Archivos Mensuales: diciembre 2018

Pizzaplanismo

El intervalo desde que pides la pizza hasta que llega. Ese lapso de amistosa hambre, suponiendo que estés con amigos. Suponiendo que sean amigos en el mejor sentido, discretos cuando toca, divertidos casi siempre, puede que un pelín distantes, pero respetuosos por defecto. Personas con quienes podrás compartir un silencio mientras engulles, al estilo omnívoro, despreocupado y pasado de moda del placer despolitizado. Placer instintivo, como si sólo fuerais humanos, como si el resto de animales fueran por ahí comiéndose entre sí. Como si vuestra conciencia recientemente refinada no fuera la que delimita vuestros actos, y vuestra sangre no fuera horchata de arroz vegana.
Pizza barbacoa.
Como si el mundo no fuera algo pequeño, fácil y manejable. Algo que salvar, que no seguirá adelante cuando el ser humano se haya extinguido.
Pizza barbacoa como si no fuerais inmortales.

Alguien a quien conozco desde que la masturbación funcionaba con revistas, dice que las pizzas son planas. No esféricas como siempre hemos pensado. Le decimos que quizá está mezclando temas. No, murmura, ya está bien con ese rollo de la pizza esférica abombada. Nos han vendido una moto que rodó Kubrick. Alguien dice que las pizzas siempre están a la vista, no hay mucho que decir al respecto.
–Os burláis de mí.
–Bueno, van a llegar dos familiares en cualquier momento.
–No me interesan vuestro parientes. Lo que quiero saber es por qué sois tan obtusos.
–Esto se pone interesante. O todo lo contrario.
No recuerdo bien quién decía qué, puede que yo interviniera. Pero sólo había un “racionalista”.
–Las pizzas son planas. Hay cientos de pruebas que lo demuestran. Joder.
–Nadie ha dicho lo contrario.
–Puedo notar vuestra condescendencia, puedo olerla, podría cortarla, podría pintar un grafiti en ella, porque siempre usáis ese muro de contención.
–Claro.
–Para empezar, no tiene sentido una pizza esférica, porque es impracticable.
–¿Tu pizza se sostiene sobre cuatro elefantes? ¿Y esos cuatro elefantes están de pie sobre una tortuga?
–En serio, puedo notar cómo os burláis.
–¿No era al revés?
–Cuando llegue el pizzero, quedaréis en evidencia.
–¿Y cómo se sostienen los ingredientes en tu pizza plana?
–Hay bordes. Mucha gente se los deja, lo cual es indignante.
–¿Entonces no se vierten el tomate y el queso?
–No, no se vierten el tomate y el queso, habréis oído hablar de la consistencia.
–¿Cuánto queda para que lleguen las pizzas?
–Cuando lleguen lo veréis.
–Me encanta veros, siempre hay algo que contar después. Sólo temo que la violencia se desate.
–Sí, estáis con un pizzaplanista, se lo podéis contar a quien queráis, hablad de mí como vuestro mono de feria magufo.
–Lo haremos.
–Me da igual. Os daréis de bruces contra vuestra fábula, porque eso es lo único que es.
–¿Qué dan en la tele?
–En la tele hay algo que os podría interesar, se llama: programas de cocina. Nunca hacen pizza, obviamente, pero no os voy a dar la murga con la manipulación informativa.
–Sí que hacen pizza, pero la normal, la esférica.
–Vosotros reíros.
–¿Y dices que la pizza la va a traer Kubrick en moto?
–Mientras os reís, se acerca el derrumbe de un mito de la ciencia.
–Lo estoy deseando.
–Veis esferas donde sólo hay planos. Confiáis en vuestra percepción como quien confía en una serpiente.
–Quién me lo iba a decir, un pizzaplanista en el grupo.
–Te podrías callar la puta boca.
–¿En serio?
Suena el timbre de la puerta, pero no es el pizzero, sino dos rezagados.
–¿Eran los familiares? Cuando lleguen las pizzas os vais a enterar.
–Os cuento lo que os habéis perdido. Aquí nuestro amigo dice que las pizzas son planas.
–Oh…, entonces eres un… ¿pizzaplanista?
–Soy un pizzaplanista orgulloso de serlo, he comido y cagado centenares de pizzas, y ninguna era esférica.
–Uau.
–En efecto.
–Aún no nos ha dicho qué es lo que sujeta su pizza, si elefantes, tortugas, ídolos de…
–Evidentemente, con una mesa bastaría. Si con las pizzas alucináis, con la gravedad os faltará el aire.
–Eso querría saber yo, tu opinión sobre el aire.
–Si lo que insinúas es que vivimos en programa informático…
–¿Podría ser?
–Las pizzas son planas.
–Esto ya no tiene gracia.
–No es gracioso, es verdad.
–Es gracioso porque es verdad, esto no se lo creerá nadie.
–Lo que yo creo es que dais pena. Me dais pena. En serio, me dais pena.
–Escúchame, eh, las pizzas son esféricas, esféricas. ES FE RI CAS. Todas la vida han sido esféricas. Todos lo sabemos desde críos, todo el mundo lo intuye, y luego lo sabe, y lo ha visto de una forma u otra.
–…
–Eres gilipollas, eso es lo que intento decirte.
–Mírame a los ojos para decirme eso.
–GI LI PO LLAS
–Eso no, lo otro.
–La Tierra es esférica.
–La pizza… ¿Cómo?
–La pizza, digo, la pizza es esférica.
–¿Qué dices de la tierra?
–Nadie ha dicho tierra.
–¿La tierra o la Tierra?
–La pizza, la pizza.
–Sois unos malnacidos, en serio… llevo años pensándolo, nunca lo he dicho, pero creo que sois puta escoria, puta miseria esférica. Fanáticos con el cerebro lavado. Y eso os ha convertido en seres repugnantes.
Es entonces cuando el teléfono suena.
Lo cogió el anfitrión. Escuchó, escuchó y dijo:
–¿Cómo?
Y escuchó más.
Balbuceó algunas palabras inconexas y colgó. Dijo:
–Era de la pizzería, la chica estaba llorando. Dice que el pizzero se ha estrellado con la moto, dice que no sabe si está vivo, que le han dicho que estaba muy grave.
–¿Y las pizzas?
–¿Eres imbécil, pizzaplanista?
–Creo que os alegráis de la muerte de ese tío.
–¿Quieres que te haga tragar el puño?
–Te encanta, porque te has librado.
–¿Alguien entiende lo que está pasando?
–Escuchad… Mirad allí, allí y allí…
–Joder… ¿Cámaras?
–Claro que no, gilipollas. ¿A que no sienta bien?
–¿Quieres largarte de aquí, por favor?
–Joder, ¿te puedes creer que estoy un poco cachondo? Esto es casi mejor que tener las pizzas, porque os he hecho dudar incluso sin ellas.
–¿Dudar, crees que esto es dudar?
–Creo que un poquito sí, aunque casi lográis confundirme con lo de la tierra.
–Me siento mal de verdad, porque quiero pegarle, y no quiero pegarle…
–Me gustaría de verdad que me pegaras, que me hicieras daño, que te enfrentaras a ti mismo por una vez, nunca has tenido cojones.
Le hablaba al anfitrión, esto sí lo recuerdo. Nos echamos a un lado.
–¿Qué me acabas de decir?
–Que nunca has tenido cojones, porque siempre has pensado que lo sabes todo.
–¿Me lo puedes repetir, tarado de las pizzas, tonto del culo?
No tienes cojones. Sólo tienes cosas. No has hecho nada de verdad en tu puta vida. Jamás has tenido un pensamiento propio. Repites lo que los otros dicen igual que repites los chistes que oyes. Nos tienes cojones, no tienes ideas y no tienes ni puta idea de lo que haces.
–¿Y si te pego una hostia?
–Sólo te tranquiliza el que mucha otra gente hace y dice lo mismo que tú. Exactamente lo mismo. No ser nadie te encanta, te tranquiliza. Ser mediocre es lo que hace que te corras, no son las tías, ni los tíos, ni el porno, ni los críos. Ni siquiera eres un desviado sexual. Y no te enteras de nada; ¿sabes cómo hablan de tu madre todos estos?
–Este tío quiere que le hunda la cara de un rodillazo.
–La verdad es que yo también hablo de ella a menudo. Si pienso demasiado en ella acabo teniendo que fregar el suelo.
–¿Quieres que te pegue? ¿Eh? Porque si empiezo ya no podré parar, hijo de…
–No te preocupes, es algo humano, tu madre está… en fin, es como es y hace lo que hace.
–¿¿De qué coño hablas??
–Ella, por cierto, está de acuerdo conmigo.
–¿¿Qué??
–Que tiene mejor percepción que tú. Explicadle cuando husmeáis por ahí buscando una cinta en la que ella esté follando…, ¿no os atrevéis? Confieso que a mí también me gustaría verla.
Agarran al anfitrión, le dicen: es mentira, sigue con su rollo de las pizzas, sigue desvariando.
–Las pizzas son planas, y tu madre es como es. Por eso quería la reunión hoy aquí, ¿no habéis notado que insistí un poco?
El anfitrión parece romper a llorar, dice: no entiendo nada, no entiendo nada, no entiendo nada…
–Ninguno lo entendemos –dice otro.
–Nuestra amiga la realidad.
Suena el teléfono. No sé quién lo cogió.
–El pizzero ha muerto. Joder. ¿Tenían que llamarnos para informar?
–Al principio me notaba incómodo, pero ahora siento que las cartas están sobre la mesa.
–¡Cállate, pirado!
El anfritrión grita, se hace un ovillo en el suelo, los demás le rodean.
–Nunca ha habido menos ironía aquí, con vosotros, es relajante, aunque ha costado llegar a este punto. Ni siquiera tengo hambre, y debería tenerla.
–¡Cállate de una puta vez!
Y alguien dice:
–Tío, yo de ti me iría a casa echando hostias.
–¿Lo notas? –le dice el pizzaplanista al anfitrión–, es el tono, antes estaban crispados, ahora comienzan a tener curiosidad. Creo que esto les comienza a divertir. Esa línea es muy fina.
–¡Eres un puto desgraciado!
–¿Y todo esto por mentar a tu madre? ¿No te pitaban los oídos, joder?
–¡Soltadme! ¡¡Soltadme!!
–Creo que lo que todos tenemos en común aquí respecto a ti, es tu rollo de anfitrión, eso que haces incluso cuando no estamos en tu casa. Cuando tu novia te dejó, salimos a emborracharnos, lo disfrazamos de cumpleaños.
No sé quién empezó, pero mientras dos sujetaban, otros dos se pusieron a buscar. Yo me quedé quieto. Sabía lo que buscaban, comenzaba un proceso de humillación desagradable, pero que no me quería perder.
–Muchas veces es difícil saber cuáles son los mejores cimientos para la sinceridad, para que la sinceridad florezca, parece un reto para el materialismo dialéctico.
–¡Hijo de puta, soltadme, qué hacéis!
–Te prometo que todo esto no estaba planeado, pero no te preocupes, yo soy el segundo que peor les cae… Todo esto ha durado muchos años ya. Creo que es eso.
–¡¡Cállate, joder!! –llorando, retorciéndose en el suelo.
–Por cómo hablas, parece que conoces a tu madre mejor de lo que creía. ¿Sabes lo que están buscando otra vez, ¿no?
–¡No hay ninguna cinta, joder!
–El problema es que saben que la hay, cuando tu hermana habla es como el sida en los ochenta. ¿Dónde ha ido hoy, por cierto?
–¡¡Dejadme, joder!!
–No llores, ahora parece que se va a acabar el mundo, pero sólo es un poco de… pizzaplanismo. Quién iba a decir que esto tendría nombre.
–No entiendo… no… ¡Joder!
Alguien dijo:
–¡Hemos encontrado cintas!
–Uau, en plural…, ¿lo has oído, anfitrión?
En algún momento mi mirada se topó con la de él, mientras lloraba y nos preguntaba qué pasaba, por qué le estábamos haciendo eso. Mirarme era como intentar ver a través de un cristal opaco cuando detrás está la respuesta. Era verdad que él era irritante, nos había manipulado toda la vida, y se había burlado cientos de veces, como si fuéramos sus drugos, como si él supiera algo que desconocemos. Nos había enfrentado entre nosotros, había enfrentado a chicas entre ellas para ligar, manipulaba, se jactaba, y por supuesto follaba más que nadie.
Por primera vez, no tenía la vida cogida por los huevos.
En casi todas las cintas, mamá ponía los cuernos a papá. Cuando pensamos que la coprofagia era el límite, en la última grabación los amantes se provocaban el vómito. Conocíamos de vista a algunos de los tíos, como el cartero habitual de la zona, como el manitas del barrio, que a menudo cobraba en negro. El porno de la vida real. O quizá era que el porno se parecía más a la vida real de lo que el discurso ideológico de turno sabía aceptar. En esos videos no había roles ni representaciones, sólo un ansia brutal de desahogo, personas dándose permiso para dejar de fingir. Dos integrantes del grupo se llegaron a masturbar mirando. Otros dos ataron al anfitrión a una silla, cuerda de tender. Lo pudo ver todo. Eso era lo mejor, nadie estaba soñando. Puede que fuese una sobredosis de certezas o realidad, ¿pero no es eso lo que mejora las cosas: la verdad? Supongo que no siempre, no es que estuviésemos aprendiendo nada.
Nadie lo contaría, y eso bastaba. Unos por vergüenza, y el otro por más vergüenza aún.
–Quiero deciros algo –dijo el pizzaplanista–, pero es probable que no volvamos a vernos.
No le faltaba razón.
–Sólo os adelanto un consejo: Dejad de añadir queso a la piña.

00118850400575____3__600x600-horz

Ese regocijo

Es importante la disposición de los elementos, tanto físicos como mentales. Tenemos un mediodía soleado de principios de diciembre. La calle se va llenando de mirones. Nadie disimula cuando hay más gente y la cosa parece grave. Queremos ver sangre, tener una historia que contar, fardar de cómo nuestra rutina se hizo añicos.
A veces hay un atentando, terrorismo, asesinatos, un gran follón, una buena juerga mediática, una movida global, una base idónea para teorizar, para desplegar nuestras bondades ideológicas. Nunca vuelve a ser tan espectacular como un 11-s, pero algo es algo. Los malos nos entretienen; puede que nos entre el miedo o incluso nos escandalicemos, pero si la cosa no nos toca de cerca, también nos regocijamos. El mayor enemigo, el enemigo común contemporáneo por excelencia, el que se cobra más víctimas, no son los políticos, los ladrones o los terroristas, sino la profunda, tediosa y aplastante rutina de clase obrera. La cruel y terrible repetición de madrugones mal pagados mientras se nos acaba literalmente el tiempo.
Casi nadie goza de una rutina agradecida, y menos gente aún tiene una vida variada.
Quieres que pase algo grande, bueno o malo no importa. O sí, pero no en el fondo. Necesitas una excusa para respirar fuera de tu zona, variar o incluso enriquecer tu vocabulario, y lucir en condiciones tus supuestos principios. Necesitas de vez en cuando poder llevarte las manos a la cabeza con estilo. El mayor secreto de todo hijo de vecino, es que no somos buenos ni malos. Sobre todo, somos pasivos.
Un escándalo en el barrio no es gran cosa. Es al morbo lo que una ensalada a la comida, sano pero difícilmente goloso.
Sin embargo, lo local a veces te permite ver las cosas de cerca, o incluso conocer a los implicados.
Lo ideal es que sean conocidos sólo de vista, algo de lo que nos podamos desentender. Algo con lo que podamos primero alarmarnos, luego conversar, y mas tarde reír a mandíbula batiente. Siempre al amparo de ese delicioso regocijo. La salsa de la vida de la desgracia ajena. Eso te desconecta de tus problemas con más eficacia que cualquier dieta, deporte o cambio de agenda. Una fiera eficacia, a la altura de la que ofrece el sexo sucio o el amor correspondido más irracional. Flotas en la fatalidad de otros como Son Goku en la nube Kinto. Te fascinas con el gran incendio de ahí abajo.
Casi se te escapa la risa…
Pero no puedes aún, tienes que controlarte. De momento sólo se ha asumido la existencia de esa paradoja en los funerales. A los seres humanos nos cuesta mucho reconocer cuánto nos define el descontrol, las debilidades de la carne y la mente. Y los peores son a menudo los que hacen de la concienciación su bandera, los sangre azul de los ciudadanos de a pie. Si te despistas chocas con su mentón, o recibes un bocado de su amplia sonrisa.
Preparas la sangría moral mientras ellos beben vino añejo ideológico.
Es muy importante la disposición de los elementos: un padre, su hija y el novio. Cuando la potencial tragedia está en proceso, tu atención se concentra como jamás lo hará ante nada constructivo.

Intrahistoria
.

Lo que yo he visto. A ella la han mirado todos desde los quince años recién cumplidos, cuando dejó de parecer una niña para convertirse en un cabo suelto del código penal. Ojos por todas partes y en general también precaución. La naturaleza sigue sin entender los parámetros legales, de hecho no le importan. El agua salada en tu jardín, la lava en tu salón, el ansia en tu bragueta. Ahora la muchacha tiene diecisiete años, y su novio veintiocho. Llevan casi tres años diciendo que comenzaron a salir hace tres meses. No les importa que conozcas la mentira, porque ellos conocen tu hipocresía. La gente siempre está convencida de su integridad moral, y de que esta encaja a la perfección con la legalidad. Nunca piensan en términos de tentación, y jamás se plantean que los dulces tras el mostrador puedan saber lo que hacen. La condescendencia de sangre azul ahora es algo habitual entre la gente más variopinta. Los militantes concienciados, por su parte, se ven obligados a subir la apuesta, y se radicalizan cada vez más. Véase el ejemplo de la animalista entrando en la plaza para evitar que maten al toro, viéndose perseguida por el animal. Extrapolar.
La naturaleza y la ciencia empiezan a estorbar; una es demasiado cruda e ilegal, y la otra carece de ideología.
La chica y el chaval no se dejaron ver durante mucho tiempo. En teoría. Cuando ella cumplió diecisiete, decidieron no esperar más. En algunos cines y bares se comenzaron a oler la novedad. Todos en el barrio conocemos al padre de la muchacha. Sobreprotector, condescendiente, alarmista, desconfiado y convencido de que todas las chicas son tontas y todos los hombres violadores. Feminista de tercera ola sin saberlo. Y seguramente también antifeminista recalcitrante. Una olla a presión de clase obrera esperando que se acerque la cara adecuada para explotar. Casi sesenta años de madrugones y jodiendas buscando una salida. Todos en el barrio comenzamos a bromear ante la excitación de la desgracia potencial. La tormenta en el horizonte, los relámpagos, y rezando para que se vaya la luz y podamos meternos mano.
.
Fin de la intrahistoria

Tienes que elegir muy bien las palabras cuando hablas de lo que no se habla. Luego, inevitablemente, procedes a equivocarte de un modo u otro. Lo único que está en tu mano, es no echarte atrás porque sí. Hay que andarse con ojo con lo de pedir perdón. No todo el mundo lo merece, porque no todo el mundo sabe de lo que habla, como para saber de qué demonios hablas tú. Hay debates que nacen muertos, rebosantes de energía y superados hace mucho. La magia de la ignorancia lo trae todo de vuelta. El debate estéril es tremendamente popular ahora. Si un niño estornuda y se le sale un moco de los que dan arcadas, alguien habrá que dirá que es muy interesante lo que plantea, ¡y tan pequeño!
Todo en plena calle, no podría haber sido mejor. Una buena tangana local. Primero un intercambio verbal. Un cruce de insultos fuera de Twitter. La violencia podrá no ser buena, pero hay que tener valor para pelear. Para decirlo a la cara. El padre se quita la camisa y tiene una camiseta de tirantes a lo John McCleane. El chaval se ríe de él, le llama viejo, habla de todo lo que ha follado con la hija del viejo. En voz bien alta. Para disimular, de vez en cuando alguno de los que miramos, decimos algo como:
–Vale ya, dejadlo.
Por favor, adelante, a muerte, venga, un buen martes para variar, algunos estamos en nuestro descanso para comer, otros van para el turno de tarde, pero ahora todos estamos En El Presente. Una auténtica anomalía. ¿Cuántos más habrán pensado en la jungla de cristal? Preparas mentalmente tu anécdota. Ya hay bastante que contar, pero quieres más. No es que le desees mal a nadie, o sí…, joder, sólo quieres que pase algo, algo más. Ya que casi nunca puede ser bueno, que sea malo, pero por favor, algo, algo que llevarnos a la tumba, algo más que un montón de años de dignidad católico-atea.
Es preciso que lo que sea que tenga que pasar, pase rápido, porque siempre hay quien acaba llamando a la policía. Puede que alguien de sangre azul, aunque normalmente lo hace algún allegado de los protagonistas de la historia. Lo cierto es que los sangre azul sólo suelen actuar en grupo y en digital. La realidad les pilla lejos a varios niveles. Demasiado complicada, demasiados grises.
El primer puñetazo lo suelta el padre. Más mierda que sacar, es comprensible. Le pregunto a alguien los detalles, me dicen que el padre los ha visto por la ventana juntos, se besaban y él le agarraba el culo a ella. Lo adornan con timidez, les tiro de la lengua. Me dicen que sí, que casi estaban montándoselo en plena calle. Asiento, un “joder, qué fuerte” en mi mirada. ¿Él es moro?, pregunta alguien. Echa de menos el componente racial. Eso no estaría mal.
La hija les grita que paren, creo que sinceramente, aunque no estoy seguro. La madre no está, me chivan que está en el trabajo, o de compras, un tercero me dice que sí, que de compras, que lleva meses tirándose al frutero. Se lo compro provisionalmente. Todo suma.
El chaval sangra por la nariz. Se va a por el viejo. Le pega una patada en la barriga. El tío parece tener unas de esas barrigas duras de cincuentón, como si su grasa tuviera ya sus propios músculos. Un cuerpo machacado y recio, de mover peso más bien improductivamente. Casi no se duele, agarra al chaval por el cuello.
–¡Te ahogo! ¡¡Te ahogo!! –grita.
Necesita más tiempo, más pelea. No le animamos, no verbalmente.
–¡¡Te parto el cuello!!
–¡¡Follaniñas!! –grita alguien. La gente parece muy sedienta, aunque de forma poco convencida hay quien ha intentado separarles. El chaval intenta desasirse, pero le cuesta, tiene la cara morada y los ojos presos de la terrible sorpresa. No se esperaba esa fuerza del viejo.
Se empieza a oír la sirena de la policía.
–¡Mátalo! –dice alguien.
Ya hay varias personas grabando con el móvil. Todos auténticos miserables si les viera alguien acomodado de renta alta y sólidos principios de salón.
El tío suelta al chaval, que intenta respirar.
Acto seguido, el viejo lanza una tremenda y brutal patada en los huevos del chico.
El clímax llega cuando vemos que los pantalones se comienzan a empapar de sangre. No es agradable, pero de alguna manera parece apropiado. El padre de la chica queda satisfecho. Casi. Se comienza a reír del chaval. Le da otras cinco patadas –dos de ellas en la cabeza–, hasta que dos vecinos le agarran como si no hubiesen estado mirando todo el tiempo.
Alguien posa una mano sobre el hombro del chico, junto al que llora su novia.
Volvemos a ser todos civiles, quizá hasta votantes, buenos e insensibles ciudadanos de segunda. Seguimos siendo la mayoría. ¿Pero habíamos dejado de ser buenos? ¿O éramos malos?
Luego, el remolino de habladurías. Todo mal. La pelea, los que la miraban, los que dicen guarra, los que dicen pederasta, los que juzgan a los que miraban y que se limitaron también a mirar… Todo muy local, todo demasiado cerrado, familiar, todo por el sexo, quizá incluso por amor. Todo pasajero. Pero qué le vamos a hacer, el 11-s ya pasó.

En las semanas subsiguientes, se pregunta a menudo por la polla del chaval. Me entero de que hemos dicho adiós a un huevo, y que ahora la tiene torcida. Dicen que además ya la tenía pequeña. La fuente principal es una amiga (ya aburrida y harta de todo a los diecisiete años) de la novia del semicastrado. La pareja ha cortado, y ahora se la ve a ella por ahí con otro tío de casi treinta y polla mucho mayor. Contamos la historia en los bares y cafeterías.
Esperamos el siguiente suceso, relacionado o ajeno, cada vez más sedientos otra vez. Fantaseamos con las bombas nucleares de Korea la buena, con más accesos de fe del ISIS, con debacles políticas y noticias de gravedad. Miramos al cielo con esperanza, y reímos en realidad inocentes y poco crédulos, ante la siguiente fecha para el Apocalipsis.

night-television-tv-theme-machines

Soy tu respuesta

He estado aquí desde siempre, aunque desde hace unos años. Me he sabido adaptar, cambiar y reformar. Me he logrado Perfeccionar. Soy humilde, humilde como quien más. Deberes, derechos y responsabilidades son mi doctrina. Leo la tierra y el mar, amo a los animales y venero siempre la belleza correcta. Sé quién eres, y también cuando no eres como yo. Eres un libro abierto, tengo tu diario. Deduzco la verdad con sólo unas cuantas piezas del puzle. Veo todo el paisaje a través de la cerradura correcta. Dudo sólo cuando debo. Me sé rodear, piensan como yo y actúan parecido. Conozco de sobra al enemigo. Mi urna es la única posible. Sé que hablas mal, votas mal y follas peor. Te lo digo todo el tiempo, te intento ayudar. Busca a quienes saben más, y pregunta. El mundo es enorme, lo recuerdo con mi llavero del planeta. Es difícil y no siempre hay respuestas, pero voy por partes, lo hago sencillo, y lo resuelvo. No soy un copo de nieve cualquiera, sé valorarme aun pareciéndome a los demás. Me diferencio cuando te bloqueo. Me contradigo a veces, pero siempre mejor que tú. Soy Educación, mis padres lucharon por ello, soy la primera hornada, y madrugo tanto como el panadero. Lloro con frecuencia, sin problema y con estilo. Me caigo y me levanto, y demonizo adecuadamente el dinero. Gasto y regalo, y entre mis -ismos el peor es el capital. Sé formar frases y escribir reveladores artículos. Sé que te quieres unir, y tenemos más chapas y camisetas. El Diablo no está en los detalles, yo le conozco y sé a quién vota. Somos lxs mejores, es importante tener orgullo. Vamos a la revolución. Yo estoy ahí, sé cuál es la siguiente salida. Practico la teoría, teorizo con las prácticas de los demás. Lo que hago es analizar, hablo sin tacos casi siempre, mis sobrinos me adoran y prospero a pesar de ti. Soy tu futuro, pero no quieres que te cuide, dices que me siento demasiado cerca del caldero, que es igual de peligroso que el otro. Que te estoy cebando con mi casa de chocolate. Soy tu respuesta, somos tu solución. La visión ha de ser parcial, el problema, una suma sencilla. Hemos dividido entre mil las clases de seres humanos, ya tenemos casi todo el catálogo, estamos enseñando a tus niños.
Ven, aquí no hace tanto calor.
¿No recuerdas las sentadas?
Estoy esperando tu decisión. Quiero y deseo que te reinventes. No digo que no hagas nada bien, sólo que aún no has despertado.
Como te tengo que decir. Homófobo y machista, alienada y cegada. Que estoy aquí, y que soy tu respuesta.

1486728717_587093_1486728907_noticia_normal