Notas desde el agujero

»Algunas personas desaparecidas vuelven a pasar cerca de aquí, miran como de soslayo desde el borde, y enseguida se van. Lo llaman “seguir adelante”, o “saber dejar atrás el pasado”, y de muchas otras formas. Luego te dicen que hagas lo mismo, aunque no sé muy bien a qué se refieren, no sé si quieren que les imites y así dejar de dudar sobre si hacen lo que deberían hacer, o si es simplemente el modo de decirte que les dejes en paz (en muchos sentidos).

»Lo que veo es el extraño e indefinido parto de un aparato-madre enorme y gris, metalizado. No hay líquido amniótico, solo es un mecanismo prefabricado. Entonces, de eso, sale una cabeza nuclear del tamaño de un camión de dieciocho ruedas. Tiene unas patas articuladas –cuatro– y se pone en pie como un cervatillo recién nacido. Pero no hay sonidos orgánicos, claro, ni la imitación de ellos como si estuvieras en la cola de alguna atracción en un parque temático. El “alumbramiento” está rodeado de gente pasmada, una multitud, guardan sus Iphones a medida que el proceso gana en interés.
Para cuando la “criatura” de fábrica se ha puesto en pie y ha comenzado a atisbar a su alrededor, de nuevo todo el mundo ha comenzado a aburrirse y vuelven salir teléfonos de bolsillos y bolsos. Lo siguiente es una luz amarilla.

»Recuero que hace una semana recordaba el día en que recordé después de bastante tiempo aquella vez en que ella me contó cómo su mente la había sorprendido con un sueño elaborado, uno con el que había llegado a la conclusión de que ella también debía tener una imaginación potente, como la tienen otros. Iba de algo así como un pájaro de algún material delicado al estilo Gondry; volaba y se transfiguraba orgullosamente, se convertía en alguna otra visión maravillosa, y todo devenía en algo de lo más estético y artístico, bello e inspirador. Hablo de lo que se veía en su sueño, no de ella (aunque supongo que para el lector estaba claro…).

»Antes lo dividía en fases. Socialización; Formación; Diversión; Dormir, etc. Eran los primeros años. El sistema educativo comenzó a ser el que aún es (repito: aún es) en 1850. El siglo XIX sigue albergando la fecha del último gran hito en la educación oficial … Los padres siguen convencidos, y los profesores; no parecen muy preocupados por una renovación. Es decir, no en ese aspecto. Sí quizá en el modo de vestir o comunicarse, o en detalles relacionados con la Presentación (a cualquier nivel). La elección del agujero no es necesariamente intencionada, puedes acabar en él si les tocas los cojones con una idea que ellos crean desconcertante. Puedes actuar así desde la inocencia, pero en serio, podrías ser basura para un suegro potencial de todas formas. Lo bueno es que también descubres que puedes pensar por ti mismo como jamás creíste que podrías. Por eso dejé de dividir el tiempo en fases.

»No sabes lo guapa que estaba, y qué buena era, a bote pronto solo hay formas sobadas de decirlo, de describirla, o eso parece. Y no es que hable en pasado de ella porque esté muerta. Desde un punto de vista egoísta, ese es el problema. Es una de las razones de peso por las que escribir en el agujero. Amo la literatura, es de esas cosas que hay por las que merece la pena no despeñarse. Y desprecio en secreto a quienes no saben valorar semejante arte, quienes no saben saborearlo con calma o lo han convertido en un vehículo más para sus obsesiones relacionadas con el estatus. Más que desprecio por ellos, es un sentimiento de superioridad, que por otro lado suele darse a la vez que ellos también se sienten superiores. Es otra lucha de egos.
Insisto, qué guapa estaba las ocasiones en que nos vimos; y ya veremos si intento describirla, es solo que no quisiera reducirla a Literatura.

»Respirar hondo es habitual en el agujero. Y se oyen bolígrafos recorrer a toda velocidad papeles ya hechos polvo. A veces parece que podamos notar el calor de la Tierra, del núcleo interior. Lo más curioso es que, aunque no somos muchos, últimamente cada vez más gente merodea por el borde, y no siempre es para mirar de soslayo y reafirmarse en sus posturas; a veces se acuclillan y nos hacen preguntas. O nos dicen algo e intentan averiguar si estamos de acuerdo con ellos. Es como si se olieran algo raro en el ambiente, en el ambiente de la superficie. Aunque aman la superficie, tanto en su forma tangible como en su forma metafórica, supongo que a veces notan algún tipo de vacío. En cualquier caso, es complicado, porque siguen amando el ruido.

»Hubo una guerra. Y luego otra. Y muchas otras guerras y batallas en medio de las grandes guerras. Guerras pequeñas dentro de las grandes. Grandes matanzas que parían a sus crías de matanza. Hijos de puta nazis que parían a sus propias crías históricas con forma de soldado americano descerebrado y reclutado por otros nazis modernos. Luego los neonazis se escamparon y provocaron caos ideológico: gente que camuflaba ideas horribles con etiquetas aceptables. Mi madre sigue cambiándose de acera si ve un moro.
Dicen que ha habido una explosión en la segunda torre…
Las ideas tóxicas occidentales ahora son económicas. El fondo sigue estando lleno de risas falsas; todos los del agujero lo sabemos. Bienvenidos a Europa. O a la tierra del tío Sam. Bien hallados estamos en nuestra dignidad con cimientos en el sacrificio…

»Hemos sobrevalorado la sangre, el miedo a la imagen de la sangre. La gente de la superficie la ha sobrevalorado. Si no la ven, no mueven ficha. Si no la ven, cualquier tiempo pasado era peor y no nos podemos quejar; esa creencia nos ha traído a donde estamos. Es lo que tiene la extorsión elegante. Antes el abuso estaba más a pie de calle, era un súbdito del poder encañonando a un ciudadano. Ahora ya no es necesario, los ciudadanos llueven del cielo y revientan contra el asfalto con una orden de desahucio en la mano. Cuanto más tiempo pasa, más sentido le veo a la confusión que sentía en clase de crío: cada vez me parece más justificada.

»Nadie piensa tampoco en la raíz. Nosotros estamos rodeados de ellas en el agujero, quizá por eso nos da por cavilar más cuáles son los auténticos motivos por los que los sistemas se debilitan. La vida ahora parece ser como un árbol muerto que los políticos dicen que es necesario resucitar; en el agujero creemos que quizá lo mejor sea aceptar que el árbol ha muerto, y que se podría plantar otro. Pero claro, el tema es que quienes dicen que hay que resucitar el árbol temen que la cosa acabe llegando de algún modo a la pregunta de por qué ellos tienen tantos árboles sanos en sus fincas privadas.
Esos tíos que quieren resucitar siempre el árbol muerto, pronto serán compañeros de generación, aquellos que no estaban confusos en clase.

»A veces me quedo mirando hacia arriba, y espero ver a según quién mirando hacia abajo de cuclillas. La indescriptible. Solo eso nos puede aturdir y sacar del horror. No importa cómo, ya no, crece un bulto en mi pantalón y a los pocos minutos estoy más relajado. Dentro de poco tendremos que hacer algo, tendremos que salir a por provisiones. Hay quien dice que sería mejor no descartar el asesinato, uno específico, para que ellos también tengan miedo de una vez; y ahora ya nadie del agujero se ofende al oír eso.

san f 5

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