50 relatos de Grey (25 de 50) – La mesa de los amigos

Era la habitación que nunca se utilizaba. Al final de un pasillo estrecho, la puerta entreabierta, una luz tenue asomaba, tres de la mañana. Añorabas un laberinto verde al sol; niñas persiguiéndose hasta la fácil salida, un mediodía luminoso, o incluso cualquier día lluvioso. Querías que fuese ya el día siguiente. No querías tener que recorrer ese pasillo. La luz no era coherente con la potencia de la bombilla solitaria que recordabas. No se percibía la apresuración propia de un robo, ni aunque hubiese sido un robo sumamente sigiloso. Te oías latir el corazón, de esa forma en que te late cuando te enamoras. No sabías a qué tendrías que enfrentarte. Habías cogido el cuchillo más peligroso posible. Habías oído ruidos en la planta de arriba. Estabas solo en la casa. No te gustaba esa casa, ni lo que estabas pagando por ella. Una mala decisión más para echar al montón. Además, el barrio era el ideal para que un caco te confundiera con alguien millonario; con vivienda cercana a cierta zona pija, de día todo relucía, pero de noche te sentías vendido; aún más de lo habitual. Añorabas un paseo por la playa, una barbacoa. Preferías un bonito funeral de compromiso. Querías que fuesen las once de la mañana. Cada paso te parecía hacer más ruido. Había gente que estaba currando, sobando, follando en ese momento por todo el globo; había gente muriendo y otra que moriría pronto. Un sollozo te subía por a tráquea. Joder. Uno oye historias, personas que te cuentan su experiencia con ladrones o atracadores, pero son cosas que les pasan a los demás. Te tiembla el cuchillo jamonero, una hoja alargada, afilada como la mirada de una empleada del Inem. Un cuchillo cabrón como la sonrisa del tío de Personal que te entrevista. Nada con lo que creas que vas a poder combatir lo que sea que está pasando. Dudas sobre si levantar la voz y dar un grito. Incluso aunque fueran uno o dos tíos que salieran huyendo, tendrían que pasar por tu lado. Notas gotas de sudor bajándote por la espalda y los muslos. Hacía tan solo cinco minutos te estabas masturbando. Un paja de la vieja escuela, a oscuras en tu cama, pensando en algo tangible, una conocida, alguna amiga, la madre de alguien, la novia de alguien, o alguien a quien odias y a quien sólo podrías valorar como trozo de carne. Estabas solo con tus pensamientos, el rollo “enfermizo” estándar, o eso esperabas. La luz saliente de la habitación parecía temblar un poco, como si hubiese una vela encendida. Pero nada era seguro. De hecho, no parecía que estuviese pasando nada en la habitación. No había nada en ella; una base de enchufe, quizá alguna caja de cartón, y no recordabas si una silla. Estabas pensando en una silla, una antigua, rígida, pesada, tan elegante como incómoda. Una silla que chirriaba por poco que te movieras, y en la que no debiera haber nadie sentado. Si es que aún existía esa silla. Si es que había alguien. Lo que recordabas seguro era no haber subido recientemente a la habitación. Como si no fuera suficiente con los miedos propios, ahora había que enfrentar también los de las películas de terror. Ya estabas muy cerca. Sujetabas el cuchillo con fuerza, temblaba. Con la mano izquierda, empujaste la puerta para abrirla del todo.
Tu talón de aquiles estaba en pie frente a ti.
Notaste tu pecho empapado y te echaste un buen vistazo. Estabas desangrándote. Ella te miraba y ahora el cuchillo ya no lo sujetabas tú. Estaba en su mano derecha. En su izquierda: un buen pedazo de tu vida. Tu corazón asqueroso aún latía.
Descolgaste. La cama estaba empapada de sudor, era de día. Eran las nueve de la mañana. Sabías que ese día llegaría. Su voz te preguntó que cómo estabas. Se interesó, insistió, ¿estabas durmiendo?
Te dijo que se casaba. Le diste la enhorabuena mientras tus entrañas se secaban, mientras notabas cómo algo parecido a una pelota de ping pong te subía por la garganta. Te dijo que confiaba en que fueras a la boda. Estabas oficialmente invitado, incluso más que otros. Pronto te llegaría el sobre de letras retorcidas y recargadas. Al final obtendrías tu bonito funeral de compromiso.

solte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s