Puto niño

El Moreno, como cincelado por una fantasía femenina, abre su gabardina y salva el obstáculo de un coche saltando por el capó. Saca de la nada una recortada y camina duro y brioso hacia un establecimiento que parece una joyería. Carga su arma tamaño bate. Al entrar vuela la cabeza al dependiente y se comienzan a oír los gritos de mujeres acompañadas por sus novios. Buenos chicos y chicas prometidas se tornan patéticos y asustadizos antes de morir. El momento adecuado con el lugar adecuado. El dependiente se parecía a Steve Jobs, ese otro vendedor endiosado. Era definitivamente una joyería, y todo rezumaba ironía del siglo XXI. Luego otro chico, esta vez Rubio, camina a bastantes manzanas de distancia y agrede a la gente que va por la calle, en su mayor parte tías en bikini o chicos sedientos de descargarse que van en bañador y llevan gafas oscuras y a veces algún colgante indeterminado. Es particularmente cruel, el Rubio, cuando el tío o la tía con los que topa son obesos o negros o chinos, o cualquier otra cosa que no sea muy habitual en el Paraíso de su Dios.
En el Paraíso hoy hay huevos fritos para cenar, alguien grita en la tele, dos voces que no se alternan, sino que vociferan a la vez y todo es ruido y luces y aplausos. Al día siguiente se madruga como siempre y la chica de clase de pelo largo y actitud altiva sigue sin hacer caso. Las horas pasan desesperantemente lentas en el aula, los profesores se pasan el testigo mientras los alumnos esperan. Algunos abren la boca como buenos polluelos esperando lo que deberán regurgitar en los exámenes; otros yacen y se cargan de paciencia mientras les llaman tontos, inútiles e irresponsables con retórica y buenas palabras adultas.
Ella sigue por la noche con su melena larga y su actitud altiva en el lugar intracraneal de siempre, y el alumno salpica demasiado las sábanas otra vez. Luego vuelve a no hacer los deberes y se duerme no muy plácidamente, aunque en un lugar bastante privilegiado del planeta.
Por la mañana, un rato antes de ir a la escuela y afrontar broncas y cierta clase de desmotivación tan sólida como añeja, unas chicas en bikini juegan a voleibol, y tienen unas tetas desproporcionadas y exclaman con grititos en inglés. Cuando se tiran para alcanzar alguna pelota maliciosamente lanzada, al levantarse sus tetas están llenas de arena, y ellas sonríen y enseguida están de pie otra vez y contoneándose listas para inflar braguetas adolescentes. Es el mismo día en que luego el alumno se pelea a la antigua usanza a la hora del patio, y además de ser mal estudiante comienza a ganar fama de problemático y potencial futuro delincuente sin estudios. Esa misma tarde, en el gimnasio del colegio, la chica de melena larga y actitud altiva inicia una conversación con él; en el vestuario de chicas, cuando ya no hay nadie más, se besan en la boca durante cuarenta y dos minutos, hasta que un entrenador de predeporte les interrumpe.
Más tarde, un mago arrasa toda una aldea con cierta pócima. Después el alumno tiene una discusión recargada de palabrotas con su padre. El puto niño, esa boca sucia, niñato irresponsable, etcétera.
Al día siguiente solo es jueves, y un comando asalta cierta base a tiro limpio antes de la primera clase de la mañana. El desayuno entra como alambre de espino. Muchas horas aún para el viernes; aunque el propio viernes es para el alumno una putada en sí, porque se agolpan algunas de las clases y profesores que más odia. Cuarenta y ocho horas insufribles con las que se tiene que sentir agradecido, le dicen, como siempre y con todas las demás horas. A esto hay que sumarle que ahora la chica de melena larga y actitud altiva es algo así como su novia, algo que el alumno no sabe bien cómo gestionar, ni tan siquiera sabe cómo ha de reaccionar cuando tope otra vez con ella. Solo sabe que quiere follar. La cuestión es que a veces es peor conseguir lo que uno quiere que anhelarlo. El deseo suele superar al objetivo logrado. Puede que sea así porque es así, o puede que sea así porque nos han educado así. Porque un logro solo puede significar la implantación de un nuevo deseo. Porque estamos huecos, porque somos «responsables».
Un día el alumno se folla al fin a la alumna. Solo dos semanas después del día del gimnasio. Lo hacen unas cuantas veces en los subsiguientes días, y poco a poco el alumno va perdiendo interés. Hay más chicas igual que hay más asignaturas; la diferencia es que las chicas sí le importan, sí le motivan, son algo emocionante, difícil, dulce, placentero; un 3 en un examen ya no le hace sentir nada, pero el insulto de una chica puede ser una nueva puerta que se abre hacia nuevas y fascinantes posibilidades.
Hay algunas chicas más, pues, y también han ido aumentando las peleas en la hora del patio. Y no solo en la hora del patio. Está comenzando a ser el puto niño por excelencia, entierra en polvos y puñetazos todas las humillaciones y la amargura que llegan por la vía académica. Antes no aprobaba porque no estaba motivado, ahora ya le empieza a dar vergüenza aprobar: ante sus amigos, ante sus novias. Deja los videojuegos y el fútbol, deja de leer, aunque antes le gustaba, leer es algo demasiado apegado a estudiar, deja de ser una víctima y se convierte en alguien que se hace respetar, lo cual le funciona mucho mejor que intentar ser alguien digno de respeto. Deja de poner el culo, contesta, vacila, folla duro en los lavabos de la discoteca, todo estímulo que venga de la periferia de lo que le funciona, es una amenaza. La burla funciona, las chicas funcionan, beber funciona, fumar, escupir al reloj, evitar la mirada de los demás, no pueden atisbar dudas o derrotismo alguno; sí cierta clase de optimismo dejado. La idea a transmitir es que sí, ya lo han conseguido, han conseguido que crea que todo es culpa suya. Ahora lo que deberán entender es que Le Da Igual; no solo el que todo pueda ser culpa suya; le da igual si lo es de verdad o no, no se va a hacer más preguntas: las preguntas no lubrican más un coño ni te dan gasolina gratis ni un día más de fiesta.
Un puto niño más y más estadísticas. El futuro se convierte para el alumno en etiquetas y números, una escaleta de acciones pendientes que hay que quitarse de encima cuanto antes, una tensión constante por no destacar ni ser inferior, una presión brutal por ser solo uno más.
Sólo por las noches, un poco antes de dormir, se imagina después de haber muerto a los 80 años; se imagina a sí mismo teniendo una buena pelea a puñetazos con alguien de allí arriba; una de las buenas, de barrio, cuando la sangre oscura empieza a brotar por las narices, cuando la nariz se parte y te hace llegar esos relámpagos de terrible dolor. Y esa idea hace que se le dibuje una sonrisa antes de dormir; aunque no sepa por qué, y desde luego no tenga ninguna intención de preguntárselo.

Adam Sidwell
Adam Sidwell
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11 comentarios en “Puto niño

  1. Un proceso muy real, es así, y al final consiguen que crea que la culpa es suya y como bien dices deberán entender que le da igual…Muy bien descrito y detallado, las situaciones y los supuestos que le llevan a ese punto….¡Muy bien!

    Abrazos

  2. La cuestión es que a veces es peor conseguir lo que uno quiere que anhelarlo. El deseo suele superar al objetivo logrado.

    Cómo me gusta!!!!! y la realidad es esa con todas sus consecuencias…es el mundo en el que vivimos ahora mismo. Deseos cumplidos sin conseguir nunca la felicidad absoluta. Eso es el ser humano.
    Y convertirse ¿en qué? y ¿para qué?
    Esforzarse en ser mejor. O no esforzarse para ser mejor en lo que uno decida…

    Lo que yo te diga Jordim…eres adictivo…imposible dejar de leer una vez empiezas a hacerlo…(me repito)
    Tus escritos reflejan con una fuerza desgarradora lo cotidiano pero con unas historias geniales…
    Besos

  3. Muchas gracias por tu visita a mi blog y dejar tu comentario, yo he visitado tu espacio y madre mia que escritos tan interesantes tienes, me ha gustado mucho, volveré con tu permiso y estás invitado por supuesto a seguir el mio.
    Abrazotedecisivo

  4. La historia puede vivirse en mi casa, en la del vecino… no tiene que ser en un barrio marginal. En ocasiones, pensamos que simplemente es la rebeldía de la edad y pocas veces sabemos como actuar a tiempo. El rubio o el moreno se siente incomprendido y decide “hacerse respetar y no ser digno de respeto”, una cosa lleva a la otra y se convierten en carne de cañón.

    “A veces es peor conseguir lo que uno quiere que anhelarlo”… Esta frase es muy cierta, disfrutas más el antes que el después… Pero siempre es más fácil poner el esfuerzo en lo inmediato que a largo plazo.

    Si no hay novedad nos seguimos leyendo.

  5. Cuando leo algo así, pienso indefectiblemente en que eso es el día a día de la juventud actual. Luego pienso en mi juventud y que no fue así. Luego pienso que los tiempos han cambiado… pero también veo a mi hermano adolescente y compruebo en él y sus amigos que podrán tener más aparatos tecnológicos pero que actúan igual que actuaba yo y mis amigos. Por eso nunca tengo claro si ha cambiado o no la juventud… Me dejas más pensativo que al comienzo de la narración.

    Un abrazo.

    1. Yo estoy en los treinta, y creo que solo han cambiado los envoltorios. Creo que el principio de desmotivación es el mismo en el fondo para todos los alumnos en el colegio, la única diferencia es que unos reniegan de ciertos métodos que yo creo obsoletos y otros encajan a la fuerza en ellos y se contentan con resultados numéricos (y obtienen medallas y se ahorran broncas). Creo que incluso el caso del alumno al que “le va bien” ya se debería someter a estudio, y ese es el gran problema, uno de los mayores… Tenemos una confianza casi ciega en un modelo de formación que seguramente ya se debería resetear. Pero es mi opinión.

  6. !Hola,Jordim!

    El ser humano es así de contradictorio,suele querer lo que no puede tener.Una historia muy buena.Muchos besitos,jordim.

    P.D:Ayer entre a leer tus historias,la de este blog y la del otro,pero no deje comentario porque ya era muy tarde y estuve en otros blogs.Pensaba venir hoy con mas tiempo.Mas besitos.

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