 🙂 Gracias por leer otra vez 🙂 Un abrazo :).

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