Vodka

Soy la clase de persona o personaje que esperas, más o menos. La casera ha estado aporreando la puerta. Y cuando digo la casera no me refiero a la bebida. La lucidez estúpida gustaba antaño a ciertas personas de mi entorno. Fue antes de que yo me quedara atrás, al parecer. Ahora soy como la imagen de esas películas, hay dos botellas vacías bajo la cama que no son de agua, la habitación está bastante hecha mierda. Recuerdo que cuando llegué aquí caí bien a todo el mundo, ahora hablan sobre mí a gritos usando tacos que no son de billar. Las pajas ya nunca no son para beber y las mujeres que frecuento no suelen tener un interés crucial por las cosas que les cuento que siento cuando releo a Pynchon o Delillo. Me agencié una maquina de escribir, me dije a mí mismo que porque soy un romántico, y lo cierto es que lo soy hasta cierto punto, un romántico sin dinero para un ordenador. Hace tiempo que hay una chica que a veces pasa por aquí, le doy pena porque le recuerdo a ella misma; luego se va cuando vuelvo a beber demasiado y no dejo de hablar de otra chica, la de siempre. Para cuando vomito, normalmente ya se ha ido. En una esquina de la habitación hay una primera edición de “El arco iris de gravedad”, aquella que salió en dos tomos, como si fuera una doble sesión de cine antigua. Para cuando vuelvo a darme cuenta de que la casera vuelve a aporrear la puerta, dudo sobre si ha vuelto o si en realidad no se ha ido, o si ha vuelto pero me he dado cuenta cuando ya llevaba ahí un buen rato. Debo tres meses, pero no tengo nada para comprar mi dignidad. Le grito que soy una persona, que me valore como tal. Cuando dejas de tener ingresos de cualquier tipo la gente comienza a creer tarde o temprano que es porque lo mereces (porque no los mereces como individuo). A veces me hubiera gustado vivir en una época de conflicto bélico, de vida disoluta general, de vidas nómadas forzadas. Podría haber conocido a alguna enfermera de guerra encantadora y haber visto el paraíso en medio de la miseria y así luego escribir sobre ello. Ahora la miseria es algo un tanto confuso, demasiado abstracto. Cuando tenía 18 años pensaba que nunca fumaría; a los 25 ya fumaba, pero pensaba que nunca sería un alcohólico que se niega a sí mismo que lo es. Ahora ya no descarto nada. A esto debe ser a lo que se refieren cuando hablan del aprendizaje que te da la experiencia, te acabas conociendo bastante bien a ti mismo. No sé muy bien qué hora es, creo que en un rato llega Arabela. La cosa está en conseguir sentarme, o al menos echarme en la cama; siempre puedo fingir que estaba echando una siesta, así ella podrá fingir que se lo cree, y quizá en un rato se me pase un poco la mierda y tenga una erección. Ella tiene llaves de la habitación, le dije que se hiciera una copia, creo que cuando le di la mía para que se la hiciera pensé en que ella podía cuidar de mí, o al menos alertar sobre mi cadáver antes de que comenzara a apestar.
Creo que el acuerdo al que hemos llegado es que ella no me juzgará siempre que yo no la juzgue. A menudo el respeto funciona mejor entre personas realmente jodidas; así que me dejará beber siempre que yo no hable de la prostitución en términos peyorativos. Esto no es algo que puedas hacer fácilmente con alguien a quien todo le va estupendo en líneas generales, si no te juzga se sentirá superior a ti, y si no se siente así te juzgará, siempre sales perdiendo. Ellos son dignos porque, aunque a su manera, también van de culo, solo que sobrios y con ingresos; así que mientras siguen haciendo girar esa rueda que en realidad deberían negarse a seguir girando para conseguir un buen punto de inflexión y quizá sentar unos cimientos nuevos para mejorar las cosas, tú te ríes en su cara y te niegas a colaborar. Es cierto que a menudo cuesta más ser bueno con uno mismo que dejarse, pero no cuando ser bueno significa cada vez más ser gilipollas y dejarse mangonear. Arabela me entiende. Ya nadie aporrea la puerta, esta vez es seguro. La idea es que cuando ella llegue, use su encanto de prostituta “secreta” y apacigüe a la casera. Es siempre el mismo rollo. Incluso los procesos de autodestrucción tienen su encanto. Mira el cine, la mayoría de las veces los personajes felices suelen estar en películas horrendas, los otros sin embargo inspiran y violentan, remueven y te ponen cachondo. Mi optimismo no está tipificado, a no ser que optimismo sea también sentirse orgulloso de haberse mantenido uno consciente para no volverse a despertar tirado en el suelo…
Me doy cuenta de que el motivo por el que aún no han arrastrado el fardo que es mi cuerpo a la calle, es que no les cuadra lo de Arabela; creo que aunque sospechen que es prostituta saben de sobras que no tengo para pagar, de modo que eso les desconcierta, saben que aquí hay sexo y que ella pasa muchas horas conmigo. Arabela es la clase de persona que no encontrarás en el mundo de las personas prosperas (a no ser que cobren por ayudar); ni siquiera es parecido al voluntariado, ya que ella no tiene con quien fardar de lo que hace. Se podría decir que esto se parece más al amor que la mayoría de actos del mundo remunerado (ya sea con pasta o con zarandajas). Sé que si ella pudiera me pagaría el alquiler. Es verdad que hay una relación de dependencia emocional en cierto modo, ¿pero no son todas las relaciones así? Lo bueno de esto es que nosotros no lo disfrazamos de nada mejor. Lo que haría el tío que yo era hace diez años sería cambiar de acera al ver a una tía así en un callejón de noche. Cuando te va bien hay un montón de motivos por los que sentir miedo, o por los que sentirse digno. Eres un adalid de lo ético y lo moral, cualquier suceso es una buena excusa para sacar a relucir tus argumentos. Va a juego con el afeitado cada dos días, con el corte de pelo bimensual y las chicas dulces potenciales. Cuando estás tocando fondo, sin embargo, tienes una visión más amplia, por decirlo así; te das cuenta de que las personas no son Sims, y, por otro lado, también de que la mayoría de sus principios no valen un duro a la hora de la verdad.
Oigo cómo Arabela habla con la casera al otro lado de la puerta. Alza la voz para que me levante y me siente, para que finja estar leyendo o durmiendo. La casera es de esas personas cuya principal actividad en la vida es el voyeurismo (ya sea televisado o buscado), el mirar dentro antes de que se cierre la puerta, el rajar de todos y jamás mirarse al ombligo. Está un paso por debajo de esa gente que va a playas nudistas y se esconde para masturbarse (aunque eso es una teoría relacionada con mis nuevos pensamientos sin ingresos).
Por más vodka que beba a palo seco, siempre me seguirá pareciendo colonia. Igual que el whisky me hace pensar en un hipotético zumo de madera industrial. Porque Arabela no me puede pagar el alquiler, pero sabe conseguir alcohol. Con esto siempre surgiría esa conversación moral sobre que si alguien te quiere te alejará de las drogas y te encerrará en una habitación mientras soporta con tesón tus quejas, porque sabe que está haciendo algo bueno por ti. Yo antes también tenía siempre una sola opinión sobre cada tema. Lo que podríamos llamar Pensamiento Remunerado, tiene la discutible cualidad de ser bastante previsible. No quizá en cuanto a la gente realmente podrida de dinero (obviamente), pero sí cuando se trata de la clase media, ya que eso de “portarse bien” en el fondo a veces no es más para ellos que un modo de droga dura en relación al ego, sirve para suavizar la existencia. Es como cuando una pareja aguanta años y años aunque estén muertos de aburrimiento, hay una razón económica para ello, pero antes te dirán que lo que pasa es que hay que luchar para mantener una pareja (nada como el pensamiento remunerado para convertir una verdad en una farsa…). Hay un motivo por el cual tantas celebridades adineradas siguen solteras a cierta edad; no necesitan aguantar ni compensar ciertas escaseces con un discurso disfrazado de ética férrea e inamovible. Si no están bien y no sienten nada auténtico por sus cónyuges… en fin, al no ser lo material un problema, la separación se puede reducir a algo “anecdótico”. Incluso teniendo hijos, eso tampoco deja de ser, de depender, a la práctica, de la solvencia económica.
Así, ese proceso de clase media de “portarse bien” (ese “portarse bien” en concreto) como auto-compensación, es, creo, una de las bases del problema, de todos los problemas. Te estanca, nos estanca como seres críticos y pensantes, como filántropos y luchadores reales de la vida. Nos convierte a todos (drogadictos o no) en seres pasivos, sin riesgo, dormidos. Una prueba contundente, además, de que esa gente que se “porta bien” no es necesariamente buena, es que su lado oscuro o cabrón, cuando surge, es tan potencialmente destructivo como el de cualquiera. Ellos no se han librado de ser mamíferos, en ninguna universidad te dan un título y una prueba tácita de que eres bueno por naturaleza. La pura verdad (para mí) es que la mayoría son tan “buenos” como les dejen, y tan pasivos en términos evolutivos y progresistas como quien no tiene ni cinco minutos para pensar, porque ni tan siquiera saben bien cómo coño estarse quietos, e incluso es probable que les aterrorice la sola idea.
Arabela, al igual que yo, tampoco es una productora, y aunque no sea un ejemplo igual que no lo soy yo, al menos tampoco se presenta como tal. Se libra de la casera, entra y saca una botella de su abrigo. Sabe que solo yo lo dejaría, que ella no puede dejarlo por mí. Y también sabe que no iré a ningún centro lleno de profesionales y drogas, sabe que la sola idea me repugna. Si me deja elegir a mí, es porque para empezar no necesita alimentar ningún tipo de auto-imagen. De hecho si decidiera dejar de traer bebida, es muy probable que ella tampoco viniera; algo que no intentará jamás es sacarme a rastras de mi camino, sea cual sea. Si un día me ve tirar el vodka por el retrete, sencillamente dejará de traer botellas. Sabe que uno de los motivos de humillación clásicos parte de la creencia que muchos tienen de que decirte algo que tú ya sabes te puede ayudar. Sin olvidar el concepto básico de que, la mejor forma de que un drogadicto siga colocándose, es intentar forzarle a que lo deje.
Puedo ver preocupación en su mirada, pero sigue sabiendo que es mi decisión, y sabe que si me juzga yo podría juzgarla a ella.
Es una situación delicada, pero nosotros somos conscientes de ello. Cuando eres consciente tienes una posibilidad de mejorar. Sin embargo, todos esos pensadores remunerados, bueno, creo que está cada vez más claro que están muy lejos de ser conscientes de sus propias taras.
Si por ejemplo un tomate de golpe tuviera una capacidad, digamos, estándar y académica de razonar, es decir, si la tuviera a ese nivel en que todos tus allegados son clavados a ti en sentido común; el tomate, al verse en su rama, atrapado, al ver que hay muchos más como él y todos en el mismo lugar, dudo mucho que se alertara, dudo mucho que se le despertara una sed nueva de libertad. Ni aunque le crecieran unas patitas de tomate, ni aunque unos nuevos brazos orgánicos le permitieran soltarse de su rama y salir del huerto… Es decir, al ver que el resto permanecen quietos y callados, o que cuando hablan todos dicen las mismas chorradas (puede que incluso burlándose de sus nuevas patas y brazos), pues es muy probable que el tomate eligiera seguir en su rama, y pasar de usar sus nuevas extremidades.

Arabela se acurruca en la cama conmigo mientras yo pienso en otra. Eso no sucede porque yo no quiera a Arabela, es solo que no la quiero del modo en que uno quiere lo que no tiene. La otra persona vive limpia y quizá emparejada en el mundo remunerado: en ese mundo en el que eres alguien (más o menos) si aceptas entrar en cierto sistema de jerarquías y gilipolleces. Conozco muy bien ese mundo, cómo funciona, y cómo el quejarse de él no parece servir de nada. Podrías quemarte a lo bonzo como protesta en el lugar adecuado, y seguiría sin servir de nada. Es un mundo de profesionales, y yo decidí que prefería ser una persona jodida; prefería ser una persona jodida que un profesional triunfante. Mi concepto al menos admitía la palabra persona. Y aunque esto suene como justificación para la apatía y la autodestrucción, esa otra historia de nóminas y sacrificio ya debería sonarles a la mayoría aún mucho peor. El margen de las cosas no siempre está tan mal. En el margen uno suele hacer dibujos, suele dejar ir la mano para apuntar el número de la siguiente ex, en el margen uno se puede permitir el lujo de ser frágil, calmosamente perdido, humano. Uno puede tener secretos en el margen. En el margen la transparencia no está tanto en las anécdotas como en las miradas. Lo bueno del margen es a la vez nuestra condena. Ahí está lo que mejor nos define, y lo que nadie mira.
Si no aspiras a acabar siendo un ingrediente más como el tomate pensante, debes encontrar a tu Arabela. (Tú decides el contexto.) Ella te proporcionará vodka, y malviviendo en la nada asocial al menos podrás pasar un tiempo sin formar parte de nada de lo que te rodea. Así quizá te sentirás a veces menos extraño, menos culpable.

vodka

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15 comentarios en “Vodka

  1. La decadencia más tierna… voy a guardarme muchos fragmentos de esto.
    (yendo a otro tema, me intriga saber qué te ha inducido a comentar un post adolescente de dos líneas desde una página que ya no usas)

    1. :D, me ha chocado el minimalismo del post (ya ves que por aquí no hay mucho minimalismo), de vez en cuando me gusta andar erratico por ahí viendo blogs, saltando de uno a otro. Y el enlace lo he dejado por error a ese blog de blogger que nunca llegué a usar..

      Gracias por leer 🙂

  2. Me ha parecido hermoso…una forma tan tierna de verse uno mismo por dentro…aceptándose tal cual y aceptando al otro de la misma manera
    Todos tenemos ese lado egoísta, aunque no la vemos como tal
    Todos nos creemos mas importante que el otro y está bien…pienso que primero debemos ser fiel a nosotros mismos o si no…no estaríamos una especie que sobrevive a pesar de todo
    El egocentrismo que muestra el personaje es tan…acertado…tan real
    Me ha gustado

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