Gotas de ricino (4 de 5) – Fracciones de Cuentos de Pre-Navidad

Principios de Noviembre. Quizá incluso antes.

En la Zona Centro de Periferia Microsoft, la plaza Ticonderoga amanece un día con un señor de más de cincuenta años asesinado. Más que asesinado está destripado, más que recogerle lo que se ven obligados a hacer es fregarle. Está tan jodido, su torso y su cabeza están reventados de tal forma, que varios curiosos acaban vomitando por los aledaños mucho antes de llegar a casa o a algún lavabo. Junto al cadáver hay una pintada en el suelo, está hecha con tiza: Feliz Pre-Navidad. Fotos y videos comienzan a correr como la pólvora, algunos establecimientos que ya habían puesto árboles de navidad y otros motivos decorativos por el estilo deciden retirar los adornos de los escaparates. El ambiente se enrarece. Al cadáver le faltaban huesos, partes del cuerpo, sobre todo costillas. Para algunas chicas emo de la ciudad es algo francamente divertido. El tipo trabajaba repartiendo publicidad para cierta tienda de electrodomésticos. Encontraron dichos papeles enrollados y en su recto.

Un teléfono móvil suena sin parar y Chica de 25 años descuelga indignada por no ser gratuita y tranquilamente avisada por whatsapp. Es Mírame quien llama;
–Tía…
–Oye, te llamo por algo importante…
–Tía… ¿es…
–No, espera. ¿Sabes ese chico del trabajo?
–Ajá…
–Le llamé.
–Hum…
–Tía, no sé.
–…
–Ahora follamos. Pero creo que no se aclara.
–Vaya…
–Es igual. Oye, estamos organizando la Nochevieja. ¿Te apuntas?
–¿La Nochevieja?
–Tengo la lista delante, vamos a la casa del año pasado, la de Chico Máster.
–No sé qué haré, la verdad.
–Tengo apuntados a muchos ya, tenemos que comprar cosas. Hasta viene Chico de 23 años.
–¿Ya te ha dicho que va?
–Me quema el teclado en las manos, tengo muchas llamadas que hacer. Lo estoy organizando todo. Organizando. Organizo. Alguien lo tiene que hacer.
–Supongo.
–¿Entonces te apunto o no? Ya tengo escrito el “Chica de…”. La próxima a la que llamaré es Tulipán. Mujer 18 y Mira mi Mentón han asegurado su presencia.
–Mira mi Mentón no es un gran motivo para ir…
–Hazlo por mí, o al menos dame una respuesta ya, además tenemos que reunirnos para decidir muchas cosas.
–Mírame, sabes que te quiero, pero creo que tú y toda la gente como tú estáis destruyendo a la humanidad. Y usa el puto Whatsapp. Voy a colgar.

Callejón:
–Lo que más grima daba era el ruido.
–¿El ruido?
–Arrancar una costilla, sonaba como si partieras una caña muy gruesa.
–Los jóvenes de ahora hacéis cosas muy raras, ¿Qué gracia tiene descomponer a alguien ya muerto?

Aún hay días calurosos. La ropa de invierno ha llegado en parte, pero no lo han hecho las temperaturas de invierno. La gente friolera está de enhorabuena, puede. Un grupo de tres parejas entra en un local, uno de esos de cócteles y mobiliario discutible. Les traen las cartas, tanta variedad hay. Se comienzan a hacer fotos entre sí y a sí mismos. Fotografían los cócteles de nueve euros. Hablan del trabajo, de que tienen. Luego discuten sobre ir a otro lado. No es que discutan, aún, solo se plantean ir a otro lado. Alguien sugiere que antes deberían terminarse los cócteles. Una de las chicas se va a al lavabo. Tarda bastante. Al volver, los demás ya han decidido dónde quieren ir luego. Otra de las chicas comenta que estuvo hace poco en una tienda en la que ya había decoración navideña. Otra comenta lo que le irrita la gente que habla contra la navidad, que es más una moda que una señal de carácter. Uno de los chicos lanza una indirecta que afecta directamente a la chica que ha hecho el comentario; pone en tela de juicio su forma de hacer las cosas, y también sus opiniones. El ambiente se pone verbalmente truculento y la noche acaba siendo poco agradable. Dos meses después la chica “ultrajada” y el chico que la había “ultrajado” salen juntos. Las seis personas no vuelven a salir jamás en grupo.

Llamada telefónica. Navidad a cincuenta días vista.
–¡Hola!
–¡Cómo estás!
–¡Muy bien! ¡¿Y tú?!
–¡Muy Bien!
–¡¿Ya sabéis qué vais a hacer para Navidad y todo eso?!
–¡Con la familia y eso! ¡No lo sé!
–¡¿No lo sabes?!
–¡(ininteligible)!
–¡¿Cómo?!
–¡Aquí casi no hay cobertura!
–¡Estoy hasta (ininteligible)!
–¡(Ininteligible)…joder!
–¡(Ininteligible)… a música!
–¡Es que… (ininteligible)… cumpleaños!
–¡Oye!
–¡Eh! ¡Que (ininteligible)!
–¡(Ininteligible)… puta!
–¡(Ininteligible)… calefacción!
–¡Los niños… (ininteligible)!
–(Ruido.)
–(Silencio. Ruido blanco.)

El Hombre Solo ve acercarse peligrosamente ciertas fechas. Su edad es muy avanzada. Todos sus amigos han muerto. Vejez. El Hombre Solo está jubilado. Y no echó raíces. De vez en cuando recibe a cierta prostituta a domicilio. Le costó dar con una que también quisiera hablar. El Hombre suele pensar mucho en su trabajo. Pasó muchos años en cierta oficina. Ahora se pregunta por qué. Cuando lo hace luego se contesta que por el dinero. Pero solo cobraba para seguir trabajando, así que luego se pregunta otra vez de qué iba todo aquello en realidad. El Hombre Solo conoció a varias mujeres. Incluida, aunque nadie lo cree si lo cuenta, Marilyn Monroe. Ella estaba rodando Vidas Rebeldes (1961). Él había decidido hacer un viaje más caro de lo que podía permitirse (“suegros”…) con la única novia a la que quiso. El Hombre Solo tuvo sexo con Marilyn. Marilyn solía llegar tarde a los rodajes, o solía escaparse de los mismos. Durante una de esas travesuras topó con el Hombre Solo. Ese día había discutido con su novia, ella se quedó en el hotel. Ella quería formar una familia… y luego seguir formandola. Ahora el Hombre Solo cree que lo está por culpa de Marilyn Monroe. Pasó con ella una noche. Al día siguiente su novia ya no estaba en el hotel, ni tan siquiera dejó una nota. Marilyn también había desaparecido cuando despertó (también sin nota). El Hombre solo suele sonreír cuando recuerda ese viaje, aunque nadie le haya creído cuando lo ha contado. Ahora está más solo que la una; pero puede recordar casi con un cosquilleo en el pene la estrechez húmeda de la actriz/mito. Fue su año del Amor. Ha decidido que cuando llegue la nochevieja se suicidará. A veces tiene dudas cuando pasea por la calle pensando en ello. Luego, viendo a los chicos y las chicas paseando y mojando la ropa interior, piensa: Superadlo.

Sonido de descolgar;
–Niña…
–Mamá…
–Oye…
–Diiime.
–Vendrás para las fiestas…
–Aun no sé si podré, mamá.
–…
–Mamá…
–Ya me han dicho lo que hacéis por ahí…
–Lo que hacemos quiénes…
–Andáis con chicos y…
–No sé qué dices, mamá…
–Niña, a ti no te trajo la cigüeña, no soy tonta.
–No. No pienso hablar de esas cosas…
–Más vale que vuelvas con el vientre plano…
–Me dan más ganas de ir a verte por momentos…
–Yo solo te aviso.
–Me avisas de qué.
–De cómo acaba eso.
–…
–…
–…
–¿Niña?…
–Mamá. Lo que pasa es que no quiero ir por Navidad allí. Primero porque no tengo ganas de veros en navidad, ni mucho menos de ver al resto de la familia. Quiero ahorrarme ciertas comidas y cenas. Y también el ver a ciertas personas que no me apetece tener que ver por el simple hecho de haber ido. No es que no os quiera y demás, pero prefiero quedarme aquí. Estoy con un chico, me llevo muy bien con él. En realidad veo a dos. Uh… No son novios, mamá. Son… chicos. Y sí, tengo sexo con ellos. No con los dos a la vez, pero me gustaría si ellos quieren. Estoy pensando la forma de proponerlo. Siempre usamos condón, o casi siempre, y tomo la píldora. Pero nunca se me corren dentro. Y no es que solo lo haya hecho con ellos dos. Ellos dos son, digamos, mis amigos fijos. Me cuidan mucho. Y la verdad, me encanta todo lo que hacemos, y lo que me hacen. Aquí tampoco hay cigüeñas, pero yo tengo 22 años, mamá. Hay un 90% de posibilidades de que no vaya a veros por navidad. La única forma sería que me quedara aquí sola, pero de momento no tiene pinta de ser así. Ahora mismo tengo la cabeza de alguien pelirrojo entre las piernas, y la verdad es que has interrumpido un buen polvo y me has quitado bastante el buen humor. Aunque no del todo, te lo aseguro. No tengo la culpa ni de ser joven ni de que tú ya tengas más de cincuenta años, así que deja de actuar como si la tuviera. Voy a colgar, mamá. Llama cuando quieras.

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