Archivos Mensuales: enero 2014

Comando Nikki

Estamos en el interior del cuco edificio de la estación. Quedan al menos tres o cuatro cigarrillos (con pausas de veinte minutos entre ellos) para que llegue mi tren. Hay unos grandes ventanales por los que entra el inicio del atardecer, toda esa paleta de colores rebajada a poesía barata con lemas de perogrullo sobreimpresos en Internet. No es que yo no hable nada, asiento casi todo el tiempo, a veces suelto un monosílabo, pero la chica que se me ha sentado al lado es como una metralleta verbal, solo para a veces a respirar, como para cambiar el cargador. Es una tarde que quedará en mi mente como algo de lo más romántico en cierta forma, aunque no porque sienta nada por esta chica en concreto. Lo cierto es que mi estado de ánimo es de un calmado nerviosismo, si eso tiene algún sentido, la vertiente más optimista de mi acostumbrado carácter de patético postureo presuicida. Soy bastante cliché a veces, me gusta regodearme en la miseria, en las miserias que otros aseguran llevar y superar del modo más natural y sin apenas desgaste. Ojo también con esos tíos…
–… así que no es nada personal, solo le dije que…
La chica no parece plantearse si está hablando más con una pared que conmigo. Frente a nosotros en otras sillas hay un matrimonio mayor, al que indignan aproximadamente la mitad de las cosas que la chica dice. Y no es nada personal por mi parte, es sencillamente que tengo a otra muchacha en mente desde hace mucho, y eso hace que el resto de tías solo funcionen desde un punto de vista vagamente amistoso, o deprimentemente masturbatorio; si te follas a una de ellas es más como la asistente ocasional de una paja muy elaborada. Curiosamente, no sé cómo, la chica comienza a hablar de métodos de masturbación femenina, todo tipo de hortalizas salen a colación, también el consabido pepino. Les pone condón. Todo muy higiénico, dice. Me sabe un poco mal no reaccionar con más interés. No le pregunto si está esperando el tren o a alguien que llega en tren o si solo está aquí porque ha quedado aquí con alguien ajeno a tren alguno. Cuando sonrío es como si hubiera visto a una ex a la que aún quiero removiendo discos o dvd’s (o lo que sea que ahora vendan en fnac) mientras un tipo con estilo le manosea el culo. Es esa clase de sonrisa, de dependiente entregando dinero al mafioso que domina la zona. Nunca he sabido disimular muy bien, pero a la muchacha eso no parece importarle. Luego resulta que una amiga suya ha tenido un crío.
–… porque yo pensaba, claro, coño, ¿cómo va a dormir bien ese bebé los primeros días?, ¡pero si nació a las 2 de la mañana!, ¿te imaginas el jet lag prenatal que ha de suponer eso?, sin contar que ni siquiera sabemos muy bien de dónde coño vienen los niños, ¿es sólo un accidente químico?, ¿es Dios?, ¿venimos de una luz y vamos hacia la misma luz?
Ahora se puede fumar en estos sitios, de modo que saco un cigarrillo y asiento, asiento. Los bebés son un Interrogante que se te mea encima. Y no puedes hacer nada por resolverlo.
–… porque se duerme cada día a las seis de la mañana, lo que supone que los padres han de estar… bueno, más bien la madre, porque al parecer el tío se ha largado, y quizá él ahora esté sufriendo de jet lag del de toda la vida vete a saber dónde, buscando otra chica con la que intentar no equivocarse volviendo a alimentar la superpoblación…
El matrimonio mayor cambia de postura, intentan hacer como que no están escuchando, en cierto momento incluso parece que se miran y hay un conato de beso, pero se vuelven cada uno a lo suyo, recuperan la compostura. Se aguantan entre ellos y ahora también tienen que aguantar a esta chica.
–… no es que yo esté en contra de los niños, los niños me parecen bien, y más los de dibujos animados, y me gustan las pelis para niños y puede que hasta los potitos para niños, y algún día me gustaría probar la leche materna, aunque dicen que es bastante agria; pero yo no odio a los niños, es solo que creo que sobra gente, la gente es…
Se me acaba el cigarrillo. Noto un dolor de cabeza creciente, aunque ya salí de casa con él. Vine a la estación demasiado pronto, pero por mera confusión horaria. No llevo nada conmigo, solo la cartera (la cual supondría una decepción para un carterista), el tabaco, las llaves. Tampoco es que tenga muchas más cosas.
–… ¿entiendes lo que te digo?, la gente es como las patas de las mesas, siguen a lo suyo, soportando el peso que haga falta, aunque lo que se haga sobre la mesa sea torturar a inocentes, mi responsabilidad sigue siendo hacer que la pata de esta mesa sea útil a su cometido, y lo demás no es asunto mío. Soy una buena persona, piensan convencidos. Creo que el tipo de persona que me cae mejor es la que ha intentado suicidarse. Me refiero a intentos serios, muertes casi seguras que no salieron bien, muertes con defectos. No hablo de adolescentes que quieren llamar la atención, hablo de esos tíos que alquilan una habitación de hotel cutre para morir donde antes la alquilaban para follar. La muerte está mucho más apegada al bien, la muerte, entiéndeme, no el asesinato, la muerte es el comienzo de una nueva oportunidad. Los grandes dictadores mueren, las suegras mueren, los yernos mueren, tu estúpida y asquerosa mujer, o tu marido gilipollas, podrían morir lo suficientemente jóvenes, todo aquel capaz de maldad –da igual el grado– y sin humanidad, al final se muere, da igual cuáles hayan sido tus pecados, todas las personas mueren, las buenas y las malas, y luego los demás tenemos que hacer un buen uso de la Memoria. La muerte es… enrollada, no es algo que haya que superar o negar, y además eso es imposible, es una aliada, lo que hay al otro extremo de la superpoblación. Menos gente, más estabilidad; más gente, más caos organizado en pos de las dictaduras, ya sean tercermundistas o capitalistas. Soy como una emo que no viste de negro, sé que sueno así, me da igual, porque la gente –aunque me parezcan idiotas–, me importa. Te aborrezco porque te quiero, así funciona.
El matrimonio mayor se levanta y sale del pequeño edificio de la estación para esperar en el andén.
–… mis dos ex novios intentaron suicidarse antes de salir conmigo. Sé que suena raro de cojones, pero eso hace que chorree hasta las rodillas, aunque obviamente les prefiera vivos… Ambos lo intentaron con cuchillas de afeitar, la bañera llena de agua caliente, cicatrices, supongo que ya sabes cómo va. Yo nunca he intentado suicidarme, pero es simplemente porque no soy ni la mitad de inteligente de lo que hay que ser para llegar a tal grado de desesperación. No digo que todos los suicidas sean inteligentes, pero estoy segura de que el porcentaje es escandaloso. Es como esa pareja mayor que acaba de salir, el único motivo por el que ambos siguen vivos o juntos es porque están lo suficientemente alienados. Pasa con la mayoría de gente, no te matas ni te planteas matarte o cambiar tu vida porque ni siquiera te dan tiempo para ello, estás demasiado ocupado siendo una pata de la gran mesa. Eres demasiado “responsable” para oler y aceptar en tu seno la injusticia; si la sangre ajena chorrea hasta el suelo por tu cuerpo, te limitas a pensar qué harás con el dinero que tan esforzadamente estás ganando. Por eso existe esa apología del Esfuerzo, fíjate que esa palabra siempre está por encima de otras, como Vocación, Ilusión, Persona… Porque hay siempre unos pocos que están preocupadísimos por que entiendas que la única forma de salvar tu dignidad es herniarte por ellos, seguir con los ojos cerrados a la vez que te inculcan miedo a la oscuridad. Menos mal que al menos ellos también morirán, aunque lo hagan con pasta como para fabricar un parque temático basado en sus recuerdos alrededor de sus tumbas. Pero nada, al parecer lo obsceno es quitarse la ropa o decir tacos… Todo esto no es más que la maldad sin palabrotas, y un ejercito de obreros bien vestidos a su servicio; piensa en ello, chico…
Saco otro cigarrillo, mi lógica de drogata de baja intensidad hace que piense que me ayudará con el dolor de cabeza.
–… hay dos clases de deshumanización. La una es la de los que se hacen a sí mismos en base a ese principio sin dudar, y la otra la que te viene de fuera, desde instituciones oficiales, una educación en gran parte absurda y principios de madurez completamente desquiciantes, a la par que tan aceptados como cagar o beber agua. Los que mejor se adaptan quizá consigan ser algún día auténticos hijos de puta, esclavistas modernos directos o indirectos, y el resto, la mayoría, en pos de un espíritu de sencillez y humildad equivocado, nos dedicamos a ser rebaño. Rebaño, esa palabra desgastada, y que a la vez define una de las pocas verdades absolutas casi sin fisuras. Eliminación de las diferencias en las aulas, todos los críos, cada uno con sus potenciales, pero a la postre casi todos llegando a los 17 años con un gran y pegajoso interrogante en la cabeza, y toneladas de ansia por follarse a alguien y no tener que pensar en que van a tener que afrontar alguna carrera o sendero académico que a ellos ni fu ni fa. Y de ahí al dinero, última parada del sentido de tu vida. Eso es lo más afortunado que puedes ser si el sistema educativo ha hecho lo que quería de ti: un productor sin lo que muchos llamarían ‘Pájaros en la cabeza’, un currante no-pensante, alguien que haga caso y no dé por saco. (España, piensa en cómo acabó ese puto país.) Alguien Formado, pero para que no se le ocurra pensar dónde se dejó a sí mismo, a qué edad. Así tienes a varias generaciones en un constante buscar inconscientemente las llaves de su puta cabeza mientras dan gracias al salario mínimo. Y el único alivio de todo eso solo puede llegar a través de una rutina que te acabe apagando del todo, mientras resoplas aliviado porque la Realidad deja patente al menos que casi todos son como tú, y quizá muchos de los demás también se sientan en el fondo igual de absurdos, igual de utilizados, aunque todos callen delante de sus chulos y luego sigan chupando con entrega como buenos profesionales. El siglo XXI, el hijo fotocopia de la madurez del XX. El alma se va en religiones o se ahoga en viernes y sábados agitados antes de que se haga demasiado presente. Fíjate, mira mi pecho, esto son buenas tetas, ¿verdad?, pues para este mundo son poco más que como la vida del hipócrita capitalista medio que lo controla todo, de putas el sábado y a la iglesia los domingos. Todos quieren comerme las tetas pero todos se ofenden si enseño las tetas; saben que hay todo un mundo de tetas ahí fuera, pero prefieren seguir con las putas a todos lo niveles, y fingir que sus existencias no están podridas desde cualquier punto de vista ético o moral, y en términos de daños al prójimo obviamente más que las vidas de las prostitutas… Ellos, que solo hacen que dar lecciones todo el tiempo sobre lo que es ético y moral… otra institución más. Los colegios hacen de la Cultura y el Conocimiento lo que la Iglesia sigue haciendo de Jesucristo: La versión interesada que inculcar en la percepción del llamado ciudadano llano. A la mierda con todo eso, mis tetas valen más que cualquier clase maestra actual en la universidad, tienen más sentido, son más naturales, más auténticas y, sobre todo, cuando alguien habla maravillas de ellas, lo hace de corazón, y no porque quiera seguir vendiendo una versión estúpidamente responsable de sí mismo.
El atardecer está mostrando colores que derivan al rojo sangre, se reflejan en las paredes del interior del edificio de la estación. Solo estamos la muchacha y yo dentro, el resto de gente espera el tren en el andén.
–Me llamo Nikki, por cierto. Soy así de rubia porque mi madre es americana, como esas chicas que se ven en las pelis, que van en patines por Venice Beach. Pero ya es vieja, claro. Mi padre tuvo que salir echando leches de su país, y conoció a mi madre.
Nikki saca un cigarrillo. Hubo un tiempo en que estaba prohibido fumar en todos lados, el tiempo de nuestros bisabuelos, pero luego llegó el tiempo en que volvió a no estar prohibido en muchos sitios; las legislaturas siguen durando cuatro años, y bastante gente sigue fumando. También las bots. Pretecnotimes sigue teniendo problemas con sus operaciones. Ahora llega la parte romántica. Las intra-armas siguen siendo sobre todo cosa de chicas. Al mismo nivel que el maquillaje o las faldas. El hecho de que todo vaya por dentro, hace que el debate ético sobre las operaciones se haya intelectualizado. Toda una generación de jóvenes alcanzó cimas de hipocresía pocas veces vista, y eso se ha instaurado; miles de autoproclamados pacifistas se instalaron todo tipo de cañones y dispositivos electro-neurológicos junto a sus tráqueas. Antes solo dejaban que las cosas sucediesen, ahora son potenciales centros de destrucción en sí mismos. Chicos y chicas producto de toneladas de publicidad y sectas cotidianas. Si podían convertirnos en zombis consumidores, también podían hacernos creer que no era lo mismo disparar desde la boca o la vagina que empuñar una pistola o una escopeta. Uno se defendía con estilo. Pero por una serie de complejos motivos las operaciones comenzaron a dar muchos problemas en hombres, y donde realmente comenzaron a tener éxito fue en mujeres. (Esto trajo no pocos chistes malintencionados, o incluso comentarios no menos ácidos sobre justicia poética.) Alguien escribió que si las mujeres podían llevar esas armas, la expresión Inteligencia Militar al fin tenía sentido. Las feministas comenzaron a estar divididas. La curva de la violencia de género comenzó a bajar de modo espectacular, y, sorprendentemene o no, también ciertos actos de violencia en las calles. Inteligencia… Aunque ha habido casos aislados en que el uso de dichas armas trajo ciertas desgracias –los inicios fueron duros– la opinión pública está simplemente desconcertada. Lo que provoca más indignación ya, no es tanto el hecho de la instauración casi masiva de dichas intra-armas, como el rumor que corre sobre el modo que tiene Pretecnotimes de publicitarlas. Y es que lo que ellos aseguran son fallos técnicos, algunos ingenieros han comentando podrían no ser más que trucos para conseguir un efecto de Atención/Miedo/+Ventas. En la actualidad se habla sin cesar de algo llamado Trance Eléctrico; que es lo que sucede cuando tu novia –operada hace unos años para llevar una AK-Carabina 87 gomosa instalada para salir por su vagina (o boca) lista para ametrallar– entra en un serio trance por culpa de un fallo meca-orgánico relacionado con su arma, y le da por disparar a discreción y montar, en pocas palabras, un pequeño genocidio allá donde se encuentre hasta que su intra-munición se acaba (“Recarga tu Seguridad en cualquier Centro de Pretecnotimes”), a lo cual le siguen toda una serie de espasmos antes de volver en sí y descubrir que se ha cargado a casi toda la sala de cine, el restaurante o la comunidad de vecinos…
Hay hilo musical en este sitio, pero no nos hemos percatado de ello hasta que ha comenzado a sonar el Free bird de Lynyrd Skynyrd. Eso ha provocado que la muchacha haga una pausa en su discurso. Ha comenzado a mover los labios con la letra de la canción. Un tema que jamás se imaginaría uno encontrar puesto como relleno con el único propósito de eliminar el silencio total. Todo hijo de vecino suele ser alérgico al silencio total. Nikki, cuando ya está la canción hacia la mitad, decide levantarse y decirle a la mujer abstraída (casi muerta en vida) de detrás de la pecera, que si puede subir el volumen durante cinco minutos. La mujer mira a la chica, unos 25 años más joven, y sin decir nada ni cambiar el gesto, accede a la petición. Al fin y al cabo son unos 9 minutos de guitarras y aceleración gradual del tema. Es entonces cuando comienza otro nuevo principio, al menos para mí. Cuando el tema va llegando a sus últimos tres minutos, Nikki se queda paralizada y con los ojos aparentemente sin vida, sentada nuevamente a mi lado. Puedo oír el mecanismo que opera desde su pecho. Y hasta veo salir el elegante y pequeño cañón por su boca, que se abre de modo mecánico. La mujer de la pecera suelta un grito y se echa al suelo. Decido rodear con los brazos a la –al parecer– bot y tirarla también al suelo. Es cuando me pongo debajo de ella, cuando la pongo mirando al techo, cuando comienza a ametrallar sin parar. La metralleta verbal se vuelve metralleta literal. El restallido metálico, la lluvia de los restos del techo de yeso. El cuerpo tiembla, las no poco abundantes tetas se agitan como flanes, sujeto su cabeza para dirigir las balas a lugar seguro. Miro a un lado y a otro, pero el techo sigue pareciéndome la mejor opción. Nuestro spot publicitario para Pretecnotimes grabado arriba, el lenguaje de la modernidad. El infierno con forma de tiroteo femenino se alarga hasta tres minutos.
Jamás hubiese esperado que precisamente esta mujer joven formara parte del 50% de féminas elegantemente armadas.
Después de acabarse la intra-munición, el cuerpo de la chica convulsiona durante unos treinta segundos. Al despertar de su trance, le cuento lo que ha pasado. Que no ha matado a nadie, que la he sujetado, que todo ha salido bien. Le señalo el techo. La tarde, el spot involuntario y la canción han acabado. La muchacha echa a llorar como alguien a quien han pillado in fraganti, avergonzada. Decido sujetarla y abrazarla antes de que algún impulso la lleve a hacer alguna tontería. Los segundos pasan más lentos, siguen cayendo trozos de yeso del techo. Sin embargo ya es noche cerrada, no hay nadie en el andén, ya sea porque han huido o porque se han ido en el tren. He perdido la noción del tiempo y la realidad. Me siento en mi propio jet lag metafísico.

chic rob

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Algunas cosas sobre el NO (5 de 5) – Rock & Roll

Ese sitio era como una máquina del tiempo averiada, nunca acertaban. Un día había un concierto acústico, un rollo noventero, pintas pseudohippies, eran una chica y un chico, dos guitarras acústicas, te hacían pensar en el típico grupo pop-rock que goza de un año de éxito (en el mejor de los casos) y luego muere, que solo es recordado como representación de lo mediocre, de una mala moda, víctimas de los peores tics de su época. Querían sonar a un unplugged grunge (…) y te recordaban más a Ella Baila Sola. El que además sus familias y amigos estuvieran jaleándoles lo hacía todo aún más igghhhh¡!… Lo que hay al otro extremo del buen Rock & Roll en directo suele ser la vergüenza ajena más palpable. La culpa de que la vida de algunas celebridades, de que las drogas y aventuras salvajes y el dinero malgastado y las habitaciones de hotel destrozadas gocen de cierto “glamour”, es de ese tipo de gente, en este caso los que en ese momento aplaudían (algo, por otro lado, inevitable) a esos dos muchachos: él con su voz contRoLadA, evocando no tanto Sentimiento como clases de canto, ella no llegando a los 20 años y dando pie a fantasías sexuales de modosita siendo enculada en su cama contra algún peluche gigante, sonriente y rosa…; en serio, era lo único intenso a lo que esa muchacha podía dar pie en tu cabeza si estabas entre el público y eras hombre. No es raro que conciertos y experiencias así despierten instintos creativos extremos en otros, instinto es la palabra clave, cuando alguien tiene talento aunque sea un capullo, y hacen que se irrite y cabree. Sabes que te está comenzando a ir bien cuando tu madre no está en primera fila. Cuando tienes algo que contar, ya no te importa parecer un tarado en el escenario, en el plató, al teclado del ordenador. Pero esos chicos estaban a años luz de cualquier destello de personalidad o magia, solo eran… lo que llaman Personas Normales, demasiado preocupados, solo cubrían el cupo de la anécdota de juventud, cuando tuvimos ese grupo justo antes de madurar, cuando aún estábamos estudiando la carrera “inteligentemente” elegida gracias a la cual proyectar cenas de amigos de sábado en las que con extraño sentido del humor comentar que antes tocábamos la guitarra y cantábamos: cosas de críos, ya ves tú, casi se nos va la olla y hacemos algo creativo, ¿te imaginas?, jaja…
Yo había ido con un amigo, queríamos tomar algo. Estábamos sentados en unas sillas que no daban fácil acceso para salir del bareto o llegar hasta la barra. Creo que éramos los únicos que no conocíamos de nada a los del escenario. Cantaban en español, las letras eran como echarle azúcar a un yogurt de macedonia y removerlo con mucha energía con la cuchara antes de que alguien en el psiquiátrico te diera la pastilla de ir a dormir hablándote como a un puto bebé. Eran tan vacuos que era delirante, te desquiciaba intentar notar algo aprovechable. O dicho de otro modo, todo era insustancial, plano, y no podíamos reírnos a gusto allí de las letras, lo cual lo hacía también tedioso. Cuando casi pensabas que la siguiente canción iba a ser distinta, lo volvían a hacer. Era como un accidente de tráfico múltiple, siempre quedaba un coche por llegar derrapando al tumulto. Mi amigo murmuraba entre canción y canción que cada vez le ponía más burro la chica. Con algo nos teníamos que entretener… Daban la sensación de ser pareja. La pareja compartiendo sus íntimas canciones con la familia y los amigos, viernes, un día seguramente importante para ellos, un gran y cariñoso aplauso después de cada tema, algunas bromas inocentes en voz alta desde el público, etc. Mi colega y yo éramos claramente extranjeros allí. En medio de toda aquella latente felicidad. Hay gente que cree que la felicidad ajena casi siempre suele ser molesta. No estoy de acuerdo, excepto en los casos en que la misma contribuye de un modo muy directo a mi estado de malestar o infelicidad. La primera mitad del concierto fue así, pero también estábamos bebiendo, y por suerte, una camarera, jugandose el tipo entre sillas y rodillas, nos acercaba las cervezas. Eso sin duda ayudó…, o lo estropeó todo, según como se mire…
Mi colega estaba pasando por un mal momento. El mal momento tenía nombre de chica, yo lo había visto y conocido… Esa tía era un campo de cultivo de calabazas en sí misma, aparte de una especie de Sirena con piernas pelirroja. No es que fuera frígida o ultra-católica ni nada por el estilo. Se folló un día a mi colega; y a partir de ese instante mi colega comenzó a dormir mal y dejar la mirada perdida, no te escuchaba, solo restregaba las manos sudorosas en su móvil. Ella no quiso volver a verlo. No era nada personal, tenía 21 años, tenía solo un par de intereses en presente, y uno de ellos no era tener novio. Cómo culparla, quería ver cosas, viajar, pasarlo de puta madre, follar, reírse, follar… Pero tenía algo, a saber qué, que la convertía en una auténtica trituradora de tripas masculinas. Mi colega no era el único que se había topado con el muro de la juventud, otros antes lo habían intentado con ella y se habían quedado –con suerte– en las mismas, con el sabor a coño en la boca y las ganas de algo más para los fines de semana. No había noviazgo, solo aventura. La Indiana Jones de las cajas torácicas. Nada de paseos. Ahora no eran zorras, eran mujeres libres. De golpe las tías ya llevaban en la sangre la libertad de acción de los tíos, ni siquiera se lo planteaban. Esto descolocó por completo a mi amigo, aun no siendo el tipo más tonto que haya conocido. Solo era otro tío como yo, ya en la treintena, sin comerlo ni beberlo ya había una generación de jóvenes que nos había relegado a ser casi-jóvenes, se habían hecho un hueco, y eran más listos, más cabrones, más preparados, sabían más idiomas, controlaban más la tecnología y follaban mucho más que nosotros a su edad… La verdad es que si uno lo pensaba era para pegarse un tiro, uno se preguntaba a qué coño viene toda esa gente que celebra sus cumpleaños como si eso fuera mejor que ignorarlos. Putos mentirosos soplavelas… odiáis esa mierda y lo sabéis, no podéis disimularlo cenando con amigos en un japonés…
En todo caso, la pareja del escenario no daba el perfil de dos universitarios que follaran como conejos, y creo que en parte era eso lo que hacía tan atractiva a esa chica en concreto. El alcohol nos comenzó a afectar. En mi caso eso se reduce a cierta exaltación de la amistad y menos filtro para hablar con cualquiera, sobre todo cualquier chica que me preste la más mínima atención (y a veces sin prestarla). Esto quizá se da para compensar mi pasividad sobria. Pero el caso de mi colega… Imagina una mecha en su cabeza, encendida, que se acerca cada vez más a la explosión con cada sorbo de cerveza. No me dijo nada, pero bastante antes de que acabara el concierto había decidido que iba a ir a por esa chica. La de la guitarra, el gesto dulce, los mofletes en rubor constante, el cuerpo redondo en esa edad que incluye la capacidad potencial de echar a perder la estabilidad emocional de cualquier tío hetero. Nabokov se hizo la carrera con eso. Él hablaba de adolescentes, pero el principio es el mismo, y es muy básico: Aquello Que Te La Pone Dura, y la fascinación residual. La juventud, aunque muchas revistas digan lo contrario, no acaba a los 15 años. Eso es algo que cualquier miembro masculino sabe muy bien. Y en ocasiones el morbo alcanza cotas de edad que matarían de un infarto a muchos diseñadores de moda. El abanico de posibilidades en cuanto a lo que le provoca erecciones y palpitaciones a un tío es tan extenso que si las mujeres lo supieran se preocuparían aproximadamente un 20% de lo que ahora se preocupan por su físico y aspecto. Cientos de revistas, editoriales y canales de televisión se irían al garete a muy corto plazo. Los genitales no mienten, es solo que sigue habiendo cierta dignidad sintética flotando en el ambiente que continúa generando Hogares en los que la mascotas seguramente no dejan de captar ciertas horribles vibraciones en el ambiente. Si tus vecinos son una pareja joven y su perro no deja de ladrar, no te extrañe que tarde o temprano comiencen las discusiones a gritos. Ni siquiera con la tía de la guitarra muchos hubieran reconocido que se la hubiesen follado sin problemas. Es muy posible que el único que tenga la culpa de que tu novia se pase una hora en el lavabo antes de salir, seas tú, tú y tu aún rabiosamente actual estilo a la hora de mentir sobre lo que te pone cachondo.
La chica era lánguida y delgada, pero seguía teniendo forma de chica y sus redondeces en las facciones de la cara, unos ojos claros y apagados, parecía alguien a quien ese chico se hubiera follado unas diez veces siendo el primero para ella, y que ahora ella pensara que el sexo no era para tanto. Mi colega ya se palpaba la polla vía bolsillo. El grupo se llamaba Renoir, un intento desesperado de reminiscencia indie folk que se diluía a los treinta segundos de la primera canción. Al acabar el concierto mi amigo se puso en pie y no dejaba de seguir con la mirada a la decadente música. La chica tenía que saludar a un montón de gente, agradecerles su presencia, bajada del escenario parecía más expresiva y sonriente. También parecía tener más curvas y haber tenido más de tres orgasmos en toda su vida. Todo eso no achantó a mi colega. Yo me fui a la barra, todo el mundo se había puesto de pie y ya era factible, pedí otras dos cervezas. La camarera parecía la otra cara de la moneda, toda culo y tetas, toda sonrisas, tejanos y blusa ajustados, una guitarra española con torneadas piernas; aun llevando ya muchas horas en ese antro parecía fresca y viva como alguien a quien le fueran indiferentes los lunes. La camarera parecía ser feliz a un nivel al que jamás podría llegar la música. Intenté darle algo de conversación pero me ahuyentó amablemente con la justificada excusa de que estaba trabajando. En ese momento yo ya iba lo suficientemente pedo como para no haber pensado en eso. Mi colega y yo nos bebimos las cervezas, y cuando la muchacha sin su guitarra ya parecía haber cumplido con el protocolo de agradecimientos, fuimos a saludarla. Habló mi colega, soltó una sarta de mentiras, mirándola a los ojos y casi sin parpadear. La versión oficial es que nos había encantado el concierto, hasta salieron nombres como Soundgarden o Pearl Jam (la chica no conocía a Soundgarden), teníamos que madrugar (mentira) pero nos habíamos quedado hasta el final de lo que nos estaba gustando, qué bien tocaban, y tan jóvenes. Mi colega no pensó que igual iba a tener que hablar también con el tío, cosa que pasó de inmediato, y con él las mentiras no sonaron tan convincentes. La buena noticia es que él sí tenía que madrugar de verdad al día siguiente, cosa que le dijo a su chica (sí, eran pareja) delante de nosotros, aunque la espoleó a quedarse a tomar algo, daba igual que él se fuera (capullo); ni cuando mi amigo le dijo al tipo que nosotros cuidaríamos de su novia levantó ceja alguna. Había cierta clase de modernidad impostada; parece relativamente fácil detectar cuándo una pareja se basa en la confianza de verdad y cuándo es todo pura pose sin convencimiento. Tanto mi amigo como yo sabemos de parejas con las que la parte masculina podría haber dejado perfectamente sola a la femenina (o viceversa) sin que hubiese riesgo de morreos furtivos o polvos oportunidad. Pero esta pareja no daba esa sensación. Había tanta química como en el escenario. La canción no entraba, ni de coña. Para más inri, el tipo no tenía obligación alguna al día siguiente, el muy mamón se iba de excursión con otros tipos a la puta montaña. Todo pasión. El tipo prefería eso a follarse a su reciente novia la noche del viernes y luego dormir hasta tarde para volver a follarse a su novia por la mañana… Podría haber sido algo puntual o bien justificado o… lo que sea, pero había una energía extraña entre ellos. O él le ponía los cuernos a ella, o él era gay, o él era gilipollas o… había muchas posibilidades, y todo parecía incluir la culpabilidad de ese tipo.
Todo comenzó a encajar cuando la chica comenzó a beber. Se vislumbraron sospechas de cuernos en la pareja feliz, en concreto en la bonita cabeza femenina. Mi amigo, cuando hay alcohol de por medio y la chica –la que sea– acepta más de dos preguntas, es capaz de sacarle jugo a la tía cual si fuera una naranja y él un exprimidor. El resto de la gente se comenzaba a ir, no había horario de discoteca, era un bareto, la máquina del tiempo de la mala música, eructos de los setenta, los ochenta y los noventa. Qué decir, el muy cabronazo la embaucó. Al cabo de 15 minutos, y aun habiendo gente que conocía a la chica, se estaban morreando en la barra. Morreando con lenguas a la vista y furia femenina, una furia que parecía haberse contenido durante mucho tiempo. Yo pedí otra cerveza. Me uní en una gran interpretación a los demás, como si a mí la escena también me afectara, como si yo conociera al capullo del excursionista desde los seis años. Era un escándalo, esa tía era una zorra, con lo buen chaval que es él…, tan bueno que ni le mete la polla en viernes, y va esta zarrapastrosa y se lía con el primer desconocido que se pone a tiro, ¿verdad?… Creo que algunos notaban en mis palabras cierta ironía malsana, y me comenzaban a ver como parte del equipo que había venido a fastidiar la comunión familiar. Mi colega le metía la mano en las bragas a la inocente, la inocente… Algunas amigas intentaron mediar, pero no había forma de separarla de ese tipo enfermizo, ese rompe-parejas universitarias, con lo sólidas que son, sinvergüenza… El que se presentó como padre del excursionista, se puso al lado del obsceno acto e intentó pedir explicaciones a la muchacha. Se separaron un momento, el hombre miró desafiante a mi colega.
–A ver, tú, ¿cómo te llamas?
–¿Yo?… Me llaman Erasmus.
Hubo un pequeño “oooooh” como respuesta en el garito, no se sabía muy bien si de indignación o de malsana diversión. El morreo continuó y continuó. Los padres de ella ya se habían ido. Había pasado casi una hora; todos pensábamos que el excursionista ya estaría durmiendo la mona, reponiendo energías para la excursión hetero de salchichas del día siguiente, pero espera. El beso guarro se prolongó tanto que la gente que quedaba comenzó a perder interés. Los padres del montañista en absoluto gay se acabaron yendo también, aunque no sin escatimar algunos insultos en crudo tanto para la chica como para mi amigo.
No sé cuándo ni cómo, pero en cierto momento me volví de pagarle a la camarera otra ronda, y me quedé con las dos cervezas para mí. Mi colega y la versión en coma de Janis Joplin habían desaparecido. Pero no se habían ido. Me encaminé hacia los lavabos. Algunas chicas habían ido a fisgar. Eran servicios unisex. Estaban en un habitáculo. Los gemidos de ella eran claros como un puñetazo en la nariz. Se oía chocar la ingle de mi colega con el culo de chica. Luego todo pasó muy rápido. El excursionista no se había ido a dormir. Porque el excursionista hetero y moderno estaba buscando su móvil, había perdido su móvil, quizá se lo había dejado en el bareto. El miembro masculino de Renoir entró en el baño, puede que solo porque todos estábamos ahí, unas quince personas, las que quedábamos en el local. Los gritos de la chica no solo se oían en todo el lavabo, además el bar cortó la música y ya se oyeron por todos lados. Iban a cerrar el chiringuito. Algunas chicas ponían la mano en el hombro al muchacho de forma compasiva, él las miraba extrañado. Al final sí había habido Rock & Roll. Entonces el chico, tras al menos un minuto de escuchar berridos sexuales, se rió y nos susurró:
–¿Pero quién está follando ahí dentro?

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Algunas cosas sobre el NO (4 de 5) – Piña

No suelo hacerlo, pero hoy cuando me plantan la hamburguesa delante, una vez ya se ha largado la camarera (al parecer a punto de darle un síncope), levanto la rebanada de pan y ahí está. Y yo no lo he pedido. Hay queso y cebolla, y también… una absurda rodaja de piña sobre la hamburguesa. Porque al parecer –vuelvo a revisar la carta– hay lo que aquí llaman Hamburguesa Hawai. Suelen hacerlo en estos sitios de bocadillos, también en las pizzerías. Primero hacen el bocadillo o la pizza o lo que sea, y cuando todo parece ir por buen camino –y sospecho que para poder “enriquecer” la carta e incluir algún palabrejo tipo Hawai o Tropical en ella–, se dedican a estropear el karma alimentario lógico con una rodaja de piña, o putos trozos de piña, una mierda absurda y muy extendida. El puto Gazpacho en mi hamburguesa, un pedazo de su tropical cadáver. En mi cena de viernes.
La nevera estaba vacía y yo aún estaba vestido. Sentí que el piso no me quería aún en su inmobiliaria cavidad anal, y eso que había pasado el día fuera. Noto algo hostil en ese cuchitril, como si cuando no estoy todos los electrodomésticos y cachivaches llenahuecos antidepresión de nido solteril, tuvieran largas discusiones sobre lo gilipollas que soy, y callaran todos de golpe cuando oyen la llave en la cerradura… Se percibe algo en el ambiente. No soy de los que cantan en la ducha, pero a veces silbo alguna melodía brit pop de los noventa sin pensar, y justo luego me siento observado.
Miro a mi alrededor con desespero, tapo la piña con el pan, no quiero volver a verla. Todos los camareros y camareras van con petardos en el culo de un lado a otro, ninguno tiene pinta de querer estar donde está, todos resoplan en algún momento o se gritan entre ellos indicaciones. No son chinos. El lugar está abarrotado, todo tipo de gente, también críos. Es uno de esos lugares en los que el dueño decidió incluir globos para ofrecer a los niños. De modo que el ruido va de poco soportable a totalmente insoportable. Los críos han pasado toda la semana durante horas en sus pupitres y haciendo actividades extraescolares (más pupitres), y ahora les vuelven a pedir que se sienten y se callen la puta boca (todo con miradas firmes y diminutivos, y no siempre sin tacos…). De modo que deben tener la necesidad inconsciente de vengarse a algún nivel, y se dedican a molestar y explotar globos, tras lo que luego tienden a llorar hasta que les traen otro globo, que también hacen explotar; es un bucle, resaca formativa… Mientras tanto los padres hablan de lo importante que es que sus hijos curioseen y descubran cosas y expandan su imaginación… a la vez que se preocupan por que todos hagan lo mismo en todo momento y actúen como adultos cuanto antes, quietos, obedientes, sumisos, Profesionales de la infancia. (?) Viene de lejos…
Por supuesto nadie viene aún a socorrerme con el asunto de la piña, a pesar de que hasta dos de las chicas me han dicho que enseguida me traían lo que pedí. (Pero no se han llevado mi bocata de…) Yo solo pedí una simple hamburguesa completa; después quitaría la mitad de la lechuga (siempre la echan como su tuvieran a un mono para eso) y me la comería sin problema. No tengo ningún tipo de exigencia fuera de lo normal, ni tan siquiera tengo mucho paladar. Solo quería comer, soy así, muy del montón en eso, muy clase media, muy del teórico primer mundo, me conformo con un bocadillo, un Durum, un arroz tres delicias. No necesito una mamada gastronómica con el vino adecuado y algún Gourmet que me atienda como si me hubiese criado con Bruce Wayne. No me amamantó ninguna simpática y cariñosa ecuatoriana en una mansión por la que mis padres solo pasaran entre viaje de negocios y viaje de negocios para darme un beso y disfrutar solo de la vertiente cómoda de ser padres.
Solo quería cenar, joder.
Por tercera vez alguien me dice que mi hamburguesa sin piña está al caer, y se disculpa. (Vuelven a no llevarse la Hawai.) Cuando se empiezan a disculpar es el momento de plantearse una huida elegante. Es tu opción, te levantas dignamente sin mirar a nadie, levantas la barbilla y te diriges hacia la salida. Pero no quiero volver aún al piso, y me da pereza buscar otro sitio. El barrio no es lo que se dice muy concurrido, y ya es un poco tarde; ahora sería más fácil encontrar un navajazo que un buen filete con patatas.
Sospecho que además he localizado a la persona que se está comiendo mi hamburguesa. Se la han servido en el mismo momento que a mí, ha hecho un comentario extrañado a su acompañante, y se ha puesto a comer. La tía que había pedido piña sin ser el postre… Estoy casi seguro de que es ella. Tiene esa pinta de mujer madura que no te sugiere tanto una cita y lo que surja como un polvo a lo bestia y nada más. Demasiado maquillaje, un peinado que parece haber llegado en una máquina del tiempo directo desde 1987, y un escote en el que podrías perder las llaves. Toda ella morbo sin fin, perfil de película guarra en la que alguien se tira a la madre de su amigo, etc. Deglute mi cena sin haberse preguntado en momento alguno si esa hamburguesa sin piña no debía ser para algún otro desgraciado cuya nevera solo tenía hoy una pera dentro a modo de clítoris deprimente.
Una gilipollas que me cae muy mal me dijo que la fruta debía estar a temperatura ambiente.
Ella suele pedir la pizza tropical.
Hay gente que se comería cualquier cosa que les presentaran escrita en una carta medianamente elegante.
La madurita se ha comido con fruición mi hamburguesa, he estado observando, es como si lo hubiera visto todo codificado en canal +… hasta se le ha caído un poco de lechuga en el escote y le ha dado un ataque de risa. Va un con un tipo de más de cincuenta años, un tipo con melenita, lleva una camisa demasiado abierta y un colgante que es o parece oro. El tío no deja de mirarle las tetas. No parecen un matrimonio. Como sea, a la roba-cenas le llega su flan antes que a mí mi simple hamburguesa completa. Es una falta de respeto. Estoy seguro de que por mucho menos ese tío que va con la cuarentona hubiese liado un escándalo aquí, la clase de cosas de machito que seguro hacen que ella se moje… Ha pasado tanto tiempo que si aceptara otra disculpa de alguien quedaría como un calzonazos, y encima uno sin novia seria a la que chupar el culo doméstico.
Cuando ya lo veo todo perdido, una chica que parece Corriente Eléctrica universitaria pasa como una exhalación y se lleva por fin el puto plato. De verdad que no puedo entenderlo, no veo a priori el enfoque potencial, puedo llegar a entender muchas atrocidades de las que suceden cada día en el mundo. Me parecen horribles, pero al menos sé de las motivaciones por las que se llevan a cabo; pero jamás entenderé por qué hicieron caso al soplapollas que entró un día en alguna cocina con una piña y la comenzó a incluir en cualquier plato salado que hubiera en ella. Algún capullo que merecería un documental a medias con el piloto del Enola Gay. Muertes y aberraciones de la Historia, tercer dvd: el imbécil de la piña y Paul Tibbets. Recuerdo haber compartido una vez una pizza tropical, la había pedido una chica, me ofreció un trozo y me parecía poco apropiado soltarle toda esta parrafada sobre piñas. Es algo muy personal, aún no habíamos llegado a ese punto… No es que la pizza estuviera mala o diera ganas de vomitar, el problema era que la piña no aportaba nada, era como Ringo en los Beatles o una clase de Lengua en la ESO. Solo en algunos bocados hacía acto de presencia ligeramente el sabor, y cuando eso pasaba, la masa, el queso, el tomate, el beacon y yo teníamos una tertulia de algunos segundos en la que buscábamos un modo amable de decirle a esa cosa amarilla que se fuera a tomar por culo y nos dejara la comida en paz…
Creo que es por el color, por las palabras en la carta, por la idea de la huida, los sueños, creo que la piña se incluye en algunos platos por lo mismo que ciertos oficinistas grises hasta lo Kafkiano tienen un poster de Hawai en la pared. Creo que la piña da esperanza a alguna gente (sí, la piña les da esperanza…), les sugiere playas de ensueño, bebidas exóticas, bikinis muy bien rellenos, o bien tipos bronceados, apolíneos y simpáticos. Libertad de la de verdad, esa de la que se habla en las canciones y las películas. La puta piña como símbolo de la paz y la armonía y los atardeceres de postal. Me parece bien, que hagan banderas con eso, que salga en ellas Gazpacho, que incluyan a Mochilo si hace falta, pero la comida no era el salvoconducto. Siempre la cagamos intentando mejorar, nos inyectamos con esa mierda perniciosa de la autosuperación y la esperanza sin saber qué coño somos o qué narices queremos. Uno no puede ser optimista de verdad si no tiene un puto objetivo más allá de la mierda del dinero o las vacaciones, y la piña en la pizza y el póster en la pared son lo que la metadona para un toxicómano. Lo realmente escalofriante de todo esto, es que podría haber una pequeña posibilidad (aunque sea muy pequeña) de que aquí sirvan piña con las hamburguesas por el mismo motivo por el que los críos lloran (ya estresados a su edad) y no dejan de dar por saco. La piña no es esperanza, es un potencial símbolo de la desesperación.
Veo que sirven una hamburguesa completa a un chico a dos mesas de mí. Justo entonces una camarera me trae la mía y se disculpa muy rápidamente, tras lo cual se marcha acelerada. Aparto la rebanada de pan.
Hay otra vez piña…
Me pongo de pie y palpo el paquete de tabaco en el bolsillo. Levanto la barbilla y camino hacia la salida, me voy a casa, puede que a comerle el coño a mi nevera.

piña

Algunas cosas sobre el NO (3 de 5) – El buen camino

Fíjate qué desorden. Tendré que hacer algo con todo este desbarajuste. Es claro y meridiano que todo esto no es normal. Puede que me haga una lista de tareas pendientes.
De modo que, tú ganas, mañana mismo empiezo a comportarme. Mañana mismo me corto el pelo y me compro dos gatos, puede que también un perro (para importarle una mierda al menos a una de las mascotas). Dos gatos y un perro y algo con lo que fotografiarlos. Así comenzaré a encauzar el buen camino. Haré algunas llamadas. Comenzaré a largar todo lo que sé sólo porque puedo. Me reharé a mí mismo como otro adalid de la discreción con la ración doble de moral más actual. Entrenaré mis gestos neutros para cuando tope con las víctimas de mis rajadas. Volveré a ver un montón de fútbol, dejé de hacerlo hace mucho, pero prometo volver a ponerme al día. Rasparé mi criterio para todo, sonreiré al estilo 0 grados. Me pondré en las colas más largas y haré todo lo que haga falta por pagar lo que sea cuando sea. Puliré mi dignidad y abrillantaré mi ano. Me informaré sobre buenos lubricantes. Desde Alemania van a estar orgullosos de mí. Seré el Señor Hora Extra, fanático del Realismo y la Responsabilidad tal y como me los presenten. Volveré a anteponer el sacrificio y el esfuerzo al Sentido y la Vocación que (creía) los proyectan por defecto (ya ves qué tonterías pienso…). Voy a olvidarme de mi polla, debo dejar de vanagloriarme con esas ideas de que yo pueda tener algún talento para algo más que generar impuestos o acumular asentimientos oficiales, basta ya de construir castillos en el aire. La única forma de recuperarse y levantar esto es hacer fuerza, la hernia física, mental, que las venas se hinchen y que el centro de todos los esfuerzos se agote cada día hasta llegar al pensamiento cero. He arrinconado los viernes, pero volveré a tenerle respeto al Señor Antesala del Fin de Semana. Va a volver a tener un súbdito como merece, derrotado, agobiado, a la eterna espera de las vacaciones, henchido de orgullo después de la labor (la que sea) bien hecha durante la semana, y por fin preparado para adormilar el alma ante cualquier malabarista televisivo o digital. Prometo volver a dejar de lado todo eso del Espíritu y el Alma propios, en serio, solo me estaba perjudicando. No os lo recomiendo.
Es una lástima que muchos no lean, porque tengo un montón de cosas que decir sobre la felicidad accidental. Sobre el orgasmo espontáneo. He visto mucha mierda casi sin moverme del sitio, solo observando y cerrando la puta boca… Pero ¡basta!, yo ya no soy ese tío. Ya me estoy sintiendo mal de llevar dos días sin afeitarme. Puede que también limite las pajas a una o dos semanales, para sentirme menos patético. Puede que debiera dejar de tener amigas puntuales; solo debería tratar con novias de amigos a las que, respetuoso, jamás intentar tocar; y luego buscar a alguna buena chica que me ayudara a follar con elegancia, a salir en definitiva de mi remolino de convencimientos sobre por qué creo que la mayoría de gente es gilipollas. Necesito a esa chica neutra (glamourosamente prejuiciosa) que me ayude a encajar, que me enseñe a diferenciar vinos, las ventajas de comer sin disfrutar, o me descubra de una vez por qué ciertos pubs que solo encuentro incómodos, oscuros y caros, tienen tanto estilo. Por qué debería estar agradecido de pagar nueve euros por un cóctel o por qué hace diez años eras la última mierda si te bebías un Gin Tonic y ahora con eso eres Chic y Actual. Puede que esa buena chica neutra me diera respuestas y por fin yo entendiera que las cosas solo pueden mirarse y mejorar a nivel superficial, y que la gente es como es porque no se puede ser sincero más allá del chismorreo cebado cual personaje del cuento de la casa de chocolate. Quizá aprendiera a amar las pequeñas jerarquías y detalles y pronto todos a mi alrededor fueran solo números que superar. Sí, es posible que consiguiera ser normal. Sueño con ello. Una bonita cifra de varios dígitos como tinta invisible siempre en mi frente. Basta de querer sentirme más Humano, ¿desde cuándo la humanidad se ha caracterizado por el equilibrio o lo abstracto u horarios flexibles en tareas constructivas o creativas? Ha llegado el momento de madurar, de plantarme en mi puesto de la histórica cadena de montaje. No te rías, podría ir al cielo. Podría empezar a creer, es la solución de muchos, qué les vas a decir, no puedes demostrar nada en contra… Ellos tampoco, pero a diferencia de ti albergan la esperanza de que el potencial prolapso anal de después de haber tenido una larga vida de “ir tirando”, obtendrá su recompensa. Gloria eterna en el cielo, flotando con la sensación de una interminable mamada doble. Una vez soñé que un Moderno me mataba sólo hablándome, y un rayo de luz azul bajaba desde el cielo y me elevaba con él; Dios, a pesar de todo, me quería. El culo me colgaba, el ano vuelto hacia fuera después de toda la cacareada dignidad que había atesorado en vida. Iba a tener mi recompensa eterna entre algodón blanco. San Pedro me hizo pasar al despacho de Dios, y nuestro Señor estaba viendo un capítulo de Californication en una pantalla de 100 pulgadas; hablábamos pero me interrumpía cada vez que llegaba una escena que le hacía gracia, se lo sabía de memoria. Tenía la pinta que le presumes a la personificación de Dios según marchan las cosas, un hippie, pero también un gilipollas capitalista. Me dijo que me relajara, que enseguida me haría al rollo del cielo, que era fácil hacer amigas. Me guiñó un ojo. Al levantarse de su butaca blanca con orejas descubrí horrorizado que tenía tres cabezas. Era la Santa Trinidad. La cabeza de en medio era el hippie conservador viejo, la de la derecha el hippie hipócrita más joven, y luego al otro lado había una desconcertante testa con rizos rubios que parecía adormecida, como drogada, colocada. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, supuse. Todo en uno, así me lo enseñaron en los Salesianos, y coño, al parecer, a su manera, tenían razón. Luego San Pedro me indicaba el camino para que me volvieran el culo hacia dentro, era una operación sencilla, me decía, indolora, y la llevaban a cabo dos preciosidades rubias «aficionadas a la Dilatación». Me comentaba además que las mujeres, al morir, volvían todas a los 25 años. Cuando le preguntaba que si las finadas menores de 25…, cambiaba de tema y reía de un modo poco tranquilizador…Una de las dos muchachas me decía que me echara en la camilla de operaciones, aunque era más bien una cama, mullida; me iba a poner boca abajo, pero me decían que no hacía falta. El culo no me dolía, o bien ya me había acostumbrado al dolor; luego recordé que en el Cielo no había dolor. Las dos rubias cerraban los ojos y posaban las manos en mi pecho. Cuando les pregunté si en el Cielo también daban por culo a la mayoría de gente, dijeron que la diferencia radicaba en que en el Cielo te dejaban dar por culo a ti, literalmente. Había varios Cielos paralelos, me contaron, yo estaba en el Cielo para tíos, el cual era esencialmente bastante machista, cazurro, hasta misógino, pero claro, las mujeres no se quejaban. El Cielo diseñado para tías estaba lleno de calzonazos. Ninfómanas bastante idiotas y Calzonazos, y luego había otro Cielo, el oficial para Hombres y Mujeres, que era al que ibas si de verdad eras una persona 100% respetuosa con los demás, incluidos los miembros del otro sexo. No hay que ser lo que se dice un angelito para estar en el Cielo, me decían. Yo al parecer era un gilipollas, estaba confirmado, así que fui al Cielo de las tontas. No era un buen sueño, pero tampoco malo. Justo antes de despertar era cuando me miraba en un espejo y comprobaba que mi culo volvía a ser por arte de magia el de un chaval de 16 años. Volvía a ser el ano del chaval que no tenía ni puta idea de qué hacer con su vida a pesar de llevar desde los 3 años en aulas. Al despertar, mi culo volvía a ser la misma deformidad descompuesta. Pero ya no tengo esa clase de sueños obscenos de índole anarquista. En un periquete, cuestión de unos días, comienzo a abrazar gatos. Guardo mi culo honrosamente deforme como pueda en mis tejanos y le leo poesía hipster cada noche a mi polla como sustitutivo de mi mano. Todos podrán ver mis señas y conocerán todas mis historias. Lo largaré todo a todos por personal que sea o pocas ganas que tenga de hacerlo. Coño, hasta comenzaré a celebrar mis cumpleaños a lo grande. Mi postura ahora es la de Culo en Pompa de canal porno. Y que nadie sea sarcástico, ya estoy viendo mis logros…

Algunas cosas sobre el NO (2 de 5) – El no-yate

Mierda, ya es tarde para el yate, las putas de lujo, las novias en cada capital y las navidades con la familia. Los recibimientos acalorados y patéticos de los directores de sucursal, esas miradas miedosas tipo “estaría dispuesto a Lo Que Fuera Por Usted”. Ya es tarde para la amante que nunca tiene más de veinticinco años. A la que prometer que dejarás a tu mujer. Ya es tarde para los atardeceres desde cada lujoso punto del planeta. Tarde para perseguir métodos de inmortalidad, quizá conocer a una simpática vampira tetona que muerda solo una vez y luego ya se dedique a chupar. Vas a tener que revisar el pasado, recordar dónde te dejaste a ti mismo, cuál fue la primera vez que te pusiste los cuernos por un profesor, o una nota, o un empleo. Cuándo fue la primera vez que contestaste “vamos tirando”. Cuándo fue que comenzaste a convertirte en tu padre versión 2.0. No estaba mal, te decías, salvo que tú no eras él… Nadie es perfecto, o quizá nadie es nada de lo que fuera antaño, cuando aún era alguien. Pero paradójicamente era entonces cuando tenías que esforzarte para Ser Alguien. ¡Porque aún no lo eras! ¿No quieres ser Alguien en la vida? ¿Puedo ser yo mismo? ¿Claro…, pero no prefieres ser Alguien en la vida? Veías a todas esas chicas en bikini en tu terraza flotante, pidiendo que les pusieras crema. Luego intentarías convencer al menos a dos para… Aunque no creías que cuando elegiste El Camino lo único que iba a imperar fuese a ser la Cultura del Gasto y la Oferta. Tus padres te vendían los estudios como el modo de Ser Alguien, pero en el fondo solo se trataba de dinero, un poquito al menos; la prueba está en que la carrera te importaba un carajo, y el siguiente paso en la familia no era ser mejor, era tener más cosas. La Mierda disfrazada de Estilo. Colonia con aroma a vómito del futuro. Es muy complicado, pero lo que mejor hacemos es complicarlo aún más, crear parámetros, soñar solo por la noche y decir memeces biensonantes y sin tacos por el día. Oh, pero es que yo no quería un yate ni las putas. Ese era el problema, no sabías ni lo que querías, eras inteligente, o al menos lo que llaman buen estudiante, querías follar, querías follar más, luego un poco más, luego quizá conocer a una chica, tenías 17 años. Lo importante con todo era echarle morro, no importaba en qué dirección, solo echarle morro, mirar de frente a los problemas, aunque la solución de éstos en concreto no viniera acompañada de sentido, no al menos para ti. Buen muchacho a medio camino de todo, educado para el dinero pero también para saber que no da la felicidad, lo cual te convierte en poco más que una tuerca. Ayudas al mecanismo de la sonrisa pétrea. A la vez te dicen que sonrías tú también aunque no quieras, y que si no lo haces es una carencia de inteligencia. No podrás pensar en ello mientras untas crema en los hombros primorosos de una escort rusa que te puedes permitir. No podrás llegar con regalos chic para todos en diciembre, dando otra vez la misma señal a todos de cómo se hacen las cosas. Hijo mío, lámele la corbata al señor canoso, él sabe lo que se hace. Sé generoso pero no te fíes de nadie, sé tú mismo pero fórmate en algo que tenga salidas, folla pero un poco más que la puta de tu hermana, sé comprensivo pero que no te tomen por tonto, sé abierto, con inteligencia emocional, sé profundo, libre, sé creador, analítico, ten en cuenta todas las posibilidades. En tu tiempo libre, claro… Porque has de ser serio. Preocuparte por lo tuyo. Se te pasará el arroz si no espabilas. Enseña tu piso a todos. Llega el día de los Enamorados y otra vez estás solo, conoce a alguien, a alguien que ya sea Alguien, no una cualquiera, ningún saco de huesos y carne que sea cajera. No te has enamorado, el roce hace el cariño. No me lleves la contraria. Tu primo se suicidó porque era gilipollas. Tu hermana no tiene carácter, acabará debajo de un puente con un ejercito de ladillas y sus Bellas Artes. Tienes que ser fuerte y saber sacrificarte, es la clave de todo, ¿no lo ves aún?, todo marcha, solo tienes que encajar. Gracias, papá. Año 2000, la informática como ejemplo, es la carrera con más futuro. Año 2013, informáticos despedidos Vs informáticos que se van de la empresa, autónomos estafados, dinero negro. La chica negra de tu yate hubiera sido toda una belleza, y mucho más legal, o tu no-yate, porque eres mucho más humilde que eso, no lo recordaba. Un ejercito conformado por la generación más humilde enfocada a la practicidad más mierdosa desde inicios de la Revolución Industrial. Puede que ahora sea el final de algo o el principio de algo o el principio del final de todo. La niña de dibujos animados que pisaba una mina en el videoclip de Pearl Jam. Do the Evolution. Ahora esa cría nos representa a todos. Las metáforas llueven pero no nos hacen pensar. Para qué tuvimos una educación…, si no sirvió para ayudarnos a ser únicos y tener profundidad e ilusiones más allá de lo académico, lo laboral y el cliché familiar, para algo tuvo que servir. Y sin duda lo hizo… También habría un par de gemelas pelirrojas en tu no-yate de chico bueno. Dos Lily Cole larguiruchas y a la vez neumáticas. Las dos quedarían encantadoras en la cama redonda adecuada. Un plus por besarse en la boca con tu capullo en medio. No querías ser ese tío, dices, pero ahora sospechas… ahora… ahora tienes la terrible sospecha de que te educaron para ser nada más el sirviente de ese tío. Ese tío existe, a menudo pesa 150 kilos, solo siente las mamadas de pago, no puede apenas verlas con tanta barriga. Es el marino moderno, con un paraíso fiscal en cada puerto al que follarse. Con una familia numerosa a la que enterrar en ese tipo de prosperidad existente y mediocre, de la que tú solo puedes beber a sorbitos. Mediocridad en pequeñas dosis cada día. Una tregua el sábado. Un marino que también dice luchar contra piratas, y que siempre tiene una extensión de placer y belleza marina a su disposición. La Vida. Gracias a tu no-yate.

Algunas cosas sobre el NO (1 de 5) – La virilidad moderna

La mujer llevó a su hija pequeña a la terraza del tejado para que lo viera todo. El edificio en llamas estaba lo suficientemente lejos, era uno de los rascacielos. Una antorcha grotesca de cristal, como el pene venoso de esos gigantes modernos y siempre tumbados, hechos de aceras, exabruptos, cloacas y modernidad, todo televisado. Helicópteros invadían la ciudad, sus cámaras, el traqueteo aéreo atronador. Los camiones rojos. Cantos de Sirenas, sus ruedas y luces, los semáforos estériles, el poder del héroe real. Una de las ambulancias provocó un accidente en un cruce lejano al fuego. La madre le decía a su hija dónde tenía que mirar a cada momento, dónde iba a tener que mirar siempre. El cielo se estaba tapando en serio, cabía la posibilidad de que la lluvia echara una mano. Los recuerdos comenzaban a fabricarse en el background de todos los que lo vivían. La mamá señalaba con el dedo aquí y allá; la actividad casi parecía componer patrones de acción de los que la niña aprendería más que con meses de clase. Todos, asomados por sus ventanas y balcones, contemplaban un día emocionante, comentaban lo trágico que era después de haber hecho las llamadas pertinentes si hacían falta, mientras pensaban (sin decirlo) que por fin topaban con un día distinto. Chicos y chicas trabajaban en esa una de las Pollas de Occidente, las que joden de verdad; pero todos ellos eran hijos de alguien. Así se lo dijo a la niña Mamá. Aunque sabía que ella aún no podía entenderla bien, tenía claro que sabía que mamá solo soltaba tacos cuando intentaba decir algo realmente importante. Sabía que la cría no entendía en ese momento, pero pronto lo haría, todo quedaría archivado. Los chicos y chicas formaban parte de cierto engranaje. Buenos chicos en el mal buen camino mejor visto. Ahora intentaban sobrevivir al humo, algunos con medio cuerpo fuera por ventanas de grueso considerable, el fantasma del 11-S por doquier, porque el mundo seguía con su ritmo de reggaeton responsable. Las grandes Pollas jodiendo las Vaginas adecuadas, de las que seguía chorreando la desigualdad. Aunque esta vez no se trataba de un conflicto internacional. Solo había sido un padre de familia, despedido, desahuciado por el banco. Después de provocar el incendio en la planta en la que operaba su empresa, optó por las nuevas tendencias y se lanzó desde un undécimo piso. No del edificio en llamas, pero hubo preguntas y respuestas fiables, y todo encajaba. Últimamente todo cuajaba demasiado bien, todo se entendía enseguida, no era una buena señal. La seguridad estaba tan de moda como la elección de la muerte. La misma mamá conocía a muchas amigas que habían tenido crisis de ansiedad, chicos que acudían a profesionales, personas que creían que el problema era de ellos, porque así les habían enseñado a pensar: a creer que pensaban por sí mismos. A creer que las personas eran sólo conmutables y que ellos estaban en la posición de encendido adecuada. A creer que hablar de grises era suficiente. A creer, por supuesto, que se respetaban a sí mismos aun respetando más ciertos emblemas. Muchos de esos chavales perdidos (aunque lúcidos, inteligentes y con carácter en la versión oficial), iban a morir en el incendio, o al arrojarse desde una de las suntuosas ventanas reflectoras hasta convertirse en lo que desde los helicópteros de prensa parecían esputos de sangre abajo en el suelo. El gigante sin embargo no se preocupaba, porque sabía que otra Polla le crecería saneada, y que entre todos continuaríamos con la mamada. Eramos buenos chicos, buenas chicas; joder, al fin y al cabo nos habíamos pasado unos cuantos años practicando con plátanos y todo tipo de objetos fálicos, no digamos ya si acababas tu licenciatura o hasta tu máster: entonces eras el chupón perfecto, la putita más cuidadosa, no te ibas a dejar los huevos, no ibas a poner caras cuando la punta salpicara. Éramos la generación más preparada, todos lo dicen, y eso le dijo la mamá a su hija. Mamábamos y sabíamos idiomas, y hasta éramos capaces de cambiar de gigante y continuar con la felación en países extranjeros. No había quien nos parara, y coño, también éramos los mejores a la hora de poner el culo. Esto sí que son gigantes de verdad y no los molinos de Don Quijote, cariño, le dijo la mamá a su retoño. Estos no los vences ya con espadas o la alianza de algún buen escudero, ya saben hacer que tú mismo te quites de en medio sin más. La Era del Sacrificio. Tu alma es un cuento infantil sin moraleja aprovechable, tu carácter para el tiempo libre, tu gente para que los espejos no sean lo único en lo que te reflejas. Desde donde están la mamá y la niña se pueden ver los cuerpos cayendo, aunque no hasta abajo. Hay que estar muy atento para captarlo, la cría no ha visto nada, la mamá decide no señalar eso. El accidente de ambulancia ha dejado un reguero de sangre en la avenida, un motorista, ex motorista, ex todo… Alguien del personal de la ambulancia llora desconsoladamente en la acera. Todo eso se llama Caos Controlado, le dice la mamá a su hija. Luego le habla de la Manipulación Informativa, luego de cómo casi todos hablamos y discutimos sobre temas que creemos que son importantes, pero que solo son cebos gracias a los cuales no nos preocupa lo realmente importante. Y no me refiero al fútbol ni a tu padre, cariño, no te confundas. Es algo más complejo que eso. Hablo de eso, de gigantes, no muchos, unos pocos, que se nutren de nuestra calculada y trabajada y demostrable dignidad; la versión más extendida de la dignidad al menos. Dignidad que requiere de rodilleras y buenas tragaderas. Y prescindir de uno mismo. Una de esas cosas de las que no hablamos por estar demasiado entretenidos en ocupar unos avatares obreros más feos aún que esos pitufos azules estilizados. Una extraña dignidad. Quiero que veas todo esto, dice la mamá. Porque quiero que algún día sepas que puedes desplegar las alas. O mejor dicho, para que sepas tienes alas. Te querrán convencer de lo contrario y lo llamarán madurez, usarán argumentos con forma de cenas caras, viajes constantes, cultura equívoca, educación castrada a golpe de números con decimales. Te aseguro que serán muy convincentes. Sonreirán y te dirán lo que les decían sus abuelos, pero deberás estar preparada para entender que eso solo es porque ellos no saben decir nada. Tendrás que ser algo desconfiada, y a la vez amorosa. No será fácil, pero aun con todo tendrás que buscar tus alas. Son gratis, no llegan con el permiso de nadie, lo más importante ya lo llevas de serie, solo tienes que procurar que no te lo quiten, vigilarlo como vigilamos los trastos desde el agua cuando vamos a la playa. Te dirán que es narcisismo quizá, o puede que se cabreen, ten en cuenta que no les sienta bien que elijas tu propia roca para ver el paisaje. Serán persuasivos, pero a veces tendrás que asentir y cruzar los dedos por detrás, jugar a su juego, con tu padre, en el colegio, puede que hasta conmigo.
Comienza a llover. Alguna gente resopla desde sus ventanas. La Polla se comienza a humedecer. No todos esperan que eso vuelva a servir para que el dolor mengüe. La ciudad se dilata. No muy lejos, una sucursal bancaria explota.

La Casa Normal

Hace treinta años que ese asunto colea en el barrio. Por dios, esa casa ha oído más gritos que una montaña rusa. La lista de historias raras de cojones no tiene fin. Luego siempre pasa lo de toda la vida, nadie cree pero nadie quiere vivir ahí. Todos son realistas y pragmáticos, pero bien lejos, donde poder serlo a gusto. Todos se parten el culo y se ríen a mandíbula batiente de los fanáticos de lo paranormal, pero nadie quiere saber nada de acercarse a según qué lugares. Cuanto más rajan de esa gente que solo nos quiere “vender motos”, más acojonados están en el salón oscuro solitario adecuado. No se creen las historias pero siguen sin actuar en consecuencia. Libres pero mal encerrados en sí mismos. Gente normal. Esa palabra ya escalofriante a estas alturas de la Historia. Todos monísimos y sonrosaditos.
Una pareja joven no conocía nada de la Casa Asac. No conocía las leyendas. Pero sería mentir decir que no habían oído nada de nada antes de instalarse. Algún cuchicheo en el barrio. Habladurías en la panadería. Nada que pueda alterar a alguien adulto, maduro, normal y con planes de seguir siéndolo. La cuenta bancaria saneada, perspectiva de pintar algunas habitaciones para el futuro. Azul pastel si es niño, rosa ídem si es niña. Dinero y estabilidad emocional estilo años 2000. Todo sigue bien si no puedo escuchar las explosiones. (¡Demagogia!). Sistema educativo guiado, inteligencia adecuada. Papeles hermosos con firmas concretas. Ella se llama Clara, y él Fran. El plan no oficial, amparado por los silencios de lo Normal, es vivir juntos y premeditar cierto estatus de “modernidad” teniendo un crío antes de la –como sea– previsible boda. Pero tssss, todo elegido a voluntad y sin la más mínima influencia exterior. Ni siquiera tiene nada que ver que las dos hermanas mayores de Clara ya tengan ambas hijos, o que Fran haya sido poco menos que el hermano menor castrado de una familia de clase media cuya idea de la Personalidad se detiene en el mero hecho de conocer vagamente el significado de la propia palabra. Ella, sangre calculada en las sábanas a los 17, él dos carreras a cuál más práctica y empresarial; novios de práctica, novias de casualidad, aulas sagradas, un pene poco amenazante pero a menudo erecto, una seguridad sexual femenina fuera de toda duda (trabajada y contrastada, no tanto en libertad como en una premeditación vestida de la misma). Estantes de Ikea rellenos de ideas de academia. La fase de las compras se eterniza un pelín (¿verdad, Franciso?), pero Clara parece disfrutar, lo cual resulta algo extraño porque no parece contenta tanto por perspectiva de futuro alguna como por el modo en que las luces de los centros comerciales se reflejan en los productos que ella puede comprar. Clara siempre ha sido como uno imaginaría a una Señorita Rotenmeier con un pasado como animadora. O más bien, como si piensas en el carácter conservador del dibujo animado, dejas intacto lo artificial del asunto, y le das la vuelta. Dicho de otra forma, Clara parece estar también prefabricada, pero para ser alguien que en el fondo se haría amiga de Heidi solo para poder sacar mejores notas que ella y respirar aliviada sabiendo que hay al menos una persona sobre la que sentirse superior. ¿La Clara mala? Es algo muy sutil, ya que es una forma de vivir muy concurrida, ese tren va a rebosar cada mañana, es ese estilo vital de rabiosa actualidad y ya tan presente y asumido como la gravedad: todas esas jerarquías y microjerarquías hacen que Clara se moje como jamás lo conseguiría con la predisposición de libro y lánguida de Fran. Fran es un chaval crecido en una familia normal cuya idea de la prosperidad consiste en que el hijo haga exactamente todas las cosas que no hizo el padre en base a la oferta oficial más segura, y asumiendo siempre por defecto que ese plan es el ideal. Esto parece resumir bastante bien la filosofía predominante de la responsabilidad para con todo (incluso uno mismo) desde hace exactamente unos tropecientos años. Poco importa lo que el hijo quiera o no hacer, o si lo Forzado se puede hacer pasar por Natural. O si estamos poniendo Instituciones y Normas (normales) por encima de Personas y personalidades. Si yo no pude ir a la universidad o jugar al fútbol en un equipo o comer platos sobrecargados de lentejas, tú lo vas a hacer por mis cataplines, y todo esto no tiene nada que ver conmigo o mi pasado, es solo por tu bien, por tu bien, ¿entendido? Feliz 1995. El pensamiento lateral sigue arrinconado y acobardado por el Sentido Común Único, que abarca con su sombra tal extensión de tu persona que a ratos crees pernoctar en medio de una noche terrorífica cuya única salida es el liberador, aburrido y previsible suicidio gota a gota. Clara y Fran son subproductos de una forma muy concreta (y seguramente escalofriantemente limitada) de ver la vida; y lo más importante, no lo son por lo que hacen, sino por los “motivos” por los que hacen lo que hacen. Llegados al punto de la Personalidad Cero disfrazada de Formación y Carácter, cosas como por ejemplo un viaje al extranjero a buscar trabajo (cualquier trabajo) se convierten en una metáfora bestial y estremecedora de algo enorme, oscuro y con dientes afilados cuya gestación comenzó quizá a ser una realidad en la punta del “bolígrafo” rojo de algún listillo de a mediados del siglo XIX.
Ay las bases… Pero es cómodo, dicen, aunque ya no lo dicen tanto. Fran y Clarita amueblan la casa como si la casa fuera solo una casa y no otro misterio más que no encaja en sus, digamos, simulacros de vida pura y transparente. Las vidas orgánicas actuales de arriba de la cadena alimenticia parecen ser como las construcciones de imitación gótica. ¿Si un adulto de aspecto siglo XXI a menudo dejó de ser más o menos él mismo a los 13 años, en qué momento de la Historia la Humanidad dejó de ser… qué? ¿La cosa va de los muertos, o de que antes solo vivíamos treinta años o…? ¿Qué define la Evolución? ¿Ese omnipresente licenciado que no tiene ideas propias fue una pista para la Teoría de la Relatividad, Albert? La Casa Asac parece una especie de ironía inmobiliaria. Parece ser el punto de la I enorme por la que todos trepan sin tener en cuenta el resto de las relativamente irresponsables y nada prácticas letras del abecedario. Por si no tuvieras suficiente con ser un niño bueno o una niña aplicada, ahora encima las cosas comienzan a cobrar vida, algunas quizá incluso más que tú. Hasta los muertos. Es un insulto. Pero claro, si en algo destacamos los occidentales es en barrer cualquier tipo de mierda bajo la alfombra. Nos basta con comprarnos algo bonito y ya nos sentimos mejor.
La primera noche en la Asac hubo toda clase de ruidos. Normalmente en las parejas alguien suele, como se suele decir, llevar los pantalones, asumir de algún –más o menos inteligente– modo, el liderazgo. Es posible que lo que provocó la indiferencia de nuestros héroes (…) hacia la casa tanto tiempo, fuera que en este caso nadie llevaba los pantalones ni dejaba de llevarlos, ni siquiera había una repartición clara de labores. Fran, hablando claro, era demasiado mariquita para enfrentarse a nada más amenazante que un examen, y Clara no quería asumir ciertas responsabilidades para no castrar aún más a su chico, que ya bastante había tenido en su infancia con ciertas monsergas, y cuyas erecciones (reacción física natural que no encajaba NADA con Fran) no quería hacer peligrar. De modo que surgía un extraño equilibrio. Reconozcámoslo, la casa comenzó a estar desconcertadita perdida tras noches y más noches de ruidos y cuadros cayendo. Una silla flotó un día sobre la cama mientras ellos hablaban apaciblemente de visitar a los padres de ella los domingos y a los de él los sábados. Una cara horrible se comenzó a reflejar en la bañera; si uno de los dos gritaba, luego ponía cualquier excusa, que casi había resbalado, que el agua había salido fría de golpe… El tema de la casa era tabú. No había nada en ella, ni hablar de eso, no se aparecían esputos de sangre en las paredes o el suelo, nadie gritaba desde el desván, ningún bebé lloraba en otra habitación, ninguna figura se aparecía en el espejo del baño, no se oían canicas o pasos por las escaleras… Pero cada vez se hacía más complicado obviar la situación. Un día Fran llega a casa y encuentra a Clara en la cama ojeando una Biblia, la chica reacciona como si le hubieran dado corrientes y mete el libro bajo la cama. Fran no pregunta nada, se desviste y charlan sobre comprar mesitas nuevas mientras algo invisible golpea la pared. Un tiroteo se repite cada noche a las doce cero dos abajo en el salón. Lo oyen siempre cuando están intentando dormir o follar. Pero no siempre son fenómenos muy recurrentes. Un día Fran despierta y una novedosa cabeza flotante se empeña en recitar toda una serie de poemas que asegura son de su autoría, aunque a Fran le suenan algunos versos. Fran se hace el dormido, así, en general. Clara ignora de vez en cuando al fantasma de una mujer que tiene un cuchillo de cocina clavado en el pecho. La tía muerta suele hablar de ese modo en que las palabras suenan cuando son dichas del revés. O eso o bien fue extranjera. Clara suele pasar las tardes con ella hasta que Fran llega de trabajar. Ella (Clara) tiene el turno de mañana y Fran tiene turno partido. La casa curra en sí misma a turnos de 24 horas, y comienza a ser una integrante más de la familia, aunque por desgracia se vuelve cada vez más hostil e insoportable.
Es una noche, cuando Clara se levanta a por un vaso de agua y comienzan a tintinear solos todos los cacharros de la cocina (incluidos los cortantes), cuando ambos deciden que ya ha llegado el momento ideal de tener un hijo.

Tanto Fran como ella piensan en secreto qué va a pasar cuando no sepan si el bebé que está llorando es el de verdad o el… bueno, el otro… Han pasado dos años hasta que una vecina se ha atrevido a llamar a la puerta por cortesía. Algo que ha acabado avergonzando a Clara, ya que, justo al atender a la amable vecina, dos de las sillas del salón han comenzado a danzar por el aire dando vueltas. La mujer ha podido ver algo y a Clara no le ha dado tiempo a cerrar lo suficiente la puerta. Esto la ha irritado de verdad, porque no solo es algo de lo que han decidido no hablar en la Asac: ahora todo el barrio murmurará que no solo viven en la casa encantada, sino que además están cómodos con eso. Esto sucede cuando Clara ya lleva once semanas preñada, pero decide que no le va a contar a Fran que una de las vecinas ha huido despavorida del porche. Incluso Clara abronca a las sillas una vez han dejado de moverse solas. La casa parece bajar la mirada y decir algo como “jo…”.
Va a ser niña. Discuten cada noche por qué nombre ponerle. Incluso la cabeza flotante aparece (desde la vez de los poemas) e insiste en que Isabel es un nombre bonito a la par que estiloso y vagamente barroco. En ese momento la pareja cambia de tema. Ambos suelen tener siempre contusiones debidas a accidentes domésticos, de hecho ambos saben que cada uno ha ido al menos una vez a urgencias por su cuenta. Clara no preguntó durante el mes que Fran llevó el collarín; a cambio, Fran nunca interrogó a Clara sobre cierto brazo enyesado. Ahora ambos están deseosos de que llegue la cría. Eso traerá júbilo y nuevos horizontes. Comenzará a irles mejor. Ambos lo comentan entre ruido de tiroteos y lloros y gritos que quedan ahogados en agua o en la propia sangre del pasado en la Hipoteca presente.
Otro día los padres y también suegros, los padres de ella y de él (además de hermanos y sobrinos) visitan la casa. No se ha podido postergar más ese asunto, se han puesto de acuerdo y han decidido ir todos juntos, ante lo cual nuestros héroes contemporáneos no han podido hacer nada. Los padres de ella tienen un perro. La casa esa tarde no se porta mal, solo un par de cuadros al suelo, pero el perro se vuelve loco como nunca lo han visto. Comienza a ladrarle a un rincón hasta quedarse afónico. No quieras saber cómo suena un perro afónico… Luego desde el jardín, lo mismo, le ladra a la casa, aunque a ratos se calla y reacciona como si alguien le hubiese atizado con un palo de golf. Luego sigue ladrando. La visita familiar dura una hora. Nadie acaba sin dolor de cabeza. Por la noche Asac se vuelve loca, lo tira todo por el suelo, los cuchillos acaban clavados en las paredes de la cocina, el bebé fantasma llora toda la noche, hay un gentío invisible subiendo y bajando escaleras todo el tiempo, el tiroteo se convierte en un bucle constante, etc. Es como si la casa tuviera celos, como si no aceptase nada más que el trío Ella/Ella/Mariquita. Esto preocupa a Clara, aunque no lo dice, claro, pero se pregunta qué pasará cuando llegue la niña.

La cría se dispone a ir naciendo un día a las cuatro de la mañana. Justo antes de notarlo, Clara ha soñado que paría. Pero paría al Anticristo, por supuesto, y Asac y Mariquita ya sabían de algún modo que iba a ser así, y deciden atender ellos mismos el parto. Nada de urgencias ni médicos potencialmente católicos, decían. La mirada de Fran había cambiado, es de las cosas que más miedo le dieron a Clara del sueño, la mirada de su novio insinuaba casi heterosexualidad latente, casi como si estuviera escondiendo en la bragueta más de 10 cm o albergara un folio menos de currículo. Era horrible… Pero los dolores pre-parto no fueron mejores.
Al salir por la puerta ambos, la casa se despide tirando al suelo algo de Ikea del salón. Suena como si un Arlequín o alguien de la Tuna cayera desde un segundo piso.
El parto va de maravilla. Aunque Fran no sabía que la cosa se alargaba toda una puta jornada laboral… Como sea, nadie tiene que fingir que la niña es guapa (aun siendo recién nacida), pesa tres kilos y pico, y el llanto es clavado al de la niña de Asac. Una mirada entre Fran y Clara ha bastado para comunicarse entre ellos tal elemento tabú y a la vez obvio. Clara tiene uno de esos bajones tan complicados posparto. Primero llora mucho, luego ríe, más tarde vuelve a llorar, casi en plan Nicholas Sparks, desconsoladamente. Luego dice que quiere un pastelito. Luego se duerme, y al despertar vuelve a ser ella, lo cual, llega a pensar Fran, no es necesariamente una gran noticia.
Los primeros días, según la normativa, el bebé ha de ser un recluso. La calle y el mundo exterior en general son un hervidero de virus y, al parecer, cosas antibebé en general. Luego la niña mira en todas direcciones en la casa. Al igual que el perro de los padres de Clara, parece tener un sexto sentido para ver aún más historias de las que ven nuestros héroes modernos. Cuando ve lo que sea que vea, a veces llora, pero otras veces ríe, y al parecer está haciendo buenas migas con el bebé fantasma por las noches, ya que ahora ya no se oyen muchos berreos, pero Fran tiene la teoría secreta de que la mitad de los ruidos no los hace su hija, y las risitas de un bebé –fantasma o no– no siempre son agradables de madrugada… En fin, no es que nunca haya lloros. Lo curioso es que parecen haber cedido los de Asac. La casa ya no llora. De hecho la casa parece calmarse con la llegada de la cría. De nombre María.

María es bonita y redonda y pura, y aún está a salvo de la adulteración del mundo, de las sectas cotidianas y los retoques de mil tipos. Ni siquiera le tiene miedo a la casa. No más al menos de lo que lo puede tener a las cosas que sus padres creen normales. Cierto es que pasan los meses y los sucesos en Asac se reducen casi a cero. Clara y Fran comienzan a ver el pasado reciente como una larga pesadilla de la que han conseguido librarse. La niña se planta en los dos años y medio en un suspiro. Clara tiene la –Fran cree acertada– idea de cortarle el pelo a la cría, de esa forma en que las chicas se querían hacer pasar por chicos en las películas antiguas, con unos pantalones de tirantes y una gorra de vendedor de periódicos, casi consiguiendo acentuar más lo femenino, y no enturbiando la credulidad colaborativa del espectador. El corte de pelo le queda encantador y la niña se siente cómoda y fresca con él. Todos quieren a María y la imagen general de la familia aumenta enteros. Ganan buena fama en el barrio y ya nadie se atreve a hacer mala publicidad de Casa Asac. Se produce un un gran efecto estético en diferentes aspectos. La niña no solo es simpática y sonriente, también tiene una belleza en la que se trasluce el futuro, lo que sumado a esa limpieza y claridad infantiles, la convierten en algo que no dejarías de abrazar. Grandes ojos oscuros de peculiar forma, algo curvados hacia abajo en el rabillo del ojo, boca de piñón, nariz respingona y con personalidad, hoyuelos. Lo que hay al otro extremo de la pinta amenazante que dan de lo infantil las películas de terror.
Por otro lado, Clara no es mejor persona, y Fran no ha ganado en confianza o virilidad, pero el complemento infantil les ha granjeado ese renovado y positivo interés de cara a la galería, ese con el que una chica mira a un tipo del montón después de que éste haya salido con una Tía Buena Oficial Que Podría Tener A Quien Quisiera. Eso ha conseguido María para sus padres. Se trata de una vida nueva, lo cual es harto importante…
… pero la niña suma y punto, no ha cambiado a nadie en el fondo. Algo de lo que la casa parece darse cuenta.
Cuando la cría ya tiene tres años el ambiente en Asac vuelve irremediablemente a lo que era antes. Una tibieza sentimental que rellena las habitaciones tal que si se llenaran de agua. Lo dos cuidan a la niña, pero nunca se quisieron entre ellos, simplemente se complementaban a nivel práctico, daban una bonita imagen pública (al menos antes de Asac), y eso era todo: no eran más que una más del seguramente amplio porcentaje de parejas cuyos nexos de unión más importantes se basaron en el repudiar la soledad, el sexo estable y la convicción de que el otro no era nada parecido a una persona que maltrataría fácilmente a otra.
¿Qué vas a hacer?, ¿esperar? Tú decides tu destino, cuándo, cómo, con quién. Porque eres un tío de puta madre. Porque eres una tía resuelta y moderna. Claro que sí. Y lo controláis todo; y no solo eso, además lo hacéis desde la humildad, o eso parece. Enhorabuena.
Y entonces, ¡bum!, Asac despierta y las noches se vuelven movidas otra vez. La casa reacciona y comienza conformar su propia secuela, “Asac 2: preparaos, gilipollas”, porque esta vieja rockera se ablandó, pero ahora ha vuelto con más fuerza que nunca, no hay cuadro que no vaya a quedar agrietado, cristal a salvo, mesa sin roces o silla sin golpes, mientras fuera en la calle hay un clima calmo y agradable, prepárate para la tormenta que se va a montar dentro de esta furcia, con su propio microclima; sí, esta zorra inmueble va a hacer que necesitéis a vuestro propio hombre del tiempo-barra-parapsicólogo-barra-alguien definitivamente distinto a Fran Pichafloja y Clarita Ikea. A veces nada queda sobre el suelo más allá de las doce, todo flota y se mueve y choca contra las paredes. María ha conocido definitivamente la vertiente llorosa del bebé fantasma; la cabeza flotante, en su tercera aparición estelar, grita rimas asonantes y consonantes con ímpetu de épica, la mujer del cuchillo de cocina clavado en el pecho corre por todos lados y toda una tropa sube y baja escaleras toda la noche. Hay escándalo de truenos y lluvia fantasmas y varias voces gritan desde varios puntos indeterminados de la casa. Etcétera.
En un momento de tregua, después de casi todo un mes de guerra, llevan a la niña a casa de sus abuelos maternos. Esta vez el collarín es para Clara y el yeso del brazo para Fran.
Ni que decir tiene que la decisión de apartar a la niña de ellos hace que la casa se calme. Cada día menos movimiento, más normalidad, o quizá menos normalidad, según cómo se mire. Por las noches pueden dormir tranquilos y por el día, eso sí, no pueden dejar de pensar en la niña y qué van a hacer con… todo, con todo este asunto de hacer planes, o de haberlos hecho. O de creerse algo que uno no era.
Con todo, el Tabú sigue en pie, no hay comentarios sobre fenómenos paranormales. Tanto es así que la niña aún no sabe bien que no es común ver cabezas flotantes, oír ruidos por la noche, oír a otro bebé sin verlo, etc.
Habiendo pasado casi otro mes, todo él sin la niña en casa, habiendo hecho oídos sordos a consejos de familiares y hasta alguna advertencia de los vecinos, Fran decide plantear el asunto de mudarse. La versión oficial es que los problemas solo los tienen entre ellos dos, y que necesitan un tiempo solos, hablar, plantear soluciones, follar más, leer más revistas y literatura basura de autoayuda, etc. Lo irónico es que en cierta manera eso no es mentira. A veces incluso parece que la casa solo esté buscando los “compañeros de piso” ideales, alguna pareja que no haya construido la relación sobre prácticos cimientos planeados desde el miedo más actual y a la vez clásico, o casi extemporáneo. La casa no quería a la niña en ese ambiente. Eso ha llegado a pensar Fran, el cual no solo siente que ha perdido a su hija absurdamente, además no ha tenido una sola erección desde un poco después de la marcha de la pequeña. Clara siente que había visto venir todo lo acontecido, aunque no le sorprende tanto que a su novio (esta palabra la hace sentir bien últimamente) ya no se le levante; de hecho casi lo estaba esperando, solo parecía una cuestión de tiempo, ahora es como si la casa hubiera absorbido ya del todo la poca virilidad que había en él.
–Deberíamos plantearnos lo de irnos de aquí, buscar otro sitio mejor…
–…
–…
–No.
–Q…
–No. Aquí estamos bien.
–Sabes de sobras que no estamos bien, cariño.
–Estamos bien, es una casa completamente normal.
–…
–Solo tenemos que… llevarnos mejor.
–Sabes que eso es un cuento, Clara. Un cuento.
–Estaremos mejor y traeremos a la niña.
–…
–Nadie nos verá tirar la toalla saliendo por la puerta con cajas y cargando un camión de mudanzas.
–…
–Lo que pasa es que no sabes sacrificarte. No sabes esforzarte. No te enfrentas a nada. Y por eso ahora no se te pone dura. Hasta tu polla se ha dado cuenta y ha dicho basta.

Para cuando se decide que María ha de volver a casa, Asac está en calma como cualquier otra construcción que no tenga potenciales exigencias extraordinarias para sus inquilinos. La niña ha pasado dos meses y medio fuera. No se ha quejado ni ha cambiado su comportamiento, desde que nació ha vivido entre lo bizarro, y entre lo bizarro sigue. El Tabú sigue siéndolo hasta cierto punto, no se pronuncian ciertas palabras ni se habla abiertamente del tema, aunque en más de una ocasión Fran deja claro que si lo que pasa es que la casa no quiere malas vibraciones, ellos no tienen nada que hacer, ya que las malas vibraciones forman parte del motivo de su unión como pareja. A veces las parejas se juntan por mera rabia, despecho hacia la vida, por mera alianza, es más un frente de guerra con el que afrontar la existencia que una relación que haga juego con los colores de una habitación infantil. Fran lo sabe, Clara en cambio sigue uniformada, lista y con los mismos planes para ser no tanto una persona como una profesional de todo aquello que se le ponga a tiro. Entra en juego la Paranoia. La casa le da la bienvenida. ¿Por qué pasa lo que pasa? ¿Por qué somos así? Como si las respuestas importantes fueran algo más real o demostrable que un fantasma… Fran no puede dejar de pensar que la casa tiene Personalidad, una sola e intransferible. No ha conseguido encontrar información de sucesos terribles en el pasado de la misma, no más allá de los paranormales. No puede dejar de alimentar la idea de que la casa no aceptará extraños que a cierto nivel también lo sean entre ellos. La casa no aceptará mentiras, no mentiras del tipo “quedé con mis amigos y le dije a mi novia que estaba haciendo horas extra”, lo que la casa no aceptara será la gran mentira de base: cierto tipo de conformismo la edifica, cierta prisa la hace realidad, y cierta clase de “plácido” aburrimiento la parasita. La casa Asac, está comenzando a sospechar Fran, podría ser una romántica, una con muy mala leche, y la primera edificación conocida que también es activista en pro de las emociones auténticas. Cómete esa. O eso o bien solo se trata de caos. Querido caos… Fran y Clara se han pasado la vida evitando eso, puede que precisamente llevar al extremo ese concepto haya sido la raíz de todos los problemas. Y no solo en lo relacionado con ellos.
Al paso de los días, no parece que Asac se haya enfadado por la vuelta de María. Lo más probable es que Asac quiera a María tanto como sus padres, o al menos como cualquiera de los vecinos. Pero cierto es que la casa la ha visto crecer, la ha visto echando a perder pañales, la ha visto vomitar y reír y llorar, y también la ha visto poner esa cara rara de cuando su padre la coge en brazos. Un hecho irrefutable es que la casa no le ha tocado un pelo a la niña. No es que eso la coloque en un lugar mejor que el de un padre que llegara borracho al hogar cada día, pero qué demonios, no está mal para una casa.
El enfoque de Clara no tiene mucho que ver. Clara es una de esas personas…, una de esas artistas de la negación. No los tipos de negación conocidos relacionados con miedos básicos o incapacidad de riesgo o autoanálisis, etc., sino la clase de negación quizá más extendida, y por eso precisamente más complicada de desentrañar, como esos chistes tan malos con los que uno cree durante un rato no haber entendido la gracia, hasta que se da cuenta de que en realidad lo que pasaba es que no tenían puta gracia y punto. Clara es hija de su época al mismo nivel que la Tierra depende del Sol. Y es una hija fiel, ciegamente. Su capacidad de fidelidad soportaría cualquier prueba, y el objeto de esa fidelidad se centra en lo que Clara Proyecta. Clara proyecta, no interioriza; en esos términos, su hija no es tanto una persona como una prueba de Eficacia y Valentía. Y Fran no es tanto su amante o su amor como un Dato interesante a tener en cuenta. Para los demás, por supuesto. Fran tiene tantos títulos y tanta formación, y su aspecto es tan lánguido y tiene tan poca fuerza y chispa y es tan poco dado a nada especial, está tan lejano del prototipo físico de ensueño, etc., que Clara sabe que nadie en su sano juicio creería que está con él por algo que no sea su interior, y en resumen, unos sentimientos que a ella se le presumirán a primer golpe de vista cuando cualquiera les vea juntos. Es posible que este modo de actuar ponga demasiada confianza en las primeras impresiones o prejuicios, pero Clara sabe perfectamente que esas cosas suelen gobernar tiránicamente la vida de la tira de gente.

A estas alturas, si algo está claro, es que Asac maquina. Asac fluye, tiene planes, intenciones, no actúa de forma arbitraría.
Y no hay explosión final, solo una espesa niebla. La violencia cede el turno casi del todo a lo cerebral. María tiene casi cinco años. Una tarde Clara oye a través de la puerta de su habitación (extrañamente cerrada) que la cría está hablando sola. Cuando la abre e intenta dialogar con ella, la muchacha está con un libro en el regazo, sentada en el suelo, y mira hacia un rincón en el que no hay nada. Los perros y los niños…
–¿Estabas hablando con alguien, cariño?
–Sí, bueno, ahora no está, pero me están dando clases.
–¿Q… Quién te da clases, mi vida?
–Es… un señor. Pero me gusta cómo…
La niña señala hacia la pared. Clara recuerda los comentarios de su tutora. Según los profesionales, María es una niña dispersa, poco atenta, difícil, a veces parlanchina, a veces aislada, poco sociable. Según el personal del colegio, la niña es básicamente un problema para sí misma y sus compañeros, a los que retrasa. La niña se levanta del pupitre, no se está quieta, mira por la ventana, se pone a dibujar cuando no toca, se niega cuando toca, etc.
–Pero ahí no hay nadie, cariño.
–…
–…
–Es que tú no le gustas…
–…
–Papi tampoco.
Ya, piensa Clara, Papi no es lo que se dice Jennifer Lawrence.
–Tienes que bajar a cenar, ahora, ¿vale?
–Cuando acabe la clase.
–No, ahora, venga.
–Cuando acabe la clase.
–María, no te lo quiero volver a decir…
–¡Cuando acabe la clase!
Clara das tres pasos y coge por el brazo a la niña. El libro se eleva solo y sacude la cara de la madre cual bofetada.
–¡No! –le grita María a la pared.
El libro cae al suelo.
–Ya está bien –murmura Clara para sí–, nos mudamos de aquí.
–¡No! –vuelve a gritar María, esta vez mirando a su madre.
–Baja a cenar, venga.
–Si nos mudamos no bajo.
–Bajas ahora porque yo te lo digo.
–…
–Bajas ahora porque yo te lo digo.
–No eres la más fuerte aquí… y tú y Papi…
–Baja…
–… pero yo le caigo bien.
–¿Cómo has dicho?
–…
–Si tuvieras un padre de verdad ahora mismo le iba a llamar para que te diera una buena zurra… Baja. Venga.
–No.
La puerta de la habitación se cierra de un violento golpe. La madera se quiebra.
La niña mira hacia la pared, luego a su madre;
–Dice que estáis perdidos.
–Yo no he oído nada. Baja abajo a cenar, por favor.
–Dice que vosotros ya estáis…
–Por Dios…
–… pero que yo aún no.
–…
–…
–…
–Ayer me invitó a entrar en el armario –dice María–, había un prado, era muy grande, Mami, había muchas flores, había animales. Había mucha agua. Luego, también había una ardilla, Mami, como la del libro, corrí detrás de ella. Y había… había… Y la ardilla tenía una nuez. Había un… había muchas nueces. Me subí a un árbol, yo sola. El señor me dijo que podía ir ahí cuando quisiera, pero que tenía que querer. Me dijo que estáis perdidos. Luego me acosté. Y… Bueno… Pero no quiero verdura.