Cosa diaria (1 de 10) – Caniches y autodesprecio

Debe saber que cuando el periodista es hombre me vuelvo cabroncete, y cuando es mujer todo lo contrario, que al final suele significar volverme cabroncete también. Ya que la entrevista es por escrito y puedo pensar las respuestas y revisar la redacción, voy a intentar ser sincero. La pregunta incluye dos o tres preguntas más dentro, a algunos de ustedes les gusta preñarlas… De modo que no dudaré en meter mi rollo.
Además veo que usted intenta ser original. Creo que sé por qué hay personas que se compran un caniche y luego lo meten en su bolso para salir a pasear, pero veremos si tiene algún sentido todo esto.
Hay ciertos cimientos socioecnómicos, por decirlo así, que ayudan a que esas cosas pasen. Es una cuestión de herencia. No de herencia genética, sino de herencia educativa. Es un argumento un poco de perogrullo, porque el concepto de educación lleva siglos siendo el mismo; pero es obvio que es una de las razones por las que existen las niñas pijas. Es una forma occidental de hacer las cosas. Es ese ánimo sintético que quiere hacerse pasar por sentimiento auténtico, e incluso por pasión. En este caso pasión por los animales. Y es también algo cultural, paseamos a nuestras mascotas caninas en lugar de comernoslas, algo que seguro harán en alguna otra cultura, y con lo que nos asquearemos, como si nosotros tuviéramos la copia original sobre la mejor ética tradicional posible, u oportunidad de elección alguna sobre el contexto social en el que crecemos, y al que nos acostumbramos.
Como sabrá, por esta forma de educación oficial hay una descompensación total; gente abocada a trabajos respetados y gente abocada a trabajos de bajo perfil. Los primeros podrían tener una oportunidad económica de crecer, los segundos no. Y en la mayoría de casos ambos trabajan sin parar en cosas que no les importan lo más mínimo. Eso anima aún más a la faceta superficial de todo. Como no eres una persona con resortes abstractos relacionados con la creatividad o la ilusión por la vida más allá de los viernes y las vacaciones, lo que haces es convertirte en consumista. Como haces algo que no te apetece la mayor parte del tiempo, luego te ves con derecho a ser superficial, a ser jerárquico, a merecer galones, a ser artificial, un capullo, etc.
De entre los que tienen dinero de verdad, los hay de dos tipos; unos son los que han hecho su fortuna a base de ideas y trabajo propio; y luego están los ricos herederos; y aquí hay dos grupos para mí, los enchufados y los que nacieron ricos. Lo que nos ocupa atañe sobretodo a los que nacieron ricos. Como es lógico, hablamos de gente que vive en una burbuja. Es decir, aún más que el resto, pero en un contexto en el que, si quisieran, podrían hacer casi lo que quisieran de sí mismos, convertirse en lo que quisieran, ya que no están atados a imperativos económicos. Ni siquiera el sistema educativo debería poder convertirles en autómatas (aunque lo haga a cierto nivel).
Pero dadas las circunstancias, son seres que se convierten en una versión diez veces más superficial que el ciudadano de a pie. No son más que TÚ multiplicado por diez, o por cien. Tus mierdas elevadas a tropecientos. Nos son tan distintos, solo son la misma gente pero con MUCHOS más medios. He ahí donde se pueden sospechar serios fallos de raíz en el modo en que lo manejamos todo.
De ahí pasan a crear un universo propio. Un mundo en el que las viviendas y los coches se pagan al contado; en el que las relaciones son una cuestión tan solo de eso, de relacionarse. Es un estatus distinto, de otro planeta, las prioridades son otras; o más bien, son las mismas pero llevadas a otro nivel. Mucha gente dice que si le das dinero a tu hijo siempre que lo pida, le estás maleducando. Lo cual es como decir que si pones una bomba en un Mercadona podrías matar a alguien. O sea, una obviedad que da casi vergüenza ajena, más bien el tipo de soplapollez que se dice para rellenar el silencio y quedar como alguien maduro. Y ninguna de esas personas se pregunta por qué también la educación de sus críos gira alrededor del puto dinero; cuando en realidad eso no tendría ninguna importancia si el niño no fuera ya desde crío un proyecto educativo de Productor y Consumista, sin más; sino un proyecto de persona. De persona con inquietudes propias, distinta a las otras personas y a la vez tolerante con ellas, etc.
Cuando se trata de críos ya ricos desde el útero, sus burbujas son de colores y muchas veces sus valores son inexistentes, están bajo cero. Suele ir con el poder el hecho mismo de la ignorancia y la insensibilidad, al haber esa escisión clara entre educación y cultura. Porque no importas tú. No importas. Tu valía no vale para nada. De modo que, si tienes pasta, comprarás un deportivo, te harás especialista en moda, podrás hablar durante horas de diseño de interiores, de tecnología, de los demás… Y así, no tendrás ni puta idea de nada de lo que sea importante, mucho menos a nivel emocional, tampoco de animales, aunque dirás que los amas (es mono), pero como tu caniche da demasiado por culo al sacarlo a la calle, lo que harás será llevártelo a tu órbita, lo convertirás en un complemento más, lo meterás en tu bolso con la cabeza asomando, y aun así te preguntarás por qué el puto perro no para de ladrar.
Por todo eso creo que hay chicas que llevan sus caniches en el bolso.

En cuanto a lo otro que me comentaba, creo que tu YO más auténtico está en el resoplido de la persona que te importaba y que finalmente consiguió librarse de ti. No hace falta que se alarme, pero le estoy perdiendo miedo a la muerte a pasos agigantados.

sf ...

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s