Relatos potencialmente irritantes (4 de 6) – Pi, Silvia

[Relato universitario de Silvia Pi. Fulminante suspenso y reunión con el director del centro tras un altercado en clase.]

DIALÓGO GENERACIONAL
Silvia Pi

Sujeto 1: Beee…
Sujeto 2: Beee…
Sujeto 3: …
Sujeto 1: Beeeee…
Sujeto 2: Beeeee…
Sujeto 3: …
Sujeto 1: ¡Beeeeeee!…
Sujeto 2: ¡Beeeeeee!…
Sujeto 3: …
Sujetos 1 y 2 (al unísono): ¡¡Beeeeeeeeeeeeh!!
Sujeto 3: No.
Sujetos 1 y 2: …
Sujeto 3: …
Sujetos 1 y 2: …
Sujeto 3: No y ya está. Es mejor que no añada nada más…
Sujeto 1: ¡Bweeeeeeh! Ihih…
Sujeto 2: ¡Bweeeeeeh! Ihih…
Sujeto 3: ¿De qué os reís?…

Fin

 

El despacho temido de naturaleza jerárquico-académica. El director del centro universitario más reputado de Periferia Microsoft invita a sentarse a Silvia y a sus padres. Luego consulta algo en su ordenador. Consulta. Teclea. Sonríe y dice «Disculpad, buenas tardes, enseguida estoy con vosotros». Teclea… teclea.
Luego mira a Silvia con seriedad y entrelaza sobre la mesa los dedos de las manos;
–¿Qué pasó ayer, Silvia?
–…
–…
–¿Aún no conoce todas las versiones?, sólo tiene que elegir una…
–Pero quiero tu versión.
–¿Y la de mis padres también?… Ellos no estaban.
–¿Me vas contar lo que pasó o no? Te recuerdo que hay una chica ingresada en el Placa-Base…
–Oh… pero hay muchas como ella, no se preocupe. El futuro del producto interior bruto del país está a salvo…
–…
–¿Y por qué han llamado exigiendo la presencia de mis padres?, pensaba que estas cosas solo pasaban en Primaria…
–Han venido porque han querido, porque querían hablar conmigo, nada más.
–¿Me vais a expulsar?
–La intención es arreglar las cosas, Silvia…
Beee…
–Ya lo sé, mamá…
–Deberías escuchar a tus padres.
–Siempre les he escuchado.
Beee…
–No, papá, siempre estás igual…
–Tus padres no quisieran que te expulsara del centro… Sabes que ellos estudiaron aquí, supongo, ellos querían un buen futuro para ti…
Beeee…
Beeee…
–No, oídme, oiga, no se trata de eso. No es que crea que no quieran lo mejor para mí, es que creo que en esencia quieren lo mismo que quieren para ellos, o que querrían para ellos, y nada más.
–Creo que estás muy equivocada, y que no conoces el mundo de ahí fuera, el que tendrás que afrontar cuando acabes los estudios…
–Creo que…
Beeeee…
–No me interrumpas, mamá, tengo derecho a decir lo que pienso. La verdad es que no me gusta este centro. En realidad es peor, no me gustan estos centros, estas instituciones, hay algo en ellas que…
Beeeee…
–Papá… es que siempre estáis igual, no hacéis el más mínimo esfuerzo por…
¡Beeeeee…!
–No, mamá, no, y no me trates como si fuera uno de tus pacientes.
–Silvia, solo intentamos que te calmes. Ingrid está en el Placa-Base, acabará con varios puntos de sutura, seguramente dejen cicatrices, y ya sabes el trauma que eso puede suponer para ella.
–El trauma de Ingrid es ella misma, es omnitraumática, es como un trauma en sí misma. Además yo no hice casi nada, solo le puse la zancadilla.
–Solo dijo que tu texto era reduccionista, simplista, ¿no es así?
–Dijo que era exagerado y demagógico, si la entendí bien…
Beeeee…
–Sí, señora, solo intentamos solucionar el asunto, procurar que la sangre no llegue al río, si es que no ha llegado ya…
–¿Sabe qué?, la verdad es que le tenía a usted por alguien distinto, un director joven, pensaba que era bueno que usted llevara las riendas aquí, pero parece que con el tiempo se ha ido acomodando…
–No, Silvia…
–Sí, la verdad es que el primer año, y no me avergüenza reconocerlo, estaba incluso bastante colada por usted, o aunque solo fuera impresionada, lo que sea… Pero, ¿qué le ha pasado…?
–Silvia, la cuestión es que has agredido a una compañera, y en el centro no podemos pasar por alto una…
–… como si no fuéramos nada más que piezas que…
–… este edificio centenario que…
–… un engranaje académico que creo que está lastrando y dinamitando las diferencias lógicas que hay entre los alumnos.
–¿Qué quieres decir?
–¿Usted les oye hablar?
–¿A quiénes?
Beeeee…
Beeeee…
–Silvia…
–Creo que… necesito estar un tiempo fuera de este… Creo que ahora lo mejor para mí es dejar la carrera…
¡Beeeeeeeeh…!
¡Beeeeeeeeh…!
–Silvia…
… eeeeh…!
Beeeeeh…!
–Silvia, reconoce que tus textos tienden a ser muy duros para con tu entorno, para con tus compañeros.
–Solo describo lo que yo veo. Lo que yo veo.
–El tema del relato iba relacionado con tu generación, con la gente de tu edad, y eso…
–Exacto, creo que siguen siendo igual de superficiales y previsibles que las generaciones anteriores, entre otras cosas. O peor aún, que lo van a ser, y que lo quieren ser.
–Tus personajes eran una burla.
–Una sátira.
–Una burla.
–Un retrato.
Beeeeeh…
–No llores, mamá.
Alguien llama a la puerta. Un chico asoma la cabeza y se dirige al director:
Beeeee, beeeee…
¿Beeeeee?
Beeeeee…
–Dios bendito…
–…
–…
–¿Qué te pasa, Silvia?
–¿Qué ha sido eso?
–Como ya habrás visto, uno de tus compañeros. Ingrid ha venido al centro. O eso he entendido…
–Pero, ¿qué coño ha sido eso? Usted…
–Lo mejor es que venga aquí y arreglemos esto, ¿te parece?, ¿les parece?…
–…
Beeee…
Beeee…
–Muy bien. Espérenme aquí.
El director se va a recibir a Ingrid. La rabia comienza a crecer en el pecho de Silvia. O no rabia, sino frustración. Comienza a tener unas ganas locas de hacerle alguna putada física a alguien. De volver a hacerlo. Se saca el paquete de tabaco, extrae un cigarrillo y se lo enciende;
¡Beeeeh!
–Sabes de sobras que fumo, mamá…
¡Beeeeeh!
–Él fuma como un carretero, y también aquí, lo sabe todo el mundo en la universidad…
No pasan más de cuatro minutos. Se oyen pasos. Al abrirse nuevamente la puerta, Silvia se sobresalta. El director suena claramente acompañado.
Por suerte, Ingrid viene sola. No hay más padres de por medio.
Silvia se levanta, intenta armarse de sobreactuación controlada para sortear el asunto. Pero Ingrid enseguida la mira con desprecio y dice:
¡Beeeeeeh!… ¡beeeeeeh!, ¡beeeeeh!
Silvia le da la espalda y se sienta, muy lentamente. El director intenta que Ingrid se calme. Los padres de Silvia se echan a un lado e invitan a la chica a tomar asiento al lado de su hija. Lleva 22 puntos de sutura en la frente. La muchacha gesticula y se pone a gritar otra vez señalándose la herida cerrada.
–Ingrid –interrumpe el director–, Ingrid… supongo que no has venido a discutir y ya está, ¿no?…
La muchacha le mira con cara de extrañeza, como si no hubiera entendido una sola palabra. Frunce toda la cara rompiendo a llorar, se levanta bruscamente, roja,  y cuando se dirige rauda a la puerta, Silvia coloca el pie izquierdo en el peor sitio posible.
Ingrid tropieza y cae de boca, un sonido acuoso;
¡BEEEEEEEEH!… ¡BEEEEEEEEEEEEH!
–Tienes que aprender a poner las manos, chica…
… EEEEEEEEH!!!
–Siempre la cara para aterrizar…
¡Beeeeeh!
–Lo siento, mamá. No he podido evitarlo…
¡¡¡BEEEEEEEEH!!!
La herida se ha abierto y de repente hay sangre por todas partes. El director mira con extraña neutralidad a los padres de Silvia, que recogen del suelo a Ingrid.
¡¡¡BEEEEEEEEEEEHH!!!
–Siento lo de la moqueta… de verdad –le susurra Silvia al director, sin poder contener ya en absoluto la risa.

tets

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