50 relatos de Grey (34 de 50) – Primera cita

Ella copió un par de llaves, y se ganó al conserje. Estábamos de madrugada en el despacho de su padre. Daba a toda la ciudad, porque al parecer su padre era algo así como el producto más sólido que podía ofrecer el capitalismo llevado a rajatabla. Esa especie de versión sin calorías de Patrick Bateman. Carrera académica meteórica, agenda sagrada y una vida más ajena que vivida. Una más de esas vidas ejemplares que son como el vómito; vomitas y vomitas y vomitas, y luego, puntualmente, te encuentras mejor, pero no porque estés en la gloria o seas feliz, sino simplemente porque no estás vomitando. En los lapsos de mejoría, compras.
Ella dice que su padre no estudió lo que quería, pero que tampoco es que supiera qué quería. Se hizo abogado por tradición familiar. Al parecer había abuelos y bisabuelos que habían sido abogados en otras familias, y no simplemente pobres, exiliados o fusilados. Había árboles genealógicos que existían simplemente por eso, porque había una larga saga de tíos de pasta casados con mujeres aferradas a sus tobillos, mirándoles, suplicantes. Así que la familia decidía presumir de apellido. No suele haber árboles genealógicos que hayan resistido el paso del tiempo llenos de hambre y supervivencia color sepia. El pasado es un lugar conflictivo por definición. Quizá por eso la gente de pasado borroso esté sedienta de medallas; los títulos en la pared y los papeles con números, no cuentan la verdad, pero ofrecen una versión presentable de ti. Lo que eres para el Estado. Un buen chico, buena chica, casados y con descendencia. Las líneas se bifurcan hacia abajo, aparecen más nombres que se multiplican. Desde el despacho puede verse, todas las luces, unas estáticas y otras itinerantes. Periferia no descansa, duerme con un ojo abierto y una pistola bajo la almohada. La tecnología se descontrola y arranca sonrisas sin prever las consecuencias.
Ella se sube la falda, se baja las bragas, se abre de piernas y te enseña su operación. Ya están asentadas las ideas de Pretecnotimes. Un cañón minúsculo se abre paso desde el interior de su vagina. Me lo enseña para que me lo crea. Ni después de la llamada crisis bot, cacareada en los medios, quieres creer. Ni todos los muertos hasta la fecha te convencen. Si ella tuviera la intención, me mataría sólo con pensarlo, porque así es como funciona. No es que antes fuera diferente, pero si tienes una hija de veinte años y te has empapado en la educación del miedo imperante; si tienes dinero de verdad y crees que la nueva tendencia para ir armado es más inteligente que la del tío barbudo meciéndose en su porche con una escopeta, entonces decides que, si quieres, podrás dormir más tranquilo los fines de semana. Las madres quieren una carrera práctica para ti, los padres que sepas defenderte; pero si eres chica, ambos podrían decidir que has de ser un arma. Cañones con estudios en un futuro ya presente de ideologías ambiguas y diluidas. Por ahí es por donde me tocaría meter el pene. El miedo a topar con un cañón equivalente a las ráfagas de una ametralladora, es la nueva versión de temer follar con tu pareja embarazada por miedo a darle golpes en la cabeza a tu bebé. En realidad, ahora ella puede hacer las tres cosas: tener sexo, dar la vida y también quitarla. Todo desde el mismo orificio.
La operación en hombres es más complicada, y Pretecnotimes parece reacia a decir la verdad sobre los ensayos. Las mujeres con dinero o con padres con dinero, tienen una decisión más que tomar. Las recargas no son fáciles, conllevan cierta operación, pero la munición intrauterina de pequeño tamaño no se agota fácilmente. Aparte de cierta desgracia en la gala de presentación del proyecto (quizá un día se publique esa historia), no son habituales los casos por heridas o muertes provocadas por bots. El gobierno mira hacia otro lado en base a puertas giratorias, y la ética y la moral son como chicas ingenuas riendo desde fotos fantasmales.
Es luego cuando se viste otra vez y pone música y me pide bailar. No he bailado en mi puta vida. Me dice que no sabe por qué cedió a la operación, pero que ahora tiene el impulso del asesinato. No digo nada. Puede que no asesinato, pero se nota más agresiva, murmura. La luna llena parece más grande de lo habitual desde donde nos mira. Ella tiene los ojos rasgados. Suene como suene, tengo una erección. Más tarde escribimos una lista de nombres en un papel.

pap

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