Un cobarde de mierda

A veces uno se pregunta si las señales y los guiños llegan a buen puerto, si la espera prudencial vale la pena. En cualquier caso, uno no quiere ser como esos tíos que se tiran de cabeza a la más mínima con todo y que ven la vida como una carrera a contrarreloj llena de frases hechas a modo de puestos de avituallamiento incontestables. Uno no cree que esa haya sido nunca la mejor solución, ni la mejor vida. Uno cree que ciertas máximas sobre el atrevimiento en presente solo dan buenos resultados algunas veces, y que por tanto, dichas máximas carecen de fuerza para presentarse como verdades absolutas, o con suficientes méritos para estar en lo más alto del podio de las filosofías ideales de vida. Uno se arriesga a parecer un cobarde pensando de esta forma, o simplemente pensando. Un cobarde de mierda; porque uno quiere creer (o simplemente cree) que hay matices, variables, más detalles a tener en cuenta: algo que muchos solo verán como excusas para retrasar compromisos y deberes. Según a quien preguntes la vida es muy larga o muy corta. Cuando eres joven (o algo parecido) se te dice normalmente que la vida es muy corta. Muy corta para pararte a pensar o meditar las distintas opciones. Uno no puede culpar a nadie; a los 16 ya tienes que saber quién eres, a los veinticinco ya tienes que llevar unos años siéndolo, y luego debes limitarte a asegurar el ancla oficial de la estabilidad vital. Sin embargo uno ha comenzado a desconfiar de ciertas palabras (y dictámenes), a intuirles una polisemia sospechosa, extraoficial en cierta manera, pero también real. Algunas palabras incluso parecen mera compostura impuesta. Uno prefiere ahorrarle al lector esa larga lista de palabras poco fiables. Y no porque no tengan valor en sí mismas, sino porque se las ha condenando a contextos concretos en los que llevan siglos enjauladas. Son grandes palabras, dotadas de supuestos nobles principios y reglas prácticamente inamovibles. Reglas sobre cómo tienes que ser y cuándo tienes que serlo, sobre quién has de ser, qué has de hacer y cuándo has de hacerlo. Reglas sobre qué forma has de tener y con qué has de vestirla. Reglas sobre qué has de aprender, cuándo has de aprenderlo, de qué forma has de aprenderlo y cómo has de demostrar que lo has aprendido. Reglas sobre qué es lo que tiene que aburrirte y lo que tiene que divertirte. Reglas que raramente ven con buenos ojos la Fascinación, la Pasión o la Duda. Reglas hasta sobre cómo has de follar y con qué frecuencia según tu género y edad. Reglas a partir de las cuales has de entender cuál es la versión correcta de la Libertad. Reglas sobre elegir un bando, sobre argumentar sólo a favor o sólo en contra. Sobre que tú decides, pero también sobre cómo has de decidir, cuándo y cada cuánto.
Y no es que sea muy difícil parecer la persona descrita. El problema llega cuando el Ánimo de parecerlo se torna en Convencimiento de serlo, lo cual a su vez se come paulatinamente a tu ser, y a la larga casi no hay más que seres a los que no ha hecho falta reprimir, ya que se les ha convencido de que, de un modo u otro, un alto grado de auto-represión personal es necesario, y que cualquier otra cosa ha de asustarnos o parecernos indigna o un gran riesgo.
Las Palabras no mencionadas incluyen trenes-oportunidad que solo pasan una vez, incluyen sexualidades supuestamente ambiguas que hay que evitar, incluyen un orden cronológico vital de acciones, incluyen todo tipo de modas, ceremonias, protocolos, instituciones, asentimientos vehementes; incluyen una inteligencia oficial en detrimento de una sin firmas; incluyen sacrificio respetado y horas de duro esfuerzo, un esfuerzo que no llega por defecto en base al intento de realización de cualesquiera viajes pasionales producto del convencimiento propio, sino porque muchos creen que el sufrimiento va antes que cualquier cosa. Uno siempre se ha negado a meterse eso en la cabeza. El sufrimiento va antes que tú. Primero tienes que aceptar eso. Como ya se habrá intuido, una de esas palabras no mencionadas es: Madurar.
Uno, desde hace ya bastante, decidió que solo maduran las frutas (y cosas así), y que la madurez de la que se habla, la que va con trajes y faldas recias, la que amontona resoplidos y pudre estados de ánimo los famosos domingos por la tarde, pues bien, esa madurez, en la raíz –mientras le crecían unos horrendos brazos y piernas, y puede que un puro y un maletín– es la que nos ha traído adonde estamos.
Esa madurez incluía algo más que ese digno sacrificio que, entre otras cosas, se llevaba tu yo auténtico a un segundísismo plano. La Revolución Industrial arrancó con la idea de formar trabajadores para puestos específicos; trabajadores-hormiga al servicio de ciertas grandes industrias. Industrias que necesitaban de esa madurez; gente que entendiera el trabajo, la labor del día a día, como un mal necesario para poder sacar sus vidas adelante (se trataba de sobrevivir, no de vivir). Personas que supieran dejarse a sí mismas a los 16 años; cortar consigo mismas y conocer a sus versiones responsables (como lo llaman), personas mayores y con vello púbico que realmente creerían que vivían para sí mismas, para ayudar a hacer girar una gran rueda de la Integridad. La rueda del pueblo…, y que esa rueda no giraría solo en pos del crecimiento de la Industria.
Uno, que probablemente será calificado como ese cobarde de mierda mencionado (y que quizá lo sea), ha decidido que todo eso es un montón de terribles mentiras interesadas, uno más de la Historia de la Humanidad.
Mientras tanto, muchos han quedado atrapados en el engranaje de esa madurez tan cacareada, y han optado por el suicidio a falta de salidas que no fueran comer de la basura. Otros, quizá en el límite, colgamos del fino hilo de la providencia (algunos haciéndose preguntas por primera vez). Con todo, uno mismo, incapaz de conocer a su yo responsable, tras muchos guiños, lo que planea desde hace ya unos años, es “sencillamente” la escritura de una carta de amor que sirva para algo, y que no avergüence a nadie.

luk

Anuncios

6 comentarios en “Un cobarde de mierda

  1. Constantemente estamos obligados a tomar decisiones, a decidir nuestro apoyo por un color o por el contrario, a asumir ideas y defenderlas como si fuesen nuestras… Es una inmensa locura que, dicen, nos permite vivir en sociedad, pero… siempre hay un pero, ¿verdad?

    1. El problema es precisamente que no nos premiten vivir, sino, con suerte, sobrevivir (y no solo me refiero a lo económico), para que cuatro sí puedan vivir de verdad, y que son los que nos venden de la idea de “poder vivir en sociedad” mientras ellos vivien como les da la gana.

  2. Crecer, adaptarte a normas y aceptar reglas como forma inconsciente de actuar y hacer las cosas, es una forma de vivir, que no quiere decir que sea la mejor, pero es la más popularizada … lo ideal sería conjugar: libertad, fuera de prejuicios, normas y reglamentos con cierto orden y disciplina de la sociedad, porque ser un excluido socialmente puede ser algo complicado.

    gracias por tu amable visita.

    un saludo

  3. Como borregos, es así como a veces veo a la gente la mayoría de veces. Caminos trazados y encadenados a la no existencia.
    Siempre dando en el clavo, muy bueno 😀

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s