Diez semillas (5 de 10) – Hegel

Si se puede generalizar, diría que no era una buena idea quedar con alguien parcialmente desconocida. Todo era una previsible cuestión de sexo. Pero no sé si estoy en condiciones para quejarme. Sí recuerdo mucho esa noche, que ya era extraña antes de llegar al momento cumbre. Recuerdo haber ido al lavabo varias veces (cerveza) y que el retrete me parecía una boca, entre otras cosas. Odio tener que achacarlo a alguna droga, me parece terriblemente poco original, pero sería deshonesto descartarlo. La conversación de ella era dispersa, y cada vez que podía, citaba a Hegel (sin nombrarle):
–La trascendencia es absorción.
Era muy guapa, a mi entender; hablando sólo de su mirada, tenía ese brillo que se asocia a las embarazadas. Por otro lado, seguramente le costaba encontrar cosas de su talla, pero sobre todo tenía un magnetismo fuera de lo común. Eso y cuentas en todas las redes sociales. Parecía preocupada por dejar claro que estaba al día, aunque era algo que tenías que deducir. En momento alguno parecía desesperada. Digo que era muy guapa, casi como cualquier mujer para mí desde varios años antes de ser adulta y hasta poco antes de la tercera edad… Tenía que ver con mis circunstancias, mi poca proclividad a relacionarme; si pasas varios días perdido de travesía por el desierto, luego no te pones especialito con el menú. Incluso así, podría decir que era empíricamente atractiva: de un modo carnal y no de revista. Yo estaba atrapado, y luego cada vez más borracho. Intentaba parecer inteligente, ponerme a su altura o algo así; estaba pensando seriamente en leer de verdad a Hegel.
Ahora creo que me echó algo en la cerveza más de una vez mientras yo le buscaba caries a la taza (juro que intentó darme conversación). Cabe decir que la cerveza cada vez sabía menos a cerveza y más a aspirina. Pero no tengo claro que sólo se tratara de las drogas. Lo cierto es que creí que ella me estaba empezando a gustar más allá de lo evidente.
Tras no pocos rodeos, acabamos en un hotel cutre, resultado de la conversación tipo “en tu casa o en la mía”. No es que ella tuviera casa.
Cuando me quise dar cuenta, ni nos habíamos quitado la ropa y ella ya estaba encima de mí. El ambiente en aquella habitación era como si pudieras ver en una foto a los fantasmas tapándose la nariz. Me besaba en el cuello de forma insistente, aunque eso no tenía por qué hacerme sospechar. Si tuviera que decir cómo se siente, es muy parecido a cuando te sacaban sangre antes de darte un bocadillo. Por suerte (o no), no tenía previsto matarme. Al final pierdes la cuenta, pero hace como unos doscientos años que no la veo.

Philosopher Hegel

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s