20 propiedades del limón (9 de 20) – Del revés

En lugar de quedarse quietecito en su cama, en lugar de esperar a que pasara la tormenta, el muy capullo se levantó. A tientas en la oscuridad, con la polla en la mano. La mano dentro del pantalón de pijama. El capullín de catorce años, puede que quince. Una vez manchó el techo, llegó salpicando hasta el puto techo. De crío había sentido rechazo al oír follar a sus padres, pero pronto follar fue más importante que sus padres, y a sus padres se les oía demasiado. De entrada se había puesto nervioso, pero luego se comenzó a poner cachondo. Violento y cachondo.
Era algo nuevo. Estaba cerca, aún fuera de la habitación, oía rechinar la cama de matrimonio. La tenía dura como sólo un niñato puede tenerla dura, mármol adolescente. La gente se ríe de los adolescentes; nunca parecen entender su potencial, su peligro o su capacidad. La gente le teme a lo desconocido, y eso es mucho de lo que tener miedo/burlarse/reírse. Un chico de esa edad puede hacerle un agujero a una sandía y follársela sin contemplaciones. Nunca hay que menospreciar la inexperiencia, la sed, el ansia, la frustración de no ser niño y tampoco adulto. Que nadie te haga puto caso. Es mejor no preguntarse cómo eso alimenta la creatividad, y no solo la creatividad. Aquí hay energías ambiguas en juego.
Esa noche el chaval se comenzó a tocar junto a la cama de sus padres, en la oscuridad, asqueado y excitado, con una punzada desagradable en el estómago y Sade entre las piernas.
No tenía ninguna explicación preparada si le pillaban, y sabía que si eso sucedía, no iba a mejorar nada. La relación con sus padres, ya de por sí incómoda y poco fluida, se convertiría en algo inabordable.
Hasta ese momento no había pasado nada fuera de lo común. Sólo malas notas, desinterés, otro chaval que (¡oh, sorpresa!) por lo que sea, no tiene vocación alguna y no quiere dedicar su vida a madrugar para otros.
Pero masturbarte oyendo a tus padres es un paso más. No entra en la categoría de anécdota sexual adolescente. Cualquier otra cosa se entiende, incluso las más guarras y discutibles. La mente no parece un ámbito particularmente moral, y la de un chico de quince años huele como un pesquero moviendo la mercancía en el puerto.
El había escuchado historias, algunos chavales del barrio.
La paja en la vía del tren.
Calentar el postre en el microondas.
Estar a punto de morir de asfixia.
La aspiradora que te mira fijamente.
Pero hacerte una paja oyendo a tus padres, supera sin duda la visita a urgencias con una botella metida por el culo, o con la polla hecha hamburguesa.
El chaval pensaba en todo eso mientras oía a sus padres, y la erección continuaba su curso, sin problema. Piensa lo que quieras. Ponte a prueba.
Hasta que te pillan.
Normalmente esto funciona al revés. El muchacho se la pela y su madre entra sin querer a su cuarto. Oh, vaya, qué situación tan violenta QUE LE HA PASADO A TODO EL MUNDO.
Lo que nadie puede anticipar, es que el chaval vaya a la habitación de su madre a ejercer su edad. Si te pillan no puedes irte sin más con la polla bamboleando, como si todo hubiese sido fortuito. Luego tienes que desayunar con esa gente. Ellos no esperaban que tú, el resultado de uno de sus coitos, te acabaras tocando con eso. Y no es que esperaran gran cosa de ti, porque ya pasó el tiempo en que ser un crío tenía su gracia. Ahora ya no le haces gracia a nadie, sólo eres un tocapelotas, y la cosa no tiene pinta de mejorar. Creces, y nadie le hace monerías a la gente que hace cola en Hacienda.
Le oyeron suspirar. La mayoría de gente no suspira por sus padres. Suspiras por casi por cualquier otra cosa. Tus padres deberían ser terreno vedado.
El muy capullo se fue corriendo a su habitación, después de oír un
–¡Qué haces!
de su padre que lo daba a entender todo.
La vergüenza, el arrepentimiento, esa clase de arrepentimiento que parece almacenado de mucho antes, porque sabes que lo vas a necesitar. El arrepentimiento nunca es perecedero, siempre está ahí para ti, fresco como el primer día.
Por suerte, la situación acabó por no ser tan violenta. Acabó por ser una oscura historia familiar, seguramente una de tantas que se callan. No se habló, no se analizó, no hubo preguntas, y desde luego nadie quería respuestas. Sí, el chaval reaccionó, se largó pitando a su cama, sentía el corazón a pleno rendimiento, el miedo, las posibles consecuencias, en qué derivaría aquello. Y obviamente, con todo eso en el pecho y en la cabeza, con toda esa inspiración, acabó sin problemas la faena.

golden bokeh background

Anuncios

Un comentario en “20 propiedades del limón (9 de 20) – Del revés

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s