El mono indefinido

–¿Qué es follar, tío T.?
–¿Cómo? Dame la mochila.
–¿Qué es follar?

T. espera en la cama, se siente algo estúpido en ese momento, cachondo y estúpido como siempre en ese lapso, ese momento, esperando, ella está en el baño. Es el piso de ella, vive con una compañera que está en Londres; algún tipo de oferta de trabajo ambiciosa; viajar, huir, volver a empezar, esconderse, aprovechar la oportunidad…, según se mire. Sigue sin salir del baño, aunque hace unos minutos que ha dejado de oírse la ducha. El piso parece pequeño, acogedor, huele –en resumidas cuentas– a mujer, aunque no hay exceso de decoración o detallismo, algo de lo cual se da cuenta cuando ella ya se ha hecho presente y se ha concentrado en el tren inferior; T. nota el cosquilleo húmedo en el glande y tarda poco en endurecer del todo; no pensó que a ella le gustaría practicar el sexo oral, no al menos con entrega. T. trata de relajarse y no mirar a los ojos muertos de los más de diez peluches de distintos tamaños distribuidos por la estancia. Uno de ellos es un mono de aspecto poco concreto, básicamente monesco como un dibujo infantil: tiene los ojos saltones, inquietantemente saltones, es una especie de mono indefinido del averno. Ella prosigue la felación con ganas, hasta que esta se convierte en mamada, y poco después, para alegría fálica de T., en ocasionales sonidos de atragantamiento.

–Cariño, ¿no has hablado de eso con tu padre?
–No, he oído a Oscar hablar de follar, y le he preguntado y se ha reído.
–¿Quién es Oscar?

Ella dice algunas guarradas, lo cual complace a T. mientras intenta mejorar su técnica comiéndose la entrepierna de la chica. Ha surgido en medio del aeropuerto en un momento de espera. T. no se ha percatado de que era azafata –aun yendo esta vestida de ídem– hasta que ella no le ha dicho:
–Soy azafata.
Tras lo cual ha hecho una pequeña pose supuestamente “azafatesca”… T. no gusta de encuentros de esa índole, más bien le desconciertan y dan pereza, aunque si repasa su poco nutrido historial sexual se da cuenta de que lo que ha tenido ha sido sobre todo eso, oportunidades ocasionales; aun superando ya la treintena solo le puede llamar “relación duradera” a cierta aventura de verano que se esfumó una vez con el propio verano; algo que sucedió a sus dieciocho años. Dos meses de morreos y pérdida de la virginidad en un pueblo de menos de mil habitantes.
Ella dice que quiere sentirla dentro, así que T. , siempre obediente y ansioso con dicho escenario, se la casca momentáneamente para dejarla en estado óptimo de colocación del condón y penetración. Tomaron un café barato como un tiro en el pie en un bar pseudo-pijo del aeropuerto y ella dejó entrever, o más que nada insinuó a las claras, que la vida es muy corta y que no tenía novio y que tal y que pascual. A T. no deja de sorprenderle que estas cosas pasen en la vida real, aunque lo hagan casi con cada año bisiesto… T. coloca su pene en la entrada y comienza a entrar mientras piensa que a diez mil kilómetros en pocas horas estará ausente en la boda de su hermana. Su hermana sigue líder indiscutible en la lista de cosas en las que T. piensa para no correrse. La hermana mayor de T. (por dos años) es el tótem que sus padres usaban para ejemplificar cómo se hacen las cosas; y a T., sinceramente, eso le hacía pensar en conseguir un buen hacha y acabar saliendo en el periódico junto a declaraciones sobre cómo es posible que ciertas cosas pasen, o qué pasa por la mente de un ser humano para cortar a trozos a toda su familia y hacer cocido con ellos y racionarlo durante semanas.
T. empuja y mira de vez en cuando al mono indefinido, que parece ayudarle también a no soltarse más de la cuenta. Ella le araña la espalda y está bastante seguro de haber empezado a sangrar.

–¿Quién es Oscar?
–Un niño.
–¿Un niño?, ¿qué niño…?
–Un niño de mi clase.

Su hermana posando para fotos que después subirá a las redes sociales, su hermana divorciándose para triunfar como mujer de negocios muy lejos de casa, su hermana dejando a su hija con papá y tío T. en casa y viniendo a visitarla más o menos con la misma frecuencia con la que T. echa un polvo; su hermana defecando, su hermana depilándose, su hermana empalada… no, eso no… T. está a punto de correrse y se detiene un momento, a lo que la chica se da la vuelta y se pone a cuatro patas y dice:
–¡Venga, mariconazo!
T. mira al mono, que parece decir:
–Esto no pinta bien.
Qué… ¿A qué te refieres?
–A ti.
Que te den, ¿tú quién coño eres?
–Nunca tienes la pregunta adecuada en la boca…
¿Estás celoso? ¿Es tu novia?
–Soy aficionado a evitar enfermedades venéreas. No, gracias.
Eres un mono muerto, de tela, relleno de gumaespuma, eres…
–Deberías tener más respeto a un símbolo de tu existencia.
Por favor…
Su hermana riendo, su hermana comiendo en McDonald’s, su hermana follando con alguien rubio y alto que no entiende ni papa de castellano…
T. azota a la chica casi sin darse cuenta, viendo que va a aguantar lo suficiente, ríe un momento y embiste más fuerte.
–Eres un machote, ¿no?
Tú cállate.
–No eres menos mono que yo, es solo que tu zoo es más grande.
Vete a la mierda, cierra la boca.
–Si no fuera por mí ya habrías dejado emabarazado al condón, podrías tener condoncitos…

–No hagas caso a ese niño, nena.
–¿Pero qué es follar?
–Ya lo descubrirás, no te preocupes.
–Pero quiero saberlo ahora…

Ella se pone encima y se mueve con espasmos, buscando lo que solo parece encontrar en la bragueta de extraños. T. no espera aguantar mucho más, ella se ha corrido una vez y parece estar cerca de la segunda; T. se siente como el astronauta solitario de 2001…, pero sin el sentimiento de soledad, inquietud y terror, un coño siempre se le antoja algo nuevo y desconocido. Su hermana cocinando, su hermana paseando por Europa con algún niñato, su hermana soltando discursos de más joven antes de irse de erasmus, su hermana con birrete, su hermana enmarcando algo, su hermana haciéndose la natural en público, su hermana calculando, su hermana apuntando, haciendo la lista de la compra, su hermana comprando el triple de lo que necesita, su hermana diciendo “no tengo tiempo para leer”, su hermana poniéndose como ejemplo sutilmente, su hermana buscando a alguien con quien hablar en inglés delante de otros… La chica se corre otra vez y parece que ha soltado algo de pis, más que nada por el olor, cosa que lejos de amedrentar a T., le anima a intentar aguantar un poco más, otra vez a cuatro patas. Y el mono dice:
–Eres improductivo.
¿De qué vas?
–Innecesario.
Ni si quiera sé de qué hablas.
–Una cosa es que te caiga mal tu hermana, y otra muy distinta no tener narices ni para ir a su boda.
Me ha surgido algo, ¿no lo ves?
–Esa es la otra parte de tu vida que deberías arreglar.
Te crees muy listo.
–Solo más listo que tú.
En realidad solo han pasado siete minutos, aunque a T. le dé la sensación de llevar follando mucho más, teniendo en cuenta el ejercicio de aguante llevado a cabo. Resulta que el mono se comienza a tocar, casi de forma mecánica aunque con rapidez, lo cual no le impide decir:
–Follas de pena. Ella lo está notando. Parece que te vaya a dar un infarto.

–Deberías limitarte a lo que sabes; un buen vídeo porno amateur y la paja acostumbrada, es lo único en lo que tienes una licenciatura.
Solo eres el mono indefinido y muerto del estante, solo estás en mi cabeza.
–¿Tiene eso importancia?

–Cariño, eso es algo de mayores.
–…
–Ahora no lo entenderías.
–Oscar es de mi clase y lo entiende.
–Cariño, Oscar solo repite como un loro algo que le habrá oído decir a algún niño mayor.

–¿Quieres que te eche una mano?
Cállate.
–Creo que le gusta que la asfixien, pero tú mismo.
¿Asfixia?
–Le encanta, se pone como loca.

–Solo tienes que apretarle el cuello y empujar con fuerza.
¿Y yo soy el del porno?
–Hazme caso, una tía no te lo va a pedir fácilmente, pero yo la he visto en acción…
Ya, claro…
–Marica…
¿Qué?
–¿Te vas a limitar a empujar como un novio respetuoso cualquiera? ¿Vais a ser la parejita mona y tópica sujeta a todo lo que huela a convenciones?

–¿Crees que ellas son todas princesas Disney?
El mono deja de tocarse y se hace con un pitillo del paquete que hay cerca en el estante. T. sacude la cabeza, pensando en su hermana probándose ropa.
–Qué horror, no dais ni para que me la casque.
Hablas por hablar.
–Ella está buena y tal, y es una cachonda, pero ya me he acostumbrado. El aburrido eres tú.
No lo creo.
–Crees que ella está muy enchufada, pero está al mínimo, es solo que es una ninfómana, yo lo sé.
T. embiste todo lo fuerte que puede, la saca y ella se echa de espaldas y se abre de piernas. T. se encaja en la vagina y vuelve a culear.
–Uh. Qué original.
¿Qué dices?
–Si sigues así el siguiente lo va a tener que fingir, la he visto hacerlo otras veces.
¿Qué?
–Se retorcerá y gemirá para sacarte de encima, luego te ordeñará y adiós muy buenas.
T. empuja y empuja y decide usar las dos manos para coger el cuello de la chica. Aprieta y embiste todo lo fuerte que puede.
–¡Qué haces! –se queja ella, apartando sus manos con forma de garra.
–Perdona, pensaba que…
–No pienses. Eso no me gusta, ¡pero sigue!
Se oye un carcajeo apagado del mono indefinido.
–Eres un capullo. ¿Pero cómo se te ocurre, hombre?
¡Puedes decir lo que…!, ya no te voy a escuchar.
–Como si eso fuera posible…

–No, tío T. Él dice que lo sabe.
–No te creas todo lo que digan.
–Sí que lo sabe.
–No sabe nada, cariño. Es muy pequeño.
–¡No es muy pequeño!

–Vamos, ella espera poder llegar otra vez, campeón.
No te escucho.
–Solo un poco más.

–No creo que le importe que estés sudando así…
¿Los monos nos sudáis?
–No seas irritable. Ha sido divertido.
Claro…
–La única que se aburre hoy es ella, pero…
¡Se ha corrido dos veces!
–Chico, esta tía es hipersensible o algo así, yo la he visto correrse más de diez y quince veces con la mayoría de tíos.

–Lo tuyo es un suspenso, un Muy Deficiente flagrante…
¿Crees que te voy a creer?
–¿Crees que te miento?

–Estás en zona de nadie. Cuando acabéis se acabó. Mañana por la tarde le costará mucho recordar tu cara.
Lo que tú digas.
–Lo que yo sé. Soy tu colega, no te mentiría con algo tan serio.
¿Mi colega?
–Claro que sí. Tu colega, colega.
Me tomas el pelo.
Su hermana dando órdenes, su hermana eligiendo el cóctel más caro de la carta. Su hermana fingiendo en el funeral de alguien.
La chica gime de repente, y T. está bastante seguro de que está fingiendo. Solo está retorciéndose para que él se corra. Comienza a decir más guarradas. Quizá no, quizá se corre de verdad, aunque parece poco probable. T. decide que no preguntará nada al respecto, directa o indirectamente. Se deja llevar.
–Se veía venir…

–Sí es muy pequeño, claro que es muy pequeño.
–¡No!
–Y tú también eres muy pequeña.
–¡No!
–Y muy cabezota…

Déjame en paz, por favor, por favor…
–Ya te he avisado.
No necesito tus avisos.
–Solo te he avisado, colega.
¡No somos colegas!
–Fíjate, está agotada, o esa es la impresión que intenta dar, pero solo está decepcionada.
Lo que tú digas.
–Yo la he visto gritar cosas que nunca creerías…
Mierda santa…
–… mientras se corría cinco, seis veces seguidas, con tíos con la polla más pequeña que la tuya…
Por Dios…
–Supongo que no basta con la materia prima.
Cállate, por favor…
–Hay que saber manejar la situación, ya me entiendes.
Por favor…
–Solo es una cuestión de práctica, colega.

–Fíjate, ni siquiera sabe qué decirte, se siente confusa…
En serio…
–… porque creo que nunca se ha corrido menos de cinco o seis veces, al menos acompañada…
No aguanto más…
–Si haces algo pensará que estás loco.
Ya casi me da igual…
–Oye, somos coleg…
No somos nada, puto mono …
–Muy bien. Venga.
Venga qué.
–Adelante. Atrévete. Venga.

–Agárrame y destrózame. Solo soy un mono de feria. Incluso tú tendrás fuerza para…
¡Aaaaaaaah!
–No grites en silencio. Hazlo en voz alta. Actúa. No hagas como la mayoría. No te lo dejes dentro. Eso te provocará un tumor.
–¿Estás bien? –dice la chica, alzando el brazo derecho para alcanzar su paquete de tabaco.
–S… Sí. Claro.
–Qué raro, juraría que me quedaban dos cigarros…

–¡No soy cabezota!
–Bueeeno, no eres cabezota. Pero no hagas caso a Oscar, haz caso a tu padre, a tu tutora, o incluso a mí… Un poco, al menos.
T. ve salir del colegio a una mujer que le resulta vagamente familiar. Y muy familiar cuando ya está cerca.
–¡Señorita! –grita la cría.
–No, no… –dice T.
La chica se acerca y mira a cada cual según corresponde; mirada de adulta a niña y mirada de adulta –y consciente de la situación– a responsable de la niña.
–Señorita. ¿Qué es follar?
T. mira en todas direcciones mientras procura que el diálogo se convierta en letanías y la azafata convertida en pocos meses en profesora sepa capear el ambiente.
–¿Entonces eso es follar?
–Más o menos –dice la chica–, pero cuando seas más mayor ya lo sabrás mejor. No hay que tener prisa.
T. saluda a la chica como si supiera torear en esa plaza. Ella va en la misma dirección que ellos. Sorprendentemente para T., ella se muestra algo molesta con el hecho de que él no intentara contactarla después del día de los tiros en el pie y el polvo de dudosa naturaleza. Cuando dejan a la niña en casa, deciden quedar en volver a verse, día y hora incluidos. Cuando T. ya se encuentra solo después de haber acompañado a la muchacha, se siente bien, o al menos así lo decide.
Casi llegando a su propio bloque de pisos, al mirar a un lado se sobresalta, aunque solo un poco, al ver quién camina a su misma altura.
–No pensarías que iba a ser tan fácil.
Quiero suicidarme…
–Es emocionante oírte pensar.

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4 comentarios en “El mono indefinido

  1. ¡De lo más instructivo!, siempre pensé que podía utilizar el método del jugador de fútbol individual, dominando el balón en beneficio propio para después mandarlo directo a la portería. En fin, me alegro de no tener capacidad para leer la mente humana 🙂

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