Carta abierta a Khatia Buniatishvili

Las cartas abiertas suelen tener casi siempre connotaciones políticas, o algún tipo de intencionalidad filantrópica. No sé si esta vez será así. Creo que esto es más bien una carta de amor. No sé si será de las buenas, pero algo me dice que muchas de las buenas jamás llegaron a su destinatario/a. Eso es deprimente, pero me gusta. Muchas de las cosas que me gustan son deprimentes, al menos para los demás.

Tampoco voy a entrar a definir de qué clase de amor hablo, ni enrollarme con lo de que hay muchos tipos de amor. Yo sé a quién quiero, eso debería bastar.
Los motivos no serían fáciles de precisar, pero sería necio decir que no fue una foto tuya lo primero que me atrajo. Te vi en un periódico español, el artículo era sobre un concierto tuyo. A veces llevo una libreta para apuntar ideas (así de talentoso me creo), aunque más bien la uso como agenda, o para recordar cosas como tu apellido…
Luego –otra vez tengo que evitar ser un necio– busqué más fotos tuyas por internet. No tengas miedo de que llegue el momento en que te confiese si alguna vez me he tocado o no con ellas. No voy a decir ni si sí, ni si no, o si nada, mucho o poco. Una cosa es cierta: para eso no suelo usar fotos de mujeres a las que admiro, o que me son familiares de alguna forma. No sé por qué es así; necesito cierto grado de distancia con el porno o lo que uso como porno. Esto no quiere decir que no sea tan depravado como cualquier otro, pero tengo mis manías.

Me toca también decir que no soy ningún experto en música clásica. Soy más bien de la hornada indie de a principios de los años 2000, cuando tener el primer disco de los Strokes o (luego) de Artic Monkeys, era igual a ser alguien con buen gusto, o al menos con gusto de algún tipo. Ya te puedes imaginar: Radiohead, Massive Attack, PJ Harvey…
No quiero parecer como esas personas «abiertas» que dicen que les gusta todo tipo de música, y que luego lo más que hacen es poner la radio en el coche y pillar una turca cada vez que pueden. Pero es cierto que todo lo que es música me llama la atención. Y también es cierto que seguramente disfrutaría más en un concierto de música clásica que en uno de jazz clásico (y a conciertos de jazz sí he ido…). No se puede tener oído para todo, y no todos crecemos en hogares de gustos exquisitos (no juzgo tu infancia, no la conozco…).
He escuchado muchas veces Motherland, y he visto montones de vídeos con interpretaciones tuyas. Debo reconocer que siempre prefiero los videos en que estás sola al piano. Creo que el piano con acompañamiento de orquesta lo disfrutaría mucho más en directo. El vídeo lo filtra todo, lo cambia de alguna manera. Es posible que a veces lo más pequeño o “minimalista”, lo más delicado, luzca más que las grandes orquestas demostrando todo su potencial. Youtube está muy bien, pero tiene sus limitaciones. Algún día espero poder verte en directo.

Tu belleza acaba siendo hipnótica, y sospecho que cada vez que comparto alguno de tus videos por redes sociales, es posible que todos estén haciendo algún tipo de lectura «pseudo-freudiana» de mi sinceridad sobre cuánto me gusta la música clásica. Ya sabes lo que pasa con la música clásica. Insisto en que no soy ningún experto, pero creo que lo que pasa con la música clásica es que es justo lo que hay al otro extremo de la vida tal y como la entiende la mayoría de la gente. Apenas escuchan ya discos enteros de rock, así que imagínate música clásica. Creo que lo que deben pensar muchos cuando comparto un vídeo tuyo, es simplemente que estoy enviando el mensaje que cualquiera entiende: «Sí, sí, qué bonito el piano, pero fijáos en lo buena que está».
Supongo que algunas veces has pensado en estas cosas. Puede que incluso te hayan dado algún problema. Pero soy completamente sincero cuando digo que flipo (FLIPO) cuando tocas piezas de Prokófiev. La primera vez que te vi tocar el Precipitato, dudo que viera ese vídeo menos de diez veces seguidas. Es una locura, y creo que a estas alturas me la sé casi de memoria.

¿No es bonito enamorarse y que no se trate necesariamente del empacho habitual de las parejas recurrentes? Hay una película de Spike Jonze (Adaptation, no sé si la habrás visto) en la que Nicolas Cage interpreta a unos hermanos gemelos. En una escena particularmente dramática, uno le confiesa al otro que, en el instituto, una chica se burlaba de él con sus amigas, mientras él pensaba que era la chica de sus sueños y que la quería. ¿No te dabas cuenta de que se burlaba de ti?, le decía. A lo que el otro hermano, sin atisbo de disgusto, le dice que lo sabía, pero que le daba igual, que eso era problema de la chica, no de él, y que «uno es lo que ama, no lo que le ama».
Aunque en la peli se referían al amor romántico y no a otro tipo de amor, más genérico, quizá más lo que hay en estas líneas, creo que ese principio es una sencilla y gran verdad.
Aquí hay una clara barrera idiomática, muchos kilómetros de por medio y circunstancias completamente distintas. Tú podrías ser perfectamente la chica que se burla de mí con sus amigas.
Pero me da igual.
Lo que yo siento no pierde un ápice de valor, y ¿quién no fantasea? A pesar de lo que seguirán contando los fans de Cupido, el amor no es el puñetero día de San Valentín, no es necesariamente gastarse una pasta, ni casarse, ni hacer viajes al quinto pino a donde haya palmeras y daiquiris. El amor no es un meme hortera ni una frase forzada para conseguir sexo; no es purpurina, acoso o un morreo en una discoteca. Para mí el amor no es sacrificio ni tampoco tumbarse a la bartola. El amor no es necesariamente pasear agarrados de la mano. El amor es, por ejemplo, escucharte a ti tocando el piano.

P.D.: Las niñas están bien, aunque te echan de menos. El servicio se ha descontrolado un poco, una cocinera tiene algo con el cochero. Esta mañana he hablado con los dos. Me han prometido no volver a usar el granero para sus cosas, pero esta tarde les he pillado otra vez.
Por las tardes viene el profesor de piano. No tengo claro que a las niñas les gusten las clases. Creo que lo están decidiendo, y creo que se animan cuando ven a su madre en la tele. Brillas e impones como una explosión nuclear.
Yo estoy inmerso en mi rutina. Te echo de menos, y procuro mantenerme ocupado. Por las tardes paseo por el monte bajo. Cuando me preguntan por ti, comienzo a hablar y es difícil pararme. No me doy cuenta de que lo hacen por mera cortesía. A veces bromeo, digo: Ha vuelto al frente. Creo que los vecinos creen que me preocupa tu vida de artista. Creen que creo que vas por ahí con tipos altos y rubios, amantes intercambiables, y que yo soy tu ama de casa.
Podría ser tu ama de casa perfectamente. Tu ama de casa ochentera maltratada. Cuando de eso no se preocupaba nadie.
Seguro que me merezco unos buenos azotes.
Sabes que me gusta descolocarte.

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6 comentarios en “Carta abierta a Khatia Buniatishvili

  1. Khatia Buniatishvili y Lola Astanova además del talento tienen todo para enamorarse de ellas…guapas, jovenes, inteligentes y muy sensuales .
    Te entiendo ,también estoy enamorada de las dos.

  2. Hostia, pues no la conocía, ni idea. Gracias por este sensacional descubrimiento, investigaré más sobre ella. Así que natural de Georgia. Pues sí que está buena, es muy atractiva. Más si se pone ese vestido rojo y con el pelo cayéndome por la cara. Una fuerza de la naturaleza, porque yo también he flipado con ese Precipitato y ahora mismo voy a repetir. Tienes razón, el amor puede ser verla y oírla tocar el piano. Totalmente. El verdadero amor tiene mucho de admiración.

  3. Me gusta la música clásica, desde hace bastantes años. No puedo decir que sea un experto pero sí que he escuchado bastantes cosas. Escuchando ahora a Khatia con el Piano Concerto No. 2 de Rachmaninov. Qué puta casualidad, una de las obras que considero cumbre de la música clásica, qué belleza. Creo que lleva el mismo vestido rojo…
    Si te interesan las pianistas que le hacen a uno flipar, te recomiendo que busques en mi blog varias entradas sobre la pianista japonesa Maki Namekawa. Sobre todo la primera entrada que le dediqué. Interpreta los estudios para piano de Philip Glass, Creo que no te arrepentirás si no la conoces, al contrario.

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