La pulsera clave

No sé si entiendo bien qué hago aquí, intento razonar mi presencia en un lugar concreto cada vez. Pero no siempre tengo éxito en el intento. Mi cabeza se pone en modo pausa. Lo cual no quiere decir que no oiga a quien tengo delante. Es novio de alguien, de una muchacha sentada en la otra punta de la mesa, ella le habla a un amigo mío que sospecho está también en modo pausa. Pausa, mi palabra para cuando solo funcionas lo suficiente como para que quien te mira no sospeche del todo que pasas de él. Algo así como un coma lúcido. El restaurante está en la última planta de algo llamado Edificio Iris. Todo, la comida, el lugar, la gente, las intenciones, los prejuicios, el aspecto de muchas personas, el servicio, etc., es sencillamente una risa para mi cartera, que cuenta con 30 euros que seguro van a volar, junto quizá con otros cinco a deber a quien tenga la amabilidad de echarme un cable con esta “encerrona”.
Es una de esas ocasiones en las que decir No era todo un follón, un ritual del No, toda una danza del No que incluía varios pasos, varias llamadas, justificaciones estériles y ceños fruncidos por mi parte que jamás hubiesen podido convencer a nadie de que tenía cosas más importantes que hacer. Hubiera sido mi complicada Performance –con luces epilépticas y máquina de humo incluidas– del No, para despistarles del hecho de que en realidad mi No solo se debía a la simple razón de no tener putas ganas de asistir a una comida junto a unas veinte personas más en pos del cumpleaños de alguien, alguien a cincuenta años vista de la muerte con quien tengo trato solo porque su novio es colega mío desde que hacíamos cosas como pedir permiso para ir a mear.
De modo que dije que sí, y me ahorré todo ese berenjenal de la negación.
Supongo que por eso estoy aquí.
Porque soy alguien esencialmente sociable. ¿No son los hechos lo que nos define? …
Un obrero sacrificado del socializar, eso soy. Trabajo duro en ello. Sudo la gota gorda. A veces soy capaz de salir con gente a cenar y a tomar algo y después del proceso he perdido dos kilos. Sólo del valor que he tenido que reunir.
Hay una palabra que no existe, al menos una, que vendría a definir qué viene después de la pereza. Hay algunas cosas que cuando tenías veinte años te hacían sentir notablemente emocionado y adulto; no hacía falta mucha originalidad, bastaba con salir a cenar, hacer un pequeño viaje, ir a un concierto. Es un largo y previsible etcétera de cosas que, pasados los años, y sabiendo el nivel de roce que con el resto de las personas significan, hacen que se te encojan los huevos y solo puedas pensar en las actividades que realmente preferirías hacer ese día, o días. Sean las que sean. Aunque sí, es verdad que hay personas (muchas) que creen que el tiempo libre es –antes que nada– para socializar, y el concretar demasiado las actividades más allá del hecho de reunirse, comer y beber, no es algo que les haga mojarse precisamente. Cosas como ir al cine o al teatro, a una exposición, lo que sea, se están convirtiendo en Demasiado Estáticas, poco dadas a… la comida, la bebida y el Ruido. Y joder, hay multitudes adictas al ruido. Lo de los heroinómanos es un chiste en comparación con los adictos al ruido. Es una adicción Masiva, Completa, Absoluta.
El Ruido no es como pincharse o meterse caballo, dirán algunos, no es tan malo. Bueno, todo es cuestión de enfoque, de darle un par de vueltas, de no quedarse con la primera impresión. A veces el ruido parece aquello para lo que se creó el ser humano (puede que junto a la producción de plástico). Ni en el espacio hay ruido. No se conoce otra fuente de ruido más allá del borracho de tu amigo. No valen los dinosaurios, ellos no necesitaban ruido, les bastaba con sus cosas de dinosaurios, dar paseos, buscar la cena, todo lo que sea que hicieran antes de que llegara la supuesta gran piedra; pero no necesitaban seguro una sala mal sonorizada, música mal concebida y un montón de desconocidos pavoneándose sobre lo que iban a tener que madrugar al día siguiente o sus planes de volver a mudarse. Sí, puede que haya extraterrestres, pero por lo que sabemos incluso los ovnis suelen ser bastante silenciosos, de modo que si de verdad hay marcianos y alguna vez vienen e intentan comunicarse, probablemente la Tierra será para ellos como una gran Guantánamo de la tortura auditiva, como ese infierno de auriculares con pitidos o ráfagas de Death Metal a todo trapo cada diez segundos las 24 horas del día.
La gente amiga del ruido, poco amiga a su vez de interiorizar lo más mínimo en sí mismos más allá de decisiones materiales, son los que anteponen el cacarear al hablar, y también son fanáticos de los recuerdos como excusa para la tecnología. Y no me refiero a la vertiente artística de la fotografía. Piensa en esos marcos que se venden en casi cualquier tienda, esos que se exponen con una instantánea de muestra en la que hay modelos rubios, o niños rubios, o seres humanos atractivos y sonrientes en general, con una felicidad casi desafiante. La gente del ruido aspira a esa Imagen de la felicidad. Solo debes echar un vistazo a sus salones. El problema es que esa imagen de felicidad es prácticamente solo eso, una imagen. Es el enfoque más extendido sobre una buena vida, basado no tanto en sanas dudas como soportes para elecciones meditadas y Personales, como en los distintos niveles de la estética vital más extendida, ya sea en solitario, en parejas o en grupos. Es una proyección de felicidad cuyo principio básico se suele basar –edad y agenda mediante– en intentar planear la espontaneidad (para después –entre otras cosas– fotografiarla, claro).
Es como intentar resolver un cubo de rubik no dándole vueltas, sino lanzándolo contra la pared una y otra vez después de haber contratado a un grupo animadoras para que brinquen, sonrían y te den aliento. Porque la duda, el darle vueltas al asunto, solo está permitido durante un momento. Y coño, si tienes pasta para contratar a esas chicas, seguro que es porque esa inversión tiene sentido (lo decían en el anuncio…). Los rasgos propios de carácter, hoy día, son como encontrar un trébol de cuatro hojas, de cuatro hojas y que hable, y sepa también hacerte la declaración de la renta, y ya de paso el cubo de rubik…
Creo que tampoco existe una buena palabra para lo que sigue a la sobada y sobredicha «Superficial». Y es una pena, porque creo que estamos en ese punto. Es un nuevo estado pútrido de las cosas, aunque algunos dicen que quizá el principio de algo mejor. Dios les bendiga, y les oiga…
Los ruido-adictos siguen obsesionados con el aspecto de todo. Creen que el aspecto de todo lo define todo, también el nivel de profundidad y relevancia de una vida. La familia tradicional, un hijo, dos, los regalos, todo son cuestiones estéticas. Un Padre y una Madre, entrando con el crío en casa de los abuelos, un domingo, todos los domingos, es el ritual estético de los domingos. No es el hecho (el cual puede ser perfectamente coherente, sincero, feliz y natural), es la histérica premeditación lo que puede resultar alarmante. El vivir para perseguir esa imagen generalizada y común, sin dejar que las cosas fluyan de un modo real, como natural respuesta al movimiento, aunque uno en su vida encuentre la felicidad en otras imágenes, en otros momentos y por otras causas.

Si quieres que una persona en principio amable, interesante y respetuosa se vuelva más bien torpe, previsible y potencialmente irrespetuosa, júntala con más personas, al menos más de tres o cuatro, y cuece a fuego lento. Las personas tienden a perder muchas cualidades en grupo, todo se vuelve puro cachondeo, lo cual no es necesariamente malo, pero sí puede llegar a ser pesado, y cuando ya llevas un buen rato, muy aburrido (y el siguiente potencial paso suele ser la tensión, y así sucesivamente). No todo el mundo es divertido, de hecho el sentido del humor no es algo que abunde, a no ser desde el enfoque de siempre otra vez, que es forzándolo todo y haciendo apología del vaso medio lleno, si no directamente atacando con sarcasmo a alguien, normalmente no presente. ¿No es curioso que la gente que saca a colación ese puto vaso medio lleno/vacío es casi siempre la que dice que hay que verlo medio lleno? Da que pensar…, son los mismos que siempre hablan con etiquetas, en términos de optimismo y pesimismo, de blanco o negro (aunque esto lo disfrazan mucho), de control total del propio destino, de sonreír sí o sí, etc. Quiero decir, ¿se supone que esa gente es el modelo de conducta a seguir tal y como están las cosas? … Siempre me los imagino un lunes por la mañana, llevando a cabo las actitudes que siempre promocionan, levantándose con una sonrisa, duchándose tarareando algo oído el día anterior, desayunando tostadas y zumo y leche y cereales y café y… (porque es la comida más importante del día), y luego dando los buenos días con energía, yendo al trabajo a hacerlo todo con el entusiasmo de la labor bien hecha (sea el trabajo que sea), y más tarde siguiendo vitales y hablándoles a todos de lo muy medio lleno que ellos ven el vaso … Tal y como yo lo veo, esa gente son el votante ideal para el político de hoy en día. Con todo lo que eso conlleva. Porque, creedme, mienten, los lunes por la mañana de esa gente no son así, y quizá ni los viernes lo sean, por increíble que parezca… El prototipo de ciudadano feliz ideal cada vez se parece más al prototipo de muñeca hinchable ideal. Y el perfil de tío asqueroso que se lo folla debe ser, de hecho, bastante parecido.

Pero es un problema seguir subrayando como psicóticos la mierda del mundo, incluso aunque el 90% de la gente quizá no la vea. O sepa de ella, pero le gire la cara. La persona que tengo delante habla de un piso con hipoteca. Nuestro mundo es así de pequeño. Una palabra que sí existe y que es muy certera, es Resignación. No porque sea lo correcto, sino por ser al menos lo más practicado. Te pones ropa vieja y limpias el piso, te centras en las pequeñas rutinas. De hecho muchas veces no hay más remedio. Hay mucha gente que incluso lo busca, la tira de gente. El paso final en todo eso es tener un hijo. Si tienes un hijo ya no puedes preocuparte por nada más. Si además eres como el prototipo de ciudadano feliz que antes comentaba, ya entramos en el terreno Rebaño. Es probable que la no-extinción del ser humano sea el problema. Es probable que una recesión obligada en la natalidad pudiese ser una de las pocas soluciones al problema de la No-Lucha, de la No-Concienciación.
Pero claro, solo estoy exponiendo soluciones idiotas ahora, pensándolas mientras otro futuro padre de familia me habla sobre Ir Tirando.
Como decía, es ya un problema seguir subrayando la mierda del mundo. Porque ¿qué hay después de la ironía?, ¿qué hay después del sarcasmo?, ¿de la crítica feroz?, ¿del veneno entre líneas? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Cuál es la respuesta a todo eso?
John Lennon dijo algo como: “El amor es la respuesta, y tú lo sabes…”
Es algo con lo que siempre he estado de acuerdo, pero ¿cómo se aplica tal principio a todo un rebaño de ovejas asustadas que no dejan de procrear, y que solo conciben uno o dos tipos de amor? ¿Cómo puede mutar ese amor de cortísimo alcance en algo tan masivo como la adicción al ruido? Porque, al fin y al cabo, si los sentimientos y las adicciones ocuparan lugar o se pudiesen contabilizar o medir en su densidad, creo que es bastante obvio que el amor no sería el valor que destacaría en las gráficas…
Hay alguien más sentado a la mesa. Es una chica que tiene novio, de hecho están sentados juntos. Es una chica que me pone paranoico (para empezar), de la que me sentí muy cercano durante un tiempo, y a la que sigo amando, aunque solo sea dentro de mi cabeza. Por distintos motivos, ella se distanció, seguramente más por mi culpa que por la suya, y ahora siempre creo que el escenario actual de la situación es lógico, pero también de una disposición muy equivocada. Esto se puede interpretar fácilmente como una rabieta mía, porque ella no está conmigo, porque yo desperdicié mi oportunidad, etc. Pero en serio, mirad a ese tío…
A veces creo que si le atropellara un autobús ese tipo saltaría en pedazos de placas electrónicas y cables. No moriría, bastaría con hacer otro como él. Porque el Sistema los saca así, como de una cadena de montaje. Un tipo cuadrado en actitud y perfectamente preparado para este mundo enfermo. Un buen tipo enfermo, optimista, que ve el vaso medio lleno, y que seguro ya está planeando dejar preñada a su novia; al fin y al cabo ya llega la edad, ella veintimuchos, él treinta y pocos, comparten piso, planean hipotecarse en otro piso… Imagina que te contaran una y otra vez el mismo cuento infantil. Que cada diez minutos alguien llegara y te volviera a soltar ese rollo. Y que aunque tú le dijeras que prefieres algo distinto, él insistiera en que eso es lo mejor, que es el mejor cuento, y que te lo va a contar. Y te lo cuenta otra vez, y otra, y otra, siempre los mismos giros, la misma ética, la misma moral, el mismo desarrollo, la misma moraleja, los mismos personajes, una y otra y otra vez… Si Dios existe, es omnipresente y nos ve, así es como debe sentirse. Otra vez el mismo cuento, con los mismos tiempos, las mismas edades, las mismas percepciones, la misma mierda contaminando el cielo, los mismos bebés/planes. Otra y otra y otra generación de jóvenes luchando entre ellos, compitiendo entre ellos para parecerse lo máximo posible entre ellos.
–Yo quiero ser igual que tú.
–No, yo quiero ser igual que tú.
–No, nadie va a ser más parecido a ti que yo.
–Ni de broma vas a parecerte más tú a mí que yo a ti.
–Y no solo me voy a parecer a ti, me voy a parecer a todos y cada uno de los estudiantes de este lugar.
–No, YO voy a ser el más parecido, te voy a demostrar con mis notas que Yo Soy Igual que Tú.
–¡Porque vamos a hacer los mismos exámenes!
–¡Y yo los voy a aprobar igual que tú!
–Y los…
–… dos…
–…vamos
–… a…
–… ser…
Al unísono:
–¡¡Iguales!!
–¡¡¡Jajajajajaja!!!
–¡¡¡Jajajajajajajjajaja!!!
–¡¡¡Jajajjajajajajjajajajaja!!!

La cosa comenzó un día en que tenía que coger un autobús. Lo recuerdo todo como en un idílico atardecer, pero con mi facilidad para idealizar cualquier cosa, puede que el día estuviera encapotado… El autobús iba lleno. Solo había un sitio a mi lado. Ella fue la última en entrar, y se sentó. Tenía 19 años. Yo unos pocos más. No sé cómo empezó la conversación, creo que dije alguna estupidez. Mis estupideces tienden a provocar o bien interés o bien rechazo sin más, no suele haber término medio a bote pronto.
Es importante el contexto. Yo venía de ver a alguien, de ver a alguien con quien tenía en ese momento un buen, digamos, trato en relación con la carne humana, bastante confianza, aunque nada más allá. Así que había pasado tres días con esa persona, y los tocamientos eran una constante. Era un intercambio, no solo de sexo, sino también de cariño, de protección, alivio, etc. No tenía por qué haber frialdad, aunque fueran quedadas puntuales.
Así que de ahí venía yo, de ver a una chica que básicamente me lo permitía todo, porque se fiaba mí igual que yo de ella. Por lo cual, cuando en el autobús, después de un rato de bonita conversación, y de que a mi compañera de viaje se le cayera una pulsera con la que jugueteaba, y a por la que se agachó, acabé tocándola más de la cuenta. Y la verdad, ni siquiera a ella. Cuando se agachó, se le vieron en exceso la bragas, y los dos niñatos que teníamos atrás comenzaron a cuchichear. Así que mi impulso fue pinzar los pantalones con los dedos y subirlos para que terminara el espectáculo. Ella se incorporó ya con la pulsera y miró hacia atrás airada, hacia los niñatos. Yo pensé que me había propasado tomándome esas confianzas con sus pantalones y sus bragas, pero ella, aun con cara de irritación por los de atrás, dijo:
–Gracias.
Así que hice como si nada, como si la situación hubiera sido perfectamente manejada por mis acertadas decisiones. Puede que fuera así, o puede que no; pero en realidad la cosa solo se basó en lo que ella había decidido respecto a mí desde la primera idiotez que le dijera. En lugar de sentirse junto a alguien raro o extraño, se sintió junto a alguien Bueno, igual que yo cuando ella me soltó ese «Gracias». Ella daba miedo, aunque en el mejor sentido. En su mirada sigue habiendo algo, algo tan cercano a proporcionar Respuestas que parece imposible que su cuento acabe siendo otro cromo repetido. Pero, sobre todo, resulta muy Irritante la posibilidad potencial de que lo acabe siendo.

la pul

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17 comentarios en “La pulsera clave

    1. Nadie hablaba de death metal, o de música, hablaba de rágafas de death metal cada diez segundos 24 horas al día, es decir, era una mención a una tortura (que de hecho se ha llevado a la práctica). 🙂

  1. Todo se convierte en rutina, por eso a mi me gustan los comienzos.

    Ahora he recordado que hace algún tiempo te leía de vez en cuando… te había perdido la pista.
    Me gusta como escribes, se te lee con mucho gusto.

  2. “La gente del ruido”, una bona etiqueta per anomenar a les persones superficials que prefereixen el soroll que el silenci i que sovint no saben escoltar ni als altres ni a si mateixos. A mi la música perquè sí també em molesta molt. D’altra banda, la història d’Ella trobo que és molt potent, que és un bon material per explotar literàriament. La trobada al bus transmet molt més del que es diu.

  3. Vaya, un viaje interesante por tus palabras :). Bonita la historia del bus con la chica de 19 años. La frase de John Lennon me ha atrapado, pero no por lo que dice, sino por lo que el cabrón de él no hacía. Era violento, maltratador, maleducado y cruel (con sus dos esposas) sin embargo creemos que era un tío todo amor porque escribía canciones ad hoc. En fin, va a ser que se juntaba con otras tres personas, como dices. Jaaaajaja (Discúlpame la broma)

  4. Escribes muy bien.. y lo sabes..jjajaja.. gracias por pasarte y visitarme.. no te perderé la pista.. puedes ser adictivo. . estoy contigo en que cada vez somos más ruidos, superficiales y borregos.. añoro el silencio, la paz y no estar con gente.. este fin de semana quizás me lo pueda permitir..
    un saludo

  5. gracias por la visita a mi blog, existe tanta cantidad de datos y de temas que me va a ser muy difícil escribirte un comentario oportuno a tu entrada, aunque me quedó un cierto malestar cuando lo leí, eso de que estés obligado a participar en una reunión, ya sea laboral, familiar o simplemente de amigos, a mí me desagrada tanto el ruido como a ti, y eso me hace pensar y ponerme en tus zapatos, eso de estar dando respuestas negativas, de inventarte excusas para decir que no puedes ir, el ruego de aquellos que invitan y que tienden a casi obligarte, pero lo que no entiendo es el lío en que sueles meterte por el simple hecho de querer asistir, porque una cosa es estar obligado a ir y otra que le digas a todos que no quisiste ir pero que te obligaron, pero en el fondo todos sabemos que tú estuviste allí, en esa reunión no por obligación, querías verla a ella, aunque sea desde lejos, que al final de cuentas pudiste decir SI, ESTARÉ PRESENTE pero a las finales refugiarte en tu casa y no salir, pero quién pudría obligar a alguien a participar de una reunión??? a mí me hacen miles de invitaciones, y a todos les digo que estaré allí, puntual, pero no me aparezco, ni mi sombra, incluso apago el celular para que no me llamen ni me molesten, así que eso de que te obligaron a ir, es prácticamente otra excusa, para no aceptar que deseabas ir con todas tus ganas y darle una miradita a aquella chica que aún, sigues estando enamorado hasta los huesos….. saludos

  6. Pienso igual que el protagonista de tu historial, me encantaría poder tomar un café con él, que alegría!
    Me encanta esta parte: es la histérica premeditación lo que puede resultar alarmante. El vivir para perseguir esa imagen generalizada y común, sin dejar que las cosas fluyan de un modo real, como natural respuesta al movimiento, aunque uno en su vida encuentre la felicidad en otras imágenes, en otros momentos y por otras causas.
    Creo que por eso soy adicta a la improvisación. Como todo lo que he leído este texto también me ha encantado. Espero que no te conviertas en una adicción!!! jejeje

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