Regurgitando (1 de 5) – Sangre infantil

Era lo que llamábamos La Plazoleta, había un banco a cada extremo y jardines y grandes árboles tras ellos. Eran ese tipo de bancos en los que se solían sentar las señoras del barrio (y ahí siguen) a comer pipas y ver pasar sus vidas por delante mientras rajaban en susurros las de los demás. Pero en esa plazoleta en concreto no se atrevían demasiado, sí en las anexas. Porque esa plazoleta era para el fútbol, para los niños del barrio. Niños, parece, bastante distintos y mucho más duros que los de ahora, niños “de periferia” (y hay ciudades que son todo periferia), de cara manchada, mirada al suelo y notable libertad de movimientos.
Se requería de no poca técnica, los goles se marcaban por debajo del banco, y los bancos daban apenas para tres culos come-pipas.
El suelo era grava, piedras que salpicaban no pocas veces. Un niño se clavó una en una rodilla una vez; al sacársela le pudimos ver el blanco del hueso. Yo mismo di un testarazo contra el suelo un verano y perdí el conocimiento durante unos segundos. El juego era duro y normalmente nos lo tomábamos en serio. Tanto que había no pocas peleas. Era todo por lances del partido, calentones y competitividad. Todos sudábamos y levantábamos el polvo de debajo de las piedras disputando el balón; el polvo se nos adhería a la cara y se nos veían marcadas las gotas de sudor chorreándonos hasta el cuello. Los partidos podían llegar a durar tres y cuatro horas. Cuando llovía, todos nos llenábamos de barro.
Nos los pasábamos bien, pero sí, también nos encabritábamos. Hasta los quince años me debí pelear como unas treinta veces, y eso yo, que era alguien tranquilo y tímido… Cuando dos chicos se picaban el resto nos limitábamos a dejarles hacer; raramente nos inmiscuíamos o les separábamos. El lanzamiento de grava era habitual, pero sobre todo lo eran las patadas y los puñetazos, siempre lanzados sin mucha maña, casi más pensados para descargar la propia rabia que para hacer daño. Todo parecía formar parte de nuestros derechos infantiles de fin de semana después de la semana entera de pupitres y aulas y reclusión. (Y mucha incomprensión.) Los padres parecían entenderlo en el fondo, aunque obviamente hicieran su papel si alguien sangraba o perdía un diente.
Lanzabas una patada a la espinilla, o un puñetazo al hombro, o al pecho, con todas tus fuerzas; la sensación de pelearse era lo más intenso de tu vida. Algunos lloriqueábamos de rabia durante la pelea, luego ya más en la adolescencia enrojecíamos y nos insultábamos a voces mientras algún adulto corría a empujarnos. Todas las madres eran «putas» casi todo el tiempo. Cabrón, gilipollas, mamón… no éramos muy creativos, pero sí muy sinceros en el momento. Y también luego al hacer las paces. Era nuestro propio club de la lucha con fútbol, con adultos a los que sacar el dedo si se asomaban por la ventana, con niñas cerca para las que vacilar como si no estuvieran ahí.
Intentabas meter un dedo en el ojo de tu colega, le metías un rodillazo, te agarraba, acababais en el suelo, revolcándoos. Y así la mayoría nos sentíamos mucho menos estúpidos o perdidos o maltratados o tramposos que cuando volvíamos al colegio (cada cual al suyo) el lunes.
Cada sábado y domingo nos sacudíamos cierta mierda que no entendíamos llenándonos de otra clase de mierda más tangible.
Ahora en esa plazoleta ya no hay grava, tampoco hay jardines. Es todo liso y minimalista; los nuevos bancos están impecables. No hay muchos niños que jueguen al fútbol de verdad. Hay una especie de árboles bebé creciendo tímidamente de cuadrados marrones; los de antes los talaron. Hay las mismas señoras veinte años más viejas; a algunas de ellas se les han sumado las hijas, que se han convertido en las nuevas señoras; han aportado sus bebés y más pipas. Algunos críos toquetean consolas portátiles u otros aparejos más caros. Si a dos niños se les ocurre pelearse, no los ves en varios días en la calle. Todo es más estático, blanco, mohíno. Contenido. Pero los lunes no han cambiado para nadie.

heli

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5 comentarios en “Regurgitando (1 de 5) – Sangre infantil

  1. La vida….Todo cambia…Una descripción muy detallada y acertada con la melancolía como telón de fondo y el correr de los años como eje central del texto….
    Gracias por visitar mi blog Jordi, me gusta cómo escribes, me gusta tu blog, me gustará leerte.

    Un abrazo
    Sofya

  2. todo, te encuentro super talentuoso! mas demasiado texto para mi…tengo 87 anos, y me duele la espalda. :)un gran abrazo!gracias por visitarme!!!! lei quasi o

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