De Pastiche Motivacional a Coolpix Moore

Hay un tiempo para no leer y un tiempo para decir que uno lee. Todo eso, si uno lee de verdad, le convierte casi en un problema para sí mismo. No digamos ya si uno lo hace por placer o cualquier otro motivo que no incluya forzosamente una inversión curricular o económica.
Pastiche Motivacional tuvo un accidente de tráfico, estaba jodido en el hospital. En su lecho de muerte pidió algo para escribir, un portátil, algo, que alguien se pasara por el piso y pillara aunque fuera una libreta y un lápiz. Entre unas cosas y otras, incluyendo una debilidad física importante, y teniendo en cuenta que Pastiche era una persona a la que no le gustaba atosigar a las otras, al final murió sin poder escribir lo que fuera que quisiera escribir. Todos le decían que descansara, que no fuera tonto, que ahorrara energías porque se iba a recuperar. La sabiduría popular nunca le trajo nada especialmente bueno a Pastiche. 25 años y varias hojas en blanco.
Oficialmente siempre es igual, hay un tiempo para no escribir a no ser que sea estrictamente necesario, y un tiempo para no escribir a no ser que sea estrictamente necesario. Si uno escribe “porque sí” se está buscando problemas. Escribir algo con sentido es muy difícil, y hacerlo gratis es injustificable. Son mejores los condones o los idiomas. O los idiomas para poder usar condones en otros países mejor administrados. Melopea Referencial tuvo un encuentro en Londres. Melopea había acabado la carrera y se había montado en un avión. Luego se montó en tres o cuatro simpáticos y culturetas londinenses jóvenes, y luego tuvo un encuentro más especial. El chico se llamaba Starbucks Livingstone. Los Livingstone tenían un árbol genealógico en el que te podías construir un chalé y echar raíces. Pero entonces, solo un mes tras el encuentro, la hermana pequeña de Starbucks, Twinings Livingstone, murió literalmente destrozada al lanzarse a las vías del metro tras enterarse de los cuernos que le había puesto su novio, Harrison Fnac, al tener sexo de forma repetida con un pelirrojo de erasmus llamado Crosfield United. En el entierro, todo se estropeó entre Melopea y Starbucks, él intentó hacer un broma desengrasante, pero ella no la entendió. Hay quien dice que la pelea ya venía de antes, pero, como fuere, la separación fue súbita. Melopea Referencial se fue del entierro dando grandes zancadas, ante la atónita mirada de todos los Livingstone.
Crosfield United era bisexual, tenía 23 años. Lo confesó un domingo cualquiera (su condición sexual, no la edad), en casa, a la hora de comer, ante la atónita mirada de todos los Colors of Benetton. Crosfield United tenía en realidad 31 años, pero es difícil saberlo con seguridad. A partir de los 19 o 20 años comenzó a intentar confundir a todos con eso, incluida la familia (aunque le resultara complicado), y obviamente solía mentir siempre a las chicas cuando se trataba de esos detalles. Su versión solía ser la de los 23 años, una carrera que cambiaba según con quién hablara, y proyectos de futuro que cambiaban según lo que a la chica-chico-objetivo de turno le interesara. Solía atacar a muchachas y muchachos de erasmus y aseguraba a haber hecho varios tríos hombre/mujer.
Un día una enfermera tropezó con algo al salir del hospital, y al mirar vio que era un cuerpo, la cabeza tenía un boquete por el que se estaban derramando los sesos de Crosfield. Al parecer Crosfield United se había enamorado de Starbucks, entre otras cosas, pero Starbucks se alejó de él tras la separación de Melopea. Se dice que los últimos días, antes de despeñarse, se le vio frecuentar cafeterías y bares comunes, en los que nunca daba conversación a los obreros, y en los que descubrió que le encantaba ese café fuerte y combativo que servían en vasitos pequeños en esos lugares.
Reverberación Zara miraba su móvil mientras conducía, y notó que algo se resquebrajaba bruscamente bajos los neumáticos. Era Pastiche Motivacional. Los días antes de que Pastiche muriera, ella fue a visitarle al hospital; lloraba desconsolada, siempre abrazada a varias bolsas de la compra; decía que eso le había funcionado antes, pero que esta vez no había manera. Pastiche era amable con ella, hasta pensó en pedirle una libreta o un portátil, pero no quería aprovecharse. La sombra de Crosfield United pasó de arriba abajo un día frente a la ventana; Reverberación se sobresaltó.
La gente se arremolinó junto a la enfermera abajo alrededor del cuerpo reventado. La enfermera era aún novata y se llamaba Ariel Apple; llegó a casa de sus padres conmocionada, intentó explicar lo que había visto. Al principio quería resumirlo, pero se vio a sí misma entrando en detalles sobre las vísceras del cuerpo y la cabeza destrozada. Al parecer el tío había subido hasta la azotea del edificio. No había encontrado impedimentos. Es una caída libre suficiente para funcionar como antídoto para los milagros. Ariel contaba cómo había gente que se hacía la señal de la cruz al ver el cuerpo, y se preguntaba cómo aun viendo de una forma tan cruda la naturaleza física del ser humano, aún así recurrían nuevamente a su Dios. Entre ese corrillo de extraños curiosos se encontraba Coolpix Moore. Coolpix era un estudiante de erasmus. Al cabo de unos meses se fue otra vez a su país. No pasó nada especial con Coolpix, y además la gente que le llegó a tratar de un modo u otro, llegó a pensar en un momento u otro que jamás le pasaría nada especial a Coolpix. Lo único fue presenciar ese suicidio, y tal era su consciencia sobre lo anodina que era su existencia, que nunca lo contó, es como si esperara risas al contar él algo así. Vamos, Coolpix, no mientas, a ti no te pasan esas cosas. Coolpix tenía esa facilidad de hacer que cualquier acción que llevara a cabo o cualquier decisión que tomara, solo fueran en detrimento de que sucediera algo curioso, original o intenso en su vida. Los maestros de Coolpix siempre comentaban en la universidad que Coolpix podría haber sido una forma de acabar con guerras y todo tipo de conflictos, solo había que proporcionarle billetes de avión; aunque luego se retractaban de sus argumentos en voz alta, porque eso hubiese sido demasiado especial, y luego se carcajeaban del pobre Coolpix mientras Coolpix hincaba codos en casa sembrando la llanura sin paisajes en que parecía se convertiría su futuro. Coolpix comía y estudiaba y salía de vez en cuando con un grupo de chicos que no le hacían mucho caso; sabía chapurrear ya cuatro idiomas y hablar perfectamente en inglés. Pero el momento de ver ese cuerpo reventado en el suelo, fue la única brizna de esperanza que Coolpix intuyó para sí mismo. Él conocía a ese chico, aunque solo fuera de vista, era el típico moderno, “lo más” de la ciudad, era la clase de persona que hacía que Coolpix se sintiera ridículo si coincidían en la misma habitación. Coolpix, tras el impacto inicial, se alegró al verle muerto de esa manera, y eso, pensó, era un rasgo de humanidad que quizá se desarrollaría en él, y puede que su futuro tuviera emociones si se lo proponía (y no siendo precisamente el acto de proponerselo lo que le llevara por el camino más anodino).

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2 comentarios en “De Pastiche Motivacional a Coolpix Moore

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