Tres “cartas autoconcluyentes” a Beatriz* (3 de 3)

Ahora todo está basado en el recuerdo de un recuerdo de un recuerdo (y así sucesivamente) de ti. Cuando recuerdo un día lejano, lo más nítido que tengo en la memoria es que aquel día también me acordaba de ti. El asunto es así de rosa, al menos desde fuera, supongo; y también algo desesperante para mí, y probablemente terrorífico en cierto modo para ti. Puede llegar a ser tan incómodo el que alguien esté muy pendiente de uno como el que pasen absolutamente de uno. Puede que por eso mucha gente escoja rápidamente una existencia más íntimamente relacionada con la Indiferencia cariñosa (por llamarla así), antes de que les aborde alguna emoción que no puedan controlar respecto a otra persona. Es una opción muy deprimente, pero puede llegar a ser comprensible. Esa estabilidad estable de relación “estabilísima”, ese tachar rápido un asunto importante de tu vida aunque en realidad tú sepas que no hay nada tachado y que lo único que haces es proyectar esa idea de que ya tienes eso solucionado y que así los demás lo crean (y con suerte te lo acabes creyendo también tú mismo). ¿Sabes que una vez oí a alguien ser totalmente sincero con su relación neutra? Era Ang Lee, el director de cine; que no tiene problemas en decir que él no está enamorado de su mujer, ni ella de él; que simplemente se llevan bien y decidieron hacerse compañía emocional y sexual. ¿Te imaginas lo que pasaría en el núcleo de muchas parejas si uno de los dos reconociera semejante idea anti-romántica? ¿Conoces las ventajas fiscales que da el matrimonio? ¿Sabes que si me pidieras en matrimonio –y no estando yo precisamente a favor de semejante ritual– diría que sí con tal de fijarte a mi lado de un modo totalmente planificado y para que tuvieras una atadura más si un día llegaras a la conclusión de que es mejor no estar conmigo? ¿Crees que podría hacer algo así?, ¿dejar que aguantaras la relación con tal de no meterte en un farragoso proceso de divorcio…? Aunque creo que lo que haría si la cosa se torciera, sería… sí, concederte el divorcio, pero para más tarde volver a por ti. ¿No te das cuenta que todos esos impedimentos no hacen más que agrandar la leyenda?… Y quizá dirás: “A lo mejor eres tú el que se harta de mí”. Porque aún no sabes que en mi estado no se puede hablar conmigo… (O sí… de hecho creo que sí lo sabes). Estoy embarazado a tantos niveles que ahora soy como una mujer llegada de otro planeta y del futuro y de una realidad paralela, y quizá también del mundo de los muertos. Una mujer en la que crece la semilla de Dios y no tiene problema en convivir con ese hándicap. Y lesbiana.
Uno puede disfrazar todo lo que dice y hace y escribe. Más o menos. Aunque creo que yo lo hago bastante mal. Pero no tanto como para que no se pueda intuir que todo lo bueno que sale de mí tiene que ver contigo, y lo malo con la imaginación o el mundo deprimente que a menudo me rodea (o fabrico). Si lees esto, ha de ser incómodo de narices, lo sé, e incoherente en parte, y sin duda algo muy complejo de gestionar, tanto como (espero) de ignorar, o de aceptar. Has tenido mala suerte, casi seguro es así. El novio ideal te espera donde sea que se reúnan esos tíos ocupados, inteligentes y a la vez sencillos y frescos como una manzana. Esos tipos trilingües y bien vestidos, siempre afeitados y demás, contra los que sabes que me encanta cargar; porque (la verdad) la sola idea de imaginarte con uno de ellos hace que me den ganas de conseguir un lanzallamas y pasarme por Fnac y Starbucks y luego dibujar tu nombre con cadáveres ardientes en la calle mientras algún poli me arrastra al coche patrulla el último día de mi vida vagamente cuerda.
Esto es lo malo: esa parte pequeña de actitud que no cambia nunca en nosotros, en mi caso ya ha invadido mi caja torácica, y cada vez tiene menos que ver conmigo para estar más y más relacionada contigo; lo cual no es ni bueno ni malo, pero ES. Y ES tanto que no puedo ignorarlo o barrerlo bajo la alfombra del optimismo moderno. No soy tan inteligente, ni decidido, nunca he dividido la vida en fases de aprendizaje, ni siquiera he llevado nunca ese discurso de serie (porque seamos honestos, en muchas personas eso solo es un discurso). No soy tampoco detallista ni sé hacer que las cosas sean simples. Ya me ves aquí, hablando de mí para hablar de ti, no porque crea que tú eres como yo (por favor, que eso no pase nunca), sino porque al fin y al cabo lo que mejor me define ahora es tu no-presencia. La ausencia es quizá el mejor porno de quien escribe. Aquello con lo que más se masturba. Las masturbación es algo muy amplio, abarca muchas facetas de la vida. Pero… bueno, yo soy demasiado cerdo a veces como para que su significado más primario y carnal no ocupe un lugar importante en mí. Para ser atrevido te podría describir cómo llegué a salpicar varias veces sólo con la fantasía de lamer tu ano, solo eso, porque tú jugabas a dominar y no me dejabas hacerte nada más. Qué cosas tengo en la cabeza… por eso jamás seré un joven fresco como una manzana. Por eso, la idea de una suegra propia para mí es más fantasiosa que un marciano jugando un solitario en el salón de mi casa. Lo primero no sabría cómo gestionarlo, para lo segundo creo que podría reunir el valor. Pero no te creas que no pienso más en besos que en mamadas. Soy tan tontaina como quien más. Puedo ser perfectamente la niña que dibuja corazones en los márgenes. De hecho creo que llevo unos años haciéndolo cuando aporreo el teclado cada vez con más ínfulas de Hemingway (sin los toros), y al menos el ejercicio es más limpio que otras formas de vaciado…
Aunque no soy amigo de aniversarios, ni de celebrar los años que se sigue en aquello que uno no está aguantando, sino viviendo en paz, sí recuerdo perfectamente el día en que me comencé a sentir así. Recuerdo justo el momento. Y recuerdo que, unos días después, cuando conseguí volver a acostumbrarme a esa sensación de Una Sola Persona Dentro de Mí, cuando conseguí apartar de mí el miedo de estar sintiendo algo auténtico, y no solo numérico, o administrativo, o rutinario; cuando de algún modo resucitó otra vez mi yo intangible habitualmente enterrado en mierda legal aceptada, entonces ya supe que me tocaría esperar. A veces es así. Da igual lo práctico o decidido que seas, de hecho a veces esas cualidades solo te llevan a comportarte como un gilipollas (es decir, aún más). Esperar…
No podía hacer menos que, al menos, agradecerte la resurrección.
Y ya está.

espa

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4 comentarios en “Tres “cartas autoconcluyentes” a Beatriz* (3 de 3)

  1. Creo que yo aunque que tengo una larga relación estable es aún más caótica y extraña….
    Me han encantado tus cartas
    Muchas gracias por tus letras en mi blog cielo

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