Paquete de viaje

Vimos el camión de Matutano, amarillo, viejo y chillón, un armatoste, parecía ladeado, los neumáticos a punto de ceder. Parecía fuera de su horario. Estaba aparcado y nutría una tienda, un tío iba y venía con cajas. Nos miró, esperó, obstruíamos la acera. Yo era ese tío la mayor parte del tiempo, conocía esa mirada resignada, esforzada. Siempre se habla de hacer un ejercicio de empatía, pero a menudo la empatía surge sin más, como una maldición. Yo curraba en menesteres similares, aunque no fuese con un camión de Matutano.
Esta vez, sin embargo, era de los que estorbaba, íbamos camino de una fiesta. Era el cumpleaños de alguien. Nunca recuerdo la clase de fechas señaladas que te convierten en el detallista medio. Recuerdo la Navidad, por los mensajes subliminales. Esta vez compramos un regalo entre varios. Un colega dijo que no había que comprar algo que la cumpleañera necesitara, sino algo que quisiera. Creo que fusiló un diálogo de Love Actually. Este tío llevaba algo así como toda su vida detrás de ella, y parecía intentar quedar bien con ella incluso cuando ella no estaba presente. Como si los demás tuviéramos que tomar nota. La chica había cortado con su pareja, con la que llevaba nueve años. Hace nada vi al ex en Instagram, con el traje de Salto Base; creo que mueren más o menos la mitad de los que lo practican. Lucía una gran sonrisa de Hombre Libre. Estoy bastante seguro de que tus pretensiones de Libertad tienden a ser inversamente proporcionales a tu esperanza de vida.
Eran casi las nueve de la noche y era sábado, y aún era de día, recordaba esas noches de Halloween que aquí no se daban, recorríamos una zona residencial, pero no había niños con caretas y sacos de caramelos. Mucha gente envidia las tradiciones de otros países; el nacionalismo suele ser orgullo a la desesperada. La bandera americana al menos me hacía gracia.
Llegamos a lo que a mí me parecía una gran casa. Era todo lujo y espacio por comparación con mi piso. Había mucho ambiente, hay toda una historia detrás, amigos de amigos, muchos que llevaban un tiempo follando entre sí, hermanos, algún primo, quizá un par de bebés o tres al cuidado de los abuelos. Buena gente. Daños colaterales.
A veces la educación con la que algunas personas te hablan me parece más irritante que muchas formas de sequedad. Cómo parecen seguir un guión, de una forma ya mecánica e interiorizada que intentan hacer pasar por natural. Es la gente con don de gentes. En realidad lo hacen peor de lo que creen, pero tú siempre quedas por debajo.
Estuve dando dos besos por aquí y por allá. Conocía como mucho al cincuenta por ciento. No era un cumpleaños cualquiera.

Qué pasaba. Ella tenía que estar muerta hacía ya un tiempo, pero al parecer se salvó milagrosamente. Vivió un proceso largo y suicida de médicos y salas de espera. Le habían localizado un tumor (creo), e incluso le habían dado fechas límite potenciales. Caducidad programada. Había una operación, pero era extremadamente sensible. Sin embargo se llevó a cabo, y poco tiempo después el mal remitió, dejó de insistir o reproducirse.
Lo que hacía especial este cumpleaños, es que era una auténtica celebración de la vida, a diferencia del cumpleaños habitual, que es más bien una representación de esa idea.
No conocía muy bien a la cumpleañera, pero parece ser que quiso invitar no sólo a sus amigos, sino a casi todas las personas que conformaban los seis grados de separación. De esta forma, yo era algo así como el amigo del primo de alguien que una vez vio de lejos a su ex. Ni siquiera estaba ahí por ella exactamente, sino que durante un tiempo tuve cierto vínculo con el nuevo novio de la muerte. Un par de amigos me insistieron y me hablaron del regalo en grupo, y dada la naturaleza extraordinaria del evento, no me salió decir que no.
El regalo era uno de esos paquetes de viaje, no sé muy bien cómo va, lo compramos en una librería. Era ese rollo de “regalar experiencias”. Creo que fue una idea pésima, nunca me ha parecido de recibo colarse en la agenda de los demás y removerlo todo. Pero no dije nada. Puse mi parte y aproveché para pillar un par de cómics.
Comencé a beber algún tipo de ponche dulzón, de los que te acaban matando como el veneno adecuado disimulado en un pastel. Dos horas después sentía ese ir y venir de la cabeza, como si caminara por la cubierta de un barco que surfeara un tsunami. Intentando ser amable con los demás, procurando no mirar más de la cuenta los escotes y los culos, y también los pies femeninos más visibles. Para mí los pies pueden ser tan atractivos como las piernas o los hombros al aire. Pero no se me da muy bien disimular.
Coincidí en un corrillo con la cumpleañera. Estoy bastante seguro de que se llamaba Clara. Era muy blanca de piel, con pecas y un pelo rojo como la carne cruda. Su nombre podía ser una idea de sus padres cuando vieron el aspecto del bebé. Me parecía guapa y no parecía tener el carácter de quien invita a cien personas a ninguna celebración, incluso con coartada. Sus padres estaban fuera de la ciudad, no sé si sólo esa noche o si sería algún tipo de segunda luna de miel. Creo que oí algo al respecto. Había un par de tíos sobrios dando vueltas, creo que estaban contratados. Parecían más construidos que paridos, uno de los dos tenía rasgos asiáticos, sus manos parecían poder romper cristales sin darse cuenta.
Empezaba a sospechar que la fiesta había sido idea de los padres; buena o mala, parecía evidente que había sido la primera. No sabía de qué hablar con la cumpleañera, dado que encima yo tenía más que ver con su ex que con ella. Fue ella quien decidió intercambiar alguna anécdota. Por lo que intuí, su ex se quitó de en medio para dejar espacio al tumor. No es que le culpe, hay loterías que poca gente sabe cómo cobrar. Creo que ella tampoco estaba amargada a ese respecto, aunque el chaval no había sido invitado, ni directa ni indirectamente. Parecía lo único que había quedado claro, a quiénes no había que invitar.
Los humanos queremos pensar que somos como Armstrong pisando la luna, pero diría que nos parecemos más a Armstrong cambiándose la sangre. Nos nos gusta aceptar nuestra condición fugaz y natural, sobre todo en cuanto a omnívoros y depredadores. Hay demasiadas capas de hipocresía basada en la conciencia como para intentar ser coherente. De modo que interpretamos un personaje. Yo soy sensible; yo soy resignado; yo soy vegano; yo no me arrepiento; yo le he ganado la batalla a la muerte; yo te cuento lo que pasó; yo no quiero líos; yo separo la basura; yo soy relleno; yo soy segurata; yo hago el amor; yo decido… No es una película fácil, y el rodaje dura más de lo que sabemos soportar.

A veces me quedo paralizado ante la fascinación que me produce mi entorno, todo él, la dinámica humana, por así decirlo, lo que es capaz de proyectar y lo que es capaz de destruir, y todo lo que una persona es capaz de dejar exactamente igual de bien o mal que estaba, aun viviendo ochenta o noventa años. Siento esa fascinación por el devenir global, como si lo pudiera ver todo desde fuera, cómo evoluciona, cómo sigue o cómo termina. Y el bajón llega cuando recuerdo que formo parte de ello. Es imposible no quedar salpicado. Puede que tú no cambies nada, pero absolutamente todo te va a cambiar a ti.
Si Dios existe y puede hacer eso, si puede ver este espectáculo desde los márgenes, incluso aunque no pueda intervenir, debe pasárselo literalmente teta. Debe flipar sin parar. Esa siempre ha sido mi idea sobre Dios: el voyeur definitivo, alguien que puede mirar y escuchar, y que no necesita hacer nada más. Alguien que se interesa con el mismo ánimo y regocijo por una gran celebración que por un gran atentado terrorista. Dios, el colega definitivo.

Dios podía fijarse en un montón de cosas en esa fiesta. No sé si le interesan los detalles, no sé si es más un detective o un pervertido, pero cuando hay tanta gente no das abasto. El idiota destaca; en una reunión numerosa, cuanto más superficial seas, mejor. No se valora el ingenio, sino la astracanada. La adolescencia es menos una etapa que una actitud.
Si te callas y te arrinconas, luego sólo podrás hablar sobre lo callado y arrinconado que estás en las fiestas. Yo era así, más o menos. Lo era menos con casi treinta años, pero no me gustaban más las fiestas. Debía hacer años que no iba a una fiesta de verdad. La casa se fue ensuciando y llenando de ruido como a cámara lenta. Pero de forma irremisible.
La pelirroja no estaba muerta.
Comencé a ir de un lado a otro, perdí de vista a mis colegas, compañeros de regalo. Bajé el ritmo en cuanto al bebercio. Ahora manoseaba mi vaso de plástico. Descubrí un jardín y una piscina en la parte de atrás. Puede que esto sea lo que al final respetan los tumores. El césped estaba saturado de grupos, cada vez un poco más descontrolados. Cuando el primer idiota se tiró a la piscina, el resto de su especie no tardaron en imitarle. El idiota que abre la veda es como un Ideólogo, con la diferencia de que como mucho vomitará en tu piscina, en lugar de comerte la cabeza. Algunas veces es mejor seguir al idiota, ser más listo que tu compañía, y rehuir conscientemente a animales ideológicos y activistas. No hay nada más pequeño y ridículo en el Universo, que una persona que se cree en posesión de La Verdad.
Un idiota ni siquiera tiene una opinión, sólo quiere pasarlo bien.
Pero no me apetecía meterme en la piscina. Y además comencé a ver conocidos aquí y allá, esa gente a la que prefieres no saludar por la calle, y mucho menos ponerles al día. Cuando me veo obligado a hacerlo, acabo diciendo cosas como: Aquí estoy aún, sigo vivo…
No siempre se conforman.
Se acumulaban las chicas con las que no quería hablar pero sí follar hasta la muerte. No por una cuestión de cosificación, o sí, pero hubiese pensado igual si fuesen los tíos los que me pusiesen cachondo. De momento pensar es libre, puedes pensar en todo tipo de aberraciones. Incluso esa persona que crees intachable, lo hace, piensa en cosas terribles, abominables. Quizá acaba por no hacer ninguna de esas cosas precisamente porque puede pensar en ellas. Es posible que las mejores personas tengan la mente llena de basura. Lo único que hacen es retener más y mejor que los demás. Esto explicaría también muchas explosiones de violencia. De no existir opciones como el porno, probablemente mucha gente perdería su capacidad de retención, y una fiesta sería muy parecida a algo con lo que Dante haría rimas.

Yo no formaba parte de ese estrato social. En esa fiesta había mucha gente que no sabía cuánto dinero tenía, pero sobre todo no le importaba. Porque sabían que, incluso sin mover un dedo, ese pozo se secaría mucho después de que ellos murieran dentro de sesenta o setenta años. Así de jóvenes eran, y así de ricos eran sus padres. No se me ocurre atajo más efectivo para convertirte en un gilipollas. Y ni siquiera hablo de lo vagos y maleantes que serían por tener la vida solucionada; es algo mucho más profundo que eso, es mucho peor cuando son tan conscientes de sus privilegios que comienzan a intentar compensarlos. Esa gente es insoportable, porque no sólo parecen avergonzarse de ser quienes son (cosa que no se han ganado, pero que tampoco pidieron), sino que además procuran que los demás les acompañemos, les perdonemos.
Personalmente prefiero a los “vagos y maleantes”, los que se bañan con champán de botellas que cuestan como un coche de segunda mano. Ellos al menos saben que nadie les va a perdonar que sean ricos, y se limitan a intentar disfrutar. Puede que sean idiotas, pero no son unos hipócritas, y no te piden clemencia. Se limitan a vivir la vida como la mayoría de gente sueña vivirla, la misma gente que habla sobre la dignidad que hay en los madrugones y la explotación laboral. No es que hagan ningún bien, pero siempre nos darán una lección mucho más interesante que la que nos intentan colar los avergonzados bienhechores.
Los unos sólo son unos pesados (y a menudo unos falsos), pero los otros te hacen pensar. ¿Eso es lo que yo quiero? ¿Qué quiero exactamente? ¿Bañera de champán o comprar ropa carísima de la que no lo parece? ¿Soy tan humilde y ascético como creo que soy?

En algún momento comenzamos a salir en fila india de la casa, y del jardín. Tras la propiedad privada había un bosque. Comenzaron a verse focos de linterna de móvil. Eran ya como las cinco de la mañana. Éramos supervivientes, también en el sentido metafísico. Nadie sabe qué define su propia época, estás demasiado en el ajo. Se sabe cuando han pasado cincuenta años. ¿Como nos recordarán a nosotros? A veces creo que seremos la versión superficial de los hippies. Eso pensaba yo. No acabaremos con la crisis, y la crisis no acabará con nosotros. Sólo nos pasará por encima, nos dejará recogiendo los pedazos, mientras los de siempre se siguen bañando en champán.
Y cómo les vas a culpar.
Con qué argumento blindado. Con qué retórica de izquierdas saturada de ego, paternalismo, pedantería y etiquetas. Con qué idealismo cutre de quinceañero. Ya no eres joven, ahora te dices: soy de izquierdas; y te ves aguantándote la risa cuando el cabrón más cínico de derechas te suena razonable.
Nos adentramos en ese bosque del siglo XXI, ya casi en su tercera década. A la cumpleañera le sonó el teléfono. Me pasé la noche intentando recordar si alguna vez me había masturbado con sus fotos de Facebook.
Estuvo un bueno rato hablando. El resto comenzamos a buscar dónde poner el culo. Varias parejas habían ido a follar tras algún arbusto. Oí cómo alguien vomitaba.
La cumpleañera volvió de su aparte telefónico. ¿Quién hablaba por teléfono ahora? ¿Qué clase de estrés era ese?
Dijo:
–Mi ex ha muerto.

14374785743675

Anuncios

3 comentarios en “Paquete de viaje

  1. Brutal, me ha encantado… aunque sea un poco cobarde hacerlo ahora, aprovecho para comentarte que alguno de los textos anteriores tenían altibajos o me resultaban un poco inconexos en algunas partes. Pero los últimos que te he leído me han parecido redondos del inicio al final, y este tiene un final simplemente perfecto… Gracias..

    Me he sentido identificado con lo de las izquierdas, un día te sorprendes con una idea que ha brotado en tu cabeza que es totalmente de derechas, la sujetas con cuidado, como mirando de dónde coño ha salido y al final te das cuenta que es tuya, que es tu idea y tienes que aceptarla como lo que es.

  2. Me ha gustado cómo nos has metido en la fiesta a través de la cabeza del narrador, algo tipo “la hoguera de las vanidades” . Y el final, que se anunciaba en ese apunte al principio sobre el ansia de “libertad” y la esperanza de vida, buenísimo 👏👏

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s