Treinta formas de esconder los objetos cortantes (9 de 30) – Tontos peligrosos

Personalmente prefiero un cementerio de noche. Por la noche parecen una historia de terror, de día la peor vertiente de la realidad. Todos los funerales a los que he ido eran a pleno sol. En todos había muerto alguien muy mayor; lo cual suele significar que sólo hay una o dos personas realmente afectadas. A menudo una, la viuda o el viudo.
El resto se supone que hacen acto de presencia por una cuestión de respeto. A un funeral te ves abocado, a una boda a veces no te queda más remedio que ir. Si lo pienso bien, con cualquier acto, por solemne, triste o alegre que sea, la alternativa de quedarme en casa siempre es más atractiva.
Si asistes a un funeral por mero respeto, lo bueno es que no son muy largos. Incluso con una ceremonia religiosa de por medio, todo tiende a cierta premura imparable. Llegas, cumples y te vas.
Una boda, sin embargo, se puede eternizar, así que cuando estoy sentado a mi mesa, cuando la gente o parte de ella está levantada, bailando o husmeando, tiendo a pensar en la muerte de los recién casados.
Si al final de algo tiene sentido pensar en cómo empezó, ¿no tiene sentido al principio pensar cómo acabará? Entre las cosas en las que no piensan los invitados, incluidos los niños, está que un día quizá asistan al funeral de uno o ambos miembros de la feliz pareja. Otra de las cosas en las que no piensan, unos porque no pueden y otros porque no quieren, es en que el novio está metido en asuntos que incluyen maletines, besos de judas y matones. En la boda se le ve en su salsa; a todos los tontos peligrosos que han visto El Padrino y El precio del poder les encanta casarse. La mafia siempre ha respetado las tradiciones. Es como si pensaran que así compensan algo.
Una chica de las que se sentaba en mi mesa, viene a hablar conmigo, visiblemente borracha.

Ir en pareja a un funeral tiene sus ventajas, y más cuando la conociste en la boda del finado. Suaviza las cosas, pareces menos perdido. Ir en pareja proyecta cierta energía, algo que tiene que ver con haber crecido, «madurado». Eso y un montón de mentiras e hipocresías. Casi nunca nada grave, sólo efectos secundarios de estar vivo.
Primero se casó, un año después fue a la cárcel y luego lo mataron. En la cárcel.
Ni siquiera tuvo la muerte con la que debía fantasear, algo parecido a la de Tony Montana.
Un día habíamos ido a verle a prisión. Ella era su prima. Se sentía obligada a ir al menos una vez. La condena era de dos años; problemas menores con drogas. Hubo atenuantes. Habló ante el tribunal como si las películas no existiesen. Le clavaron algo metálico y retorcido al cabo de dos meses entre rejas.

Pregúntame lo que quieras sobre bodas, cárceles y funerales. Lo que sea sobre días soleados. Por la noche dormimos siempre. La mafia está en casa está fuera está en la tele y en el gobierno. Me han ofrecido varias veces entrar en el negocio. El de la vida y las cosas como son de verdad. Me he escondido bajo las faldas de mi pareja.
Ahora fumo puros y me siento cómodo en cualquier acto. Me da igual que te prometas, te encierren o la casques. Yo estoy ahí, presentando mis respetos, dando un calada, disfrutando del paisaje.

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