Treinta formas de esconder los objetos cortantes (16 de 30) – Valla blanca

Lo que puedo ver es una especie de postal de la vida ideal si un mantel o un posavasos pudieran opinar. La vida perfecta si una cortina o una sabana de raso te pudieran hablar de eso. La intro de Terciopelo Azul; si me espero un rato es probable que vea pasar el camión de los bomberos con una gran sonrisa y saludando. Tienen hasta césped que cortar, setos que arreglar, hasta una valla blanca. Y dos niñas relucientes, el plato perfecto del día para un pedófilo. Una valla blanca, ¿os lo podéis creer? El símbolo definitivo para proyectar felicidad.
También tienen una piscina con forma de riñón en la parte de atrás. El tejado rojo, de casa de muñecas. Cuando llega el cartero, deja el correo en un buzón también rojo de juguete para adultos. La casa viste a juego. Debe pasar un coche por delante cada ocho o nueve horas. Tranquilidad es una palabra pornográfica para el caso. Se pueden oír todo el día los putos pájaros, las garzas. Desde doscientos metros oigo el polvo posarse en los muebles, sobre el que se abalanza la chica de la limpieza que también pueden pagar. Jornada completa. Ella limpia ordena lava cría a las niñas. El día es perfecto, soleado, sábado, once de la mañana, las crías juegan en el jardín. Tan guapas que no entiendes qué hacen fuera de un anuncio de televisión. Versiones Bratz de la madre. El padre, por lo que sé, está muerto. Ahora, sin embargo, da vueltas con el cortacésped. Es algo que podría hacer la chacha, pero imagino que al tipo le gusta conservar la ilusión de que ayuda en casa.
A la señora señorita de la casa la conocí hará unos veinte años. El resto son historias aburridas que a mí me volvieron loco. Ella me dejó, con razón. Esta gente tan pulcra siempre tiene razón. Fue todo una combinación de su obsesión con ser una adulta acomodada con vete a saber qué que me dio a mí por comenzar a decir.
En las prácticas de tiro, el tipo que me enseña me dijo que tiene a su mujer enterrada detrás de su casa. Vive en una granja. Creo que fue después de mi arrebato de sinceridad. ¿Por qué quiere usted aprender a disparar?
El antipatriarca moderno corta que te corta el oro verde. Mi fantasía es que ellos se enrollaran encima de la hamaca del jardín, y hacerlo cuando la postura sexual haga que su cabeza esté apartada de ella.
Lo que puedo ver por el visor, es que es muy difícil que eso pase. Las niñas. ¿No tienen un puñetero abuelo encantador que quiera cuidarlas de forma ambigua? ¿O una abuelita que se mee encima con ellas mientras se le cae la dentadura en el puré?
¿De qué va este enclaustramiento?
El problema es que cuando están solos no están en casa, y son las niñas las que se quedan con una canguro. O con la Lupita de siempre.
El granjero, cuando nos sentamos un día en su cocina, me preguntó que si amor o sólo venganza. Le dije que café, solo, con hielo.
Estoy siempre en una posición elevada. Aún lo siento en el estómago cuando la veo. Siempre lo veo también a él. Me desespero, apunto, y veo los sesos de ese cabrón salpicar la valla blanca.
Pero nunca lo hago. Sólo me acomodo y espío. Cada cual pasa los sábados como le da la gana. Aunque siempre tenga el arma cargada.

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