50 relatos de Grey (42 de 50) – Gilipollas estándar

En realidad no tenía “nada” de malo. No era meticona ni particularmente dañina. No invadía tu espacio personal ni se comportaba de modo desconcertante. No era muy indiscreta que supiera. No hacía daño “a nadie”, y más o menos iba a lo suyo. No es fácil explicarlo, pero hay bastante gente así, tanto tíos como tías. A veces, este tipo de personas, se emparejan. Las define un temple irritante y –supongo– sumamente occidental. Pueden ser inteligentes y conscientes del mundo que les rodea y sus penurias, y a la vez saben pasar inteligentemente de él… Suelen proyectar un aura de normalidad y, sutilmente, presumir de ella, algo que hacen a través de los comentarios que hacen sobre la supuesta anormalidad de otros. Son consumidores natos, siguen todas las tradiciones aun refiriéndose a ellas con distancia irónica, y procuran mantener un perfil bajo en cuanto a objetivos.
Hay formas de reconocerles. Topar con uno es tan fácil como topar con señales de tráfico, semáforos o pilones.
Yo conocí muy bien a una. Cada viernes: bolsas de la compra. Cada puente: viaje. Cada postre: pedir una cuchara para meterla en el de su novio después de haber asegurado no querer postre. Cuando vas notando esos tics (más el cómo que los mismos), sabes que estás ante una gilipollas estándar. La gilipollas estándar puede tener frío con veinte grados o ver manchas en tu chaqueta donde tú no ves nada. Puede sentirse incómoda entre algodones o iniciar una conversación absurda por el color de una de tus prendas. La gilipollas estándar suele tener su criterio para la moda, y, quieras o no, lo acabarás “pagando”. La gilipollas estándar es algo así como una pija de clase media: si tuviese dinero, sería tan odiosa y elitista como las celebridades a las que no duda en poner a caer de un burro.
La gilipollas estándar se ha amoldado a la perfección a la sociedad, dejando de lado la posibilidad de que sea una sociedad enferma.
La percepción de la que hace gala la gilipollas estándar, es un cliché realista dentro de un cliché racional. La mentira de la capacidad humana para ordenar el caos, es su única creencia, la más profunda, y se mostrará cínica ante cualquier “historia de fantasmas”.
La gilipollas estándar, el gilipollas estándar, creen seguir tendencias, pero en realidad son quienes las marcan. Su vida es el motivo de nuestra guerra. Sus bienes están empapados de sangre y tampoco respetan (ni contemplan) el suicidio. La peor sensación es mirarles… y verte en ellos. El gilipollas estándar ama a la gilipollas estándar, y juntos sueñan con ser una de esas parejas de los catálogos, cada uno con su profesión de alto perfil y su capacidad para lucir. En metáfora pura y dura, los gilipollas estándar son como jugar a las cartas en una casa en llamas: Incluso así, de lo que se quejarán, es de tener frío…

pijos

 

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2 comentarios en “50 relatos de Grey (42 de 50) – Gilipollas estándar

  1. Me ha gustado mucho lo de sumamente occidental, a mi que soy sumamente oriental…

    ; ) hoy ha sido corto pero muy revelador, habrá que estar atento, no sé porque ha sido leerlo y pensar en mi cuñada.

    Beso!

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