Treinta formas de esconder los objetos cortantes (5 de 30) – Saltar

Apareció un agujero de gran tamaño en medio de la calle. De la noche a la mañana. No parecía nada que tuviese que ver con una decisión humana. No era perfectamente redondo ni demasiado irregular. Si tirabas algo en él no parecía tener fondo. Nadie levantó el teléfono al respecto. Nadie lo grabó con el móvil. Enmudecimos en torno a él. A veces lo contemplábamos desde el borde. Nadie parecía tener vértigo, ni los más propensos. Nadie tenía miedo de caer. En cierto modo, nadie reaccionó, a no ser de forma introspectiva.
Aunque el agujero no pasó a ser tema de conversación, ni urbanístico, ni político, sí se convirtió en el elefante en la habitación de todo hogar en que lo hubiesen visto. Era un cambio que no podía representar ningún cambio. El primer secreto que sabe todo el mundo, y que aun así sigue siendo un secreto. Eso podría haber sido una sensación familiar, pero en absoluto lo era. El agujero, a su manera, nos entendía.
Si te sentías bien, te acercabas a echar un vistazo; si te sentías mal te aliviaba verlo. Nadie cortó la calle. Los coches habituales simplemente comenzaron a circular por rutas paralelas. Los vehículos extraños se detenían, y los conductores iniciaban su propio proceso.
El vacío que suponía, invitaba.
No parecía una oscuridad malévola. Con el tiempo, no mucho, todos comenzamos a reconocérnoslo a nosotros mismos: nos sentíamos abocados. Importaba más de dónde te irías que adónde irías. Parecía un suicidio al revés que no implicaba seguir aguantando la mierda del mundo real.
Si lo pensabas al nivel más mundano, te preguntabas si no habría más iguales. O qué función tendría. ¿Su existencia tenía algún sentido?
Puede que saltar.
No se podía definir semejante felicidad. Ni aunque, mientras caías, pensaras que una conciencia superior, Algo, había creado el meteorito que acabaría con nuestra compleja y absurda especie. Podías oír las carcajadas histéricas de quien daba el paso antes que tú. No parecía una mera cuestión de contagio. El hecho de No Saber, nos unía por primera vez. Qué si no. Saltar.

jhgjh

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