Treinta formas de esconder los objetos cortantes (25 de 30) – Hacer sábado

Nunca lo piensas antes de disfrutar. Es como la resaca, sabes que estará ahí otra vez. Pero vuelves a picar.
Si has hecho lo que tenías que hacer, la tarea no sera tan ardua. Si te has preocupado de extender un plástico en el suelo antes, si has cubierto los objetos cercanos. En fin, si eres medianamente despierto y has tomado precauciones, te habrás ahorrado la mitad del trabajo. Lo mejor es recoger primero el plástico del suelo. Con cuidado, por las puntas. Procurando que la sangre se acumule en el centro. (Doy por hecho que ya habrás concluido tu rutina para librarte del cuerpo.) Así que, si has calculado un poco las medidas del plástico, podrás “embolsar” la sangre, dirigirte al lavabo, y una vez allí, pinchar por debajo. Que caiga todo dentro de la taza, o tendrás dos habitaciones para limpiar. No es buena idea tener la fregona siempre rojiza, como si hubieras estado torturando a alguien.
Si has usado una silla para el proceso (quizá te gusta maniatar), recuerda limpiar a fondo las patas antes de colocarla en otro sitio.
Una vez el plástico haya dejado de gotear (paciencia), lo mejor es meterlo en la bañera, o en la ducha, pero si tienes una bañera, mejor. Lávalo como si fuera tus cuchillos, que todo el rojo se vaya por los desagües.
Luego vuelve a la habitación y echa un buen vistazo al suelo. Dependiendo de lo bien que te lo hayas pasado, quizá aún haya zonas salpicadas. No tires aún de fregona. Usa antes otra cosa, como papel de cocina, para eliminar lo más sustancioso. Luego friega todo el suelo como si tuvieras que comer en él.
Si has usado sierra eléctrica, probablemente vas a tener aún mucho que hacer. Primero fíjate en los objetos o paredes más cercanos. Si las paredes o el techo han salido muy malparados, quizá tendrás que volver a pintar la habitación. Es una putada, pero es peor inventar explicaciones. Limpia todos los objetos o plantas o artilugios que hayan podido quedar salpicados.
Una vez tengas la zona más conflictiva controlada, fíjate en los rincones más lejanos. Busca esas gotas rojas que se han exiliado, como esos trocitos de cristal del vaso que rompiste hace tres meses. Piensa en la sangre como si fuese cristal. No puede quedar NADA. Piensa como la policía. Rastrea como un perro. Agáchate, arrodíllate, sospecha. Desconfía. Piensa que esa habitación te quiere arruinar la vida. No se lo permitas.
Una vez hayas comprobado al menos cinco o seis veces que todo vuelve a estar impoluto, acuérdate de la cámara y los aparejos que hayas usado. Límpialos a fondo, lo mejor que puedas. Guárdalos, guarda lo que tengas que guardar. Dúchate a conciencia y guárdate incluso a ti.
Abre tu cuenta de Twitter. Sigue trabajando en ese perfil encantador tuyo. Eres una buena persona. Has de sostener esa idea. Te preocupas. Denuncia, acusa, discute, milita. Comparte. Brilla.
Y luego haz una última inspección.

#Marion Arbona-Limpieza

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