Río

No creo. Sólo en el morbo que me dan algunas católicas. La última vez que toqué un volante fue aprobando el examen de conducir. A la tercera. Hace algunos años. No llevo estrictamente la cuenta de nada. No le veo el qué. Todo me erosiona, desde una relación hasta una buena serie. Y de hecho me gustaría perder la cuenta de mi edad, me gustaría que los demás tampoco condujesen, me gustaría tener algo tórrido con una «buena chica». Me gustaría rodar con la fuerza de la corriente, asomar de vez en cuando a la superficie, rebotar y sembrar cáñamo en las autopistas. Y una relación también puede ser de amistad, puede ser familiar, puede no ser tu prejuicio. Cada concepto con su prejuicio. Intentar liberarte de eso. Hay cosas difíciles, cosas casi imposibles, y luego están los prejuicios, superarlos. Y qué buen aprendizaje para los prejuicios, la senda habitual es la escuela más efectiva. Y no le pongas camisetas de fútbol a tu bebé, no le envuelvas en banderas, si una cosa sobra es los clones. Y nadie te podía cortar los huevos. Para que no procrearas. No eres el dueño, eres el responsable. Nadie necesita ser como tú, necesitan ser como ellos. Y qué difícil es rodar, qué jodido es avanzar, qué gilipollas eres. Años me ha costado empezar a dejar de ser como tú, e intentar empezar a ser como yo. No soy un modelo de conducta, pero tú tampoco has de serlo. Me da igual que madrugues, que te puteen, que estés amargado, que la vida te esté poniendo el culo fino. Yo también sufro, y aun así me equivoco, y aun así mi rabia es muchas veces estéril, y aun así intento aprender a desaprender que la dignidad la da el sufrimiento. Haremos un trato, me cortaré los testículos si tú te cortas los tuyos; casi sería capaz de caparme para que tú no tengas hijos. Dirás que qué sé yo de ti, pero eres un cromo repetido, te vi en el colegio, en todos los curros, en los bares, igual de capullo, con distintas caras, pero siempre tú, repartiendo tu simiente, encontrando a quien te aguantara, a quien te pagara, a quien te subvencionara la mezquindad. Tu hernia no me importa, la mía se levanta conmigo también cada mañana. Tus horarios me la sudan, no lees porque no quieres. Tus insultos no engañan, sólo escupes bilis para no tener que suicidarte. Me da igual tu moreno de paleta, no te exime de hacer daño. Me da igual tu oficina, tu traje, el orgullo de tus padres, nada te impide comportarte como un cabrón, y lo haces. Me da igual si tienes coño o te cuelga la polla como un péndulo, ninguna chapa te libra de ser víctima de un lavado de cerebro. Me da igual que grites que eres bueno, estoy harto de tus colores de mierda, harto de tu mensaje cerrado, de tu discurso déjà vu basado en un vistazo por el ojo de una cerradura. Me da igual que hayas decidido actuar por adhesión, porque es tu opción, pero no me toques los cojones, no me monopolices el coño.
Hasta que no entiendas que puedo amarte sin recordar tu cumpleaños, hasta que no comprendas que las matemáticas son una forma de creatividad, y no de encarcelamiento… ¿Y cómo nos vamos a poner de acuerdo? ¿Cómo bajo previsibles banderas en lugar de con sanas individualidades? Ya tengo mi filtro personal inevitable de prejuicios, y me piden que añada otros. Que me etiquete, aún más. Como si no hubiera tenido bastante de esa basura en aulas y sistemas jerárquicos. Como si no me hubieran llevado ya en rebaño, me dicen que me una a otros rebaños, porque las insignias son más coloridas, porque el escudo lo ha hecho Fulano, que se le da genial el diseño.
Me vais a disculpar; idos todos a tomar por culo.
Yo no soy mejor, pero que os den, yo al menos intento pensar, al menos sé que no me ganaré el cielo, porque Dios no está en las nubes, Dios son la nubes. No iré al infierno, el infierno son los demás, como dijo Sartre, los bienintencionados que no saben callarse, los amantes sólo de boquilla, los amorosos sólo de calendario, los regalos sólo materiales. Los vecinos de pacotilla. El examen final y los trabajos estandarizados. El infierno eres tú hablando más de la cuenta con tu hijo. El infierno es la carencia de presente en favor de un futuro dedicado a otros.
Y aguanté a profesores por otros, e hice deberes por otros, y me amputé el sueño por otros, y casi dilapidé los sueños por ellos, y me apunté a la autoescuela por otros. Y la dejé y se convirtió en frutería, y en otra me saqué el carné. Y dejé de llevar la cuenta con todo, y no tuve Ipod y veremos si Iphone, y bailé Hey Boy, Hey Girl, en el centro de la pista de la irresponsabilidad oficial. Cada escrito es una potencial carta de suicidio. Aunque el mismo tiene mil formas, y en la mayoría quedas vivo. Viajé al pueblo siendo de ciudad, y me bañé en aquella piscina municipal; e Inés María, que no leerá esto (y que ni me molesto en cambiarle el nombre), se encaprichó, y no sabía dónde se metía. Aunque mi peli favorita aún fuese Forrest Gump. Aunque aún tuviese peli favorita, color favorito, grupo favorito, y aún balara tímida pero orgullosa. Curioso que en pleno patriarcado el femenino oveja sea aún el más apropiado. Cómo explicar que uno está vivo aun sin adoptar para siempre una postura concreta; que uno aún es respetable, y que el caos es el motivo para el pensamiento. Cómo resumir la tormenta en tu cabeza. Mi cabeza. No se puede, se puede acariciar, respetar, no acepta gritos, no siempre al menos, no acepta chulerías, no acepta al machito pero tampoco a la que adopta las actitudes del machito. No acepta a quien cree que la igualdad no conlleva sus diferencias. Todo el mundo merece respeto, pero sólo de entrada. La sinceridad al cien por cien no conlleva acierto al cien por cien. El silencio no es una pausa, es espiritual, es poder escucharte a ti mismo pensar. Rayarse, como lo llaman, es la única forma constructiva de emborracharse. Dudar es la única religión que respeto. Ese Dios que no te juzgará, no te dará órdenes ni te pondrá deberes; ese Dios que no pensará todo el puto tiempo que le intentas convencer de nada. Ese Dios que sabe que cuando hablas sólo expresas tu opinión. Que distingue un chiste de una agresión, que sabe que una cosa es el arte y otra el panfleto. Ese Dios que sabe que la amistad también es discreción, espacio de los demás a respetar. Ese Dios que sabe que el sexo no es sólo católico amor, y el cuerpo de cada cual, propiedad sólo de cada cual. Ese Dios que no te señala si se rompe un condón, que no te oprime aunque no seas hombre y blanco. La mujer es el negro del mundo, dijo John Lennon, estando con Yoko Ono, La culpa fue de. Ese Dios que no es sólo capital, que no entendería a la Iglesia y te aceptaría un calada del porro. Ese Dios que sabría que la educación no se limita a no decir tacos, y que se puede ser un ángel “malhablado”. El Dios que se tatúa una cruz invertida sólo para enseñártela y hacerte reír. El Dios de la duda no te pincha porque sabe que estar perdido no es malo, sólo natural. Sólo significa que estás vivo de un modo que no tantos experimentan. El Dios que te casa en diez minutos, tomando un café y hojeando el periódico. El Dios que se salta la sección deportiva y se ríe maliciosamente de los que lloran gratis. El Dios al que le importa sólo lo justo tu vida, pero que haría cualquier cosa por tu libertad. La Duda. Qué miedo, terror, tanto que la mayoría creen que es Satán. Porque no usa apenas agenda, lleva garabatos en los brazos y una cicatriz en la ceja de la que nunca habla. Que miedo, Satán, porque quizá La Duda no sea el hombre blanco de mediana edad, sino una mujer de cincuenta tacos, un negro del cuerno de África, un sarasa de tu barrio, o un transexual de cualquier parte. Qué miedo, dudar, Satán. Necesitas que Dios te ponga deberes; porque Satán sólo te va a dar un libro de Salinger o una peli de Wells, Orson. Y no quieres tener que abrir ese libro, no quieres tener que enfrentarte al blanco y negro. Quieres colores, tareas, estaciones, calendarios y espontaneidad planeada. Eres otro niño blanco de mediana edad, encerrado en esa idea terrible sobre la madurez. Soy. Eres otro imbécil que cree que el tiempo sólo está para ocuparlo, como sea, o incluso que no es una invención del ser humano, sino la realidad al completo. Soy, digo, porque aunque huyo de tu esencia, aún soy demasiado como tú; y veo un reloj y pienso: “Guau, fíjate, eso es todo lo que hay, todo lo que somos, en línea recta y con buena ropa, y a ver qué hace Fulano, porque No Voy A Quedarme Atrás”. Él no va a ser el único que mole, piensas, pienso. La moda. Esa gran puta. La única que no merece respeto. La moda como concepto, como única forma de entender la vida, el mundo; el plato de cocina moderno, “reducción de”. La moda y el tiempo. Con la moda revientas todo el misterio. El misterio de que todo esto es una ilusión, y de que eres antropomórfico igual que podrías ser una piedra minúscula en el río. Una que no le importa a nadie. E intentas rodar, piensas que un día quizá puedas saber cómo se siente el aire en tu cara. Saberlo sin estar en medio de una lista de cosas que hacer en las putas vacaciones. Agotado, agotada, de ir de un lado a otro paseando tu péndulo, tu vagina, haciendo el papel de chico raudo, de chica para todo, de chico feliz, de chica pizpireta, de chico que se interesa por sus suegros, de chica a la que le importan los suyos. Fingiendo que realmente están viviendo, que están notando el aire de un planeta nimio en medio de un Universo vasto, camino del infinito y salido de la NADA.
Puse las manos en el volante y acumulé prácticas. El dinero se iba por el tubo de escape. La teórica a la primera, casi todo preguntas sobre seguridad vial. Y yo no estaba allí. El culo de niño sobre el pupitre, acumulé años y suspensos, septiembres y broncas. Y yo en cualquier otra parte. El culo de adulto sobre el papel, en un puñado de despachos, afirmando que estaba deseando currar para otro cabrón y su mansión. Y yo en Bavia con Alicia, sacando rimas y escribiendo prosa, mientras ella se crecía en verso, quitándome la virginidad en un huerto. Yo en todas partes menos donde estaba mi cuerpo. Todos aconsejándome que despejara la x de la ecuación, sin decirme ninguno que la x era yo. Todos en asfalto y acera, todos sobre adoquines o madera, todos ajenos al río, abandonando con sonrisa metálica la huerta.

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3 comentarios en “Río

  1. Me ha encantado el post, pero no soy capaz de dejar un comentario acorde. Demasiado bien explicado, demasiado que decir, tendría que imprimirme tu texto para subrayarlo e ir punto por punto comentando cositas. Qué razón tienes, y que puto es el carné de conducir, por cierto.

  2. Calidad sin duda, romántico sin límites porque justo lo contrario de lo que mencionas es jodidamente romántico, y finalmente sólo queda una pregunta para hacernos todos: ¿Acaso eres de los que nació por segunda vez?…Es un texto impresionante sin duda y sin límites…En serio.

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