Desprendimientos (1 de ?) – Tortilla

–Si pasan página verán el gráfico de los presupuestos de los que les hablo, y quiero que se fijen bien en los datos que indican el declive de la devaluación.
Sonido de papel manipulado. Alguien tose. Alguien carraspea. Alguien aprovecha para sonarse la nariz.
–… en el sentido en que verán que no se puede tramitar una baja por defunción sin…
Nadie le pasa ninguna nota a nadie. Todos miran fijamente al frente, se puede oír el crujir de la ropa al más mínimo gesto. Llega un murmullo apagado del trafico de seis pisos más abajo. La mayor parte de alumnos son varones, hay seis chicas en una clase de cuarenta y dos asistentes. Solo hay un pupitre vacío. La pizarra tiene esa capa blanca de haberse borrado y escrito cientos de veces en ella. Nunca se borra bien, nunca es del todo inútil; es práctica o exasperante según a quién preguntes (o si te miente o no).
–… en el deceso hay una función decimal, como pueden ver, esto es interesante a nivel fiscal, ya que antepone datos presupuestarios en un contexto de excreción matemática que vale la pena analizar…
Algunos ojos se cierran solos. Hay algún pequeño sobresalto al haberte casi dormido y volver repentinamente a la realidad. El discurso se pierde, las palabras se deforman, la atención muere, el sistema sigue en pie. Como material de rascacielos. Ya no escuchas, solo oyes, tu increíble sensación de tedio empieza a cubrir los espacios en blanco. La acústica de la sala no ayuda. Es martes, son las nueve de la mañana; tu futuro es brillante.
–… económicamente hablando, y solo quizá. Dejad que borre esta parte y os hablaré de los pasos a seguir para despejar una deuda de un entorno conflictivo para poder hacer cálculos sobre el diámetro y espesor de…
No son drogas. Son años de lo mismo. Tampoco es que te extrañe, tampoco es que lo pienses, no es que sea una cuestión que esté sobre el tapete, no ha sido declarada como inteligente. O bien: Estás demasiado imbuido de tu responsabilidad, aunque ahora habla el maestro y oyes:
–… pero ya sabéis cómo son las madres, más agradecidas si son viudas, más sedientas si están cabreadas, más disponibles si la abuela se puede quedar al nene un día.
Lo cual tiene bastante sentido, piensas, son las cosas que te ayudan a mantener los ojos abiertos.
–… y este porcentaje lo colocamos aquí para poder hacer el cálculo trimestral para el dato de la casilla del impreso amarillo…
Fuera el sol parece estar batallando contra el cristal de la ventana. A medida que avanza la hora, aunque muy lentamente, el murmullo del tráfico disminuye.
–… que verán que es una cifra universal en este tipo de documentos; con esto podrán ir a donde quieran, les pondrán el sello y podrán montar en todas las atracciones y parejas sexuales que deseen.
En realidad la cosa comenzó a las nueve y solo son las nueve y siete. De todas formas luego hay más horas de este tipo, de esta clase, con estos arrestos, al estilo Delorean averiado. Es como lo contrario a viajar en el tiempo, y las emociones que conllevaría esto también se invierten.
–… tengo el colon irritable. Pero fíjense en los datos de la hoja rosa, verán que si hacen un sencilla regla de tres y le dan la vuelta al cálculo poniéndose ustedes de pie sobre un espejo a la vez que llaman a sus parejas (o las que querrían que fuesen sus parejas) y les dicen lo que sienten de verdad, podrán obtener el resultado deseado en lo relacionado con pasar página. Ahora mismo iremos a las tablas de evolución para la evaluación de rendimientos: sé que lo están deseando.
Alguien levanta la mano y murmura algo.
–Ya son ustedes mayorcitos. Si quiere ir al baño solo tiene que levantarse sin provocar un escándalo, e ir. Gracias.
Luego el alumno en cuestión no vuelve del baño. Pero no ha cogido sus cosas. Supongo que algunos se dan cuenta, pero ninguno tiene el suficiente ánimo ni tan siquiera para preguntarse por qué. El asunto queda en el olvido.
–¿Quién iba a saber que el globo ocular podía explotar por eso? Pero no se preocupen, las tasas no son un problema, a medida que avance el curso podrán manejarlas y trabajarlas con facilidad, verán las cifras y creerán que están ante un filete o una metáfora del coito.
Alguien decide poner el aire artificial. Así que se pasa de un creciente calor a un creciente frío que no acaba de ser frío, sino simplemente la traducción perfecta de cómo provocar un resfriado gracias a la tecnología.
–No necesitamos a la naturaleza. Por los complementos fiduciarios, podrán deducir que la evolución de las cifras a nivel anual se comporta de forma cíclica. Lo cual nos lleva a concluir…
La temperatura fuera es terriblemente calurosa, y dentro es de mentira.
–¿Y qué me dicen de todas esas niñas menores?
Alguien más se levanta, pero esta vez coge sus cosas, no dice nada y sale del aula. Es un chico, todos le miran un segundo con cierto deje de esperanza, quizá ante la idea de que podrían imitarle y así quizá “tirar su futuro por la borda”, y puede que vivir.
–Yo no digo que sea higiénico o común, pero la lluvia dorada tiene cierto encanto, y desde luego no tiene nada que ver con la coprofagia: quienes meten ambas prácticas en el mismo saco son quienes realmente están enfermos…
En realidad el único ruido destacable de la clase es un borboteo historico-estadístico que provoca el efecto contrario al de la típica canción que se te queda enquistada en la cabeza. El proceso, en su totalidad, es más bien como lo contrario al enamoramiento correspondido.
–Varias cifras fueron coincidentes en los años 84 y 85, y como pueden observar, esta línea descendente indica proliferación de valores a la baja. Seguro que conocen los entresijos de un conflicto de naturaleza infinitesimal, pero déjenme refrescarles la memoria…
Son las nueve y trece. Quedan cuarenta siete minutos de clase. Es la primera clase del día.
–Pero no me negarán, como alumnos de último año, que hay cierto encanto en esta escala de valores; fíjense en esta línea roja que yo he pintado naranja, aquí hay una clave de por qué este número que les señalo va a tener un papel clave en la naturaleza cíclica del proceso devaluativo. Estoy bastante seguro de que tengo una buena polla, aun con mi cara de muermo y mis sílabas rodando deprimidas por mi lengua, lástima que ya no tenga el vigor de antes. Cada verano hace más puñetero calor, ¿no les parece? Si no son felices ahora, ¿cuándo mierda van a querer serlo? ¿Eh?
Otro chico se pone en pie. No coge sus cosas. Sus movimientos son lentos. Nueve y trece y diecinueve segundos. Da dos pasos en una dirección, luego en otra. Nadie le dice nada. Apenas le mira nadie. No es que los ánimos estén apagados, es que no hay realmente algo como «ánimos» de ningún tipo.
–Cuando salgan al mundo laboral y consigan trabajos de verdad, y no me refiero a los trabajos temporales que tienen ahora en verano, sino a los trabajos respetables de alto perfil a los que aspiran y por los que están luchando, se encontrarán este símbolo que les señalo muy habitualmente junto a esta cifra, que estará irremisiblemente en esta esquina inferior derecha de las hojas azul aciano que conforman los informes AF-12-45. Déjenme que les explique cómo gestionaremos este concepto en relación con las hojas verdes que sabrán ya a estas alturas son los AG-83-15…
El chico puesto en pie ha abierto una ventana y, sin que nadie se dé cuenta realmente, ha saltado a la calle y se ha estrellado contra el capó de un coche aparcado seis pisos más abajo. Los alumnos han vuelto la cabeza vagamente en distintas direcciones cuando han oído el ruido apagado del cuerpo cayendo abajo contra el cristal, el metal y el motor, además de algunos gritos y ruidos urbanos poco habituales o identificables.
–Dado el porcentaje de los datos que se implementan en esta hoja verde, hay un sujeto que…
–Profesor –dice alguien; el hombre deja de escribir en la pizarra.
Entonces todos en el aula se percatan de que el chico que estaba de pie simplemente ha desaparecido; ven la ventana abierta y llegan a la conclusión más plausible, ya que de haber salido del aula por la puerta, la acción y el ruido habrían sido obvios, y aun estando ausentes y más bien apagados o muertos en un sentido creativo, habrían tenido la suficiente lucidez como para percatarse de lo que pasaba más o menos a las nueve y catorce minutos y cincuenta y nueve segundos.
Abajo había un equipo de televisión friendo un huevo sobre el capó del coche siniestrado, práctica habitual para el telediario de la tarde. El cuerpo del estudiante ha caído en parte sobre el parabrisas y en parte sobre el capó. El huevo estaba burbujeando y un reguero de sangre se ha comenzado a mezclar con el mismo. Parte de los compañeros miran por la ventana. Otros no se han levantado de sus pupitres y siguen mirando hacia un lado y hacia otro, aturdidos. Dos dormitan. El profesor busca una hoja en concreto en su carpeta de cuero. Su frente parece perlarse de sudor, aunque podría no ser más que un efecto óptico. Se hace con un bolígrafo rojo.

DSCN2052[1]

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s