Archivos Mensuales: febrero 2014

El monstruo era capaz de amor

Esta es una de las historias de mi amigo Palermo. O esa en la que, entre otras cosas, y cagándola como está mandado, invade con su coche el jardín de su ex mujer, derriba el buzón (el tercer soldado postal muerto ya), se arrastra y llama a puñetazos a la puerta. Casi no se puede mantener en pie, pero grita que quiere ver a su hijita. Es una de esas noches. La bienvenida y el perdón de la paciente Isabel –que ya hace mucho que cambió su número de teléfono– consisten, otra vez, en no llamar a la policía.
El primer buzón cayó dos meses después del divorcio. El segundo, a los seis meses. Éste, han pasado ya dos años. Pero no ha podido evitarlo, es el resultado de la combinación típicamente detectivesca de alcohol y paranoia. Una niña de la misma edad que su hija ha desaparecido. Lleva una foto en la guantera. Se supone que debe encontrarla, que con encargos así paga las facturas. Pasa normalmente cuando la policía ya ha desistido por orden legal. Las autoridades echan un cable hasta que se archiva el caso. La vida sigue. Entonces las familias para las que no sigue una mierda, recurren a “trabajadores autónomos”, el último recurso, detectives o tíos que dicen que lo son, tíos que aseguran saber encontrar la aguja en el pajar. Que al menos no te insinúan que tu niña seguramente ya haya muerto. Así funciona en Periferia. El miedo y el sufrimiento son buenos para los negocios, pregunta a cualquier político. Muchas fortunas se han levantado partiendo de ahí. (Más o menos legalmente, pero eso es lo de menos, ¿no?.)
Palermo se percata del buzón caído cuando vuelve al coche. Mañana toca ausentarse otra vez en Alcohólicos Anónimos y sentirse culpable por ello. Lo que más le irrita de todo el asunto, de este problema con la bebida, es lo poco original que es. Y lo que es aún peor, encima esas reuniones funcionan. Lo sabe, aunque lo niegue, sabe de tíos que aun a base de frases hechas y directrices sobadas de peli de sobremesa barata, han salido de ahí, han continuado con su vida. Sobrios. Algunos incluso han dejado el tabaco, han conocido a alguna mujer comprensiva y valiente, y ahora viven a las afueras en alguna casita, a la espera de que el bombo se convierta en bebé y el futuro en justo aquello que querían evitar, eso que ahora se les antoja como algo Ideal.
El camino de vuelta a casa se torna extraño. Nunca se ha acostado con una prostituta, pero hoy le da conversación a una que se acerca en un semáforo en rojo. No es guapa; podría ser que ni fuera una mujer. Llegado cierto punto del diálogo, Palermo calla, se queda con la mirada perdida hacia delante, cambia de idea. La chica incluso le zarandea con una mano. El semáforo se pone en verde, y la vida sigue.

Está todo el puto cielo lleno de estrellas, aunque solo se puedan ver algunas a través de la romántica contaminación de la que todos somos responsables en mayor o menor grado, con nuestras sonrisas sanas y nuestro sentido del humor del carajo. La casa de Palermo tampoco está mal. Incluso hay también un jardincito, aunque más pequeño que el de su ex y ese tío que ahora se la folla. A veces cuando llega borracho y tarde como hoy, se estira en el césped y mira hacia el cielo, antes de entrar en el solitario hogar; al fin y al cabo se lo sabe de memoria, cada rincón y baldosa, y el inmueble está pensado para que haya más de una persona dentro. O al menos un perro, o un hijo al que la ley te deje ver de vez en cuando, sin orden de alejamiento, sin condiciones sobre no beber más, sobre estabilizarse y ser otro de esos tipos bien peinados y afeitados, y así quizá poder follarte a la ex de algún otro borracho.
Una relación sana en perspectiva, esa es la idea.
Con uno mismo.
Cada vez que uno vuelve a beber se pone los cuernos a uno mismo, se traiciona. Eso oyó mi colega en una de las dos únicas reuniones a los A. A. a las que asistió. Imagínate cómo se siente tu hígado, una y otra vez siéndole infiel. De modo que madura ya de una vez, se dice a sí mismo sin creerse una sola sílaba, opta por el buen camino y con un poco de suerte podrás criar no solo a tu niña unas horas cada dos semanas, sino puede que además, sí, a algún otro niñato junto a tu nueva novia madura, a la que mantendrás a salvo de su ex marido drogata o insolvente. Oirás esos lamentos ebrios en la puerta de la casita feliz, del que intenta recuperar al amor de su vida, al que tú, ya un ser realista y templado, menos sentimental y más aburrido, te estarás tirando a lo misionero en alguna bonita y femenina habitación. Todo procurando no hacer ruido para que el crío del amargado ése no se despierte. Tu rato de lúcida diversión dentro de los parámetros de lo común. Feliz al menos sobre el papel, por contraste.
Bonita perspectiva, ¿verdad?, ¿o no? Uno no sabe al final qué es peor, aunque puede que sí para llegar a viejo…

La niña tiene 7 años. Palermo no hace más que ver niñas pequeñas por todos lados últimamente, jamás ha visto tantas. Las ve a todas excepto a la suya y a la desaparecida. Todas por la calle, saliendo de los colegios, yendo con sus padres, viniendo de aquí y de allá, siempre todas con adultos cerca. Y también los niños. Los críos y las crías de estas nuevas generaciones parecen vivir todos en una burbuja adulta, la definitiva: ya no se estila esa madre que llamaba a su niño por la ventana para comer. Ahora el niño está bajo supervisión En Todo Momento. Todo son amenazas para ellos, al parecer, de todos los tipos, y llegan desde todas las direcciones y todo el tiempo. Así, sorprende que para cuando tienen 15 años muchos estén follando como conejos, ¿de dónde sacan esa facilidad para relacionarse después de haber tenido semejante niñez digital?
Pronto cuando los hijos de la gente quieran ver árboles se tendrán que conectar a Google Imágenes. La pregunta es si será por sobreprotección o por inicios de Epílogo. Será como intentar ver las estrellas, borracho o no, ya seas tú o tu descendiente varón. O puede que ambos, fritos de angustia en alguna sartén residencial que manejen a distancia dos mujeres de dos generaciones distintas. Una chica y una mujer.
Pronto la niña de Palermo será una chica. Una pre-Mujer que comenzará, seguramente, a odiarle. O aún peor, a temerle.
¿Ha visto a esta niña?
–Ya pasaron a preguntar por ella. No, no la hemos visto.
¿Ha visto a esta niña?
–No, lo siento.
¿Ha visto a esta niña?, ¿puede fijarse bien?
–No… ¿es la chica de…? No, lo siento
¿Ha visto a esta niña?
–¿No habían dejado de buscarla?
La foto es reciente, y la niña fácil de recordar, tirabuzones rubios, sonrisa limpia de niña, boca pequeña, mofletes, hoyuelos, ni rastro de ironía o sarcasmo en la mirada, claro; ojos también claros, todo como en esas muchachas a las que –si sus padres están lo suficientemente frustrados– acaban pintando y disfrazando de mini-putas de lujo para presentarlas a concursos de belleza en los que la pretendida gracia y ternura sólo parece –a la vista de cualquiera con raciocinio– puro material pedófilo. Una cucada de cría, vaya, desaparecida hace ya demasiado. Periferia Microsoft a veces se traga a las personas, y las fuerzas de la ley son cada vez menos colaborativas. Te miran al cabo de tres meses de desaparición, cuando ya anulan los operativos de búsqueda, y es como si dijeran: ¿Y…?
Supéralo, ¿no?
Palermo da palos de ciego. Busca formas de meterse en los salones de los vecinos de la familia de la cría. Busca modos de que piensen que hay algún tipo de investigación oficial nueva abierta, que no va por libre, que no está solo, sino investigando en su zona, la que le ha tocado. Intenta parecer un Hombre entre Hombres que conforman una respetable Institución. La gente se extraña. ¿Que hace tiempo que no dicen nada en el telediario?, bueno, eso es porque los medios son así, son modas. ¿Que la niña ya estará muerta?, bueno, lo que pasa es que hay cosas peores que la muerte, pero al menos admiten “la vida”, y puede que un potencial rescate de última hora. Hay secuestros que no obedecen a motivos económicos o políticos. Desquiciados que encierran a una cría en un sótano, para siempre si no les descubren, que la tienen ahí para, sencillamente, usarla a placer cuando se les antoja. Tres platos al día, una dosis de terror de vez en cuando. No todo en el mundo es dinero o parejitas que huyen de los padres. No todo es tan sencillo de entender. A veces puede ser mucho más oscuro; y el reloj es muy hijo de puta en estos casos; el resto de la gente y los profesionales se olvidan en poco tiempo, mientras el Infierno sigue desarrollándose en buhardillas, sótanos, habitaciones cerradas a cal y canto, en pisos o barrios residenciales en apariencia inocentes, a veces incluso idílicos, fotogénicos y bañados por el sol.
Siempre llega un nuevo día y todo puede cambiar, ¿verdad? Para algunos, al menos, y según las circunstancias. Está bien, hay que superar el pasado, y se supera, se suele “olvidar”, uno acaba mirando al frente, no queda más remedio. Pero La Verdad es que a veces no hace falta una máquina del tiempo para que algunas personas se queden ancladas en una fecha para toda su vida, o para mucho tiempo, tanto que ya no hay después posibilidad de arreglo o apaño. Hay personas malas, y luego hay niñas, críos, chicas, mujeres, víctimas potenciales, hay muchos métodos de captura y represión, mucha locura y delirio, mucho semen que expulsar, infinidad de torturas por practicar, toneladas de humanidad de todas las clases. Todo eso también lo alberga el futuro, el mañana, el nuevo día soleado en la Tierra. Es esa también existente Lotería. ¿Que la niña podría haber sido violada, asesinada y tirada en una cuneta?, bueno, no suena tan mal. Suena a media hora de calvario. Luego, la nada. Y para los seres queridos, en fin, el dolor de la perdida acabará siendo –con suerte– mínimamente soportable, y llegarán nuevos tiempos, quizá sin que siga existiendo alguien a quien querer tanto como para volver a sufrir así.

El amor no correspondido también tiene un reverso oscuro. La mayoría de gente presume complicado el sentimiento del amor por defecto, sí, pero en realidad es mucho más que eso, es infinito en cuanto a putadas potenciales. No hay apenas sufrimiento sin amor, el amor es la base idónea para toda una vida de tortura emocional, porque tienes MUCHO que perder. El reverso oscuro del amor no correspondido es el amor correspondido que se te amputa porque sí. Pasa mucho más de lo que creemos. Algo se lleva de tu lado a esa persona que para ti NO era sólo como un frontón emocional, sino que te respondía, era el partido de tenis perfecto, y sientes que desde que te la han arrebatado todo lo que venga a “ocupar su lugar” va a ser como esas máquinas que lanzan pelotas de forma mecánica. Puede ser una pareja, o un amigo; como sea, una persona a la que querías, y que te quería De Verdad, que quería quedarse contigo no solo para hacer planes o pagar cosas a medias o follar, sino para cuidarte, alguien que se hubiese puesto entre tú y la trayectoria de la bala.
El que este fenómeno se dé en las parejas más allá de Evitar la Soledad o Perseguir una Imagen de Madurez, no siempre es muy habitual, incluso se podría afirmar que pasa solo a veces. De modo que, cuando te roban eso, parece algo mucho más injusto y cruel que la mayoría de las otras historias. Te habías ilusionado tanto que casi te sentías perdido y al margen, y adorabas la sensación.
Pero, ¿qué ocurre con los hijos?, ¿es esa clase de amor? Cuando una pareja tiene hijos ¿sucede al menos en la mayoría de casos que la pareja quería tenerlos?, ¿los dos y con seguridad y ganas de verdad de asumir las responsabilidades de ayudar a crecer a una Persona? No lo sé… están esos tíos que se largan, por ejemplo. Da igual la fase del proceso, bombo mediante o ya con bebé lloriqueante o lo que sea, un día pillan y se van. También hay quien dice que una vez nace el niño o niña, en ambos padres se activa algún sentimiento de amor irrefutable al verlo que no se puede obviar, y que elimina cualquier atisbo de dudas que pudiera haber. Pero también existen esas parejas que dejan el bebé en una papelera pública, y ahí se queda hasta que alguien lo oye llorar y decide revolver la mierda que hay sobre el crío para rescatarlo…
También está, en otro orden de crueldades más normalizadas, lo de apuntarlos al colegio…
Sé de muchos padres que, por ejemplo, dan mil vueltas siempre con el coche para buscarle un buen aparcamiento donde sea que vayan (esos benditos vehículos que nos hacen la vida más fácil…), evitando ciertas zonas y procurando siempre que el coche esté seguro, sin nadie cerca que interceda En Modo Alguno en su futuro y seguridad.
Con el colegio del crío, sin embargo (niños…), todo tiende a volverse jodidamente práctico, que si si está cerca, que si cómo se puede ir, que si mejor que no caiga muy lejos, que si allí podría estar bien porque fue mi hermana [la que ahora básicamente reza por que lleguen los viernes y se derrumba los domingos por la tarde], que si en ese sitio no es tan caro, que si los curas no están mal, que si… es buen emplazamiento para llegar con el coche y aparcar…
Las clases o los profesores o el concepto de sistema educativo aún imperante son lo de menos, en eso todo se divide sólo entre público o privado. Sólo fíjate en las notas, índice de aprobados, googlea, infórmate del cole en potencia mientras tu niño juega como mucho a cinco metros de ti en el parque… con su consola portátil de los reyes magos.
A Palermo no le gustan un pelo los padres de la niña desaparecida. A él, que es en resumen un padre de mierda; amoroso, pero de mierda, con un amor inservible, enterrado en ERRORES y servido con espectros de buzones atropellados y rasguños en la puerta.
No, no le gustan los padres de esa niña; y no tiene nada que ver el que en la primera reunión el tío le preguntara si estaba borracho, o que la madre le hiciera la cobra en cierto momento mientras su marido trasteaba en la cocina. Dejando a un lado todo eso, a Palermo le parecieron unos padres horribles, desinteresados, casi como si le contrataran más por lo pesados que estaban los abuelos de la cría (muy mencionados) que por otra cosa. Era como si ya hubiesen pasado página y tuvieran una nueva vida en perspectiva que no incluía llevar a nadie al colegio por las mañanas. La clase de padres que son capaces de contratar a un detective que llega ebrio a la primera reunión con ellos e intenta meter la lengua en la boca de la mamá de la niña rubia…
Todo ese sufrimiento potencial…, o al menos el que se les presupone a unos progenitores en circunstancias así…, pero no, no parecía haber casi nada de eso, solo negocios, pose, esperpénticos pucheros de actores amateur. Era como si esa niña se hubiese salvado de milagro de la papelera pública. Aunque con lo mona que es (o era), quizá eso podría haber sido “lo mejor” para ella. Media hora de abandono y lloros, alguien la descubre, luego unos padres adoptivos que buscaban a una princesita guapísima y encantadora se la quedan, la apuntan a colegios privados, la convierten en una niña pija, luego en una chica pija, acaba siendo una tía buena “con estudios” y un carácter sutil pero devastadoramente hipócrita disfrazado de corrección, y Bingo, a triunfar. Belleza y maldad común, la receta idónea para el Ahora.

La generación más preparada, “herramientas de sobras”, discípulos en varios idiomas. Sistema que se retroalimenta. “Mujeres modernas”. Niños perdidos.

Palermo cobra una cantidad nada desdeñable por día, cada día sin niña a la vista es dinero fresco en la cuenta. Para gasolina (tanto para él como para el coche), para pagar los desperfectos del buzón (y del coche), para poder tirarse en el césped a mirar las estrellas, los nuevos fantasmas modernos, a los que te tienes que imaginar, más bien, quizá en parte por culpa sobre todo de otra clase de Fantasmas más vivos y cercanos y que, increíblemente, suelen gozar de muchísimo respeto… El mundo en presente. Una mañana se levanta a las tres de la tarde y hay saltadores de esquí en la tele. Y no es día de año nuevo. Recuerda que tiene que ir a visitar a su padre al LUH. El Hospital LUH está en la Zona Centro de Periferia. Nadie sabe muy bien qué significa LUH, o al menos nadie que conozca Palermo. Se extendió una broma sobre las siglas, La Última Habitación…
De hecho el padre de Palermo está muy ocupado con eso. Es la enfermedad más clásica, vejez. Está claro que el hombre quiere muchísimo a Palermo. O casi. Está muy cerca de quererlo si es verdad que del odio al amor hay un paso. Palermo está al 50%, en parte no quiere que el viejo se muera. Las familias son probablemente las formas de vida grupal más simplificadas que hay, reducidas a análisis simplones sobre un amor seguro entre sus integrantes que en absoluto es una garantía. Para empezar, como se suele decir, nadie elije a los padres, y, aunque los padres elijen tener a sus hijos (bueno, en principio…), tampoco saben qué clase de hijos tendrán. Puede que todo se deba a la misteriosa inercia procreativa, y por eso tanto la gente que puede garantizar buenos valores como las personas esencialmente vacías y dadas a proporcionar una educación deleznable a los niños, tienen críos y se gastan la pasta en ellos. Podría ser ése el problema, todos se limitan a gastarse la pasta, por el normalizado orgullo de tenerla, todo ese Prosperar entrecomillado. El resto suele ser un caos. Y, retrasados evolutivos de nosotros, amamos ese caos mediante Normas e Instituciones para la mera ilusión de su buena administración.
¿Sería una posibilidad que una de las respuestas fuese dejar de intentar controlar tanto…?
Hemos prefabricado un sentido para el sinsentido, poniendo correas académicas a los niños y estandarizando su potencial… Para que puedan tener la oportunidad de ser… una Persona Adulta Estándar. No suena muy emocionante, y creo que está bastante demostrado que no lo es (y que seguramente además sea muy peligroso). Palermo culpa a su padre, a los profesores, a sí mismo, etc., de cómo es. Pero lo importante es que no comete la extendida demagogia políticamente correcta (y más cómoda de lo establecido) de culparse sólo a sí mismo. Sí que queda muy bien, es muy elegante social y estéticamente, pero podría ser que todo ese rollo del Me Lo He Buscado fuera multitud de veces nada más que otro intento fatuo e interesado de la sociedad de simplificar consecuencias que derivan de procesos mucho más complejos. La Verdad no está casi nunca en una sola frase biensonante, del mismo modo que no está necesariamente en los tribunales, que son en teoría nuestros templos del juicio y la sinceridad vinculante. El camino hacia algún tipo de conclusión relevante con todo esto está minado de trampas muy maliciosas. Palermo intenta hablar con su padre y éste solo gruñe. A Palermo no se le da mal el oficio de la investigación porque es muy dado a montarse películas reflexivas y tejer relaciones entre hechos que, aunque no tengan nada que ver entre sí, le ayudan a llegar a veces a conclusiones muy acertadas en términos de claves para resolver los casos. Al salir del LUH se da cuenta de que seguramente no está ante una simple situación de secuestro con esa cría, y la actitud de los padres es una pista mucho más jugosa de lo que parecía.

Quiere volver a ver a los progenitores de la muchacha, pero le da una pereza atroz. Quiere hablarles, si puede ser más de cinco minutos, para ver si se confirma la impresión que tiene de esa familia ahora que ha pensado mejor en ellos gracias a los gruñidos de su padre. Amanece un día y luego otro y no acaba de reunir las fuerzas necesarias. Tiene que pensar qué les va a decir cuando le abran la puerta. Cuando vean que en realidad no tiene ninguna novedad, o que la única es que cree que ellos son, como poco, malos padres. Pero claro, ¿cuántos buenos padres hay? Si se trata de la cuenta corriente quizá haya un buen puñado; pero, insisto, ¿saber ganar dinero para ir tirando, aunque sea mucho, te convierte en algo más que alguien que sabe ganar dinero, aunque sea mucho? Una cosa es cierta, los padres de clase media, aunque sea una bastante acomodada (como es el caso), no se pueden permitir contratar a una cuidadora permanente que se encargue de limpiar al niño y soportarlo en su peor vertiente. De modo que, quieran o no, tienen que afrontar todas las facetas del crío, tanto las reacciones encantadoras y las risas como el pis salpicando, la cama meada, los pañales llenos a rebosar, los gritos, las carreras hacia el tráfico, los lloros durante horas seguidas, etc. Hay un entrenamiento, aunque sea involuntario, en todo ese proceso. A Palermo le cuesta imaginar a los padres de esa niña habiendo tomado esa atención por ella, cambiándola, limpiándola, consolándola…
Vale, puede que aquel día estuvieran traumatizados y agotados y por eso dieran esa extraña imagen de En Realidad No Queríamos Seguir Con Esto. Podría ser comprensible.
Todo lleva a que tiene que volver a ver a esa gente. Mierda.
La casa es muy parecida a la de Isabel y aquél que se la folla, pero con un mejor jardín, una sólida valla blanca, y un buzón rojo y con presencia de General. Mal sitio para llegar borracho, piensa seguro Palermo. Demasiadas implicaciones estéticas y estructurales. Cuanto mejor les va a algunos, más quieren que su casa parezca de juguete o de muñecas; los colores vivos, ese caminito empedrado, un árbol en el jardín trasplantado de a saber dónde, el césped con algunas zonas de flores también elegidas vía casting… Trabajo de jardinería, arquitectura y decoración potencialmente gays, olor constante a verde mojado…
Palermo llama a la puerta un día, y aún no sabe muy bien qué va a decir.
Le abre la mujer, en camisón, aunque maquillada, y un poco despeinada. ¿Respiración pesada? Parece tener mejor aspecto y presencia, con todo, que la otra vez. Le invita a pasar, algo acalorada, le pide que la disculpe, que se debería cambiar (no lo hace), ¿suelta una risita? El tipo está en el salón, se mete la camisa bajo los tejanos…
¿Les ha pillado follando? ¿Polvo en la siesta cuatro meses después de la desaparición de la criatura? ¿Sexo mientras su niña se pudre quizá en alguna colina al sol?, ¿o a dos palmos bajo tierra?
Bueno, Palermo decide que se está pasando un poco de moralista prejuicioso. (Aunque por algo no les llamó para avisar de que iba a ir.) Bien, calma, sentémonos en el pequeño pero cuco y acogedor salón. Cojamos la postura adecuada. ¿Un café?, no, gracias. Cojamos aire para tratar el tema, lo de quizá sí o quizá no una niña siga encerrada vete a saber dónde. Vale, huele a coño, pero obviemos eso. Puede que haya sido un primer polvo tras la aún irresoluta tragedia… Olvidemos que parecen mirarse de reojo y soltarse risitas con los ojos, como adolescentes que acaban de montárselo en casa de la chica mientras los padres veían algún concurso en el salón. Cosas que pasan, intentemos evitar la paranoia, Palermo, estas son las historias que te hacen volver a ponerle los cuernos a tu salud. Céntrate, puede que la mujer de alguien se esté divorciando de ese alguien cerca de aquí en este momento, remodelando la casa en la que te la beneficiarás en tu nueva vida. Tranquilidad. Eres el centro de mejora alrededor del cual se arremolinan las buenas y comprensivas mujeres del futuro. Vamos a ello.
–La verdad es que he venido solo a saber cómo estaban…
La mujer decide mantenerse en un segundo plano. Hace gestos extraños. Palermo no quiere pensar que podrían ser aún pequeñas réplicas de orgasmo, temblores de recuperación. El olor a vagina empapada ya es casi otra presencia más imposible de ningunear, otro Personaje en el salón, llamado Olor a Coño, de los Coño de toda la vida, de las moralmente infectas afueras de Periferia.
El tipo dice:
–Bueno… seguimos preocupados. Mi madre no deja de llamar. No sé qué decirle ya, me tiene un poco harto, la verdad…
–Supongo que la mujer está…, es normal.
–Supongo que sí.
Parecen oírse unas carcajadas de Olor a C., pero solo es una moto vieja que traquetea fuera.
–He hablado con unos cuantos vecinos. Siguen diciendo que no saben nada… Perdón, la verdad es que sí me apetece el café, si…
–Claro. Ahora mismo –murmura ella.
La mujer y Olor a Coño se van a la cocina. Parece aliviada por poder dejar la escena unos minutos. El tipo sonríe, finge, hace muecas en plan Aquí estamos, en plan Qué se le va a hacer. Es muy… evidente. Hay gente que se pasa un 90% de su vida social sonriendo así, del mismo modo que dan los buenos días o charlan con casi cualquiera. Es esa actitud. Es un teatro de sutilezas artificiales constante, casi como si lo hubiesen preparado en privado, como si multitud de veces se les activara esa “alerta de incendios” mental para la que han ensayado con muchos simulacros. Pero ya se saben de memoria el protocolo de acción. Ya ni les hace falta ensayar. Es esquemáticamente orgánico, está integrado. Porque ya no hay casi nada de ellos en ellos… Es un modo preciso de “autoeliminación”, más o menos premeditado, pero sobre todo heredado, educacional. Ese fue el colegio que les buscaron de críos, entre otras cosas porque seguramente no había de otra clase. Están fuera de la partida sustancial, es el suicidio en vida más practicado, limpio, habitado, habitual, indetectable para ellos mismos, tan extendido como cierto uso concreto de la televisión o Internet, o como ir en coche a Todos los putos Lados (a veces, inconscientemente, a buscarse a sí mismos). Todo, claro, mientras siguen produciendo impuestos…
Esto. Para. Unos. Pocos. Es. Perfecto.
El tipo actúa así ante Palermo; y es probable que la peor maldición de Palermo sea su fino radar para detectar estas cosas. No puede decirle: “Estás muerto, tío, ¿lo entiendes?”. Cualquier cosa que diga puede ser utilizada en su contra, con el argumento de que él no es más sensible o veraz que nadie, sino que sólo intenta, de algún modo, echar la culpa a los demás (a todos) de su propio drama. Palermo deduce… qué coño, sabe –ahora– que ese matrimonio sabía que él tiene sus propios graves problemas a varios niveles. Que el alcohol ha sido su salvoconducto hacia los líos, su mala huida. Que él está muchos peldaños por debajo de ellos en esta sociedad tal y como la misma opera. Está empezando a sospechar que le han contratado a él porque él decidirá no hurgar si se huele algo raro, no les juzgará tan fácilmente como otros, y se moverá “buscando” a la cría hasta que los abuelos desistan. La cuestión es: juzgarles en base a qué concretamente. La cuestión es: Qué demonios está pasando.
Lo único que se sabe es que Esto es la típica confianza total y absoluta en el dinero. Otra vez. Lo que cobra Palermo al día, y ahora lo sabe, no es para que encuentre a ninguna niña, es para que haga su puto papel, para que se agite teatralmente compungido, dé sensación de movilidad y esfuerzo, lo haga en la dirección más productiva nada más que a nivel económico y, por lo demás, se calle la maldita boca ética y moral. Es como si ese tío, ese Padre que ha perdido a su Hija, le dijera con la mirada: “No eres especial, coge el dinero, sobrevive, no vas a salvar el mundo”. Y es que es probable que así sea como funcionan las cosas, de verdad; así es como lo hemos simplificado todo. Así es como un Dios sospechoso gana a los puntos, arrinconando a un “Diablo”, un ángel caído que, paradójicamente, quizá solo pecó de ser menos cabrón para estas circunstancias, menos pillo, y mucho menos –bastardo él– sacrificado para lo que le pedían.

Bueno, ¿aún hay alguien? … Para los que seguís aquí, os puedo decir que mi amigo Palermo no tuvo fuerzas para seguir hurgando en el caso. Eso implicaba, descubriera algo o no, meterse de cabeza en un montón enorme de mierda. Mierda de dinosaurio, por ejemplo. Así lo pensó. Pensó en el meteorito, en el agua, en la vida, luego en los monos, en Darwin, y luego en sí mismo incapaz otra vez de hacer que la niña encantadora formase parte DE su motivo para la esperanza. De eso, y no del mundo en el que él volvió a alcoholizarse como en sus “mejores tiempos”; y no emborrachándose un par o tres de veces a la semana como lo hacía desde que se apuntó a los A. A. para no ir, sino A Diario, como cuando se comenzó a sentir distante de su mujer en el pasado, y solo podía prever un futuro de tedio rutinario en el que todo parecería un domingo por la tarde al estilo de esta Era del Sacrificio fatalmente encauzado. Luego, ya solo, en su época de atropellar buzones y conocer otras realidades, supo que estaba en parte equivocado, porque su hija estaba ahí, y a pesar de todo, él sí quería a su hija. No ha llorado más por ninguna otra chica. El monstruo era capaz de amor, y cuando creía que podría poco a poco ir estabilizándose para poder abrazar algún día otra vez a su niña, se topó con los padres de la otra niña.
Padres con una imagen pública de víctimas, víctimas de –quizá– desequilibrados no mucho peor vistos que él en sus peores tiempos. Sin embargo él se supo capaz de amar cuando le faltó su hija, y justo en ese instante se dio cuenta de que esas otras personas de apariencia normal, como fuera, habían sacado adrede de la ecuación a la suya.
No es que creyera que la hubiesen matado, o que le estuviesen haciendo algo peor que matarla. Pero sí creía, y sigue creyendo, que la han borrado de su existencia. La muerte permite muchas vías. Basta con que no vuelvas a ver a alguien jamás. O, incluso, a veces, basta con casarse con alguien y plantearse eso como un reto. La muerte es camaleónica: es individual, también va en parejas, y es también potencialmente grupal; y, lo más terrorífico de todo, también podría ser Global, de toda una sociedad, hijos todos de un proceder enraizado –o que se reafirma– en cierto tipo de sonrisas de salón.
Coño, lo raro no es que mi colega haya bebido tanto. Lo raro es que pueda haber tanta gente que aguante sobria.
De modo que, luego de descubrir a esa extraña y espeluznante familia (o quizá más común de lo aparente en Pensamientos). Luego de conocer a esos, sobre el papel, hombre y mujer corrientes y trabajadores. Luego de eso les hizo otra visita tras pensar mucho y durante varios días, y les dijo muy brevemente que no podía seguir con la investigación. El tío y la tía, ahí, en ese salón en el que ese día por suerte no estaba Olor a C., hicieron un pequeño teatro impostado de la desesperación. Los abuelos ya habían desistido, dijeron, pero volvieron a fingir. Palermo pensó que ya ni tan siquiera se esforzaban mucho, porque el subtexto de todo era que ellos habían ganado, que él, mi amigo, sabía lo que debía saber (por poco que fuese), y que aunque ellos no supieran ya hacer en modo alguno sus papeles de padres afligidos, él no se daría por enterado y se largaría de una buena vez.
Palermo rompió a llorar en el asiento del conductor, antes de arrancar el coche que le llevaría lejos (en el tiempo) de esa casa. Tuvo que esperar unos minutos antes de poder conducir con garantías. Le recorría la terrible sensación de estar ante algo inmenso y dentado que uno quiere y no quiere saber, pero que en cualquier caso huele a podrido, un hedor insoportable, y que seguramente sea resultado de conductas normalizadas que muy poco se han recriminado. Le dolía, obviamente, abandonar a esa niña, sentía que abandonaba otra vez a su hija, y, para qué negarlo, decidía en ese momento que iba a volver a beber En Serio. No había otra opción soportable.

Pasan seis meses desde esa última reunión con Papá y Mamá. Palermo despierta un día estirado en el césped, cerca de las 12 del mediodía. Recuerda esa reunión casi cada día. Las muecas del padre, la misteriosa madre sin amor de serie, la ausencia ese día de Olor a Coño. Pero aún recuerda mejor cómo les pilló la anterior vez, follando como conejos adolescentes de 40 años.
Se ha pasado semanas con casos de maridos y mujeres que le han pedido seguir a sus cónyuges. Sospechas de cuernos. Pagar por saber con quién se ha casado uno, pagar por seguir creyendo en la monogamia. Pagar porque pueden, porque el dinero debería tener el potencial de solucionarlo todo si uno lo puede incluir en la ecuación. El dinero, y no –aunque hagan apología de eso– la confianza, y no el administrar uno su vida sin imperativos cronológicos sobre cuándo se ha de hacer qué. Pagar no solo para sobrevivir, sino por el orgullo de pagar, la casa, el coche (el párking), el móvil nuevo, la certeza de la verdad. Pagar porque para eso se formó uno. Cada día entra en el despacho tipo zulo de Palermo alguien mayor de treinta o cuarenta años que se excusa sin parar, y que se siente culpable por hacerle seguir a su pareja. Normalmente tienen razones para sospechar. Cuando resulta que no, es interesante fijarse en la mirada de esos clientes al enterarse. Porque algunos no querían saber que sus maridos o mujeres les estaban siendo fieles, querían una buena excusa para ellos poder comenzar a intimar de verdad con esa persona novedosa que han conocido en el trabajo, en el gimnasio, en la aún juventud palpable de sus vidas. Algunos pagan por saber si aún van a poder corregir el rumbo que tomaron simplemente por inercia e Imagen. Algunos pagan porque han descubierto que no pueden forzar siempre lo Auténtico. Pagan porque han comprobado de primera mano que el dinero no lo puede comprar todo. Pero pagan, sobre todo, porque no se les ocurre qué otra cosa pueden hacer, y porque probablemente –lo crean o no– en el fondo no les han enseñado a hacer nada más.
El alcohol va y viene. Palermo lo bebe a tragos largos y casi a diario, como quien bebe agua después de haber tenido serios problemas de piedras en el riñón. Se está comenzando a creer inmortal, el primer ser humano a quien no le pueden afectar las drogas. Al menos las legales. Bien han de servir las delimitaciones de las leyes para algo. La gente necesita medicinas en sus muebles bar. Nada de caballo ni agujas ni hacer tratos con tipos escuálidos en callejones. Solo la droga bien vista, solo ir al súper, pasear por los pasillos con todas esas familias, y coger de los estantes todas esas brillantes y monísimas botellas legales. Legales, elegantes, tan suaves para el alma como el culo de un bebé querido por sus padres.
Pero.
Un día conoce a una chica, uh, precisamente en ese contexto…
Camina (él) por el pasillo de congelados, hacia la zona del bebercio. A ella se le cae esa cesta típica de plástico y él se la recoge. Es una chica de veintimuchos (unos diez años menos que él), de piel blanca y cara redonda, pelo muy negro por los hombros, con reflejos azules. Una chica fuera de su mundo, sana a simple vista, alguien que él piensa en el justo momento de mirarla a los ojos que seguro ha de vivir ya con un tío y que, de no tener hijos, seguro que al menos tiene un encantador y rechoncho perro; uno de esos bichos seguramente la hostia de caros que en algunas parejas con ya años de relación parecen servir como transición de Relación Estable a Ser Papás, al menos en el mejor de los casos, o no, o buf, es igual…
Antes de cada visita mañanera al súper, se ordena a sí mismo no beber más que una cerveza en el desayuno, por si se encuentra a esa dulzura que es tan amable siempre con él. La situación se desarrolla de modo bastante natural, al menos dentro de las posibilidades de Palermo, el cual la sigue algunos días en coche a una distancia prudente, no por ser un tarado sexual ni un acosador al uso, sino sencillamente para observar sus movimientos, y, sobre todo, para comprobar que no tiene novio. Cualquier cosa antes que tener que preguntárselo, sería mostrarse vulnerable de un modo que mi colega no soporta…
La primera vez que quedan juntos para tomar un café (es Palermo quien propone café), él decide contarle enseguida lo de su hija, con todo lo que eso conlleva. Traza un plan sencillo. Le cuenta toda su sucia historia del modo más escueto, poco amenazante y sincero del que es capaz; le da un papel con su número, y se limita a esperar a que ella sea la que llame en los siguientes días. No se siente con derecho a ser él quien la contacte, algo que en principio no tendría nada de malo y que cualquiera podría considerar normal. Pero él no se siente ya normal, y ni siquiera sabe muy bien qué significa eso. Ella sí le da su número de teléfono, pero él espera aun así que la chica haya entendido que, después de haberle contado lo que es de su vida, la opción de que sea Ella quien elija si ha de haber un siguiente paso parece la más lógica. Sin presión, sin manipulación, sin ánimos de echarle en cara más adelante ninguna estupidez tipo Tú Me Llamaste. Solo el intento de corrección, de ser Inteligente por una vez, de dejarle siempre la puerta abierta, de no tener ninguna intención de convertirla en Isabel 2.
Ella, casi con toda seguridad, no iba a ser esa Isabel II, y al parecer supo verlo en los ojos de Palermo. Un hombre agotado, una mirada suplicante, pero también tierna en cuanto a la búsqueda de un futuro distinto.
Le llama pasados cuatro días. Él se siente tranquilo. Ha reducido el consumo, y se ha puesto como regla no estar cocido al menos delante de ella. Ella significa: Nada de Gilipolleces. Estando con ella puede prescindir perfectamente del beber. Se permitirá solo un cigarrillo de vez en cuando, y solo si ella no hace muecas o comentarios al respecto. Lo que planea realmente hacer, ya que ha conocido a alguien del sexo femenino que al menos no está al borde de intoxicarse ni del suicidio, es ser un Calzonazos. En este caso, quizá eso pueda ser lo que le salve, al menos de sí mismo. El resto, poco a poco, con el tiempo verá qué es lo que se puede hacer…

Ella es Sandra y trabaja como administrativa. Es una mujer fuerte y parece capaz de manejar cualquier situación. Puede vivir perfectamente con el hecho de que su novio no pueda ver por el momento a su hija y a su ex mujer por orden judicial. Sabe, de alguna forma, lidiar con habilidad con el pasado. Palermo se preguntó al principio si ella tendría algo turbio en su vida, pero luego fue comprobando que para la muchacha no era una cuestión de comprender o aceptar pecados ajenos a través de los pecados propios del pasado; era simplemente que parecía tener claro que las personas, incluso las inofensivas, pueden comportarse a veces como estúpidas, e incluso pueden ayudar al Sistema en la tarea de joder las cosas y a sí mismos. La chica sabía comprender (y no negar) la debilidad, la fragilidad de la mente y la carne, y la existencia del lado oscuro.
No todo el mundo está preparado para saber hacer eso. Palermo tiene muy claro que un porcentaje muy alto de tías saldrán corriendo en dirección contraria al enterarse de su pasado. El tipo de responsabilidad que lleva de serie casi todo el mundo, en última instancia sólo suele implicarles a ellos mismos y su futuro. Y, paradójicamente o no, la gente suele aplaudir esa clase de responsabilidad; y lo hacen porque, no equivocados, perciben un mundo amenazante; pero también sin darse cuenta de que esa actitud es uno de los pilares más eficaces para conservarlo así. Por eso Sandra ha gustado tanto a Palermo. Porque ella no es simple, no es así de simple y previsible, porque sabe, como sea, Ver más allá, y dotarse de una clase de esperanza y optimismo que en esta vida nadie lleva a cabo más allá de la palabrería y lo que intentan proyectar. Nadie dijo que la bondad o la Visión fuesen tareas fáciles, y evidentemente la mayoría de gente que se cree buena, se puede analizar a partir una idea nada complicada sobre la Masturbación. Una Masturbación aceptada casi a todos los niveles.
Nota que ella es Distinta cuando quedan de modo puntual con sus amigos (los de ella). Esos amigos, en general, son gente común, y viven bajo los imperativos clásicos de egoísmo y responsabilidad aceptados. Palermo sabe, al igual que ella, que Sandra es, con mucha diferencia, la que más habladurías despierta en el grupo. La gente muy común tiende a pensar no solo que quien actúa de otro modo tiene un tornillo flojo, también creen siempre que, como sea, al final quieren Lo Mismo que ellos, y que cuando esos bichos raros hacen esto o aquello, de todas formas la meta de autoafirmación del ego o intención de crecimiento económico es la misma. No Hay Nada Más Allá. Y no se te ocurra insinuarles que sí; porque a ciertas alturas de su vida ya ni de coña van a ponerse a meditar sobre con qué clase de cimientos la han erigido.

Al paso de los meses se limpia el organismo de Palermo. Se revoca la orden de alejamiento y puede ver a su niña los viernes. Llora de felicidad varias noches antes de dormirse. Sandra sigue con él. Ha hecho algún buen colega entre los amigos de ella (los propios los perdió hace años). No bebe una sola gota, algo frustrante no solo por lo evidente, sino porque con un historial de Borracho oficial, cuando uno lo deja luego no puede beber ni tan siquiera las dosis aceptadas. Cualquier paso en falso significa resbalar otra vez al fondo del mismo pozo. Las buenas noticias, además, se acumulan desde la sobriedad, quiere a Sandra mucho más de lo que jamás quiso a Isabel (quizá porque nunca quiso a Isabel…), y además ahora viven juntos en la reorganizada –y más agradable a los sentidos– casita de Palermo.
Han cesado las pesadillas, habituales en su etapa de casado y soltero de buzones. También las de vigilia. Se están planteando tener un bebé. Nada parece fuera de lugar para ello. Pero dichas conversaciones hacen que Palermo, ahora que ya puede besar y abrazar a su niña, recuerde a la otra niña. La otra, su recuerdo, parece para él una fisura a través de la cual se ve demasiado claro cómo puede llegar a ser la vida real, esa vida demasiado común del ser humano. El sistema de descendencias y las elucubraciones reales de las personas. El anteponer una imagen que proyectar a un deseo real; o ese mirar el calendario y elegir YA una envoltura que hacer pasar por un amor sincero. Esa niña le hace evocar todas las potenciales mentiras, esas vidas falsas en salones minimalistas, con padres forzados y madres que ahora ven que no bastaba con que te “gustaran los niños”; porque resulta que son Personas. Esas familias que siguen adelante, claro, para bien o para MAL, y que quizá sean la peor plaga de las existentes.

Tiró la foto de su cartera, aunque no le resultó fácil. A veces cuesta desprenderse de las cosas, incluso las que uno no necesita, y que olvidará en cuestión de horas. Pero sigue recordando con mucha claridad la cara de la cría. No ha pasado tanto tiempo.
Es en Sonora. Palermo y Sandra deciden llevar una tarde a la hija de Palermo, María, a una gran piscina pública, famosa por sus amplias instalaciones, por su césped bien cuidado y sus sistemas de seguridad (rayantes en la paranoia). Es agosto, el sol cae a plomo, pero no es nada de lo que uno pueda quejarse con una buena mujer cerca, y al cuidado de la persona a la que uno más quiere en el mundo.
También borró el número de teléfono de esos pseudo-padres, y éste sí que no lo recuerda, porque apenas recuerda ni tan siquiera los que debería recordar. Bastante tuvo con su propio DNI… Por más que lo intente, –y más ahora que María existe en algo más que su cabeza– no puede no pensar en aquella niña un rato al menos cada día. No le ha hablado mucho de ella a Sandra. Solo un par de menciones, en calidad de cosas del trabajo. Ni siquiera le dijo lo extraño que fue todo aquello.
Cuando la ve por primera vez, ahí, en la piscina, no menciona nada en voz alta. Pero obviamente el corazón se le acelera. No lleva su pelo rubio, no es el pelo rubio de la foto. Pero es su cara, está completamente seguro. Lleva el pelo corto y teñido a negro. Va con dos adultos. Un hombre de unos cuarenta años y una mujer por el estilo, ambos de aspecto inofensivo. La mayoría de gente vio de pasada su foto en la tele; pero él vio esa foto durante días, y la tuvo en mente durante semanas. Se le hace un nudo en la garganta. La niña ríe con naturalidad. Ésos no son sus padres. El tratamiento, eso sí, es de padres e hija. Nadie más se da cuenta de lo que pasa, y Palermo se siente como si estuviera viendo un fantasma, el primero de su vida. Sonora no está muy lejos de Periferia, pero quizá lo suficiente. Y ya hace mucho que no hay nada mediático en Ella, en ello, en lo que está viendo. Recuerda otra vez con nitidez a esos padres horribles. No deja de mirar con disimulo a la niña, esperando ver quejas, algún puchero, alguna señal. Pero no hay nada de eso. Cualquiera diría que Palermo debería hacer algo, hablar con esa gente. Pero Palermo está seguro de que ahí solo hay un acuerdo. Un acuerdo que esas personas hicieron con los padres biológicos de esa niña. La cría no parece asustada, ni siquiera inquieta, solo es otra niña más jugando en la piscina. Ella es la única que, si quiere, tendrá que pedir algún día explicaciones. No puede dejar de mirarla. La verdad, no sabe qué hacer, si actuar será cagarla, si actuar será acertar. Actuar. Gratis. María sigue bañándose, ha hecho una amiga. Sandra sale del agua. Lleva su pelo empapado, mojado se parece bastante al de la otra niña. Palermo intenta borrar la preocupación de su cara. No lo consigue. Sandra le pregunta por ella, por la preocupación. Palermo piensa que él ya tiene todo lo suyo en su lugar. Ahora tiene que decidir si va a seguir a esos Nuevos Padres. Decidir si va a apuntar la matrícula de su coche, si irá a un nuevo salón a ver nuevas sonrisas, a escuchar nuevas explicaciones. No sabe si se atreverá o no a meterse en esa montaña de mierda de dinosaurio, siendo no por él mismo, sino por otros, y para ejercer no de héroe, sino sólo, quizá, de Persona.

agua chica

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La pulsera clave

No sé si entiendo bien qué hago aquí, intento razonar mi presencia en un lugar concreto cada vez. Pero no siempre tengo éxito en el intento. Mi cabeza se pone en modo pausa. Lo cual no quiere decir que no oiga a quien tengo delante. Es novio de alguien, de una muchacha sentada en la otra punta de la mesa, ella le habla a un amigo mío que sospecho está también en modo pausa. Pausa, mi palabra para cuando solo funcionas lo suficiente como para que quien te mira no sospeche del todo que pasas de él. Algo así como un coma lúcido. El restaurante está en la última planta de algo llamado Edificio Iris. Todo, la comida, el lugar, la gente, las intenciones, los prejuicios, el aspecto de muchas personas, el servicio, etc., es sencillamente una risa para mi cartera, que cuenta con 30 euros que seguro van a volar, junto quizá con otros cinco a deber a quien tenga la amabilidad de echarme un cable con esta “encerrona”.
Es una de esas ocasiones en las que decir No era todo un follón, un ritual del No, toda una danza del No que incluía varios pasos, varias llamadas, justificaciones estériles y ceños fruncidos por mi parte que jamás hubiesen podido convencer a nadie de que tenía cosas más importantes que hacer. Hubiera sido mi complicada Performance –con luces epilépticas y máquina de humo incluidas– del No, para despistarles del hecho de que en realidad mi No solo se debía a la simple razón de no tener putas ganas de asistir a una comida junto a unas veinte personas más en pos del cumpleaños de alguien, alguien a cincuenta años vista de la muerte con quien tengo trato solo porque su novio es colega mío desde que hacíamos cosas como pedir permiso para ir a mear.
De modo que dije que sí, y me ahorré todo ese berenjenal de la negación.
Supongo que por eso estoy aquí.
Porque soy alguien esencialmente sociable. ¿No son los hechos lo que nos define? …
Un obrero sacrificado del socializar, eso soy. Trabajo duro en ello. Sudo la gota gorda. A veces soy capaz de salir con gente a cenar y a tomar algo y después del proceso he perdido dos kilos. Sólo del valor que he tenido que reunir.
Hay una palabra que no existe, al menos una, que vendría a definir qué viene después de la pereza. Hay algunas cosas que cuando tenías veinte años te hacían sentir notablemente emocionado y adulto; no hacía falta mucha originalidad, bastaba con salir a cenar, hacer un pequeño viaje, ir a un concierto. Es un largo y previsible etcétera de cosas que, pasados los años, y sabiendo el nivel de roce que con el resto de las personas significan, hacen que se te encojan los huevos y solo puedas pensar en las actividades que realmente preferirías hacer ese día, o días. Sean las que sean. Aunque sí, es verdad que hay personas (muchas) que creen que el tiempo libre es –antes que nada– para socializar, y el concretar demasiado las actividades más allá del hecho de reunirse, comer y beber, no es algo que les haga mojarse precisamente. Cosas como ir al cine o al teatro, a una exposición, lo que sea, se están convirtiendo en Demasiado Estáticas, poco dadas a… la comida, la bebida y el Ruido. Y joder, hay multitudes adictas al ruido. Lo de los heroinómanos es un chiste en comparación con los adictos al ruido. Es una adicción Masiva, Completa, Absoluta.
El Ruido no es como pincharse o meterse caballo, dirán algunos, no es tan malo. Bueno, todo es cuestión de enfoque, de darle un par de vueltas, de no quedarse con la primera impresión. A veces el ruido parece aquello para lo que se creó el ser humano (puede que junto a la producción de plástico). Ni en el espacio hay ruido. No se conoce otra fuente de ruido más allá del borracho de tu amigo. No valen los dinosaurios, ellos no necesitaban ruido, les bastaba con sus cosas de dinosaurios, dar paseos, buscar la cena, todo lo que sea que hicieran antes de que llegara la supuesta gran piedra; pero no necesitaban seguro una sala mal sonorizada, música mal concebida y un montón de desconocidos pavoneándose sobre lo que iban a tener que madrugar al día siguiente o sus planes de volver a mudarse. Sí, puede que haya extraterrestres, pero por lo que sabemos incluso los ovnis suelen ser bastante silenciosos, de modo que si de verdad hay marcianos y alguna vez vienen e intentan comunicarse, probablemente la Tierra será para ellos como una gran Guantánamo de la tortura auditiva, como ese infierno de auriculares con pitidos o ráfagas de Death Metal a todo trapo cada diez segundos las 24 horas del día.
La gente amiga del ruido, poco amiga a su vez de interiorizar lo más mínimo en sí mismos más allá de decisiones materiales, son los que anteponen el cacarear al hablar, y también son fanáticos de los recuerdos como excusa para la tecnología. Y no me refiero a la vertiente artística de la fotografía. Piensa en esos marcos que se venden en casi cualquier tienda, esos que se exponen con una instantánea de muestra en la que hay modelos rubios, o niños rubios, o seres humanos atractivos y sonrientes en general, con una felicidad casi desafiante. La gente del ruido aspira a esa Imagen de la felicidad. Solo debes echar un vistazo a sus salones. El problema es que esa imagen de felicidad es prácticamente solo eso, una imagen. Es el enfoque más extendido sobre una buena vida, basado no tanto en sanas dudas como soportes para elecciones meditadas y Personales, como en los distintos niveles de la estética vital más extendida, ya sea en solitario, en parejas o en grupos. Es una proyección de felicidad cuyo principio básico se suele basar –edad y agenda mediante– en intentar planear la espontaneidad (para después –entre otras cosas– fotografiarla, claro).
Es como intentar resolver un cubo de rubik no dándole vueltas, sino lanzándolo contra la pared una y otra vez después de haber contratado a un grupo animadoras para que brinquen, sonrían y te den aliento. Porque la duda, el darle vueltas al asunto, solo está permitido durante un momento. Y coño, si tienes pasta para contratar a esas chicas, seguro que es porque esa inversión tiene sentido (lo decían en el anuncio…). Los rasgos propios de carácter, hoy día, son como encontrar un trébol de cuatro hojas, de cuatro hojas y que hable, y sepa también hacerte la declaración de la renta, y ya de paso el cubo de rubik…
Creo que tampoco existe una buena palabra para lo que sigue a la sobada y sobredicha «Superficial». Y es una pena, porque creo que estamos en ese punto. Es un nuevo estado pútrido de las cosas, aunque algunos dicen que quizá el principio de algo mejor. Dios les bendiga, y les oiga…
Los ruido-adictos siguen obsesionados con el aspecto de todo. Creen que el aspecto de todo lo define todo, también el nivel de profundidad y relevancia de una vida. La familia tradicional, un hijo, dos, los regalos, todo son cuestiones estéticas. Un Padre y una Madre, entrando con el crío en casa de los abuelos, un domingo, todos los domingos, es el ritual estético de los domingos. No es el hecho (el cual puede ser perfectamente coherente, sincero, feliz y natural), es la histérica premeditación lo que puede resultar alarmante. El vivir para perseguir esa imagen generalizada y común, sin dejar que las cosas fluyan de un modo real, como natural respuesta al movimiento, aunque uno en su vida encuentre la felicidad en otras imágenes, en otros momentos y por otras causas.

Si quieres que una persona en principio amable, interesante y respetuosa se vuelva más bien torpe, previsible y potencialmente irrespetuosa, júntala con más personas, al menos más de tres o cuatro, y cuece a fuego lento. Las personas tienden a perder muchas cualidades en grupo, todo se vuelve puro cachondeo, lo cual no es necesariamente malo, pero sí puede llegar a ser pesado, y cuando ya llevas un buen rato, muy aburrido (y el siguiente potencial paso suele ser la tensión, y así sucesivamente). No todo el mundo es divertido, de hecho el sentido del humor no es algo que abunde, a no ser desde el enfoque de siempre otra vez, que es forzándolo todo y haciendo apología del vaso medio lleno, si no directamente atacando con sarcasmo a alguien, normalmente no presente. ¿No es curioso que la gente que saca a colación ese puto vaso medio lleno/vacío es casi siempre la que dice que hay que verlo medio lleno? Da que pensar…, son los mismos que siempre hablan con etiquetas, en términos de optimismo y pesimismo, de blanco o negro (aunque esto lo disfrazan mucho), de control total del propio destino, de sonreír sí o sí, etc. Quiero decir, ¿se supone que esa gente es el modelo de conducta a seguir tal y como están las cosas? … Siempre me los imagino un lunes por la mañana, llevando a cabo las actitudes que siempre promocionan, levantándose con una sonrisa, duchándose tarareando algo oído el día anterior, desayunando tostadas y zumo y leche y cereales y café y… (porque es la comida más importante del día), y luego dando los buenos días con energía, yendo al trabajo a hacerlo todo con el entusiasmo de la labor bien hecha (sea el trabajo que sea), y más tarde siguiendo vitales y hablándoles a todos de lo muy medio lleno que ellos ven el vaso … Tal y como yo lo veo, esa gente son el votante ideal para el político de hoy en día. Con todo lo que eso conlleva. Porque, creedme, mienten, los lunes por la mañana de esa gente no son así, y quizá ni los viernes lo sean, por increíble que parezca… El prototipo de ciudadano feliz ideal cada vez se parece más al prototipo de muñeca hinchable ideal. Y el perfil de tío asqueroso que se lo folla debe ser, de hecho, bastante parecido.

Pero es un problema seguir subrayando como psicóticos la mierda del mundo, incluso aunque el 90% de la gente quizá no la vea. O sepa de ella, pero le gire la cara. La persona que tengo delante habla de un piso con hipoteca. Nuestro mundo es así de pequeño. Una palabra que sí existe y que es muy certera, es Resignación. No porque sea lo correcto, sino por ser al menos lo más practicado. Te pones ropa vieja y limpias el piso, te centras en las pequeñas rutinas. De hecho muchas veces no hay más remedio. Hay mucha gente que incluso lo busca, la tira de gente. El paso final en todo eso es tener un hijo. Si tienes un hijo ya no puedes preocuparte por nada más. Si además eres como el prototipo de ciudadano feliz que antes comentaba, ya entramos en el terreno Rebaño. Es probable que la no-extinción del ser humano sea el problema. Es probable que una recesión obligada en la natalidad pudiese ser una de las pocas soluciones al problema de la No-Lucha, de la No-Concienciación.
Pero claro, solo estoy exponiendo soluciones idiotas ahora, pensándolas mientras otro futuro padre de familia me habla sobre Ir Tirando.
Como decía, es ya un problema seguir subrayando la mierda del mundo. Porque ¿qué hay después de la ironía?, ¿qué hay después del sarcasmo?, ¿de la crítica feroz?, ¿del veneno entre líneas? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Cuál es la respuesta a todo eso?
John Lennon dijo algo como: “El amor es la respuesta, y tú lo sabes…”
Es algo con lo que siempre he estado de acuerdo, pero ¿cómo se aplica tal principio a todo un rebaño de ovejas asustadas que no dejan de procrear, y que solo conciben uno o dos tipos de amor? ¿Cómo puede mutar ese amor de cortísimo alcance en algo tan masivo como la adicción al ruido? Porque, al fin y al cabo, si los sentimientos y las adicciones ocuparan lugar o se pudiesen contabilizar o medir en su densidad, creo que es bastante obvio que el amor no sería el valor que destacaría en las gráficas…
Hay alguien más sentado a la mesa. Es una chica que tiene novio, de hecho están sentados juntos. Es una chica que me pone paranoico (para empezar), de la que me sentí muy cercano durante un tiempo, y a la que sigo amando, aunque solo sea dentro de mi cabeza. Por distintos motivos, ella se distanció, seguramente más por mi culpa que por la suya, y ahora siempre creo que el escenario actual de la situación es lógico, pero también de una disposición muy equivocada. Esto se puede interpretar fácilmente como una rabieta mía, porque ella no está conmigo, porque yo desperdicié mi oportunidad, etc. Pero en serio, mirad a ese tío…
A veces creo que si le atropellara un autobús ese tipo saltaría en pedazos de placas electrónicas y cables. No moriría, bastaría con hacer otro como él. Porque el Sistema los saca así, como de una cadena de montaje. Un tipo cuadrado en actitud y perfectamente preparado para este mundo enfermo. Un buen tipo enfermo, optimista, que ve el vaso medio lleno, y que seguro ya está planeando dejar preñada a su novia; al fin y al cabo ya llega la edad, ella veintimuchos, él treinta y pocos, comparten piso, planean hipotecarse en otro piso… Imagina que te contaran una y otra vez el mismo cuento infantil. Que cada diez minutos alguien llegara y te volviera a soltar ese rollo. Y que aunque tú le dijeras que prefieres algo distinto, él insistiera en que eso es lo mejor, que es el mejor cuento, y que te lo va a contar. Y te lo cuenta otra vez, y otra, y otra, siempre los mismos giros, la misma ética, la misma moral, el mismo desarrollo, la misma moraleja, los mismos personajes, una y otra y otra vez… Si Dios existe, es omnipresente y nos ve, así es como debe sentirse. Otra vez el mismo cuento, con los mismos tiempos, las mismas edades, las mismas percepciones, la misma mierda contaminando el cielo, los mismos bebés/planes. Otra y otra y otra generación de jóvenes luchando entre ellos, compitiendo entre ellos para parecerse lo máximo posible entre ellos.
–Yo quiero ser igual que tú.
–No, yo quiero ser igual que tú.
–No, nadie va a ser más parecido a ti que yo.
–Ni de broma vas a parecerte más tú a mí que yo a ti.
–Y no solo me voy a parecer a ti, me voy a parecer a todos y cada uno de los estudiantes de este lugar.
–No, YO voy a ser el más parecido, te voy a demostrar con mis notas que Yo Soy Igual que Tú.
–¡Porque vamos a hacer los mismos exámenes!
–¡Y yo los voy a aprobar igual que tú!
–Y los…
–… dos…
–…vamos
–… a…
–… ser…
Al unísono:
–¡¡Iguales!!
–¡¡¡Jajajajajaja!!!
–¡¡¡Jajajajajajajjajaja!!!
–¡¡¡Jajajjajajajajjajajajaja!!!

La cosa comenzó un día en que tenía que coger un autobús. Lo recuerdo todo como en un idílico atardecer, pero con mi facilidad para idealizar cualquier cosa, puede que el día estuviera encapotado… El autobús iba lleno. Solo había un sitio a mi lado. Ella fue la última en entrar, y se sentó. Tenía 19 años. Yo unos pocos más. No sé cómo empezó la conversación, creo que dije alguna estupidez. Mis estupideces tienden a provocar o bien interés o bien rechazo sin más, no suele haber término medio a bote pronto.
Es importante el contexto. Yo venía de ver a alguien, de ver a alguien con quien tenía en ese momento un buen, digamos, trato en relación con la carne humana, bastante confianza, aunque nada más allá. Así que había pasado tres días con esa persona, y los tocamientos eran una constante. Era un intercambio, no solo de sexo, sino también de cariño, de protección, alivio, etc. No tenía por qué haber frialdad, aunque fueran quedadas puntuales.
Así que de ahí venía yo, de ver a una chica que básicamente me lo permitía todo, porque se fiaba mí igual que yo de ella. Por lo cual, cuando en el autobús, después de un rato de bonita conversación, y de que a mi compañera de viaje se le cayera una pulsera con la que jugueteaba, y a por la que se agachó, acabé tocándola más de la cuenta. Y la verdad, ni siquiera a ella. Cuando se agachó, se le vieron en exceso la bragas, y los dos niñatos que teníamos atrás comenzaron a cuchichear. Así que mi impulso fue pinzar los pantalones con los dedos y subirlos para que terminara el espectáculo. Ella se incorporó ya con la pulsera y miró hacia atrás airada, hacia los niñatos. Yo pensé que me había propasado tomándome esas confianzas con sus pantalones y sus bragas, pero ella, aun con cara de irritación por los de atrás, dijo:
–Gracias.
Así que hice como si nada, como si la situación hubiera sido perfectamente manejada por mis acertadas decisiones. Puede que fuera así, o puede que no; pero en realidad la cosa solo se basó en lo que ella había decidido respecto a mí desde la primera idiotez que le dijera. En lugar de sentirse junto a alguien raro o extraño, se sintió junto a alguien Bueno, igual que yo cuando ella me soltó ese «Gracias». Ella daba miedo, aunque en el mejor sentido. En su mirada sigue habiendo algo, algo tan cercano a proporcionar Respuestas que parece imposible que su cuento acabe siendo otro cromo repetido. Pero, sobre todo, resulta muy Irritante la posibilidad potencial de que lo acabe siendo.

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Por mí, bien

Es mi entrevista, pero no estoy solo con el entrevistador. Hay alguien más. Está atado, sujeto a una silla, amordazado con un calcetín grueso (y seguro que sucio). También hay un tipo en un rincón, lleva una bata azul, y a su lado hay una mesita con todo tipo de delicados aparejos y jeringuillas. Parece todo muy sofisticado. Profesional.
–¿Tú eres el chico de la entrevista?
–…
–¿No te importará que atienda mientras tanto este otro asunto…?
–…
–Tú no te preocupes, seguro que sabes de qué va, es como sacar la basura, pero un poco más largo… Pínchale, Fredo, se me va.
Fredo es el tipo de la bata. El de la silla recibe golpes, y le están sacando los dientes uno a uno. También las uñas. Ahora iba a perder el conocimiento.
–Verá –digo–, traía mi currículo conmigo, si lo quiere ver.
–Eso luego, chaval, ahora lo mancharía. Además me han hablado bien de ti. Estómago de hierro, me han dicho. Rapidez mental. Manos rápidas. Puntería. ¿Me equivoco?
–Ajá, bueno… No me dedico a… sacar la basura, si es de lo que me está hablando.
–Oh, no, no necesariamente, en principio solo necesito alguien que no sea muy alérgico al papeleo. Disculpa. ¡¿Vas a cantar o no, gilipollas?!…
–¡¡¡Mhhnnmmm!!!
–Disculpa. El caso es que no necesito a nadie para trabajo de campo. Solo alguien preparado administrativamente, alguien que sepa cómo funciona el mundo laboral, los negocios. Me entiendes, ¿no?
–Entiendo.
–¡¡¡¡Mhhmmm!!!!
–¡¿Si te quito el calcetín vas a cantar?!
–¿Qué ha hecho, si no es mucha molestia preguntar?
–Oh, no es molestia, simplemente es hombre muerto…
–¡¡¡Mmmhhhhhhhh!!!
–… ha estado husmeando donde no debía. Concretamente se quería llevar un buen pellizco. Y además creo que además ha estado intentando trajinarse a mi mujer. ¡¿No es así, Huguito?!
–¡¡¡Mhhn!!!
–¿Y… bueno, qué información quiere de él?
–Oh, eso, no… ninguna…
–Como antes ha dicho que…
–Oh, sí… es por la costumbre. No, esto solo es el paquete básico de tortura.
–Entiendo.
–El problema de la tortura es que si los dejas vivos, en fin, ya sabes, tienen boca…
–¡¡¡Mhhmmmhhn!!!
–¿Y se suele alargar mucho…?
–Bueno, normalmente no pensamos en eso, trabajamos en ello hasta que no podemos reanimarle más. Fredo es bueno; a veces, si no se acumula la faena, pasamos días con uno de estos tíos, a veces un par de semanas. Pero si es mujer somos más benevolentes.
–Qué paciencia…
–El trabajo lo es todo, muchacho, hay que sacrificarse, uno no puede sobrevivir si no pasa algunas noches en vela. Y cada día estoy ya duchado y en marcha a las 7 de la mañana.
–Admirable.
–¡¡¡¡¡Mmnhhhhh!!!!!!
–¡Haz el favor de…!
Le quedan cinco uñas. Los dientes, es difícil saberlo. No sé bien qué le inyecta el tal Fredo. Fredo el silencioso se pone una mascarilla, le alcanza una a mi –si tengo suerte– futuro jefe, y me da otra a mí.
–Es mejor que te la pongas, muchacho, este tipo aún no ha comenzado a mearse y cagarse encima, pero pronto lo hará. A veces es por toda esa mierda que le inyecta Fredo…
–Ya veo…
–Me llaman Tupac, por cierto, me puedes llamar así.
–Por mí bien, Tupac.
Por ahora diría que todo va bien. El lugar es acogedor y el tipo parece más responsable que mi anterior jefe. El tal Hugo moquea y llora. Atiendo algunos mensajes en mi móvil. Mi madre, mi novia. Les digo que esperen, que aún no sé nada, no puedo saber bien aún si me van a contratar. Puede que hasta ahora todo esto solo haya sido cortesía. Te dicen el nombre, te dan la mano, hacen mientras tanto alguna otra labor para que no estés nervioso, se disculpan…. Es como cuando haces el examen de conducir y tu examinador se pone a hablar amistosamente con tu profesor sentado atrás. En realidad lo hacen más por ellos que por ti, quieren proyectar una imagen de temple. Es ese Relajar el Ambiente de modo artificial. Como sea, no me parece mal.
–Así que tienes experiencia en el sector, ¿no?
–Bastante, señor. Lo dejé un tiempo por lo estudios. También salí al extranjero, de Erasmus.
–¡¡¡Mmmnhhhh!!!
–Oh… el Erasmus, recuerdo mi Erasmus, Londres, niñas por todas partes, me lo pasé tan… bien, si me entiendes, que fue un milagro que no se me cayera la polla infectada a trozos. ¡¡¡¿Me has oído?!!! ¡Follar! ¡Otra de esas cosas que no vas a volver a hacer! Y todo por intentar follarse a quien no debía…
–…
–¡¡¡¡Mmnhhh!!!!
–No malinterpretes todo esto, chico. Normalmente es cuestión de negocios, es solo que este mamón ha hecho doblete, nos ha querido joder el dinero y también quería joderse a mi mujer. ¿Eh, Huguito?…
–No se preocupe, por mí bien.
–¡¡Mhn!!
–El caso es que necesito… eso, lo que decía, alguien que pueda pasarse ocho horas con los asuntos legales, atendiendo al teléfono y demás. Soy muy estricto con eso, todos lo somos en la empresa. Lo queremos todo legal, nada de mangoneos, nada de chanchullos. A la más mínima nos ponemos alerta. Y me han dicho que eres un chico perfecto para eso.
–Bueno, no sé si soy perfecto, pero doy el cien por cien, señor.
–Hum… ¿has visto, Huguito?, un chico como es debido, un chico que sabe cómo tratar con su Futuro…
–Señor…
–… un chico con estudios y herramientas para salir adelante. Dime, chico.
–Insisto, me gustaría, si no está de más, que viera mi curr…
–Oh, sí, luego, todo a su tiempo…
–¡¡¡Mmhhnnhn!!!
–Te voy a quitar el calcetín, Hugo, para que te explayes, para que digas tus últimas palabras… Y ten en cuenta que has tenido suerte, porque te quedaban aún muuuuuchas horas… Dale las gracias a este chico. Venga.
–¡¡¡¡Por Dios…!!!! –Suena afónico, suena a clásico–. ¡¡¡No me mate, por Dios!!! ¡No quería nada con su mujer! ¡¡Écheme si quiere, pero no me mate, tengo hijos!! ¡¡Tengo mmmhnhn!!…
Tupac le vuelve a meter el calcetín en la boca.
–¿Te has dado cuenta, muchacho? Ahora es cuando te dan lo que les pedías. ¿Y qué les pedías, joder?, solo un mínimo de honestidad, un mínimo de esfuerzo, solo la suficiente dosis de su verdad. ¿Tanto es, muchacho?
–No, en absoluto, señor.
–¡¡¡Mhnnnnhnhn!!!
–Y en lugar de encomendarse a Dios, en lugar de pedir perdón e intentar salvar su apenas licenciada alma, va y se pone a lloriquear… ¿te das cuenta, chico? A veces el mal ejemplo te enseña más que el bueno. Y te lo voy a confesar, por eso me gusta hacer las entrevistas mientras saco la basura. No me malinterpretes, ya sé que no eres un novato, pero es… esto es inspirador. La sangre, el hedor, el pis, la mierda… Es como el ejemplo definitivo.
–Estoy de acuerdo, señor.
–¿Ves?, te dije que se iba a cagar encima. Suelen hacerlo cuando se dan cuenta de que van a morir. Justo cuando saben de una vez por todas que la vida no es un paseo.
–Vaya, gracias por la mascarilla, debo decir.
–Un placer, muchacho.
Es verdad, los pantalones comienzan a teñirse de oscuro, líquido y sólido, marrón y amarillo apagado.
–Lo peor es cuando se les seca la mierda y el pis y demás, es un hedor insoportable, pero no te preocupes, vamos a solventar esto enseguida, siento entretenerte, no sé si…
–No se preocupe, no tengo prisa.
–Claro que no, disculpa, sabes priorizar, sabes que hoy era el día de la entrevista, los rumores que me llegaron sobre ti van cogiendo forma.
–¡¡¡¡Mnnhhh!!!!
–Soy yo el que siento haber interrumpido, espero no estar interfiriendo en los tiempos de…
–¡No!, tranquilo, no nos cronometramos ni nada de eso, ni nos ponemos estrictos con los tiempos a la hora de sacar la basura, al fin y al cabo lo importante es sacarla, estés dos horas o dos días.
Todo el tiempo mientras habla, Tupac suelta de vez en cuando un puñetazo, o hace uso de los alicates, no con demasiada destreza. Se le dan mejor las uñas. El calcetín ya es completamente rojo, empapado en sangre hasta el punto de brillar, de chorrear. Sangre oscura, y parece que también caliente. Yo sujeto mi carpeta, espero paciente, ignoro los ruidos que llegan de mi móvil. Todo a su tiempo. Es un buen consejo.
–¿Sabes qué me da rabia?, pensar en esos tiempos en que los jefazos supremos no se manchaban las manos, cuando se limitaban a dar ordenes por un puto teléfono o por correo electrónico; lo mejor que le ha pasado al capitalismo es que los sicarios hayan entrado en desuso. Aquello era vergonzoso. Y no solo eso, encima casi todos los gilipollas, como éste de aquí, casi todos se libraban, todas las empresas estaban llenas de putas chupopteras, en el peor sentido. Todo lleno de vagos y cabrones aprovechados. Los negocios eran cosa de niñitas, todo lleno de políticos pseudo derechistas que se bajaban los pantalones con tal de que pensaras que eran de centro, pero eso ya se acabó. Al final todo llega, muchacho, todo llega a su debido momento. Todos aprenden a sacar la basura tarde o temprano.
–¡¡¡¡¡Mmmmhhhnhmhn!!!!!
–Quería hacerte las uñas de los pies, pero te vas a librar, Huguito, este centro de estética ha de cerrar ya hoy…
–¡¡¡¡¡¡¡Mhnnmnnhmhnhmnh!!!!!!!
–El cuchillo, Fredo.

Luego estamos en el despacho de Tupac. Decoración minimalista, relajante, el olor es agradable, hay plantas, todas naturales. He tenido que esperar a que mi potencial jefe se lavara. Su secretaria me ha servido galletas saladas y agua. Sigo con mi carpeta en las manos.
–Bueno, chico, siento la espera.
–No hay problema, señor.
–Déjame ver esa hoja de méritos.
Se la entrego. Lee cada línea con atención, creo que teniendo muy en cuenta el tiempo que llevo ya aquí. Asiente, asiente.
–Hum…
Asiente.
–Hum…
Hacia la tercera hoja comienza a leer en vertical. La verdad es que apenas me molesta. Creo que en la cuarta decide obviar el apartado de mis aficiones.
–Esto es justo lo que me habían dicho. Dedicación, chico, alguien que se presenta en los sitios con los deberes hechos. Detecto un buen montón de madrugones y cafés entre todas estas líneas, ¿me equivoco?
–Era mi deber, señor.
–Por supuesto, por supuesto… Un jodido montón de horas de estudio. Estas hojas, estas cosas, te lo aseguro, hacen que cualquier padre o jefe, o cualquier maldito bicho viviente con dos dedos de frente se sienta orgulloso, orgulloso porque aún hay esperanza para todos.
–Gracias, señor.
–Lo que temo es que, con tantos méritos, quizá te aburras haciendo lo que necesito…
–…
–¿Percibo dudas?
–En absoluto, señor, iba a decir que no he venido a divertirme, aunque luego me ha parecido inadecuado.
Tupac comienza a reír a carcajadas. Saca un puro de algún cajón cercano a su barriga. Se lo enciende con esmero, mientras se va apagando su ataque de risa.
–Sabía que eras de los míos, muchacho. Ya pasaron los tiempos de aquello que llamaban Vocación, ¿verdad?, todos tan orgullosos, toda aquella apología del Disfrutar con tu Trabajo, los niños tenían que divertirse, los adultos tenían que sentirse copados y llenos; pero ¿cómo demonios encaja eso en…?
Tupac deja los brazos en aire, agitándolos, mostrando incomprensión y gran desaprobación.
–Tú sabes tan bien como yo, chico, que con todo ese rollo las arterias de este bonito mundo se atascan. Con todos esos idiotas fumando porros o vaciando de pupitres las clases de primaria para ganar en vete a saber qué…, todos esos amanerados de pacotilla, que ni siquiera se duchan hasta que no pueden soportar su propio hedor… ¿Sabes qué le digo a mi mujer cuando me apetece irritarla?
–Qué, señor.
–“¡Menuda es nuestra hija, todo un portento, está hecha todo un hombre!”

–Y mi mujer hace que no con la cabeza, como si ella no pensara lo mismo que yo, como si yo fuera cerrado de pensamiento… Hasta que comprende que es el propio mundo en que vivimos el que es cerrado, y que yo solo me adapto, y de esa forma he educado a mi hija, que ahora es toda una empresaria de 28 años. Ella no es la mandada, es la que manda, ella no es la vejada, es la que veja, ella no es la violada, es la que viola, ella no muere, ella MATA, chico. MATA.
–Le comprendo.
–Y no estoy jugando con asquerosas metáforas. El mundo son hechos, el mundo es literal, y yo soy quien palpa, yo también soy literal, yo soy físico al menos hasta que muera, y lidio con un mundo físico, con un mundo que no admite el riesgo en exceso, y cuando te excedes, cuando arriesgas más allá de los límites que te han enseñado tus mayores, ese rollo te deja en la calle. Por gilipollas.
–Lo capto, señor.
–Como Hugo, Hugo era un gilipollas, chico. Lo de antes no ha sido un asesinato, ha sido prácticamente clemencia. La mejor de la que soy capaz. Sé que sueno demasiado, ¿cómo lo dice mi mujer?, demasiado Rotundo… Pero nadie necesita más de lo que yo tengo. Tengo todo lo que necesito, y también lo que deseo, tengo mis necesidades cubiertas, y también los caprichos. Porque yo me mancho, yo madrugo, yo echo horas como un burro, descarto, admito, observo, determino, valoro, selecciono. Como a ti. Yo tengo que hacer todas esas cosas, y de ese modo la maldita rueda de los alimentos sigue girando.
–Cierto, señor.
En ese momento entra la secretaria, parece que con algunas cosas para mí. Se vuelve a ir, rauda.
–Gracias, Clarita.
–…
–¿Sabes qué es eso, chico?
–…
–Eso es la prueba de que estás contratado. Como lo oyes. Ya trabajas para la firma. Y te espero aquí el lunes, con las pilas puestas, con la misma determinación de hoy. Y todo saldrá a pedir de boca. Te va a ir bien, muchacho.
–Mucha gracias, señor, no sabe cómo…
–No me des las gracias, esto solo es el fruto de tu esfuerzo.
Es un traje de chaqueta, también una corbata. Algo así como un obsequio. Una bienvenida. Ahora solo queda lo más tirado de todo, el protocolo, la muestra de buena fe. Tupac se pone de pie y rodea la mesa.
–Bueno, chico, seguro que ya sabes cómo va.
Perdí la virginidad en términos de entrevista laboral hace ya unos años. Pero cada nueva ocasión, en cada entrevista, siempre teme uno no estar a la altura. De modo que me arrodillo y agarro la pequeña erección de este hombre gordo y benevolente, y succiono de la mejor forma que sé. No me dejo los huevos, y luego me meto el pene una y otra vez hasta el fondo, aunque no llega ni para atragantarme mínimamente. El tipo suspira, y parece que va a correrse muy rápido. Pero antes me pide que me baje los pantalones y los calzoncillos. Susurra con un tono dominante. Intento recordar los ejercicios de dilatación, la relajación, el control de la respiración. De todas formas es un pene fácil, pequeño y, lo más importante, delgado.
–Chico… Uf… se nota que has pisado pocos despachos…
En realidad no soy de culo estrecho, pero cuando no llegas a los treinta años les gusta pensar que eres semi-virgen. (Esta vez no hay condón.) Al fin y al cabo soy hetero, y eso es lo que más les suele gustar. Incluso un homosexual debería fingir que no lo es, porque quieren esfuerzo, sumisión, porque eso es lo que valoran, y claro, lo que les pone cachondos. Las empresas no quieren que sonrías y te corras como un gorila manchándoles el parqué. Quieren que hagas lo que tienes que hacer. Es una parte esencial de la entrevista, aunque hoy Tupac haya tenido la amabilidad de asegurarme que ya estoy contratado incluso antes de la Prueba Física.
Después de un par de minutos de culeo poco enérgico, me da un cachete, señal inequívoca de que quiere correrse en mi boca. Me posiciono, la abro y saco la lengua, espero paciente a que el hombre se sacuda esa sardina empresarial. Mi futuro. No puedo verle la cara desde mi posición, la panza se derrama sobre su vello púbico. Huele a sudor, y también un poco aún a la sangre de Hugo. Gruñe como si fuera a sacar alambre de espino por el pene. Lo estruja, ya casi flácido. Sacude y sacude, ya no parece tanto perseguir un orgasmo como trabajar para lograr un reto.
Finalmente, salpica un par de gotas muy pequeñas y calientes, ambas caen en mi mejilla derecha. La punta del pene queda babosa, pero la corrida se ha limitado a lo dicho.
El hombre se apoya en la mesa con la mano derecha. Resopla como después de un agotador trance.
–Uf… Chico… Uno no siempre está para estos trotes…
Me pongo en pie.
–Es comprensible, señor.
Tupac se mete la polla en los calzoncillos y se abrocha los pantalones.
–Pero no te preocupes. Tú lo has hecho bien.
Las dos gotas de esperma me bajan hasta el cuello. En ese momento entra la secretaria (que parece que sepa siempre en qué momento debe presentarse). Lleva un paquete de Kleenex. Como si fuera una enfermera o algo por el estilo, saca uno y me limpia la cara.
–Gracias, Clarita. Dale la bienvenida al chico. Ya tenemos el nuevo empleado que necesitábamos.
La mujer de mediana edad me sonríe de un modo fugaz. Hace una bola con el kleneex, y antes de volverse a ir como una bala, me dice mirándome a los ojos:
–Enhorabuena. Y bienvenido a la firma.

helic

Ático

Se está yendo el sol, es casi nuclear el efecto de cómo entra por los ventanales de la estancia, que van del suelo al techo, y que de todas formas creo que son anti-balas o anti-aviones o no sé qué. De normal, y a tanta altura, el panorama suele llamar la atención cuando uno mira hacia fuera por la ventana, pero en este caso sería más interesante ver lo que sucede aquí dentro desde fuera. No descarto que alguien esté dando buen uso a sus prismáticos. Hace bien, hacen bien, aun con todos esos discursos que llevan luego como trajes elegantes pero económicos. Todos esos tíos Éticos que te quieren hacer creer que lo sabes todo de ellos, y que todo en ellos es intachable. Una de las chicas se corre otra vez, cada vez que lo hace muta en aspersor, pero aquí nadie se queja, y la llamamos Transformer. Ella se ríe. Casada, treinta y muchos, creo que tres críos; ahora un negro intenta meterle el puño entero. Ella se duele y a la vez pide más. El puño por el ano. Aquí se reúne todo tipo de gente; la gente no tiene ‘pinta de’, ‘es’ al margen de la pinta. El plato especial llega en los cumpleaños. Él ático es tu regalo. Lo que necesites. De cuando en cuando hay un desgarro, o alguien tiene que ir a urgencias para que le extraigan algún objeto no necesariamente fálico. Esos videos horribles que algún colega te enseña con su móvil y que tú quieres pensar que son fakes, esa vida es real como el aire, te rodea. Todo lo que se te ocurra hacer es casi seguro que alguien ya lo hizo multiplicado por diez. Lo bueno de esto, del reunirse aquí para no hablar a gritos, es que así no hay nadie afectado por el síndrome del tertuliano. Nadie intenta hacerte creer que su opinión siempre viene a cuento. Ahora hay unas diez parejas, hetero, homo, follando por encima del mobiliario y por el suelo, casi hasta por el techo, en toda clase de posturas, como si hubieran caído tal que así desde una gran altura. No os voy a engañar, no siempre es muy higiénico, y no todos usan condón o toman precauciones, pero es que aquí vienen a eso, a no tomar precauciones todo el tiempo. Cualquier ciudadano medio, aunque le vaya lo que la mayoría de gente llamaría Bien tal y como son las cosas, se ha pasado el 80% de su vida comiendo mierda. La ironía es que aquí no todos le hacen ascos a la coprofagia, aunque para eso se les pida que Sólo en el Lavabo. Pero, como decía, aquí se viene a “ser malo”, a levantarse, a moverse con libertad, todo eso que desde crío no te han dejado hacer, o que por contra te obligaban a hacer si era Hora de eso. Aquí varias decenas de personas vienen a cuenta gotas para poder soportar el resto de sus vidas y horarios, para poder seguir diciendo en la versión oficial que eso les basta y que no necesitan nada más, ni se sienten perdidos o embaucados o explotados o legalmente maltratados. Aquí vienen a tomarse un descanso de esa tan cacareada Dignidad de la que todos hablan afuera. Esa Dignidad que llega de bajarse los pantalones seguramente sea el motivo por el que todas las cosas horribles suceden. Y no hablo de lo que pasa aquí; follar hasta desmayarte o que alguien te meta el puño o te cague encima es horrible según el contexto, quién seas o cómo te lo quieras tomar, pero siempre es mucho menos horrible que, por ejemplo, la Religión o la Guerra, es decir, que abusar de niños o el asesinato. El Sistema siempre se las arregla para, jugando con las palabras, justificarte todas las cosas deleznables que suceden. Y tú lo aceptas en tu vida. Todo eso que hace comer mierda al que no quiere comer mierda, incluido tú. Tienen todo tipo de excusas, casi siempre basadas en el asegurarse el futuro, en los críos, en la seguridad, o en, claro está, el miedo. El futuro son los niños, los niños son tus hijos, y si algo da miedo es lo que les pueda pasar. Haría algo para mejorar las cosas, pero tengo hijos. Tengo hijos, así que tengo miedo. Es un pez que se muerde la cola: La política perfecta, la perfección para la política imperante. Muchos de esos padres de familia vienen aquí a que dos chicas de diecisiete años les hagan una mamada doble y así poder olvidar la Miseria con forma de Normalidad en la que están hasta el cuello por lo que fue o quisieron llamar Amor. Aunque por lo que se suele ver en este ático, no da la sensación de que fuera haya mucho amor, quiero decir, Amor, y no solo Planes. El límite son los dieciséis, y el aforo es de 25 personas. Lógicamente tenemos nuestras propias leyes, como toda buena “organización”, con la diferencia de que la moralidad se la dejamos a Dios, ese que flota imverbe y con una erección, el que está al márgen del Vaticano y que seguramente sea el único que existe. Lo bueno es que por más que alguien se pase de la raya, casi siempre hay al menos dos o tres médicos enculando a alguna mulata o a alguna univeristaria aquí. Hay una vibración de ligera y sana Amistad entre todos, y siempre la confianza necesaria como para que todos tengan claro que aquí nadie es rechazado ni tiene manías ni quiere solo medidas perfectas o edades concretas. El silencio se valora siempre entre gemidos y suspiros, o entre gritos de dolor premeditado. La discreción juega un papel importante en cuanto a que nadie suele dar su nombre auténtico, ya que también es importante saber separar el ático de la vida real, la cual está sembrada para la mayoría aquí de excusas increíbles para estos lapsos de tiempo. Obviamente si ves a una de tus amantes un día por la calle con sus dos críos y su marido que es la tediosa responsabilidad personificada, no te paras a saludar y sonreír. Es importante respetar el aburrimiento de los demás, no por el aburrimiento, sino porque los demás lo han elegido, y porque esa persona te estará metiendo la lengua en el ano el viernes, con lo cual estaréis fortaleciendo un árbol genealógico en el que se podrá leer algo de verdad bueno entre líneas; al menos todo aquel que tenga eso tan demodé llamado Imaginación. Son Válvulas de escape clásicas. Nadie va de putas pero luego la estadística quema la máquina, nadie es infiel, nadie hace ciertas cosas, nadie compra ciertas cosas. Nadie consume porno, aunque el dinero que mueve el porno pudiera convertir el cuerno de África en un lugar ideal para tus permanentemente bañados y sonrosados hijos. Nadie hace nada, pero las cosas suceden, puntúan. Y la mierda, la mierda también sucede. La mierda lleva corbata y es occidental cantidad de veces. Todos estamos en el ajo, la única luz a final del túnel para muchos es el orgasmo. La única forma de volver al pasado, la juventud ajena.
Recuerdo que un amigo me dijo que estas cosas, estos mundos paralelos, estos nidos de mentiras y cuernos y más mentiras, al final no eran más que la única parte buena –o medianamente salvable– de la Hipocresía a nivel mundial. La unica búsqueda discutible de la felicidad que como mucho solo dañaba a un puñado de personas, y no al resto del planeta. Eran palabras alcoholizadas, pero residía una escalofriante verdad en ellas. A menudo, cuando salías del Sistema (el Global, el Tuyo), era cuando eras tú mismo de verdad. Y a la vez no querías salir, porque sabías que la mayoría de gente, por miedo y “autoafirmación”, te repudiaría. Esto es el Limbo en la tierra. Pero un Limbo amable, en el que tú eliges tu grado de riesgo e infidelidad. Y obviamente no es el único. En todas las ciudades ha de haber varios, en todas las ciudades el engaño es una cuestión de supervivencia. El orgasmo es la última parada de la esperanza. Bajen todos del tren, fin de trayecto. Algunas veces no puedes hacer nada más. Follarse a otras, aunque estés casado y con críos, es lo menos malo que puedes hacer que te haga sentir libre de equivocaciones pasadas, aunque solo sea unos segundos cada semana. Es una droga asociada con la libertad que te venden en los anuncios. Las otras opciones tienen que ver ya con la violencia, o con erigirse en un hijo de puta al que le gusta cómo son las cosas (esta, por desgracia, es la opción mejor vista). Lo cierto es que la mayoría de gente está indefensa, lo cierto es que no defender de vez en cuando al patético hombre corriente sería de una gran y venosa doble moral.
Todo es horripilante, sí, todos esos críos de padres irresponsables que se ponen los cuernos los unos a los otros. Pero no se puede negar que la muerte viene definida a menudo por lo que la Naturaleza ya no necesita. También la muerte de las tradiciones. A veces te hace sonreír el pensar que poco a poco toda esa gente que defiende cierto estilo de vida, se pasa en un porcentaje escandaloso a este “lado oscuro”, simplemente, quizá, porque esa Fase a la que “traicionan” ya es sencillamente el Pasado en términos evolutivos. Es un proceso inconsciente. Lo cierto es que quienes forman una familia en base a la moral que todo el mundo cree Ideal, en base al Contexto que todos aseguran es el Seguro, quieren tener el monopolio del Amor. Y hasta tal punto ha llegado eso que incluso muchos creen que algo tan obvio y de Principio de los Tiempos como la homosexualidad, es algo aberrante que habría que erradicar. La monogamia no es el demonio, aquí en el ático no sostenemos eso. Lo que celebramos algunos es otra cosa, y es tan simple y llana como la Verdad. Por paradójico que suene, y aquí, donde muchos han mentido para poder venir, lo que prima es la Verdad. Si hay algo seguro en una orgia, es que la Mentira acaba reducida a la mínima expresión. Cosa que seguro no pasa en multitud de hogares y dormitorios supuestamente monógamos y honestos. Aquí todos estamos porque queremos, y lo hacemos lejos de querer dar imagen alguna de estabilidad o pureza (obviamente). Aquí nadie está por apariencia. Aquí la Verdad salpica, metaforica y literalmente. Aquí la tensión se disipa, tu novia se desahoga y tu mujer se corre como a los 20 años. Tu novio formal (palo-metido-por-el-culo-académico-mediante) demuestra su humanidad y tu marido su aberrante afición al oral y el anal. Aquí no caben los parámetros que afuera nos hacen “profesionales” o rectos, aquí se difuminan las fronteras y límites y así nos dejamos unos a otros ser Personas. Aquí es donde acaba obteniendo algo de alivio todo aquel que viva o haya firmado a mayor gloria del errático Amor, el contrato con Dios y los mal conceptuados planes quinquenales. Aquí se hacen paréntesis de vidas sinteticas en las que la Institución quedó por encima de los Sentimientos reales. Como tantas veces pasa. Si todas las personas que hay aquí estuvieran tan enamoradas o felices o conformes como dicen estar ahí fuera cuando alguien les escucha, esta sala estaría vacía. Vamos, es una obviedad. Ni siquiera hablamos de monogamia o poligamia, hablamos de coherencia. Y no me vale ese discurso fácil de afrontar con cojones las circunstancias y dejar a maridos y mujeres y emprender una nueva vida si es que la que tenemos es inaguantable. Porque es injusto. Mucho más injusto de lo que siempre se dice. Porque nos dijeron qué era lo que había que hacer y cuándo había que hacerlo. E hicimos caso, para hacer lo que nos aseguraron es correcto. ¿Y ahora se supone que hemos de entrar enseguida en una espiral de Divorcio, de Separación de bienes, de Ver a nuestros hijos una vez por semana? ¿Y todo por haber hecho lo que nos dijeron?, ¿por haber sido niños buenos?, ¿por haber puesto el culo?, ¿por haber elegido oficios que odiamos solo porque parecían estables o de alto perfil? ¿Ahora hemos de echar toda esa mierda abajo? ¿La mierda que otros nos dijeron que era la ideal?, ¿y que nosotros controlábamos? ¿Quiénes son aquí los hipócritas mentirosos que se están cargando el mundo? ¿Quién debería reunir el valor para mirarse al espejo y afrontar la Puta Realidad? ¿Quién es peor persona, aquel que en ESTE mundo –tal y como es– está confuso y va de culo, o aquel al que dice le va de fábula?… Y esa gente, esa gentuza, adalides de la ética y la moral, todos esos que mantienen las cosas tal y como son, ¿esos van a entrar a juzgar a la gente de este ático? ¿O les van a acusar de cobardes? ¿Desde sus salones premeditados desde los 20 años y sin un solo pesamiento propio atesorado en 40?… Aquí tenemos a algunas chicas, y algunos tíos, tenemos algunas personas que con una sola insinuación les derrumbarían todo ese castillo de naipes de Hipócrita y Tendenciosa Integridad. Porque ay, amigos, todo eso está ya demasiado VACÍO. Suena hueco. Porque si no lo estuviera, si no lo estuviera, el mundo en el que vivimos sería algo MUY distinto.
El bonito caos a que da pie este ático, no es más que un reflejo de la incoherencia de los procedimientos que se tienen por lógicos. No quiere decir esto que todos aquí seamos buenas personas, o que todos afuera sean unos mamones perfumados. Quiere decir, seguramente, que aquí dentro no somos lo que los de ahí afuera creen. Esto no es el negro y lo de afuera el blanco. Más bien el gris es el mismo en ambos lugares. La fuerza de voluntad es un valor condicionado, la valentía te puede llevar igual a ser el mejor o el peor, un heroe o un gilipollas. La cabezonería no siempre te hace entrañable y trabajador. La Filosofía es más importante de lo que casi todos creen. El Tiempo Libre es un marciano, un ovni apenas visto en pos del Sistema. Esto no es palabrería anárquica. He visto a mujeres de más de cuarenta años que sólo habían leído lo que era un orgasmo, he visto a tíos que no sabían que hubiese orgasmos femeninos que pudieran bañarles la entrepierna, he visto a todo tipo de chicos y chicas romper a llorar después de haberse follado aquí a alguien, porque acababan de engañar a sus parejas, y todo aun reconociendo que no querían a sus parejas, y también que no las iban a dejar. He visto a madres hablar por teléfono con sus maridos mientras 18 centímetros las empujaban por detrás. Los he visto que han venido solo una vez, y otros que casi se han quedado a vivir. Los he visto ver la luz y también atajar hacia el suicidio solo por el sexo delicioso practicado en crudo, y el tremendo shock de haberlo conocido. He visto cosas mucho más interesantes que el Replicante. He ayudado a fregar este sitio, literalmente, algunos sábados y domingos por la mañana. Los restos de los errores que se cometen fuera de este lugar; de percepción, de razonamiento, de decisión en base a la edad o el currículo. Errores en base a haber hecho caso en su día a esas caras adultas y sonrientes, sabios de otro tiempo que actúan como anclas para la evolución. Este Transatlántico espacial enorme lleva mucho tiempo anclado, y aquí hemos decidido hacernos con un camarote desde el que enseñarle el dedo a los demás.
Hay una foto enmarcada del dueño de este sitio. Una vez le conocí. Casi nunca viene por aquí. Yo nunca he coincidido con él, además de aquella vez. Es, me dijo, un mero salido, un gilipollas, seguramente peligroso, a la vez que patético. Me dijo que eso le había asegurado su ex mujer. Me confió una llaves. Nunca he sabido si todos los demás también las tienen. Sé que se suele llamar a la puerta aquí (y que no hay timbre), aunque aún no sepa bien qué se les pasa por la cabeza a los que lo hacen. Me he vuelto un romántico. Ya no participo si no me siento atraído por la chica en cuestión. Ser un voyeur está permitido. También se puede fumar, y también hay bebida. Todo lo que mucha gente describiría como algo irresponsable, inmaduro, vago. Esto podría ser la nueva Discoteca. La del siglo XXI. Pero con matices. Con la música ya aceptada como ruido ambiental, baja y agadable, con la gente no buscando sexo sino follando, con las personas de este mundo no desconectando, sino reconociendo sin ambages la huida. Con la poesía no como palabras mecanicamente escogidas, sino como sensaciones reales, sin atardeceres ni amaneceres artificiales.

solda

Es monogamia

–Creo que tengo que perder cinco kilos.
–O diez.
–Gilipollas.
–¿Es que eres un hombre?
–Depende a quién preguntes.
–Deberías perder diez kilos y luego aclarar lo de tu sexo.
–Mi sexo no tiene relevancia aún para ti, ni para mí, y no me gustan esas bromas macabras.
–De todos modos siempre hay un orificio de entrada…
–Eres muy listo.
–No sabes si listo o lista.
–Si habláramos por un chat ya te habría despachado.
–No sé si eso me habría sentado mal.
–Tú solo sabes sentarte de una forma.
–Siempre me has creído vete a saber qué.
–No perdería un solo kilo por ti.
–Yo hablaba de tu salud.
–Como si supieras algo de mi salud…
–Sé algo de tu salud mental.
–No sabes lo suficiente ni para forjarte un buen prejuicio.
–Sí. Quizá incluso tengo más preparación que tú.
Seguro que no tienes más preparación que yo.
–Eso es lo que tú crees.
–Ya te pasé mi currículo, pero aún no sé nada del tuyo…
–Mi currículo está perfecto, erecto y venoso.
–¿Entonces debo deducir que eres…?
–Era una metáfora.
–Me lo creeré.
–Pero tengo un buen trabajo, nunca me ha faltado trabajo.
–El otro día conocí a una Persona.
–Creo que no hay muchas…
–Tenía clarísimo su sexo…
–No me digas…
–Me alejé sin decir nada, creo que intentó morderme…
–Creo que hacen eso, canibalismo emocional.
–No, oí la dentellada, y se negó a verbalizar su currículo, como tú.
–Todo lo que necesitas saber de mí es el hecho de lo que yo no sé de mí.
–A veces sospecho de tu Normalidad.
–Soy normal, deja de intentar ofenderme.
–Nunca me hablas de follar o de intentar follar o de quién folla con quién.
–Dame tiempo.
–Me dijeron cosas muy raras de ti.
–No levantes la voz, pero alguien del servicio está leyendo un libro.
–Lo he visto, y no tiene su móvil al lado, ni un Ipad, ni una hoja de apuntes.
–¿Qué te dijeron de mí?
–Te vieron entrar sin nadie más en una cafetería, de lo más bohemio…
–Estoy harto de hablar de eso. Había quedado.
–Ya, pero también te vieron salir solo.
–Era para ver a una persona, yo tenía prisa, quedamos para follar otro día.
–Me está sacando de quicio la camarera.
–Tiene ese aspecto improductivo y definido que parece decantarse por algo.
–Fíjate que he dicho camarera, sin dudar.
–Da un poco de miedo.
–Lleva un cuarto de hora sin levantar la vista del libro.
–Parece una lectura sin propósito práctico.
–Podría ser una Persona.
–Pero creo que eso no se pega, o solo por la sangre o el coito.
–Un familiar me contó que otro familiar suyo había follado con una de esas Personas Definidas, y que luego se le vio dando un paseo sin nadie más, no llevaba ningún bolso, deambulaba con lentitud, sin auriculares, luego entró en una exposición pictórica. Sin nadie más. Puede que incluso fuera sin móvil. Creo que ahora está en tratamiento.
–Todos estamos al borde del precipicio.
–Sí si vamos Más allá de la Agenda de Socialización y Academicismos.
–Le deseo suerte al familiar de tu familiar.
–Parecía que la camarera iba a subrayar algo del libro, pero no.
–A veces solo es para marcar una frase, nada que ver con la memorización, creo que lo llaman Asimilar Conocimientos.
–Lo que quieras, es horripilante.
–Nunca te lo he dicho, pero yo en la niñez vivía con mis progenitores en un barrio con muchas de ellas.
–¿Personas?
–Era un barrio pobre.
–Qué horror.
–Luego nos mudamos.
–Espero que pronto.
–Yo tenía trece años.
–Uhm…
–En aquel momento no me hizo gracia.
–El qué.
–Mudarme.
–Tus padres hicieron bien.
–Mi padre no tenía mucha formación, pero hizo un curso de Economía vital aplicada a la Economía monetaria.
–Y vio la luz.
–Y nos fuimos.
–¿Y tu madre?
–Ella se echó a perder.
–¿Y tu padre…?
–Y se divorciaron.
–¿Y tu madre…?
–Creo que vive en la montaña o algo así, con alguien con vello facial, hace muchos años que no la veo.
–Claro.
–Se metía en el baño y cosía. Luego se compró material de dibujo. Un día mi padre le encontró un cuento obsceno escrito a mano en cinco post-its en el cajón de las bragas.
–Lo siento…
–Ya está superado…
–…
–Creo que la camarera es de verdad camarera, o al menos una Definida, pero no sabría decir por qué.
–Es esa actitud, esa forma de levantar la barbilla sin tener ni un Diploma en casa.
–No sabemos si lo tiene.
–No sabes observar el comportamiento de las Personas.
–…
–¿Si tuvieras este trabajo y pudieras abrir un libro en tiempos muertos no estarías estudiando para salir de aquí cuanto antes?
–Creo que algunas Personas lo llaman Inflación Académica, como un callejón Educativo sin salida, estanco a un nivel evolutivo, anticuado, erróneamente conceptuado…
–Sí, todos los que me servirán café durante toda su vida…
–No deberías hablar tan alto…
–No nos oye, está abstraída, vi una más como ella hace dos años. Se meten en su propio mundo, se aíslan, no oyen nada, y suelen llevar bigote y esa barba. Seguro que la pobre no folla nunca.
–…
–…
–Está mirando… Ves como sí te estaba oyendo…
–Que le den, o es Persona o no, que se aclare. Esa gente no suele saber hacer dos cosas a la vez, tienen que profundizar en todo, como si eso te trajera un duro de más al mes. Si lee de gratis para su Asimilar Conocimientos, que lea y nos deje en paz.
–Creo que todavía te oye.
–Que le den.
–Creo que son violentos…
–Quienes, ¿las Personas? Claro que lo son, pero no me da ningún miedo.
–Creo que viene hacia aquí.
–Que venga.
–Ah, pues al final no.
–Que venga si quiere. Si tiene tan claro lo que es y todo eso, que viva al margen de la sociedad con su vello facial feminista.
–No tengo claro que las personas que pueden dejarse crecer así el vello facial sean las que son mujeres.
–No te ofendas, pero claro que lo son. Mis padres hablan pestes siempre de las mujeres, y cada vez que veo a un ser así es completamente horrible y brusco todo el tiempo. Han de ser mujeres por fuerza.
–Entonces tú…
–Calla.
–Yo tenía un profesor o profesora en la universidad, y decía que…
–¿Te refieres al que salió de la enseñanza con la huella de una patada en el culo?
–Sí, pero aun así…
–Ese ser solo quería notoriedad, y no descarto que fuera una Persona, aunque no se saliera de la homogeneidad estética.
–En todo caso, aseguró que las mujeres tienen el pecho desarrollado y vagina, y los hombres, vello facial y pene. Luego añadió que debíamos dejar la carrera cuanto antes, e investigar por nosotros mismos.
–Y eso a una clase abarrotada de menores de 27 en plena formación, menudo genio…
–La verdad es que a mí a veces me hubiese gustado saber…
–¿Para qué?, has sido un ser estudioso, una memoria privilegiada, y sigues siéndolo, y ahora además lo combinas con un buen trabajo de alto perfil. Ya sabrás qué eres cuando llegue el momento, cuando eso ya no suponga un peligro para ti.
–Ya, pero… parece un elemento importante de la personalidad, ¿no crees?
–Solo tienes que preocuparte por mantenerte ocupado, no por la Personalidad o la Identidad. Eso no ha traído nada bueno a nadie, o a casi nadie, que viene a ser lo mismo. La identidad es solo una excusa para la pereza y la vagancia. Si no, mira cómo sobreviven todas esas Personas que visten como quieren y se pavonean intentando reafirmarse a sí mismas.
–La verdad es que nunca lo he tenido claro.
–Y eso es lo mejor.
–No, me refiero a que nunca he sabido qué pensar, sobre si eso de la Identidad es…
–La Identidad es una cuestión de Responsabilidad, es una de las primeras cosas que nos repiten en Primaria, negar nuestras Responsabilidades impuestas es lo que nos quita la Identidad; pero el trabajo duro y las buenas notas, los títulos, el buen camino, la preparación, eso es lo que nos da la Identidad, y la Dignidad, y joder, lo más importante de todo en la vida: el dinero. No se puede ser hipócrita.
–No sé si sabes a qué se refieren cuando hablan de Identidad…
–¿Sabes qué?, ni lo sé bien ni me importa. Todo marcha, me va de fábula. Me alimento seis veces a la semana, tengo casi seis horas libres al día y los fines de semana solo trabajo de siete de la mañana a cuatro de la tarde. Soy un ser trabajador, sé que el sacrificio es necesario y…
–Ya, pero hay quien dice que históricamente ese sacrificio ha hecho que nos acoten ciertas libertades y…
–¿Pero qué libertaje?, esto es la vida real, no es una película, no podemos estar siempre hablando de cuentos de hadas. Hay que ser realistas, hay que ganarse el pan. Eso es todo. El resto son chiquillerías.
–Uh, aquí viene otra vez la…
–Qué asco… Creo que viene de fumar.
–Creo que algunas Personas aún fuman.
–Supongo que forma parte de su… ¿cómo lo llaman?
–Libertad.
–Su Libertad y su Identidad… Su Libertad para servirme el café y su Identidad de camareros futuros muertos de cáncer…
–Sigue oyéndote, ¿es que no sabes hablar más bajo?
–No me da ningún miedo. He visto a mujeres así en el bar de la calle Prometeo. Juegan al billar y a los dardos, se gritan entre sí como animales. Beben cerveza y jamás se afeitan.
–Trabajadores de la construcción, supongo.
–Serviciales trabajadores de bajo perfil que se creen Libres de mente y con Identidad, cobrando el salario mínimo y con esos pantalones antiguos todo el día…
–Tejanos…
–Esa tela horrible te ha de pegar hongos o algo así.
–Creo que lo llaman La Tela del Pueblo.
–La tela de la Personalidad, que se la queden ellos, junto a sus turnos de tarde-noche y sus Libros-Por-Placer y su… ¿cómo era?
–Asimilar Conocimientos.
–Todo ese Asimilar Conocimientos… que se lo queden para ellos.
–…
–…
–…
–Qué…
–No, solo iba a decir que es curioso que en los libros que me han hecho comprar para mi Máster en Historia, no hay nada de antes de la 3ª Guerra Mundial…
–No sé cómo te has metido en ese berenjenal, no le importa a nadie.
–Han eliminado además la asignatura de Desinformación Productiva.
–Los tiempos de Google y los pajilleros, y más libros por todas partes… Has tenido suerte, todo eso ha de ser un coñazo… Te irá mejor para los exámenes, menos Teoría sobre Inductores de la Nueva Civilización.
–Aunque aún dan Destrucción de Datos…
–Eso es lo mejor que nos ha pasado nunca, créeme.
–La teórica camarera vuelve a estar muy metida en su libro-por-placer.
–No entiendo esa manía con leer, cuando acabé la carrera me juré que no volvería a leer jamás. Y luego resultó que tuve que volver a hacerlo para el máster…
–Sí, es sorprendente. Yo también pensaba que el máster era otra cosa.
–Así que luego me prometí no sólo que al acabar el máster no volvería a leer, sino que además juntaría todos los libros que tengo y haría una hoguera en algún sitio donde poder bailar alrededor y cantar como un ser realmente descontrolado, casi como si fuera una Persona. O una mujer de las odiosas. ¿Te imaginas?
–Suena divertido.
–Como un ser Sin-Techo y alcoholizado de tanto intentar encontrar su Identidad de las narices. Lástima que al final no lo hiciera.
–En serio, me resulta incómodo que no bajes la voz con ese ser velludo tan cerca…
–Déjala, no se entera de nada…
–Además, sabrás que muchas de esas Personas tienen tanta Preparación como…
–¿Preparación?, ¿acaso no están en contra de eso?, ¿acaso no creen que los malvados profesores les van a robar el alma?
–No. Creo que incluso abogan por la Educación, pero no por la Educación vigente.
–Claro, ellos son más listos que nadie, los colegios que hay no son lo suficientemente buenos para los señoritos seres superiores. Quieren que les saquen a pasear al campo y luego que les den un diez por haber recogido un ramillete de flores…
–…
–Yo te diré lo que son. Son todos Personas radicales, narcisistas patológicas, Personas extremistas. Personas que no quieren a su país, que seguramente desprecian a los seres humanos, e incluso a sus familias. Personas que no saben arrimar el hombro y que les encanta quejarse como si sus fracasos no fueran suyos, sino de la sociedad. La misma que ellos repudian y no ayudan a seguir construyendo.
–…
–¿Acaso no opinas como yo?… A veces me das escalofríos, casi como si te fueras a quitar la ropa homogénea y fueras a llevar debajo una camiseta de una de esas películas antiguas, o de uno de esos grupos de rock con tanta Personalidad.
–…
–En serio, te lo digo en serio.
–¿Hoy tienes el día libre o algo así?
–Entro a trabajar en una hora y treinta y cinco minutos. Hoy solo hago doce horas, las ventajas de hacer horas extras.
–Y estabas en…
–¡Nunca te acuerdas!… Estoy en Pretecnotimes. Oficina de Transbulación Obtometrizada. Mucho papeleo. A veces es una pesadilla, bueno, casi siempre es una pesadilla.
–Oh, no lo… ¿Y te gusta estar en la Oficina de Trasbul…?
–Transbulación Obtometrizada. Claro que sí, me encanta, me eligieron entre 500 candidatos, todos con formación superior. Creo que les encandilé en la entrevista.
–Vaya… ¿qué les dijiste?
–Oh, casi nada, solo leyeron mi currículo. Y ya llevo allí 35 días, lo cual creo que hace mucho que no pasa con ningún empleado.
–¿Te hicieron contrato?
–Claro, nada más y nada menos que de cinco días. Aunque estuve dos de prueba antes.
–Vaya…
–A veces hago medio turno, solo 9 horas, así que estoy aprovechando para terminar un Ciclo Formativo a distancia. A por la quinta hoja de currículo completa…, ya es casi mía.
–Impresionante.
–…
–Debo reconocer que tu currículo es más amplio que el mío.
–Hace un rato solo bromeaba, no te tortures. Sólo ponte las pilas. Hay mucha competencia, hay que estar listo como Ser para…
–Espera…
–… porque en esta vida hay que…
–Espera, mira…
–Qué…
–Creo que hay jaleo ahí fuera…
–Oh… ¿eso es fuego?
–Creo que arde un coche.
–…. Anarquistas tarados…
–Anti-Comunistalistas.
–¿Qué?
–Ya lo sabes, ¿o no? Comunismo y Capitalismo, remover y servir.
–Siempre paranoicos…
–No es que apruebe lo que hacen, pero podría no estar muy en desacuerdo con cómo piensan.
–¿No se suponía que era un ideal?
–No si escoges los peores rasgos del comunismo y los peores de capitalismo y los mezclas. Corres el riesgo de generar una nueva Dictadura Democrática. La Historia está llena de eso.
–Están tarados, solo queman coches y containers, en lugar de contribuir en algo a la sociedad.
–Ya, pero ahí está precisamente el punto, no quieren contribuir porque no les parece un modelo de sociedad justo…
–Otra vez tengo escalofríos contigo, en serio…
–…
–…
–…
–Qué pasa…
–….
–Por qué me miras así…
–No lo sé, es que…
–Preferiría que me lo dijeses. Si te ha hecho sentir mal lo del currículo, pues oye, yo no tengo la culpa, tú decides tu nivel de formación. Yo solo te digo que…
–No… es que no creo que debamos seguir viéndonos en estos lapsos de Agenda de Socialización…
–… ¿Otra vez te preocupa lo de no saber con seguridad tu sexo?
–…
–Oye, al fin y al cabo sabemos que somos hombre y mujer, y que somos heterosexuales. ¿Qué importa si no sabemos quién es el hombre y quién la mujer?
–No… no es por eso.
–¿Entonces no quieres verme más?
–Es que no…
–¿Es eso?
–…
–¿Y me puedes decir por qué?
–…
–¿Es por mi currículo? ¿Por el tuyo?
–…
–¿Por qué no me mandas de una vez el tuyo? Por correo. Sólo quiero verlo. Para saber con quién hablo…
–…
–Porque me… Me gustaría follar contigo, pero después de ver tu currículo. Es lógico, ¿no?
–La verdad, no lo sé.
–¿Quieres que me abra de piernas para ti solo porque me caes bien?
–…
–Es normal que quiera saber qué has hecho, hasta dónde has llegado. Tienes trabajo, y eso está muy bien, pero ¿y tus títulos?, ¿y tus méritos?… ¿Todo ese rollo de la Afección Académica te ha comido el coco?
–Inflación Académica.
–¿Es que ahora vas a hacer eso de… Asimilar Conocimientos?
–…
–Debería haberlo sospechado. Recuerdas cosas que cualquier buen estudiante retiene solo lo suficiente como para aprobar un examen. Me dijiste que eras buen estudiante… y te creí.
–…
–Y ahora resulta que atesoras esos… Conocimientos… esos… Asimilares o lo que sean…
–Oye…
–Y ese día que fuimos a tu casa… Te quería follar, aun no habiendo visto tu currículo. Pero entonces no me dejaste entrar en esa habitación misteriosa…
–…
–¿Qué había en ella?, ¿eh?…
–…
–¿Novelas?, ¿libros-por-placer?, ¿lecturas no-prácticas?, ¿películas viejas? ¿No querías que averiguara el origen de toooodo tu tiempo perdido? ¿Es eso?
–No hace falta que grites…
–Y ahora te avergüenzas de tu currículo. Y me haces sentir culpable por haberme esforzado, porque yo sí he hincado codos y me he pasado la tira de años memorizando para tener un buen futuro, un buen trabajo…
–No entiendo por qué estás tan…
–…
–¿Por qué lloras?
–Yo quería proponerte Monigamia, y ahora resulta que tú…
–¿Monigamia?
–Mino…
–Oh, ¿Monogamia…?
–…
–Es que, no creo que nosotros… no creo que estemos en la misma…
–¿Asimilación?
–S… sí…
–Y si…, oye, da igual, y si… ¿y si follamos aunque no…?
–Oh, no, no sería justo para ti… Tú me has enseñado tu currículo. Yo no… Yo tengo muchos menos méritos, menos idiomas. Incluso repetí curso en la Secundaria.
–…
–…
–¿Por qué no me lo has dicho?
–Pues sí, ¿vale?, les decía a mis padres que estaba estudiando, y metía libros-por-placer dentro de los que tenía que memorizar para los exámenes.
–¿Porno?
–No, leía a otros autores, novelas, las que no estaban en el programa de estudios…
–Por Dios…
–Sí…
–Estuviste a punto de tirar tu educación por la borda.
–Sí…
–Pero luego remontaste.
–Gracias a mi padre. Tuvo mano dura conmigo. Recibí muchas palizas…
–Porque se preocupaba por ti…
–Así que comencé a memorizar, y en lugar de palizas comencé a recibir regalos…
–Claro.
–No fui un buen estudiante. Quiero que lo sepas. NO fui un buen estudiante. Nunca me ha gustado estudiar. Me gustaba leer, como has dicho, atesorar conocimientos. Leer libros de Historia descatalogados. Tenía mi propio camello para eso.
–Vale, basta.
–Mi propio camello. Me conseguía libros de la Segunda Guerra Mundial. Libros sobre Hitler, sobre Stalin, sobre JFK…
–Basta, en serio, ni siquiera sé de quiénes me hablas…
–Libros de Ficción, de Pynchon, de Wallace, de Dostoievski…
–En serio, basta…
–No llores, ¡es la verdad!, tenemos un pasado, gente que murió, que luchó de verdad, que contó historias, que acumuló experiencias que nosotros hemos borrado…
–Basta, por favor…
–Porque no es Monigamia, ¡es monogamia, joder!
–¡Eres un capullo!
–…
–¡Ya no te voy a follar!
–¡Mejor!, ¡porque podría ser una Persona, y te podría contagiar!
–Oooh, Dios, hijo de…, ¡me voy a ir!
–¡Pues vete!
–¡Ahora mismo!
–¡Adelante!
–…
–¡A qué esperas!
–¡Sólo busco calderilla para pagar, imbécil!
–…
–Mamón…
–…
–…
–…
–…
–Siéntate, anda…
–…
–…
–El coche sigue ardiendo, ahora no me quiero ir…
–Sí…
–¿Tienes un kleenex?
–Sí…
–…
–Calmémonos un poco. La camarera barbuda ha estado a punto de llamar a la poli o algo así…
–…
–…
–No me hagas reír, estoy en modo irritación contigo.
–El ser monígamo…
–No empieces…
–¿Eso es lo único que quieres, mi currículo?
–…
–¿Eres como un jefe de personal con tus ligues hasta que te enseñan el currículo?
–No, capullo…
–A lo mejor sí soy un capullo. Pero igual eso no te disgusta tanto.
–Igual.
–…
–Tengo miedo de irme sin compañía.
–No te vayas.
–…
–Echo de menos a mi madre…
–…
–…
–¿Sabes dónde vive exactamente? ¿En tu libro de familia era quien tenía pechos?

glo