Comando Nikki

Estamos en el interior del cuco edificio de la estación. Quedan al menos tres o cuatro cigarrillos (con pausas de veinte minutos entre ellos) para que llegue mi tren. Hay unos grandes ventanales por los que entra el inicio del atardecer, toda esa paleta de colores rebajada a poesía barata con lemas de perogrullo sobreimpresos en Internet. No es que yo no hable nada, asiento casi todo el tiempo, a veces suelto un monosílabo, pero la chica que se me ha sentado al lado es como una metralleta verbal, solo para a veces a respirar, como para cambiar el cargador. Es una tarde que quedará en mi mente como algo de lo más romántico en cierta forma, aunque no porque sienta nada por esta chica en concreto. Lo cierto es que mi estado de ánimo es de un calmado nerviosismo, si eso tiene algún sentido, la vertiente más optimista de mi acostumbrado carácter de patético postureo presuicida. Soy bastante cliché a veces, me gusta regodearme en la miseria, en las miserias que otros aseguran llevar y superar del modo más natural y sin apenas desgaste. Ojo también con esos tíos…
–… así que no es nada personal, solo le dije que…
La chica no parece plantearse si está hablando más con una pared que conmigo. Frente a nosotros en otras sillas hay un matrimonio mayor, al que indignan aproximadamente la mitad de las cosas que la chica dice. Y no es nada personal por mi parte, es sencillamente que tengo a otra muchacha en mente desde hace mucho, y eso hace que el resto de tías solo funcionen desde un punto de vista vagamente amistoso, o deprimentemente masturbatorio; si te follas a una de ellas es más como la asistente ocasional de una paja muy elaborada. Curiosamente, no sé cómo, la chica comienza a hablar de métodos de masturbación femenina, todo tipo de hortalizas salen a colación, también el consabido pepino. Les pone condón. Todo muy higiénico, dice. Me sabe un poco mal no reaccionar con más interés. No le pregunto si está esperando el tren o a alguien que llega en tren o si solo está aquí porque ha quedado aquí con alguien ajeno a tren alguno. Cuando sonrío es como si hubiera visto a una ex a la que aún quiero removiendo discos o dvd’s (o lo que sea que ahora vendan en fnac) mientras un tipo con estilo le manosea el culo. Es esa clase de sonrisa, de dependiente entregando dinero al mafioso que domina la zona. Nunca he sabido disimular muy bien, pero a la muchacha eso no parece importarle. Luego resulta que una amiga suya ha tenido un crío.
–… porque yo pensaba, claro, coño, ¿cómo va a dormir bien ese bebé los primeros días?, ¡pero si nació a las 2 de la mañana!, ¿te imaginas el jet lag prenatal que ha de suponer eso?, sin contar que ni siquiera sabemos muy bien de dónde coño vienen los niños, ¿es sólo un accidente químico?, ¿es Dios?, ¿venimos de una luz y vamos hacia la misma luz?
Ahora se puede fumar en estos sitios, de modo que saco un cigarrillo y asiento, asiento. Los bebés son un Interrogante que se te mea encima. Y no puedes hacer nada por resolverlo.
–… porque se duerme cada día a las seis de la mañana, lo que supone que los padres han de estar… bueno, más bien la madre, porque al parecer el tío se ha largado, y quizá él ahora esté sufriendo de jet lag del de toda la vida vete a saber dónde, buscando otra chica con la que intentar no equivocarse volviendo a alimentar la superpoblación…
El matrimonio mayor cambia de postura, intentan hacer como que no están escuchando, en cierto momento incluso parece que se miran y hay un conato de beso, pero se vuelven cada uno a lo suyo, recuperan la compostura. Se aguantan entre ellos y ahora también tienen que aguantar a esta chica.
–… no es que yo esté en contra de los niños, los niños me parecen bien, y más los de dibujos animados, y me gustan las pelis para niños y puede que hasta los potitos para niños, y algún día me gustaría probar la leche materna, aunque dicen que es bastante agria; pero yo no odio a los niños, es solo que creo que sobra gente, la gente es…
Se me acaba el cigarrillo. Noto un dolor de cabeza creciente, aunque ya salí de casa con él. Vine a la estación demasiado pronto, pero por mera confusión horaria. No llevo nada conmigo, solo la cartera (la cual supondría una decepción para un carterista), el tabaco, las llaves. Tampoco es que tenga muchas más cosas.
–… ¿entiendes lo que te digo?, la gente es como las patas de las mesas, siguen a lo suyo, soportando el peso que haga falta, aunque lo que se haga sobre la mesa sea torturar a inocentes, mi responsabilidad sigue siendo hacer que la pata de esta mesa sea útil a su cometido, y lo demás no es asunto mío. Soy una buena persona, piensan convencidos. Creo que el tipo de persona que me cae mejor es la que ha intentado suicidarse. Me refiero a intentos serios, muertes casi seguras que no salieron bien, muertes con defectos. No hablo de adolescentes que quieren llamar la atención, hablo de esos tíos que alquilan una habitación de hotel cutre para morir donde antes la alquilaban para follar. La muerte está mucho más apegada al bien, la muerte, entiéndeme, no el asesinato, la muerte es el comienzo de una nueva oportunidad. Los grandes dictadores mueren, las suegras mueren, los yernos mueren, tu estúpida y asquerosa mujer, o tu marido gilipollas, podrían morir lo suficientemente jóvenes, todo aquel capaz de maldad –da igual el grado– y sin humanidad, al final se muere, da igual cuáles hayan sido tus pecados, todas las personas mueren, las buenas y las malas, y luego los demás tenemos que hacer un buen uso de la Memoria. La muerte es… enrollada, no es algo que haya que superar o negar, y además eso es imposible, es una aliada, lo que hay al otro extremo de la superpoblación. Menos gente, más estabilidad; más gente, más caos organizado en pos de las dictaduras, ya sean tercermundistas o capitalistas. Soy como una emo que no viste de negro, sé que sueno así, me da igual, porque la gente –aunque me parezcan idiotas–, me importa. Te aborrezco porque te quiero, así funciona.
El matrimonio mayor se levanta y sale del pequeño edificio de la estación para esperar en el andén.
–… mis dos ex novios intentaron suicidarse antes de salir conmigo. Sé que suena raro de cojones, pero eso hace que chorree hasta las rodillas, aunque obviamente les prefiera vivos… Ambos lo intentaron con cuchillas de afeitar, la bañera llena de agua caliente, cicatrices, supongo que ya sabes cómo va. Yo nunca he intentado suicidarme, pero es simplemente porque no soy ni la mitad de inteligente de lo que hay que ser para llegar a tal grado de desesperación. No digo que todos los suicidas sean inteligentes, pero estoy segura de que el porcentaje es escandaloso. Es como esa pareja mayor que acaba de salir, el único motivo por el que ambos siguen vivos o juntos es porque están lo suficientemente alienados. Pasa con la mayoría de gente, no te matas ni te planteas matarte o cambiar tu vida porque ni siquiera te dan tiempo para ello, estás demasiado ocupado siendo una pata de la gran mesa. Eres demasiado “responsable” para oler y aceptar en tu seno la injusticia; si la sangre ajena chorrea hasta el suelo por tu cuerpo, te limitas a pensar qué harás con el dinero que tan esforzadamente estás ganando. Por eso existe esa apología del Esfuerzo, fíjate que esa palabra siempre está por encima de otras, como Vocación, Ilusión, Persona… Porque hay siempre unos pocos que están preocupadísimos por que entiendas que la única forma de salvar tu dignidad es herniarte por ellos, seguir con los ojos cerrados a la vez que te inculcan miedo a la oscuridad. Menos mal que al menos ellos también morirán, aunque lo hagan con pasta como para fabricar un parque temático basado en sus recuerdos alrededor de sus tumbas. Pero nada, al parecer lo obsceno es quitarse la ropa o decir tacos… Todo esto no es más que la maldad sin palabrotas, y un ejercito de obreros bien vestidos a su servicio; piensa en ello, chico…
Saco otro cigarrillo, mi lógica de drogata de baja intensidad hace que piense que me ayudará con el dolor de cabeza.
–… hay dos clases de deshumanización. La una es la de los que se hacen a sí mismos en base a ese principio sin dudar, y la otra la que te viene de fuera, desde instituciones oficiales, una educación en gran parte absurda y principios de madurez completamente desquiciantes, a la par que tan aceptados como cagar o beber agua. Los que mejor se adaptan quizá consigan ser algún día auténticos hijos de puta, esclavistas modernos directos o indirectos, y el resto, la mayoría, en pos de un espíritu de sencillez y humildad equivocado, nos dedicamos a ser rebaño. Rebaño, esa palabra desgastada, y que a la vez define una de las pocas verdades absolutas casi sin fisuras. Eliminación de las diferencias en las aulas, todos los críos, cada uno con sus potenciales, pero a la postre casi todos llegando a los 17 años con un gran y pegajoso interrogante en la cabeza, y toneladas de ansia por follarse a alguien y no tener que pensar en que van a tener que afrontar alguna carrera o sendero académico que a ellos ni fu ni fa. Y de ahí al dinero, última parada del sentido de tu vida. Eso es lo más afortunado que puedes ser si el sistema educativo ha hecho lo que quería de ti: un productor sin lo que muchos llamarían ‘Pájaros en la cabeza’, un currante no-pensante, alguien que haga caso y no dé por saco. (España, piensa en cómo acabó ese puto país.) Alguien Formado, pero para que no se le ocurra pensar dónde se dejó a sí mismo, a qué edad. Así tienes a varias generaciones en un constante buscar inconscientemente las llaves de su puta cabeza mientras dan gracias al salario mínimo. Y el único alivio de todo eso solo puede llegar a través de una rutina que te acabe apagando del todo, mientras resoplas aliviado porque la Realidad deja patente al menos que casi todos son como tú, y quizá muchos de los demás también se sientan en el fondo igual de absurdos, igual de utilizados, aunque todos callen delante de sus chulos y luego sigan chupando con entrega como buenos profesionales. El siglo XXI, el hijo fotocopia de la madurez del XX. El alma se va en religiones o se ahoga en viernes y sábados agitados antes de que se haga demasiado presente. Fíjate, mira mi pecho, esto son buenas tetas, ¿verdad?, pues para este mundo son poco más que como la vida del hipócrita capitalista medio que lo controla todo, de putas el sábado y a la iglesia los domingos. Todos quieren comerme las tetas pero todos se ofenden si enseño las tetas; saben que hay todo un mundo de tetas ahí fuera, pero prefieren seguir con las putas a todos lo niveles, y fingir que sus existencias no están podridas desde cualquier punto de vista ético o moral, y en términos de daños al prójimo obviamente más que las vidas de las prostitutas… Ellos, que solo hacen que dar lecciones todo el tiempo sobre lo que es ético y moral… otra institución más. Los colegios hacen de la Cultura y el Conocimiento lo que la Iglesia sigue haciendo de Jesucristo: La versión interesada que inculcar en la percepción del llamado ciudadano llano. A la mierda con todo eso, mis tetas valen más que cualquier clase maestra actual en la universidad, tienen más sentido, son más naturales, más auténticas y, sobre todo, cuando alguien habla maravillas de ellas, lo hace de corazón, y no porque quiera seguir vendiendo una versión estúpidamente responsable de sí mismo.
El atardecer está mostrando colores que derivan al rojo sangre, se reflejan en las paredes del interior del edificio de la estación. Solo estamos la muchacha y yo dentro, el resto de gente espera el tren en el andén.
–Me llamo Nikki, por cierto. Soy así de rubia porque mi madre es americana, como esas chicas que se ven en las pelis, que van en patines por Venice Beach. Pero ya es vieja, claro. Mi padre tuvo que salir echando leches de su país, y conoció a mi madre.
Nikki saca un cigarrillo. Hubo un tiempo en que estaba prohibido fumar en todos lados, el tiempo de nuestros bisabuelos, pero luego llegó el tiempo en que volvió a no estar prohibido en muchos sitios; las legislaturas siguen durando cuatro años, y bastante gente sigue fumando. También las bots. Pretecnotimes sigue teniendo problemas con sus operaciones. Ahora llega la parte romántica. Las intra-armas siguen siendo sobre todo cosa de chicas. Al mismo nivel que el maquillaje o las faldas. El hecho de que todo vaya por dentro, hace que el debate ético sobre las operaciones se haya intelectualizado. Toda una generación de jóvenes alcanzó cimas de hipocresía pocas veces vista, y eso se ha instaurado; miles de autoproclamados pacifistas se instalaron todo tipo de cañones y dispositivos electro-neurológicos junto a sus tráqueas. Antes solo dejaban que las cosas sucediesen, ahora son potenciales centros de destrucción en sí mismos. Chicos y chicas producto de toneladas de publicidad y sectas cotidianas. Si podían convertirnos en zombis consumidores, también podían hacernos creer que no era lo mismo disparar desde la boca o la vagina que empuñar una pistola o una escopeta. Uno se defendía con estilo. Pero por una serie de complejos motivos las operaciones comenzaron a dar muchos problemas en hombres, y donde realmente comenzaron a tener éxito fue en mujeres. (Esto trajo no pocos chistes malintencionados, o incluso comentarios no menos ácidos sobre justicia poética.) Alguien escribió que si las mujeres podían llevar esas armas, la expresión Inteligencia Militar al fin tenía sentido. Las feministas comenzaron a estar divididas. La curva de la violencia de género comenzó a bajar de modo espectacular, y, sorprendentemene o no, también ciertos actos de violencia en las calles. Inteligencia… Aunque ha habido casos aislados en que el uso de dichas armas trajo ciertas desgracias –los inicios fueron duros– la opinión pública está simplemente desconcertada. Lo que provoca más indignación ya, no es tanto el hecho de la instauración casi masiva de dichas intra-armas, como el rumor que corre sobre el modo que tiene Pretecnotimes de publicitarlas. Y es que lo que ellos aseguran son fallos técnicos, algunos ingenieros han comentando podrían no ser más que trucos para conseguir un efecto de Atención/Miedo/+Ventas. En la actualidad se habla sin cesar de algo llamado Trance Eléctrico; que es lo que sucede cuando tu novia –operada hace unos años para llevar una AK-Carabina 87 gomosa instalada para salir por su vagina (o boca) lista para ametrallar– entra en un serio trance por culpa de un fallo meca-orgánico relacionado con su arma, y le da por disparar a discreción y montar, en pocas palabras, un pequeño genocidio allá donde se encuentre hasta que su intra-munición se acaba (“Recarga tu Seguridad en cualquier Centro de Pretecnotimes”), a lo cual le siguen toda una serie de espasmos antes de volver en sí y descubrir que se ha cargado a casi toda la sala de cine, el restaurante o la comunidad de vecinos…
Hay hilo musical en este sitio, pero no nos hemos percatado de ello hasta que ha comenzado a sonar el Free bird de Lynyrd Skynyrd. Eso ha provocado que la muchacha haga una pausa en su discurso. Ha comenzado a mover los labios con la letra de la canción. Un tema que jamás se imaginaría uno encontrar puesto como relleno con el único propósito de eliminar el silencio total. Todo hijo de vecino suele ser alérgico al silencio total. Nikki, cuando ya está la canción hacia la mitad, decide levantarse y decirle a la mujer abstraída (casi muerta en vida) de detrás de la pecera, que si puede subir el volumen durante cinco minutos. La mujer mira a la chica, unos 25 años más joven, y sin decir nada ni cambiar el gesto, accede a la petición. Al fin y al cabo son unos 9 minutos de guitarras y aceleración gradual del tema. Es entonces cuando comienza otro nuevo principio, al menos para mí. Cuando el tema va llegando a sus últimos tres minutos, Nikki se queda paralizada y con los ojos aparentemente sin vida, sentada nuevamente a mi lado. Puedo oír el mecanismo que opera desde su pecho. Y hasta veo salir el elegante y pequeño cañón por su boca, que se abre de modo mecánico. La mujer de la pecera suelta un grito y se echa al suelo. Decido rodear con los brazos a la –al parecer– bot y tirarla también al suelo. Es cuando me pongo debajo de ella, cuando la pongo mirando al techo, cuando comienza a ametrallar sin parar. La metralleta verbal se vuelve metralleta literal. El restallido metálico, la lluvia de los restos del techo de yeso. El cuerpo tiembla, las no poco abundantes tetas se agitan como flanes, sujeto su cabeza para dirigir las balas a lugar seguro. Miro a un lado y a otro, pero el techo sigue pareciéndome la mejor opción. Nuestro spot publicitario para Pretecnotimes grabado arriba, el lenguaje de la modernidad. El infierno con forma de tiroteo femenino se alarga hasta tres minutos.
Jamás hubiese esperado que precisamente esta mujer joven formara parte del 50% de féminas elegantemente armadas.
Después de acabarse la intra-munición, el cuerpo de la chica convulsiona durante unos treinta segundos. Al despertar de su trance, le cuento lo que ha pasado. Que no ha matado a nadie, que la he sujetado, que todo ha salido bien. Le señalo el techo. La tarde, el spot involuntario y la canción han acabado. La muchacha echa a llorar como alguien a quien han pillado in fraganti, avergonzada. Decido sujetarla y abrazarla antes de que algún impulso la lleve a hacer alguna tontería. Los segundos pasan más lentos, siguen cayendo trozos de yeso del techo. Sin embargo ya es noche cerrada, no hay nadie en el andén, ya sea porque han huido o porque se han ido en el tren. He perdido la noción del tiempo y la realidad. Me siento en mi propio jet lag metafísico.

chic rob

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