Cosa diaria (5 de 10) – Deliciosas amas de casa

Estaba yo contándole que conocía a un tío que no podía usar colonias con alto grado de alcohol debido a un alcoholismo galopante, cuando ella se disculpó y se fue al baño. Estoy dejando de fumar, así que opto por un gin tonic que ha resultado ser una copa enorme con la que ya me siento borracho. Estoy dejando de fumar por cuarta vez, se me da genial dejarlo, tengo todo tipo de discursos sobre el tabaco y sobre cómo no fumar, tácticas infalibles, bromas, historias dramáticas contra la nicotina y otras pro-nicotina. Pienso sacar el tema cuando ella vuelva del baño pasando elegantemente de lo que ella me quiera contar, si es que quiere contarme algo. Ella tiene una niña de siete años. Su marido sufrió de algún tipo de trastorno alimentario terrible debido al cual acabó muriendo. Según sé, lo poco que quedaba de él en el ataúd hacía que desde ciertos ángulos pareciera que no había nadie dentro en el velatorio. Como si se hubiese preparado un entierro simbólico. Alguien que no había vuelto de la guerra. Desaparecido en combate… Tengo un montón de chistes crueles amontonándoseme en la cabeza desde hace tiempo. Sé de toda esa historia porque ella me ha hablado con mucho detalle de ello vía chat; hoy es la primera vez que nos vemos en persona. La verdad es que estoy haciendo el mismo papel que cuando hablo con ella por internet, un personaje que incluye una gran dosis de misoginia “cachonda”, y toneladas de bondad y buenas intenciones de esas que son reales solo en un contexto meramente depredador. Un amigo mío decía que esto es la versión ética de la pederastia. Atacas a un ser “menor” que está indefenso a cierto nivel, y en busca de sexo, solo que en este caso es adulto. Al menos sobre el papel. Lo bueno (para esto) de las etapas hechas palabras –la niñez, la adolescencia, la edad adulta, la tercera edad–… es que el nivel intelectual no necesariamente aumenta al paso de los años. Lo cierto es que hay un montón de gente lista, saben lidiar con las cuestiones prácticas de la vida, saben, más o menos, salir adelante, pero hay muy pocas personas inteligentes. Esto tiene sus obvias consecuencias en la sociedad, pero también ciertas ventajas (al menos si sabes hacer que tu comportamiento potencialmente discutible parezca aceptable).
La mujer que sigue en el baño es ama de casa, secretaria y madre a la vez. Cumple con exactamente todos los requisitos para encajar en el paradigma de la mujer luchadora, casi una superheroína. Una madre coraje.
Y también estúpida.
Porque no solo encaja en el perfil de persona llena de amor materno y bondadoso sacrificio, sino que también es un subproducto típico que ha acabado así no solo por mala suerte, sino también por haber acuñado una sola, apresurada y simplista idea de la vida, una idea aún rabiosamente de moda. Es la clase de persona productora ideal para cualquier gobierno actual. Sacrificada, bajo presión y con una única obsesión que se pueda considerar propia, genuina, real y justificable: su hija. Así, es alguien perfecta no solo para hacer literalmente lo que quieras con ella a un nivel socioeconómico (así como para remarcar aún más cierto orden jerárquico), sino que además se le suma a todo eso una carga y un luto que nunca acaban de desaparecer. Esas circunstancias hacen que crezca en ella cierta clase de cinismo crudo mal disimulado y muy típico, que en muchas ocasiones se convierte en una búsqueda de sexo salvaje que no es tanto un placer como la única forma de aliviar momentáneamente el dolor.
En el fondo, es la clase de persona que más impera, aunque con matices superficiales, pero la esencia es la misma. A más años menos romanticismo y pasión por nada, a más años menos aristas tiene la idea de la lucha, de luchar por algo mejor (además resulta casi imposible); o más bien, esta se reduce al mero hecho de la supervivencia, con la dosis de impuestos que eso aporta, y cantidades obscenas de resignación que solo alimentan una anulación progresiva y tremendamente efectiva del propio yo. La verdad es que hay gente que nace, vive y muere sin haber sido nunca nadie. Y lo peor es que si algunos pudieran replicarte, te dirían algo así como que ellos no necesitaban fortuna o ser famosos para ser felices; y ahí está el problema de raíz, ni siquiera saben de qué coño les estás hablando.

Tiene treinta años. Tuvo a su hija con veintitrés. Tiene aspecto de tener cuarenta. Y lo más importante, mirada de veinteañera salida.
Esto no solo es una jungla en términos materiales, y cabe añadir que seguramente ella no traga con todo mi rollo, puede que ni se fíe de mí. Solo quiere que al menos haya un contexto común para lo que ambos queremos que pase más tarde mientras su niña está con los abuelos. Si no fuera por la perspectiva de los orgasmos y demás, para ser sincero esto sería profundamente desagradable, un juego deprimente que solo parece ser una de esas situaciones con las que las personas lidiamos porque sencillamente no sabemos ser mejores; y ni tan siquiera decirnos la verdad, porque nuestros códigos morales, paradójicamente, nos lo impiden en gran medida. A lo largo de la historia ha habido toneladas de sufrimiento y maldad y graves mentiras en pos de mantener a flote ciertas ideas cerradas sobre lo que es ético y moral.
Pensar en todo esto, ahora que ella ya ha venido y habla sin decir nada, solo hace que me ponga cada vez más cachondo. El descenso a los infiernos se puede lograr de muchas formas. Lo más emocionante es la posibilidad de que ella sepa que no quiero nada con ella; incluso podría ser que eso le gustara. Porque es obvio que ella no quiere nada conmigo, pero no puede evitar jugar a intentar hacerme creer que ella no busca solo sexo. Y no es el “sexo sin más” en sí lo maligno en todo esto, obviamente, sino más bien el colchón de falsedad, depresión y autodesprecio (esto es más bien mío) que lo sustenta y proyecta. Como si solo cuando tocas fondo con tus planes y actos pudieras acceder a esas fantasías sucias que nadie asocia al matrimonio; puede que incluso ni a una relación supuestamente seria u honesta.

Empieza a hablar de su hija. Creo que lo hace para compensar ciertas anteriores risitas y miradas pre-coitales. Se vuelve a poner el vestido de dignidad común exculpatoria, y yo la escucho como si su hija no fuera solo una forma más de impostura en la conversación, sino algo de lo que me gusta oír hablar, dado mi infinito interés en cosas como las manías infantiles o la educación primaria.
La niña ha dicho que tiene un novio, ¿no es graciosa?
La niña no para en todo el día, no hay manera de que se esté quieta.
La niña es muy mona pero se lo tiene un poco creído.
Tortura a los niños de su clase con artimañas femeninas infantiles.
La niña dice que no quiere operarse de mayor.
¿Cómo?
Que no quiere operarse de mayor.
Le pregunto si se refiere a… o si se refiere a…
Sí, no –me dice–, hablo de armas. Entonces la mujer me comienza describir la Colt de última generación de intra-armas que ella misma tiene adaptada a su útero. Me operé después de que muriera mi marido, dice. Tenía miedo, añade. Cuenta que esa empresa, Pretecnotimes, está haciendo buenos precios ahora, se han asociado más estrechamente a la sanidad privada. Ahora son precios más… asequibles para el consumidor medio. No me lo creo mucho, de hecho hasta hace poco no me creía ni que existían esas intra-armas; no hasta que vi una con mis propios ojos saliéndole por la boca a una panadera en medio de un intento de atraco. El atracador, armado solo con una navaja, se quedó lívido. Yo también. Recuerdo el momento en que llegué a casa, fue hace unos tres meses, y pensé que a partir de entonces quizá ya no sería tan fácil seguir dedicándome a la pederastia con adultas. Por primera vez topo con el problema. La panadera murió, por cierto, por complicaciones con ese asunto, creo que fue algo así como una negligencia quirúrgica; seguramente ese proceso que convierte a las personas en funda militar aún debe estar en periodo de prueba. Y como siempre, se prueba con la gente de a pie. Los nuevos ratones de laboratorio, o no tan nuevos. Periferia Microsoft tenía que ser la ciudad adecuada, precisamente aquí se halla la sede central de Pretecnotimes. La tecnología sigue siendo la apuesta de futuro. Creo que hay una especie de confusión legal con todo ese asunto. Se pueden llevar esas armas en las tripas o la traquea, los cañones adaptados salen por los orificios, y según sé el modo en que los portadores lo manejan se basa en el mismo principio orgánico por el que cuando el cerebro da una orden a la mano, la mano se mueve y hace lo que el cerebro quiere.
Todo esto son cosas en las que no quería pensar. Lo que podría ser ilegal es usar esas armas en según qué lugares o momentos, supongo, pero no quiero aportar dudas a la conversación y que esa cosa que ella lleva en el vientre se convierta en el tema central. Ella sigue hablando, me dice que el arma va envuelta en cierto material de una textura gomosa, algo parecido al látex con el que se fabrican los condones. Dice que ya ni se acuerda de que lleva dentro ese trasto. Dice que si usa las pocas balas que lleva (no recuerda cuántas son), para recargarse tiene que acudir a la clínica privada en la que la operaron. Espero no tener que usarla, musita… Me guiña el ojo.
Evidentemente esto lo cambia todo. Muchas preguntas sobre el tema se me plantean. Por ejemplo, ¿es verdad que algunas de esas armas están preparadas para salir por el ano?, ¿o solo va de la boca y la vagina? Recuerdo que cuando la panadera se convirtió en un cañón emergiendo por su boca, la mujer no podía hablar. Supongo que de eso va todo, de cuando hablar ya no sirve de nada. Si los rumores no son falsos, son las mujeres las que más se están operando. No creo que ningún tío esté dispuesto a jugarse el pene con eso, si es que ahí también se experimenta. La vagina siempre ha tenido más posibilidades para todo. Ahora algunas mujeres también podrán ser falocéntricas, supongo. La que tengo delante ha notado como mi expresión ha ido variando según ella hablaba, creo que he pasado de quedarme blanco a comenzar a ponerme rojo. Estaba comenzando a tener una semi-erección, pero se ha ido al traste. Podría haber aceptado un agrandamiento de tetas, o hasta silicona en el culo (que no me gusta nada), pero la idea de meter la polla en una vagina en cuyo fondo me aguarda el cañón de una Colt…
La mujer enrojece y me dice que lo siente, que quizá no tenía que haberme dicho lo de su operación, que por eso no me lo había dicho antes; tenía miedo de que dejara de hablar con ella o algo así. Recupero la compostura (de esa forma en que gesticulas demasiado demostrando que no has recuperado una mierda), y le digo intentando sonar sincero que no se preocupe, que no pasa absolutamente nada. Mientras tanto mis ojos dicen: Joder si pasa… Pero mi boca: ¡Nada de nada pasa!, ya sabía que las chicas os operabais, algunas, esto… pero no, no pasa nada…
Mi cerebro inicia un trabajo a pleno rendimiento para inventar algo, una excusa. Luego eso cambia.
Ella comienza hablar de otro tema y vuelve a las miradas pre-coitales. Saca pecho y apoya su mano derecha en el mentón con el codo en la mesa. Parpadea. Etcétera. De repente siente que hay un montón de Realidad que compensar con la promesa de sexo guarro. Me da por preguntarme si sus fluidos vaginales sabrán a estaño derretido o algo por el estilo.
Al cabo de una rato ella me pregunta si quiero ir a cenar.
Algo extraño me sucede al asentarse el asunto de la Colt intra-uterina. Mi rechazo se diluye. Al paso de los minutos paso de planear la huida a relajarme por completo. Me siento como si fuera un ciudadano que necesita de un conflicto armado para centrarse. Pero esto es distinto, obviamente, no quiero sonar políticamente alegórico. De algún modo, esa amenaza que ha surgido –aunque seguramente no sea tal, ya que la chica, pese a todo, parece bastante incapaz de hacer daño a nadie– me ha anestesiado de un modo extraño contra el dolor que soy capaz de producirme a mí mismo con mis actos. Me pregunto entonces, no sin cierta inquietud y emoción –una emoción casi nueva, muy poco experimentada por mi parte–, y mientras acepto cenar con ella, si seré capaz de combinar esta nueva calma con el asunto de follar con la madre. Con el asunto de Follar en general. Y de todas las deliciosas amas de casa.

ene

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3 comentarios en “Cosa diaria (5 de 10) – Deliciosas amas de casa

  1. Esto me gusto. Interseccionas(si cabe la palabra) muy muy bacan (bien) tus relatos, o universo “ficticio”(?) – periferia microsoft, las Armas, etc. – tanto que a veces releeo algunos textos antiguos tuyos. Saludos Jordi.

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