Vengarse

Me veo arrastrado hacia el lugar, más o menos, como ha pasado casi siempre históricamente. Veo las mismas caras, no necesariamente las mismas caras, sino las mismas caras, aparentemente dispuestos, vagamente implicados (y vete a saber qué más en el fondo). Se encienden con la luz de falsedad aceptada de siempre al saludarse. Se mueven y gesticulan con lo que les han dicho es educación, con lo que les dijeron es corrección, o hasta quizá sinceridad. Ocupan un sábado más en un ejercicio para socializar. Van tachando casillas en alguna supuesta agenda del cariño, de la amistad, un rollo para barrer la soledad (y a saber qué más) bajo la alfombra. Abundan las parejas añejas, cómo no, habituales adalides del protocolo y la postura adecuada. Ellos algo atolondrados, ellas algo maniáticas y puntillosas (a veces es real, a veces hacen el papel; en cualquier caso nadie acaba sin al menos un ojo morado en tu imaginación). Maestros del gesto que toca, se fusionan con otras parejas en un barrizal de buenas maneras tan deliciosas y sanas como comerse seguidos cincuenta dónuts (a la vez que controlan el régimen de los de verdad). Sabido es que son aún peores cuando aumentan en número, como de hecho cualquier ejército. Ahora los ejércitos son perfumados y solo sobre el papel dispersos. Hacen apología de un amplio ano, disfrazan montones de horas de tedio y autodestrucción psicológica con una impecable higiene y cuidada vestimenta (solo premeditadamente sencilla), y sus bayonetas son las patéticas miradas sobre los demás que se lanzan entre ellos. Son perfectamente capaces de creer que sus formas son el centro y la auténtica verdad del universo mientras te razonan por qué están seguros de que eso no es necesariamente así.
Normalmente, cuando se les agota esa clase de teatro es cuando llegan –o podrían llegar– los niños. Porque los niños fuerzan otra clase de representación, y refuerzan una idea sobre la prole y el altruismo personal consanguíneo (el embarazo, el parto, noches en vela, lloros, papá que cambia pañales, mamá que hace malabares laborales y sociales…). Entonces es el turno del ejercicio de la familia, cerrándose sobre sí misma con nuevas obligaciones. Estas son autoimpuestas, aunque los implicados suelen actuar (de modo superficialmente amable y pasivo-agresivo) como si a nadie le quedara más remedio que pasar por el mismo trance que ellos… Parece una especie de táctica inconsciente; “si yo estoy soportando todo esto más vale que me asegure de hablar de ello como si fuese un paso natural o hasta necesario en una vida plena, y en ningún caso una opción personal sin más, y por defecto dejar en la mesa la conclusión de que quien no lo lleva a cabo es seguramente por haber tenido una vida disoluta, irresponsable, o al menos desordenada”…
Acabo en una mesa junto a la chica motivo de mi presencia en el lugar. Un interés de baja intensidad por mi parte, aunque persiste el nerviosismo latente del polvo ocasional en perspectiva. Al principio se interesan (intercambio de mensajes, etc.), incluso con intensidad, luego, a veces más rápido y a veces menos, van perdiendo el interés, hasta que se hace el silencio; es algo gradual, pero puro, incontestable, se corta todo tipo de relación, ella muere en el sentido en que mueren cuando ya no existes tú tampoco para ellas. Solo una se quedó en la mente, y ahí sigue, y las demás siguen siendo comparsa. No hay medios para una relación con Ella, entendiendo medios por dinero: puedes engañar a alguien una o dos veces, pero no mantener ese engaño, y menos con la persona que te importa más allá de lo que te importa un vídeo porno.
Aquí estamos, empezamos a beber, hemos ido a cenar antes a un sitio lo suficientemente parecido a un restaurante. Si eres coleccionista puntual de falsas primeras citas, sabes que nadie exige mucho en ellas; basta con que estés ahí, des un mínimo de conversación y actúes como si te importara como ella espera que te importe. Lo cual no es mucho; solo lo suficiente para que ella piense que: te gusta aunque haces un esfuerzo por no atosigarla. No pasa nada si te pilla mirándole una o dos veces las tetas demasiado pronto, ya que ella cree que estáis en una primera cita real, y que nadie flota por encima de vosotros como proyección de tu mente con la forma de a quien realmente quieres. Solo tú ves esa nebulosa. Puede que estés mintiendo o puede que no, depende de la idea que tengas de la mentira, y en este caso tendría que ser una idea muy amplia de la misma. Nadie dice que las cosas no puedan cambiar, o que tengas que quedarte en casa siempre hasta que tu cartera te permita obtener el respeto de quien lo buscas. Los demás respetan el dinero; corrijo, el dinero es necesario, pero los demás normalmente solo respetan el dinero, aunque finjan que no.
Es lo denominado «tomar algo». Primero vas a cenar y luego vas a tomar algo. Nada de cine; es una forma tonta de tener un falso primer contacto con la persona (y ni aunque fuera auténtico); es indiferente que te guste mucho el cine o no, porque no vas a tener la cabeza en la película; es cierto que te puede dar algo de lo que hablar, pero al ser una falsa cita, no interesa que salga de alguna forma tu yo real. No es que tengas que actuar todo el tiempo, pero no es bueno que te relajes: has venido a lo que has venido. Puede sonar seco o deprimente, pero mucha gente disfraza esto de relevancia cuando al final solo es un juego, un juego que muchas veces se queda a bastante distancia de una buena paja y un libro. Muchos lo practican, y de hecho se considera moderno o sinónimo de libertad convertirlo en una constante si no tienes pareja; en mi caso, insisto, se da de forma muy puntual (me da mucha pereza y estoy muy bien solo), como una válvula de escape física mientras no voy a por quien quiero ir. Además nunca se me ocurriría quedar con alguien con quien detectara la más mínima posibilidad de química. No es que eso se pueda prever, pero sí puedes poner algo de tu parte. Lo cierto es que la gente hace esto buscando pareja, muchos en serio (si surge, dicen), lo cual me parece absurdo sobremanera. Forzado, estúpido, incómodo, antinatural. Es como ligar en una discoteca; la gente cree que es ideal como es ideal hacer un cocido en la cocina, cuando en realidad es como intentarlo en medio de una cancha de tenis durante la final de Wimbledon; tú con tus ollas y tus ingredientes, mientras te fríen a pelotazos. Puede que yo no sea un genio, ni tan siquiera muy buena persona, pero la gente es imbécil, y también estúpida y cruel.
Puede que yo no sea muy listo, pero sé que la espontaneidad existe, que no se puede forzar, y que suele ser el mejor caldo de cultivo. Es cuando dejas que la vida sencillamente fluya cuando acaba tomando la forma de algo auténtico. Ahora ya sabes por qué no tengo pasta.
Nadie quiere que vivas de esa manera, basada en la espontaneidad o alguna clase de sinceridad real; solo admiten que vivas de dos formas: o como ellos o para ellos; a poder ser para ellos.
No se te ocurriera la idea de vivir para ti mismo…
Y hay gente que confunde el vivir para alguien con tener hijos, cuando en realidad para quien viven es para algún puto capitalista sobrado que echa a las mujeres de su empresa en cuanto huele los embarazos.
Hay quien confunde un salario de mierda con algo más que una celda moderna. Antes ejecutaban a la peña, ahora saben que renta más disfrazar la productividad interesada de dignidad ciudadana.
La Explotación medida es la nueva Coherencia. ¡Cuánto hemos avanzado!
Le digo a la chica que soy optimista por naturaleza. Que cualquier otra opción me parece estúpida.
Le doy a entender que solo hay dos alternativas de opinión para cada asunto, y elijo en voz alta para ella la que suena más a arco iris y unicornios; unicornios realistas por supuesto –según la idea de realismo imperante–, madrugadores y con algún empleo en alguna oficina en la que no entras sin carrera, etc.
Le doy a entender que pongo el culo como casi todos, pero que aun así soy feliz; he comprado moqueta y unos muebles monísimos para dar ambiente a la amplia cuenca de mi ano; pero dejo claro que de momento no tengo habitación para el crío, es algo con lo que no tengo prisa, ni tan siquiera he pensado mucho en ello. Etcétera. No quiere decir que no me encanten los críos, por supuesto, me los comería a todos, montaría un restaurante donde cenar críos y compartir mi amor exacerbado por todo lo relacionado con los niños. No se lo digo así.
Los críos y los animales, claro. Me estoy planteando dejar de comer carne; lo digo como de pasada. Pienso una frase más o menos elaborada en la que incluir el concepto «tofu», y la suelto con toda la naturalidad que permite la mentira descarada. Estamos rodeados de parejas y grupos, normalmente formados también por parejas. Todo el mundo habla o de restaurantes o de viajes, todo va de lugares la mar de encantadores a los que deberías ir. Todo el ruido de alrededor significa dinero de un modo u otro: gastar dinero, haber gastado dinero, que deberías gastar dinero, que estás tardando en gastarlo… Un viaje es una buena forma, o cenar fuera de casa tres veces por semana, a poder ser un japonés, o el nuevo restaurante relativamente barato que se haya abierto en la ciudad (¡comida turca!, ¡vamos a por ello!). También están de moda los sacrificios al modo occidental, alguien habla de la dieta dunkan; todo se pronuncia desde cierta distancia irónica, nadie quiere pasar por un pijo insoportable, aunque lo sea. Pijos de clase media, hablando a gritos, nueva tendencia; les criaron solo para gastar y ahí están, volviéndose sibaritas del gasto aun haciendo malabares para llegar a fin de mes. No va tanto de comprar comida ecológica como de lo elegantemente que gastas y te alimentas. No es una cuestión de habitar la tierra como un ser humano, es una cuestión de estilo.
Para dejarlo claro, la chica que tengo enfrente habla y yo asiento. A veces añado algo para parecer lo que sea que tenga que parecer en ese justo instante: interesado, controlada y graciosamente horrorizado, curioso, irónicamente agotado, sutilmente sarcástico… Las imágenes que pasaban por mi cabeza al pensar en citarnos no venían al caso en el ambiente: eran la realidad. No pensaba en un futuro de vacaciones de verano con ella y noches locas en Cancún; más bien en noches puntuales por venir y locas corridas sobre su cara donde fuera. Una camarera viene de vez en cuando para ver si todo sigue bien. Podría intercambiarse perfectamente con la chica y mi plan seguiría intacto; lo de enjabonarla, por ejemplo, aclararla y follarla hasta ese agotamiento de maratón que lleva al borde del vómito, todo sobre alguna cama que apestara a cerrado y a huevas de araña. Todo eso. La sonrisa responde con aparente naturalidad a mis escuetos comentarios sobre la vez que rescaté a un perrito vagabundo y lo cuidé hasta que alguien con más tiempo y medios que yo quiso adoptarlo. Se llamaba Cancerbero, era un Yorkshire terrier, era cariñoso, muy curioso, movido, inteligente e inexistente. En lugar de comentarle lo de mi elegante tolerancia para el sexo anal que se descontrola, le digo que el perrito fantasma ahora vive con una pareja, amigos míos inventados, recién instalados en una planta baja imaginaria que tiene todo lo que mi adorado Cancerbero falso necesita. Voy a visitarle una vez al mes, algún jueves, por la tarde, un rato, cinco minutos, yo, a veces con algún amigo, adoro a ese perro. Cancerbero, mi único perro, mis padres no me dejaron nunca tener perro. Ella ríe y su gesto se me antoja cada vez más dado al grito de alcoba húmeda. Me suelto un poco, lo del perro (el alcohol) me ha ayudado. Es un lugar común asqueroso (los perros me son indiferentes), pero es efectivo y a veces cuela. Quiero fundar algo, un centro de… algo, ayudar a fundarlo, no sé bien el qué, para perros enfermos, algo así, un sitio para perros vagabundos; las familias los abandonarán en verano para irse de vacaciones y mi equipo y yo nos encargaremos de darles a esos chuchos una vida digna, sea lo que sea eso. Me cuesta un poco desarrollar el discurso, la idea que es que soy monísimo y tengo sentimientos profundos en relación con todo lo que tenga que ver con mi entorno; familia, amigos, conocidos, humanos en general y animales en particular, porque me rompen el corazón de tan inocentes y parecidos a peluches como son. Todo eso. Creo que está surtiendo efecto. También me encantan las plantas, le digo. Apuesto por el cliché baboso del trío niños/animales/plantas. Esto a veces funciona de verdad, por algún motivo extraño que prefiero no analizar; y en ocasiones es incluso mejor, porque la chica entiende que solo te tiras el moco para intentar tirártela, lo acepta, te sigue el juego, y luego procura olvidarse de ti al día siguiente. Las plantas son seres vivos, y bueno, he visto usar varios tipos de verduras como consoladores de lo más eficaces. Pero solo le hablo de todas las soluciones saludables que ofrecen, tanto para la alimentación conocida como para elaborar ciertos raros aceites vegetales, y hasta mascarillas. Hay datos gilipollas que se te quedan en la cabeza a cambio de tan solo cinco minutos tontos de Google. La Cultura se está convirtiendo en la última prostituta barata para ese Chulo genérico que es el Egoísmo y el interés personal, el picoteo vacío más violentamente asentado. Intentar erradicar eso sería como querer bajar al fondo de un volcán permanentemente activo y cavar un pequeño huerto del que obtener frutos auténticamente nuevos. De modo que te adaptas, usas las herramientas contemporáneas; mentiras, perros, niños, plantas, currículum (inventado o no), cultura sodomizada. No le digo que me he masturbado varias veces con las incontables galerías de fotos de su muro de facebook. Lo que hago después de hablar de plantas es animarla a que me acompañe a tomar algo más. El cuarto cubata debería ofrecer algunas respuestas. Precisamente a veces el mío ya debería acabar en alguna planta del local; emborracharse está sobrevalorado, al menos si lo comparamos con una erección vigorosa. El gatillazo no es una opción; da igual lo inteligentes y académicamente moderados que nos pongamos al respecto, por mí pueden hacer una pasta de papel con todos los artículos que relativizan el tema, moldearlo, darle forma fálica y metérselo todo por popa a la sexóloga mayor del reino.
Salimos de un sitio y nos llegamos a otro, y voy tan con el punto y cachondo que creo poder ver sus bragas a través del vestido. En realidad he perdido la cuenta, no se si son tres, cuatro cubatas… Soy de beber café, el alcohol me parece el clásico producto ideal para adocenar a la clase media; la gente bebe cervezas que son horrendas solo porque la botella tiene la forma adecuada y la etiqueta recargada correcta. La gente es capaz de convertir en placer un martillazo en la cabeza si les enseñas las suficientes veces a otros practicándolo, no digamos ya si el martillazo en la cabeza se anuncia por la tele. Con los cubatas pasa que suelen ser más duros que las cervezas, y para mi cuerpo la idea de un día activamente alcohólico se reduce a dos cañas en una terraza al sol con las subsiguientes cuatro o cinco visitas al lavabo para mear.
Llega el momento del ansia, comienzas a no tener más balas en el cargador de los preliminares verbales. Ya has sacado a colación todos los temas pegajosos relacionados con ser una persona sensible y concienciada. En realidad solo me queda la mentira de la ONG con la que colaboro. Es sin duda la más despreciable e hipócrita, ya que las ONG’s son de por sí un misterio occidental, una especie de lavadora gigante de conciencias ricachonas occidentales. Decido que ni muerto voy a hablarle de eso, ya está bien, a partir de ahora me limitaré a ser mi versión falsa auténticamente borracha. No es una combinación recomendable, pero nadie dijo que una primera falsa cita fuera fácil. Es esto o la prostitución, y la idea de ir de putas nunca me ha puesto a tono, es como ir a que te marquen el tíquet de polvo echado; y aunque el cúmulo de protocolos para llevarse a la cama a una mujer gratis puede ser bastante coñazo, cuando llega el momento no se limita a una escenificación de penetración. Es la única parte real de la noche en la que tanto ella como yo estamos presentes. Es como planificar una fuga carcelaria, solo que la fuga es de la vida, del mundo, de la podredumbre del día a día y la gente que te grita a la cara que seas feliz aunque te estén pinzando los huevos con un cangrejo mutante. Es, como dijo alguien, una venganza, el sexo es la venganza perfecta, una forma de decirle a Dios (o a quien sea), jódete, ahora estoy disfrutando, y no fingiendo que disfruto ni justificándome, ahora estoy disfrutando de verdad, así que ahora: mierda para ti, púdrete, esto ya no puedes quitármelo, jódete y que te folle un pez.
El último local es un bareto de los que abren a media tarde y cierran a eso de las tres de la mañana. El ambiente consta del acostumbrado rociado de ruido anticonversaciones sin gritos; veinte capas de gilipollas y parejas y niñas con tetas y vasos entrechocando bajo las que se intuye la música; un par de pantallas planas emitiendo canales de videoclips y un ochenta por ciento de estudiantes o currantes primerizos que creen que la vida y la felicidad son tal y como les han contado. Solo tienen que arrimar el hombro con increíble desgana disfrazada de profesionalidad entre semana y empinar el codo el sábado. Y todo irá bien. Es ese discurso adulto que siempre te sueltan con esa dosis de relatividad con la que resuena un “bien, pero será una mierda, porque estás haciendo en esencia lo mismo que yo, lo cual es deprimente y a la vez me complace maliciosamente”.
En lugar de decirle a la chica que lo que realmente me apetece ahora es meter la cara en su culo, le digo que me gusta mucho este local, que vengo a menudo y que ponen buena música. Hay un buen ambiente, y los cubatas no son de garrafón. Luego localizo con la mirada dónde puede estar el lavabo, porque no recuerdo haber entrado jamás en este zulo pretencioso con citas literarias encaramándose por las paredes. La lista completa de cosas buenas que tiene el lugar: 1-No hay puñeteras parejas con bebés o críos clones correteando hacia un futuro escrito.
La gente habla del destino, pero en realidad solo se trata del sistema educativo.
Hace rato que mi pene oscila entre la erección evidente y el estado morcillón habitual propio de esta especie de performances-para-follar. En lugar de decirle a la chica que no dejo de imaginar su boca ensartada y alguna que otra arcada oral, aseguro que mi cubata ya va a ser el último, porque si no tendré que comenzar a decir la verdad cada vez que sea mi turno en la conversación. Ha sido como una parodia, una mentira y una verdad a la vez. A veces me sorprendo a mí mismo haciendo malabares de falsa honestidad, a veces suelto “verdtiras”, o “mendades”. Mi sangre está corriendo ya por mi cuerpo más bien descontrolada, mis calzoncillos hace rato que han empezado a estar pringosos. Intento recordar su edad, por un momento se me va de la mente su nombre, lo recuerdo y siento una punzada de alivio; no recuerdo en qué trabaja o qué hace o si tiene algún tipo de criterio con algo o simplemente se muestra crédula con todo lo que le digan que es música o cine o literatura o información. Decidimos que nos largamos.
El condón siempre me suele irritar; no el pene, sino el ánimo. Es una pausa incómoda en algo que ya es como una catarata en el paisaje: nada debería poder interrumpir la furia de una catarata. Ha sido ella quien lo ha sacado, así que me ha ahorrado el numerito de dar el paso. La venganza se lleva a término. La única venganza que no se sirve mejor fría. Pasan por mi cabeza nombres e imágenes, caras, situaciones, jodiendas vitales, profesores, humillaciones, gilipolleces paternas, pasa la muerte, a quien tampoco le gusta que folles; pasan pijos de clase media, pasa una chica, pasan dos, sacudo la cabeza cuando la veo venir a Ella, pienso en alguien que odie, solo es el momento de la venganza, no hay nada que se asemeje al amor o al cariño, hay una oportunidad, otra más, para aliviarse y regodearse en ello. Procuras frenar el ritmo para no irte antes de irritar al Universo, para no acabar antes de que se empiecen a ofender tus enemigos racionales, las sectas de la lógica y los académicos de los sentimientos. Hay que seguir hasta que se le infle la cabeza a tu némesis, conformado por todos los que sabes (y sus bebés), hasta que le explote y se puedan lamer las vísceras de las paredes. Hay que seguir hasta estar seguro de que todos los mamones han sentido un palpito físico desagradable que les ha inquietado o despertado, que les ha hecho pensar que algún día todos sus seres queridos morirán y los mamones se quedarán solos, con su razón, con su lógica y su mierda de pensión. Hay que seguir hasta que creas que le has podido provocar un ataque al corazón a alguien a distancia. Porque eres el capullo más mísero y desgraciado, y aun así follas. Y sigues, pensando que el novio idiota de alguien se ha salido de la carretera, que la suegra imbécil de los domingos se ha caído por las escaleras, que el director del instituto se ha dormido para no despertar, que el alcalde ha tenido un derrame a pesar de su esplendida salud, y el presidente un ataque cerebral por el que será alimentado con tubos. Hay que seguir hasta que el único Dios real que existe tenga que manipular su mesa de mandos, porque has conseguido que se active su alerta de la venganza (aunque solo sea una falsa alarma momentánea típica): Peligro, alguien se siente vivo, alguien podría haber dejado de “ir tirando”.

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7 comentarios en “Vengarse

  1. “La Cultura se está convirtiendo en la última prostituta barata para ese Chulo genérico que es el Egoísmo y el interés personal.” Me ha encantado esa frase. Es curioso también que la diga un personaje que es capaz de decir casi cualquier cosa para llevarse a una chica a la cama… Aunque por otro lado, hay que reconocerle que al menos sí pretende ser honesto consigo mismo.

  2. Si, amigo. Nos venden que es fantástico ser auténtico, pero todo el mundo se afana en seguir el guión; y si te sales eres el raro. A estas alturas de la película pocas te van a confesar que no les gusta su vida con marido y niños, la absurda monotonía de las comidas del domingo en casa del suegro.

    No soporto ese constante run-run de como todos y cada uno de ellos se gastan su dinero como bien dices, cenas, viajes, móviles, el teatro de mira qué bien me lo paso y qué feliz soy en mi vacío paraíso.

    Dile a tu colega que si el único objetivo es follar lo más sencillo es acudir a una web de citas, se ahorra tiempo y estúpidas conversaciones sobre ONG, niños, perros, tofu … 🙂

    Me quedo con “nadie quiere que vivas de esa manera basada en la espontaneidad”.

    Habrá que ir disimulando.
    Un abrazo.

  3. Dicen que lo mejor del sexo son los preliminares, la conquista, pero con esa sarta de mentiras yo no aguantaría hasta el postre, el interés se iría perdiendo; tendría mucha necesidad de compartir cama para aguantar semejante noche… En fin, quizás la edad me pasó factura.
    Saludos

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