20 propiedades del limón (3 de 20) – Seyfried contra Seyfried

Oyente fortuito: Si lo que pretende es encontrarle un sentido a todo esto, mejor hágase un favor y llévese a sí mismo al cine. O llame a su madre, ¿cuánto tiempo hace que no llama a su madre?

Oyente fortuito: Era una terraza cercana a un festival de cine, es el único contexto posible. Al principio era gracioso oírles hablar. Si lo que quiere es detalles, esto es tan difícil de recordar como un sueño largo y estúpido. Seguramente nadie hablaría de ello de no ser por la garrafa.

Oyente fortuito: Hablaban de Amanda Seyfried, pero creo que uno de los dos la estaba confundiendo con Scarlett Johansson.

Oyente fortuito: Comenzaron a repasar todas las películas. Creo que uno la defendía y el otro decía que sólo estaba ahí por ser una rubia mona.

Oyente fortuito: Entonces empezaron a hablar de lo que usaban para masturbarse. Uno decía que lo mejor eran las celebridades. El otro se calló un buen rato, y luego dijo que le parecía una falta de respeto, que lo lógico era usar un material impersonal, el porno, o aún mejor, la imaginación, estuvo un buen rato hablando de la imaginación. El otro le respondió que eso era lo único para lo que servía Amanda Seyfried, para hacerse unos buenos pajotes. Lo dijo así. En ese momento ya había gente alrededor de ellos como si fueran músicos callejeros. Las estatuas humanas comenzaron a recoger los bártulos.

Oyente fortuito: Yo antes ni sabía quién era Amanda Seyfried.

Amigo común: Como usted comprenderá, lo de Amanda Seyfried sólo fue la consecuencia de una rivalidad. Es el problema de los grupos de amigos numerosos, no todos son amigos. Pero no había habido ninguna historia destacable entre ellos, nadie le tiró la caña a la novia de nadie, ni siquiera se veían tanto, a los sumo una vez cada dos semanas. Simplemente no se tragaban. Hace un mes ya discutieron hablando de Marisa Tomei, el oscar de Marisa Tomei…, deberíamos haber tomado aquello como una señal.

Oyente fortuito: Yo sólo he visto a Amanda Seyfried en una peli, hacía de tonta, no entiendo a qué viene pelearse por una tonta.

Oyente fortuito: Creo que al cabo de un rato aquello ya era como un evento, casi juraría que vi a un tío vendiendo latas. El dueño del bar comenzó a no dar abasto, comenzó a sacar vasos de plástico, cervezas. La gente más “lista” decía que era una performance, algún tipo de microteatro callejero. El cinismo es el nuevo pan, todo el mundo lo quiere en la mesa. Es lo que tiene vivir en esta puta ciudad, la realidad no es la norma, es la excepción, todo el mundo actúa, todo el mundo se cree el más listo, el más talentoso, la gente que se cree más profunda es la que se acaba rapando por los lados, para demostrar lo profundos y listos y modernos que son. Se dejan bigote, ríen de lado, ellos saben siempre lo que están viendo, lo que pasa, si algo les sorprende se ponen rojos y lo intentan disimular a toda costa.

Oyente fortuito: Creo que lo que despistaba era que hablaban demasiado bien, incluso cuando comenzaron a insultarse parecía el sonido sordo de la tiza contra la pizarra explicando qué es una palabra esdrújula. Hay muchas formas de ser esperpéntico.

Oyente fortuito: Nunca imaginas así una pelea de bar. El motivo habitual es el fútbol. Es igual de absurdo, pero al menos es más habitual. Puedes reconocer a un ultra, pero lo de ese día era imposible de prever. Lo que yo creo es que pronto veremos peleas en clubs de punto de cruz. ¿No es la dinámica habitual? Los comportamientos que se contagian nunca tienen que ver con la calma y la negociación, siempre tienen que ver con alguien gritando, peleando o rompiendo algo. El impulso natural claro parece el de encabronarse. Lo único en lo que sabemos unirnos todos, es la rivalidad.

Oyente fortuito: Se enzarzaron, era ridículo. Hablaban muy bien, pero no sabían pelear. Los separaron y alguien del grupo pagó la cuenta. Se fueron caminando y muchos les seguimos. No es que me sienta orgulloso de ello, pero había un magnetismo en la situación que yo desconocía. Era como ver un ovni sociológico. Joder, te quedas mirando. Quieres saber si se va a mover, si brillará más, si nos destruirá a todos.

Oyente fortuito: Uno de los dos, el detractor de Amanda Seyfried, se dirigió a un portal. Al parecer era su casa. Se despedía de sus amigos, excepto de uno. Entró. Pensábamos que todo había acabado.

Oyente fortuito: El colega que se quedó en la calle junto al grupo, no supo desembarazarse de la rabia. Comenzó a insultar a gritos al otro. Sabía que podía oírle. Sus amigos intentaban arrastrarle, no había manera. El tema Amanda Seyfried derivó en muchos otros, rencillas rebuscadas, detalles que sólo entiende quien odia sin motivo aparente. Pero siempre volvían a Amanda, uno para defenderla, el otro para insultarla (para insultar a su colega). Esto nunca lo dice nadie, pero yo creo que se sentían genial, así, cabreados, quién sabe cuánto tiempo habían estado bajando la cabeza. Se estaban utilizando el uno al otro, y Amanda era su fútbol, su política, un motivo intercambiable.

Oyente fortuito: El otro, pese al escándalo en la calle, no volvió a bajar. Pero salió a su terraza. Un primer piso. Ahora estaban a distancia de balcón de Romeo y Julieta. De algún modo, se debieron dar cuenta, porque uno comenzó a lanzar pestes de Cartas a Julieta, y el otro dijo, ya histérico y afónico, que era «una película bonita y sin pretensiones». Entonces fue cuando el que estaba en la terraza se fue para dentro. Luego salió con una garrafa de ocho litros.

Oyente fortuito: Que nadie le engañe, la garrafa no estaba vacía, eso es seguro. El tío la levantó, y dijo algo como:
–¡¡Eres un hipócrita, esto es lo que haces con las pelis de esa tía!!
Gritó eso, lanzó la garrafa, y el otro, a saber por qué motivo, apenas se apartó. Era un saco de ego y orgullo.
La garrafa no tenía puesto el tapón. Dejó inconsciente al chaval y nos salpicó a todos. Se comenzó a verter un líquido traslúcido que nadie reconoció al principio. Creo que luego nos dimos cuenta por el olor. Ya no había nadie arriba en la terraza. Alguien llamó a una ambulancia. La gente comenzó a resbalar en aquel charco. Estábamos emocionados, asqueados y vivos. Semen, tío. ¿A usted no le parece genial?

gone05

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