Querer a todo el mundo

La chica pasa cada día con una bicicleta, o a veces solo corriendo, sola, atractiva y magnética. Antes la veía siempre de casualidad por la ventana desde mi primer piso. Ahora ya es premeditado, sé la hora y los días en que pasa, y al verla siento cada vez la misma sensación de tener la capacidad de querer a todo el mundo. (Quede claro que solo es una forma de hablar.) Esa sensación siempre me ha parecido un paso adelante, un asunto personal, o de batalla personal. No es fácil explicarse, por eso suelo optar por el silencio. El silencio te salva muchas veces, y hasta llega a darte una suerte de vida paralela con la que ahorrarte justificaciones. Es como una política de no-transparencia, sana a mi juicio, pero algo que seguramente mucha gente no entendería, o hasta consideraría insalubre en cuanto a las emociones.
Me preguntan por teléfono sobre si autobiográfico sí o autobiográfico no. Digo que no y doy una explicación estéril sobre por qué no. Recibo un carraspeo aparentemente conforme como respuesta. En realidad no es ni sí ni no, por eso no se puede estar queriendo dar una respuesta válida cerrada a todo, ni esperar que todas las preguntas sean útiles.
La chica dura unos dos minutos a la vista desde que entra en horizontal en mi campo de visión hasta que ya solo es un punto a lo lejos. Hoy sin embargo se ha parado prácticamente en frente de mi edificio con la bici. Se ha llevado las manos a los riñones y ha bebido de un botellín de agua salido como de la nada. Son las ocho de la tarde y es noche cerrada, no hay nadie abajo, solo eso, corredores, gente paseando al perro, farolas. Podría forzar un encuentro, sé que no tiene pareja. De todas formas creo que ella ya me conoce de vista, es de la zona; tiene veintimuchos o treinta y pocos, así que es probable que aunque no sea consciente ya haya decidido si me rechazaría enseguida o esperaría dos o tres meses de sexo para pasar a otra cosa. Se suele asegurar eso de las mujeres, lo de que ya han tomado una decisión antes de que te acerques y proyectes algún plan de conquista. Yo me lo creo, porque algo hay que creerse en lo relacionado con ellas… También podría ser que encajásemos y viviéramos felices para toda la vida; eso dicen.
Me hacen otra pregunta por teléfono y resoplo, porque es una pregunta interesante, pero no estoy en vena para conversar. Hago un esfuerzo e intento motivarme, digo que hay una escisión clara entre Formación y Cultura, incluido un arrinconamiento de la segunda: por eso hay tanta gente preparada que es necia y cruel. Le digo que con lo de gente preparada me refiero a la única acepción que suele circular con eso, a los galones, los títulos, a los birretes al vuelo (creo que sueno redundante). Diría que mi interlocutor no está de acuerdo a juzgar por los sospechosos ruidos de asentimiento, pero es obvio que le gusta la respuesta por cómo puede quedar luego redactada.
En las entrevistas de bajo perfil el periodista suele ser quien domina la situación, y con las respuestas del entrevistado siempre se puede vislumbrar o deducir una reacción condescendiente del entrevistador. El elemento jerárquico casi nunca desaparece. Es seguro que lo que no es más que desgana hoy por mi parte, será tachado como vanidad por el tipo; eso hará que su sentimiento de superioridad quede subrayado al asentar su pose de respeto más bien artificial. En resumen, lo que flota en el ambiente es que él se lo ha currado en la vida, que lo mío es un éxito por casualidad, y que aun así el tipo aguanta el hacerme preguntas como si yo fuera alguien. (Podría equivocarme y el tío podría ser, en porcentaje, más una persona que un profesional, pero no lo parece, ni de coña…)
La chica de abajo parece ser distinta, pero aún es solo otro recipiente para mi paradójica facilidad de crear mitos. No quiero decir con eso que esté vacía, sino que no sé de qué está llena, y me gusta pensar… dejémoslo así, me gusta demasiado pensar.
Las preguntas siguen sucediéndose. Todo se me antoja protocolario y formal, vácuamente responsable, sin tripas ni corazón. De hecho el tipo me ha reconocido que ni tan siquiera se ha leído el libro, o que solo lo ha empezado pero no ha tenido tiempo… En fin, que solo está hablando con alguien con quien tenía la obligación profesional de hablar.
En eso, abajo la chica ha decidido sentarse en un banco y examinar su bici, el tipo de repente me dice algo sobre el carnaval (que se acerca) asociándolo (gratuitamente) al libro. Son esos intentos de creatividad de quien cree que la creatividad consiste en acudir a un lugar común creativo. Lo cierto es que hay mucha gente que podría creer que la creatividad no es más que otro apartado vital que pueden dominar si siguen algún tipo de lista de pautas. Me voy por las ramas y le digo lo primero que se me pasa por la cabeza. Le digo que hace años que, en carnaval, lo que de verdad me apetece es disfrazarme de “persona madura”, u occidental; lo que haría sería comprar ropa que no necesito (lo cual ya formaría parte de la performance), vestirme ese día con tres o cuatro capas aun a 14 grados, agenciarme una bufanda estilosa, ponerme guantes y un calzado que esté de moda, pedirle prestado a alguien un kit tecnológico (un Iphone y puede que un portátil), pillar también un bolso masculino, cortarme el pelo y fijarlo hasta el punto de la fotografía, y no parar de decir de mil formas distintas que estoy “ocupadíssssimo”. Añado que el problema es que nadie entendería el disfraz, y luego me regalo (porque ya sé que no daré una buen imagen) y digo que además ése es uno de los problemas de raíz más importantes de nuestra sociedad occidental.
El tipo me dice que no ha entendido lo de la ropa y los 14 grados. Murmuro en plan escritor sobrado que seguramente eso de sobreabrigarse hace que las defensas bajen, lo cual hace que mucha gente necesite enterrarse en telas y pieles porque saben que se pueden resfriar fácilmente (aunque no sepan por qué), lo cual les convierte en seres frágiles a dos niveles, uno relacionado con la resistencia física, y el otro con una predilección más hacia lo superficial, ya que cuanto más tiempo tienes que dedicar a asuntos relacionados con la ropa y similares, más se tiende a la no-introspección. Y de ahí que no sopesen la posibilidad de que el haberse estado sobreabrigando tanto podría ser precisamente el motivo por el que caen enfermos con tanta facilidad. Muchas veces no se trata del clima, sino de la estupidez, por más que sea un modo de estupidez masificado y normalizado.
Decido que ese tono al menos me divierte y motiva, y sigo por ahí. Pongo el manos libres y me enciendo un cigarrillo. Contesto las siguientes preguntas desglosando teorías más o menos pilladas por los pelos, pero que suenan a cierto tipo de perfil de personaje sobre el que a los periodistas les encanta escribir.
La chica sigue abajo, se ha puesto a hacer estiramientos. Es probable que cada día pare en algún lugar a descansar, y luego siga, aunque nunca lo había hecho justo ahí delante. Cada vez que me dan ganas de soltarle algún improperio al tipo del otro lado de la línea, la miro para calmarme. Aunque no es que me calme, no es calma lo que me hace sentir, pero en cualquier caso son buenas vibraciones. No quieres meterte con nadie cuando sientes buenas vibraciones.
El tío vuelve a insistir en lo de lo autobiográfico, le respondo que el libro es tan autobiográfico como lo será la entrevista cuando esté publicada. Solo recibo un silencio como reacción, y luego otro modo más de decir que no me he sabido explicar. Le cuento por qué creo que el periodismo está podrido, junto al sistema de valores de cualquier campo, y ya de paso él mismo. Creo que estás podrido, le digo, porque no eres nada de lo que tenías que ser, es casi seguro, eres falso, y aunque yo no sea mejor al menos intento no ser falso, o intento dar con la manera de serlo lo menos posible. El periodista ríe al modo condescendiente. Le digo que eso era de esperar; cuando una persona cree tener el control total suele reaccionar así a menudo. Le digo que le tengo más calado de lo que él cree, y que si por mí fuera todos los tíos como él se sentirían desgraciados e inútiles, tendrían que hacérselo mirar y reconducir sus vidas por primera vez sin nadie que decidiera por ellos; tendrían que coger las riendas de su vida, pero las de verdad, y no las que ellos siempre han tomado por auténticas. El tipo sigue con la risa, y tira de sentido común y dice que no le conozco de nada para hacer semejantes juicios de valor. Oh, claro que os conozco, digo, joder, sois como las ladillas de Dios, estáis por todos lados, en la entrepierna del universo, no dejando jamás que la existencia descanse y pueda dejar de rascarse algún día. Le digo que yo y los que intentamos escribir de verdad y hacer algo creativo somos el remedio, el antídoto antiladillas. Así te veo, le grito, como una mísera ladilla del sistema. Lo corrompéis todo desde los medios, desde la publicidad, desde los cargos de poder, sois todos clavados, clones, todos con las mismas cualidades y defectos, con el mismo sentido común y las mismas taras, la misma coherencia, línea de pensamiento y miedo. Le digo que lo recuerde todo, o que lo apunte, ¿eres de esos entrevistadores que luego transcribe de memoria? Silencio. Pues ya puedes recordar esto, creo que eres la clase de persona que hace que casi nada tenga sentido ya, que casi nada sea real, eres tú quien ha convertido cualquier sentimiento en un paso más de una cadena de montaje. Te puedo imaginar perfectamente como mi fantasía de disfraz, engalanado con tu bufanda y tu chaqueta adecuada a tu línea, ya no te vistes como te vestía tu madre ¿verdad?, no te preocupes, a todos nos ha llegado el mensaje, también a tu pareja, incluso a tu futura pareja si no la tienes ahora; estate tranquilo, que ya todo es como esperas. Ya casi has matado el amor y has propagado el cinismo y el odio sin dejar de hablar de lo importante que es la lista de cualidades de turno, ésa que ni tu mismo te crees desde tu trono del cuarto poder. Ya puedes arrodillarte y comenzar a chupármela, porque tal y como actúas no eres nada en comparación conmigo, no lo eres en comparación con nadie mínimamente creativo; tú y los de tu calaña sois los que congelan el mundo, los que no permiten que avance, o los que hacen que avance en idioteces y se quede siempre estancado en lo importante, porque os veis incapaces de hacer nada mínimamente especial, ni tan siquiera a un nivel particular, y a eso lo llamáis realismo. Ya puedes ir y vivir los 30 años que te queden y morirte, moríos todos cuanto antes y dejad ya que llegue savia nueva de una vez por todas. De verdad, creo que eres basura en representación de toda la basura. ¿Ya tienes suficientes titulares?
La chica ya no está. Justo antes del discurso había comenzado a pedalear alejándose… eso me ha irritado. El tipo va a decir algo, creo que para acto seguido colgar, pero aún me da tiempo a cortarle y escupirle que sé perfectamente que hoy va a dormir a pierna suelta; sé que te vas a decir a ti mismo que tú eres una buena persona, que vas a contarles a los demás lo que ha pasado para que te digan que yo estoy tarado. Pero te voy a decir una cosa, esto pasará de vez en cuando, alguien que luche por ser él mismo te dirá cómo es tu mundo, y que minimiza el mundo real y lo convierte algo deprimente y atroz. Ya puedes colgar e ir a decirles a todos que el escritor tenía el día torcido, lo pagó contigo y además está chalado, pero no te hagas el mal de no pensar en esto, aunque lo hagas en secreto. Yo soy mejor que tú, pero no porque lo sea en el fondo, sino porque tú no lo intentas, y encima tratas con condescendencia a la gente que se busca a sí misma de verdad. Vuelve a tu cueva de diseño otra vez, o plantéate qué mierda eres y qué cojones quieres, porque recuerda que eres eso, mierda, la misma mierda que yo de camino otra vez a la tierra y la nada: consúltate de una puta vez a ti mismo qué quieres hacer de tu camino bajo el sol mientras tanto.
Click.
Al final he colgado yo. La verdad es que he empezado haciendo papel y me he ido calentando de verdad, pero temo que en algún momento haya notado que me reía. Lo cierto es que, aunque con matices de poco peso, me creo cada una de esas palabras, pero tengo ese rollo tan interiorizado que puedo soltarlo de un modo mecánico mientras atiendo a otras cosas. Lo bueno de llegar tú mismo a ciertas conclusiones, es que no necesitas leerlas mil veces hasta aprenderlas, y además no son opiniones inamovibles, tienen la cualidad de dejarse moldear. La mayoría de gente dice que con la edad te tranquilizas y te vuelves menos pasional: en mi caso, al menos de momento, está siendo al revés. No lo veo mal, creo que la entrega total debe ser capital tanto al opinar como al follar, y temo que la mayoría de gente no sea entregada ni para una cosa ni para la otra, no cuando empiezan a creerse distintos y maduros al mirarse en los espejos de siete probadores distintos en una sola tarde.
Lo que todo lo jode es ese gesto adusto de quien toma decisiones (como si no las tomara todo el mundo para bien o para mal…).

Algo que define a mucha gente es el empeño que tienen en dar un sentido de gran importancia al mero hecho de aceptar las circunstancias de la vida, los cambios. Es decir, como si hubiera una elección correcta que ellos han sabido ver, o como si la otra elección no fuera sencillamente suicidarse. (O como si suicidarse no fuera a veces mucho más difícil, o incluso más digno.) Ese factor crudo de la vida no es algo que toda esa gente quiera aceptar como algo real. Así que lo que hacen es autodignificarse y usar grandes palabras, a menudo para clasificar nada más que las distintas fases de la mediocridad tradicional, el aburrimiento potencial, el futuro prediseñado.
Todo eso no es algo en lo que ahora piense; o sí, pero no es de vital importancia. Ella mira desde el otro lado de la mesa en el restaurante y ve a alguien interesante, porque el libro está funcionando, y ahora además soy rebelde e ingobernable según los medios. No solo se publicó la entrevista más o menos tal y como aconteció, sino que ahora además circulan toda clase de mentiras sobre mi disoluta y salvaje vida nocturna (casi inexistente). Compro toda clase de revistas y diarios para saber sobre mi doble. Según cierta revista objetivamente vomitiva y seguramente proyectada en el infierno, hace dos semanas me follé a cierta modelo y no la volví a llamar. Se ve que eso es algo que ahora hago habitualmente. Acudo a toda clase de fiestas. El otro día me fui de parranda con cierto director de cine y su atractiva acompañante. Acabamos la noche por la mañana negándonos a pagar en una churrería. Mi actitud es siempre altiva y me creo que mi polla es el centro del universo. Mi polla vira siempre al norte cuando está erecta, indiferentemente de hacía dónde mire yo. Hace un mes obligué a una chica a montárselo con un dóberman. Yo solo miraba, según dicen. Según cierto dominical corre el rumor (que por otro lado creo que han iniciado ellos) de que practico la zoofilia y de que ya he superado esa fase en la que lo que me gustaban eran las mujeres. Cuantas más cosas se escriben más real y objetiva se vuelve la entrevista de aquel día, la cual en realidad es la única cosa estridente verdadera de mi vida. Yo era alguien silencioso, y sigo siéndolo. Ya he quedado tres veces con la chica que tengo delante, y creo que no entiende nada, no ve al tío de la prensa por ningún lado, aunque creo que eso le gusta. Yo, mientras tanto, y aun rodeado de hijos de puta mentirosos y publicaciones reflejo de lo que es el mundo –y lo mierdoso que resulta por contraste con lo que podría ser– estoy calmado, porque estoy con la chica de la bici, a la que siempre le digo que sólo ella sabe quién es, y no tengo más que buenas palabras para todos (casi siempre) cuando no tengo más remedio que decir algo.

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4 comentarios en “Querer a todo el mundo

  1. Touché.
    Cada día que pasa me irrita más la gente que “no lo intenta.” Si te quieres quedar en tu confortable charquito de mierda, bien; pero no cuentes conmigo. No me digas que eso es felicidad ni pretendas que lo respete.

    Leer esto hace que me sienta menos sola. Gracias.

  2. Calumnias, tantas veces se tergiversan las palabras y los hechos que no todo el mundo sabe lo que es verdad o mentira. El mundo se mueve con la rotación que cuatro soplapolllas quieren darle, mientras que bajo la manta y sin agobios duermen (o mejor dicho) viven los demás, pocos, pero los hay. Me gusta la chica, me gusta su bici y me gusta este personaje que sabe callar cuando ha de hacerlo. ¡Salud!
    Besos mi chico, hoy tenía ganas de un poco de tu lectura, que a gusto me he quedado ^^ Voy a seguir currando.

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