Antirreplicante

En mi sueño recurrente, estoy solo en una isla desierta y tengo claras intenciones de suicidio. De forma arbitraria, lo único que se me ocurre es clavarme en la yugular un lápiz partido. El motivo por el que no lo hago, es que me da miedo que el pinchazo no sea limpio, que haya astillas e imperfecciones en la lesión.
Tengo miedo de hacerme daño suicidándome.
Aunque ni siquiera es exactamente miedo al dolor. Hay algo en la estética de la lesión que necesito que sea lo menos aparatoso posible.
Me despierto justo después de decidir que no voy a hacerlo con el lápiz. Es posible que no sea mi lápiz, y no quiero arruinar el lápiz de nadie.
No es el mejor sueño recurrente, pero supongo que es peor soñar algo bonito. Cuando yo vuelvo a la realidad, incluso eso es un alivio.
Antes hablaba de este tipo de cosas con mi antirreplicante. Podía hablar incluso de eso. No reaccionaba como ahora; hubiese reído con complicidad y a continuación me explicaría su sueño.
No estaba distanciado de las cosas, no tenía miedo de implicarse con las historias y las dudas.

Un día lo hablé con alguien, no sé cómo surgió. Privados en Instagram. Le hablé de un colega en concreto, que en torno a los veinte años parecía siempre predispuesto a fascinarse. Puede que eso le durara hasta los veintinco. La música, el cine, el arte. Reaccionaba incluso visceralmente a todo eso, tenía un hambre voraz.
Hace años que ya no es así. Puede que la gente cambie, pero yo no he visto tanto un cambio como un apagado de dos tercios de los interruptores. El panel de luces está casi en penumbra. Una penumbra aparentemente adulta y centrada.
Mi contacto de Instagram me dijo:
–Yo los llamo antirreplicantes. Humanos que comienzan a dejar de tener sentimientos.
Es como si hubiera personas que no se conforman con crecer, sino que deciden que han de hacerse mayores. Generalmente, me dijo, cuando tienen una pareja duradera, eso les conduce a un estado de letargo existencial. A partir de ahí, es como si nada les importase o impresionara. Es como si se les hubiera metido un gusano zombi por una oreja, contagiándoles parcialmente. Pueden estar delante de ti y no escuchar una sola palabra de lo que has dicho en cinco minutos; y luego sacan el tema tratado como si nadie lo hubiese comentado. Como si un coma te permitiese hablar de vez cuando.
–El antirreplicante se escudaría en la idea sobre el cambio que la gente basa en la madurez. El antirreplicante hace muchas cosas, pero sólo reacciona con cierta viveza a una o dos de ellas, que difícilmente se relacionan con expresiones artísticas.
El antirreplicante es práctico, al menos en teoría. Lo curioso es que esto no tiene tanto que ver con el hecho de estar inmerso en un trabajo y una relación que nunca cambian. La pareja de un antirreplicante puede ser perfectamente despierta y apasionada; pero el antirreplicante, al estar con ella, parece haber perdido gran parte de su individualidad, como si el modo de mantener ese estado de respetado adulto ocupado y con ocupación, dependiera sobre todo de no apasionarse en exceso.
Esto le lleva a la automatización de esa actitud, hasta acabar absorbido por ella.
El antirreplicante parece pensar lo menos posible. Evita la ambigüedad y la duda. No solo parece sentir de forma apagada las cosas, además se ha acostumbrado a ello, y procura evitar que nada le penetre o le sacuda. Las emociones y la profundidad son el enemigo.

Mi contacto de Instagram:
–Es curioso que asocies antes el sueño al lápiz que al suicidio.
–No quiero suicidarme.
–Puede que no quieras suicidarte, pero luego me has hablado de un antirreplicante.
–Hay algo atrayente en lo que hacen.
–En lo que han dejado de hacer.
–Sí.
–Y te gusta.
–Me gusta la comodidad.
–No es necesariamente más cómodo.
–Pero proyectas cierta imagen.
–Una imagen que la gente respeta.
–Es como si no les quedara más remedio que respetarla.
–Y si tienes un hijo: respeto total.
–Algo así.
–Es como un seguro de vida sobre tu sentido de la responsabilidad.
–Cada que vez que lloro con una película, lloro casi más por el alivio de llorar aún con una película.
–Nunca serás un antirreplicante.
–Gracias.

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4 comentarios en “Antirreplicante

  1. Quizá voy a soltar una enorme blasfemia, pero creo que el 90% larguísimo de todos nosotros tiene un antirreplicante potencial dentro. O en otras palabras, que hay muuuuchos antirreplicantes por ahí.
    Muy, muy bien explicado y plasmado. Sí, yo diría que son el tipo de personas que rayan en el ridículo y lo patético porque se creen muy respetables, porque se toman tan en serio a sí mismos, porque se creen adultos maduros. Y toda esta serie de clichés absurdos. Y claro, has hecho la distinción crucial, el quid de la cuestión: no es lo mismo crecer y madurar que hacerse mayor, Ni lo primero implica por cojones lo segundo. Benditos los jóvenes que han sobrepasado los 60 años, por fortuna creo estar en ese grupo (por actitud, no por edad).
    No me extenderé en el resto de consideraciones, porque coincido bastante. Ese tipo de personas se aletargan bajo una capa de aparente estabilidad, respetabilidad e incluso impasibilidad. Es empezar a morir interiormente, es muy triste.
    “Supongo que es peor soñar algo bonito”… jajajaja, espectacularmente mordaz.
    “Tanto un cambio como un apagado de dos tercios de los interruptores”… jajaja, lo mismo.
    Volveré otro día, me’n vaig a dormir.

  2. Yo conozco a muchos de esos que describes y en algunos casos, me entristece bastante ver cómo se tranforma la gente con el paso del tiempo hasta convertirse en auténticos desconocidos….

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