Relatos con una mancha sospechosa (1 de 5) – Rehén

Aun desde un estado de discutible reposo el cuerpo parece seguir respondiéndote; la Costumbre es una palabra que define un temperamento involuntario poderoso ante la vida. La costumbre se te antoja cada vez más el principal motor del aguante, la mejor arma para combatir el sufrimiento cuando éste se compone de la sangre salpicada invisible, con todos tus órganos intactos dentro, el misterio del dolor henchido de salud, el dolor que gana presencia cuanto mejor sigue respondiendo tu cuerpo. Por más abstracto que suene, esto puede ser pan de cada día. Puede ser tu único compañero dentro de una celda occidental en la cual puedes, quizá, –si quieres– viajar, explorar y respirar aire puro, subir a aquella montaña del horizonte o revolcarte por las colinas más cercanas. Es tu celda terrestre, el concepto de libertad más cacareado, el que va desde dentro hacia fuera y que a ratos te puede dejar sentir que eso ya es suficiente. Es ese rollo de las opciones personales, de que controlas tu destino, tu movimiento, algo muy romántico y en parte tan cierto como probablemente falso en porcentajes. Cuando tu libertad, en cambio, funciona de fuera para dentro, podría ser que te pudieras sentir libre incluso dentro de una cárcel real. Sin metáforas de mierda. Trascender. Ser distinto de verdad, más allá de peinados, tatuajes y protocarácteres. Casi como si fueras intramolecular. Nada relacionado con el egoísmo, sino más bien con la calma. La paz entendida en lo que comprende tu zona de influencia. Algo que solo puede quedar enturbiado por Una Cosa, una que conoces perfectamente, aunque solo sea de oídas. Consulta sobre ello en millones de poemas, libros, contacta con millones de suicidados si puedes hacer tal cosa, llama también a los borrachos si conoces alguno, conversa con alguien que alguna vez reconociera en sí mismo ese rollo inabarcable, lo que decidió combatir con agendas y libertad de dentro para fuera. Cítate en sótanos y bajo puentes con desgraciados arruinados, habla con ancianos que ya no se avergüenzan de parecer cínicos. Invita a una copa a payasos de circo o artistas en general y quizá te den una palmadita redentora. No intentes explicarte, solo solapa tu dolor en tu sonrisa y enseguida captarán de qué vas. Llama a la puerta de la anciana de los gatos, charla con tu abuela o con el abuelo (solo de sentirse tan consultados te mostrarán sus tripas del pasado). Cremallera. Limpia la pantalla de tu ordenador por dignidad antes de cerrar la ventana de sus fotos y abre la guía telefónica y llama a un número al azar y quizá des con un oráculo. Mucha más gente de la que crees podría conocer tu mierda de secreto, tu eco de la humanidad, tu falta escalofriante de originalidad sentimental; quizá no seas tan especial. Hay quien dice que no mucha gente siente eso, y te gusta creerlo, pero quizá estemos hablando más bien de un complot internacional basado en la Negación Productiva. No la echo de menos; cosas del pasado; ahora mi vida está organizada; mi pulso está perfectamente controlado; yo ya no hago esas cosas; esos sentires son cosas de juventud, etc. Respira otra vez, aun acostumbrado a tu aparente sino a veces te sigue pasando, crees que perderás el control de los latidos, contén el aire unos cinco segundos, y luego expúlsalo, conoces el procedimiento. La sonrisa extrañamente responsable de mucha de gente, bueno, es mejor que no pienses en ella, puede que sí haya mucha gente que cree que puede controlarlo todo, y que tú solo eres menos valiente que ellos, menos apañado, aunque puede que lo único que pase sea simplemente que ellos son más ignorantes y están menos enterados de la mierda que se te puede venir encima aunque no tengas de 15 a 25 años. Mucha mierda ha salido a relucir aquí, casi tanta como ha enturbiado las agendas de la Historia. Y no pocas agendas han estado trabajando a pleno rendimiento pensando que dicha mierda se planea después de los Títulos y las mamadas curriculares de despacho. Lo que yo quiero es una familia. Lo que tú quieres es que no te cueste respirar a veces un simple martes a los 40 años por algo que creías que era solo cosa de las películas y que en tu mundo solo era un plan relacionado con el sexo, el apellido y la hipoteca. Dale al play y vete al último tercio de la cosa si tienes huevos. Puede que el Carpe Diem solo sea cosa de cobardes… De todos modos no hay Tiempo ni Lógica ni Control ni Optimismo ni Pesimismo cuando lo único que eres, lo sepa Ella o no, es su innegable y absoluto REHÉN.
Epílogo: Signo de exclamación repetido un copón veces después de una frase de contenido escandalosamente autobiográfico. Singo final: Tres puntos o puede que solo un punto final.
Tras bambalinas. XY y XX (o bien XX y XY, lo mismo da):
–Eh…
–Ya…
–O sea…
–Sí…
–¿Cena?
–¿Italiano?
–¿Chino?
Al unísono:
–Japonés.
Dios Todopoderoso (cinco minutos después):
–Fíjate, no sé dónde van… Mandad a alguien que les siga… No hay un japonés en esa dirección… ¿Este trasto funciona?, ¿me oye alguien?…

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2 comentarios en “Relatos con una mancha sospechosa (1 de 5) – Rehén

  1. Un punto no es sospechoso después de uno (o varios) signos de exclamación, es criminal 😛 Por otro lado, cada vez que vengo acá creyendo que ya sé cómo leerte, me enseñas lo mucho que me equivoco.
    Gracias, Jordi.
    Saludos.

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