Animalito

Dentro de esta casa sólo hay gente sana. El filtro es sencillo: mientras no le pegues nada a nadie y seas de ducha diaria y mayor de edad, aquí tendrás una oportunidad. Casi siempre hay alguien dispuesto a sacarte el jugo. Si no lo hay (raro), puedes presentarte cualquier otro día, se trata de probar suerte; por desgracia este oasis sigue formando parte del mundo real.
¿Oyes cómo gimen? Casi todas estas personas tienen otra vida ahí fuera. Aquí se viene a la vida paralela; fuera están las esposas y los maridos, la parejitas modélicas, las “buenas formas”, las conversaciones calculadas y la compra semanal. Seguro que ya sabes de qué te hablo, cariño: tienes cara de no conocer otra cosa.
La chabola es de mi marido muerto; lo digo para sacarte de dudas económicas e inmobiliarias. No tuvimos hijos, y eso ha sido una bendición en cierta medida: nada de explicaciones, para empezar.
Mi marido y yo nos dedicábamos a follar duro, entre nosotros y con quien se dejara. No es que pudiéramos aislarnos totalmente del mundo, pero él ya nació asquerosamente rico; su cuenta corriente estaba aún más llena que su bragueta. Y créeme, el cabronazo gastaba una de esas pollas que nunca llega a señalarte recta como un dedo; el cuerpo no se puede permitir enviar tanta sangre a un solo punto. Dura, larga, gorda y eficaz hasta el dolor, pasando por todos los grados de placer, pero no muy bonita, ya me entiendes. Consumes porno, ¿no? Una polla de ese tamaño podría empalarte; pero creo que antes se partiría. Hay que andarse con ojo. En cualquier caso siempre es mejor que una setita de cinco centímetros; no es que tenga nada en contra de los micropenes, sé de sobras que también tienen su público; simplemente no son para mí.
Supongo que habría sido más práctica una polla gordita de veintiuno o veintidós centímentos. Qué sé yo; ¿cuánto os mide la polla ahora a los buenos chicos?

Se abre la puerta y una chica de grandes y naturales tetas le practica una cubana a un chaval; éste cierra los ojos como si le doliera. Está sentado al borde de la cama; ella está arrodillada. El capullo morado empieza a escupir gruesos chorros de lefa. La misma empieza a chorrear sobre las tetas de la muchacha, a gotear viscosamente desde su barbilla. El chico abre los ojos; dice: “Joder…”. La chica sonríe confiada y pega un lametón al respetable miembro, que aún gotea, tiembla como aturdido.

A muchos les gusta que les miren. No te sorprendas si se corren justo cuando abramos las puertas y echemos un vistazo. Aquí es al revés que afuera: cierta falta de intimidad suma puntos a la experiencia. Se visitan unos a otros; a veces se forma una pequeña orgía, aunque de entrada follan en parejas y en habitaciones separadas. Esta casa tiene habitaciones para aburrir. Ya los veo a todos como si fueran mis alumnos y esto fuera el instituto.
Yo también practico aún, si te lo estabas preguntando, pero a mi edad una se sacia antes, y no lo necesita otra vez enseguida. Vaya, al menos ese es mi caso. Me gusta mucho mirar, verles las caras mientras lo hacen. He visto a montones de chicos abrir los ojos como platos durante una primera mamada que su novia jamás les haría; y a chicas correrse a chorro (o simplemente correrse) con cara de sorpresa por primera vez. También a no pocas parejas homosexuales, aunque no tantas como yo calculaba. Como sea, aquí hay una mezcla de edades y condiciones que nos confirma el animal que también somos en realidad a la postre.
No creas que me burlo de la monogamia o el matrimonio. Sólo digo que no se le puede negar al cien por cien de los seres humanos los impulsos naturales, ante la carne, ante la novedad de un cuerpo nuevo, de otro encuentro prometedor.

Se abre la puerta y se ve a un tío de unos cincuenta tacos con la cara metida en el culo de una veinteañera. Cabecea follando el ano con la lengua; ella se toca mientras gira la cabeza para mirarle a los ojos (llenos de ansia, casi furia) al tío, que lame y penetra como si llevara años deseándolo.

A veces es así. Hay quienes controlan quién entra en la casa; y a veces da la casualidad de que es algún pive o alguna chavala que llevan meses queriendo degustar. Una vez un tío me dijo que acababa de follar con una chica con la que llevaba años masturbándose; Facebook, Instagram… Esas cosa pasan. Aunque aquí todos follan con ansia, como si quisieran batir algún récord de fuerza o resistencia, a veces observas una entrega que tiene que ver con algo más.

Se abre la puerta y, antes de tener visibilidad completa, ya se puede oír el chapoteo de dos coños chocando, frotándose, besos de coño con coño.

Me hace ilusión cuando son lesbianas. Es como si me preocupara especialmente caerles bien a ellas; como si lo suyo siempre fuera un folleteo reivindicativo. Soy algo contradictoria en eso. No creas que necesito que nadie me santifique a estas alturas, pero quiero que cualquier persona sana se sienta libre de venir aquí. Mientras no se descontrole el aforo…

Se abre la puerta y hay una chica en cuclillas sobre la cara de un chico, ambos desnudos y en el suelo, sin hacer contacto. Parecen de la misma tierna edad. Ella es rubia, blanca de piel, curvas generosas, pezones rosados de gran areola, bonita cara, la prima mayor de Cupido. El coño depilado, más rosado a medida que profundizas. Se lo abre con dos dedos. El chaval, delgaducho y ansioso, se la sacude (polla gorda, casi desproporcionada), y abre la boca. La chica ríe y empieza a salir el pis. Parte de él es tragado, la otra parte empapa la cara y el pecho del muchacho. Cuando parece que el chorro ha cesado, se reinicia con más fuerza. Es entonces cuando el muchacho eyacula, salpicando el suelo, el culo y parte de la espalda de la chica.

Eso les gusta a los tíos, a muchos más de los que crees (tranquilo, no te voy a preguntar). Puede que les guste más que a las tías. Aunque en general lo de cruzar la línea, lo de la suciedad, la humillación o la vejación, gusta a tíos y tías casi por igual. Muchas chicas exigen malas formas, una demostración de fuerza y control es lo que hace que se corran, no la violación, pero sí la idea de la violación. A los chicos les gusta que una tía se haga la hija de puta, que les abofeteen, les aprieten los huevos, les dejen el culo rojo o los pezones ardiendo con cera; sólo cuando hay cierto equilibrio entre el placer y el dolor, se sueltan como una manguera de jardín.
Son los extremos, incluida la coprofagia; puede que sea el treinta por ciento de lo que se ve aquí. Hay gente que viene a buscar eso, aunque suene a tópico: Lo que no tienen en casa.

Se abre la puerta y una treintañera se quita despacio su disfraz de animadora ante un veinteañero que – sentado en la cama– se palpa el paquete. Luego la mujer procede con una felación no exenta de arcadas; pronto entre sus tetas y en el suelo se llena todo de babas. Justo antes de que el chaval se corra, cambian y follan a lo perrito, mientras ella no deja de decir “Soy tu puta”. A lo que él reacciona “Eres mi puta”. A lo que ella insiste “Soy tu puta”. Lo que evoluciona en “Me encanta ponerle los cuernos a mi novio”; a lo que él murmura “Tu novio no sabe follar”; y ella dice alto y claro: “Mi novio es un puto maricón”. A lo que él responde corriéndose dentro, temblando, una risa tonta, un hilo de baba colgando de su labio inferior.

No te preocupes, aquí se usan diversos métodos anticonceptivos; pero yo no me suelo meter en eso. Son adultos, no hay que olvidar la responsabilidad personal. La casa es mía, y está abierta para ellos, pero no iré cada vez chaqueta por chaqueta buscando olores o pelos largos sospechosos antes de que se vayan.
¿Te ha impresionado el lenguaje? Eres tan joven… Las personas largan toda clase de barbaridades mientras follan. Pero quizá sea oportuno que te deje claro que eso no refleja sus ideas políticas, ni deja al descubierto lo intolerantes que son. Parece mentira que haya que aclarar esto… Cuando se folla hablando, se tiende a lo incorrecto, incluso a lo salvaje, porque es lo que hace que la gente se excite muchas veces. Si lo que dicen alguna vez coincide con lo que piensan, es pura casualidad. Son frases hechas, por así decirlo, provocaciones: el objetivo es mantener la polla dura y el orificio mojado, cariño. Y si para eso quieres ser la puta o el dominador o viceversa. Si para eso quieres interpretar el papel de hija del esclavista que se está tirando a los esclavos, dime: ¿qué coño hay de malo en ello?
La mierda sucede; ¿no podemos canalizarla, convertirla en otra cosa? ¿No podemos jugar a los villanos si eso multiplica por diez el placer follando?
Seguro que hay gente comprometida y fina incluso en la cama, que no saben despolitizarse ni fornicando, pero no tienen ningún derecho a imponer sus métodos o rutinas a los demás.
Joder, ni de coña.

Se abre la puerta.
Un mulato se corre a lo perrito dentro del culo de una mujer madura. Luego ella le empuja en la cama y se coloca de cuclillas sobre su cara. Expulsa la corrida en la boca de él mientras se estimula con dos dedos a fondo el coño. La cara del fulano acaba llena de semen y fluidos femeninos. La polla vuelve a estar dura, y ella pide más.

¿Te sorprende que la casa huela bien? Eres un chico limpio ¿no? Y asumo que eres hetero; te he estado observando. Algunas de las tías que vienen por aquí querrían cambiarte la personalidad a base de saliva y caderas. Otras te odiarían; pensarían que eres sólo otro superhéroe moral, siempre medido y equilibrado, siempre juzgando en silencio. El mito de la normalidad personificado. Otro amante de la mediocridad (como media, no me malinterpretes). Quizá creas que te juzgo, pero a mí todo eso ya me importa bien poquito, cariño. Yo respeto a todo el mundo, y apenas me molesta el “disidente”, porque desaparece pronto, y con la cola entre las piernas.
Mucha gente es previsible, al menos en principio, porque rehuyen tentaciones. Ni siquiera digo que eso sea algo malo; sólo que para mí hubiese resultado demasiado aburrido e hipócrita, todo el rollo de la culpabilidad, el judeocristianismo… aún hay millones de ateos autoproclamados que son pura religión andante. Son moral renuente de la polla o el coño (o ambos) que tienen entre las piernas. Están todo el tiempo controlando ese fuego, como si sólo fueran correctas moralmente las ascuas de una humilde barbacoa. Así hasta que se hacen a eso, y con el tiempo logran no matar al animal, pero sí dejarlo en coma.

Úrsula es mi compañera sentimental. Supongo que tú lo dirías así. Te la presentaré. Yo soy la típica bisexual, ese tipo de persona que hace que les estalle la cabeza tanto a los homófobos como a los teóricos liberales. Bueno, liberales… ¿qué coño es un liberal ahora?
En cualquier caso, hay gente a la que sigue preocupándole muchísimo la vida sexual de los demás. Es algo que nunca he entendido, como si fuera una deformación monstruosa del cotilleo. No recuerdo haber sentido demasiada curiosidad jamás por las elecciones sexuales ajenas. Desde luego nunca tanta como para indagar o hacer preguntas. Si me hablan de ello, bien, si no, pues también. ¿Qué cojones voy a hacer yo con esa información?
Úrsula. Este es el chico que te decía.
¿El que venía a investigar?
Bueno, sí, qué se yo.
Hola, chico.
No te preocupes, no muerde. Sólo es mi novia.
Yo no soy tu nada, cariño, como mucho tu esclava sexual, a ratos.
Siempre quieres romperme el corazón, pero que sepas que ya te tengo calada, sé que no eres más que un conejito necesitado. Te derrumbarías si mañana me largara con algún Julián en el que se hubiera reencarnado la polla de mi marido.
Calla.
Calla tú. Y tú, entra, no te cortes.

Se cierra la puerta.
Comienza un debate casi inédito en la mente masculina presente: un debate de final inmediato. Se desmorona la negación. Algo era cierto: él siempre había evitado las tentaciones. No había mencionado a su novia, nadie le había preguntado. Más que novia, era su plan para el futuro, una boda más que probable. Hacía dos años que vivían juntos, lo compartían todo, tenían discusiones bobas, blandas y demasiado largas ante las cartas de los restaurantes; discusiones sobre lo que iban a pedir para comer. Ese tipo de relación. Cuando llegaba el momento de los postres, sólo él pedía, y ella se acababa comiendo la mitad. Ese tipo de Cielo o Infierno. Cierta clase de monogamia teóricamente ideal, fuente de conversaciones desesperadamente banales y chistes deprimentes. Una vida ideal para algunos; una huida hacia delante para otros. Aún no tenían hijos, claro, pero habían hablado de ello. Ella quería tenerlos, él no quería quedarse solo. No siempre funcionaba así en el Universo hetero, pero no se puede decir que esa dinámica escaseara. Ahora él pensaba sólo de forma lateral: quizá si fueran una pareja estéril, la lucha por lograr un crío de otro modo les hubiese unido más, puede que incuso él lo hubiese deseado de verdad. O quizá si alguna desgracia vital potencial les hubiese azotado (un cáncer ya superado –pero latente–, por ejemplo, de él o de ella, no importa), ahora habría un vínculo más poderoso.
Pero en el presente la anfitriona se había largado, y se había quedado solo con Úrsula, una mujer de veinte años menos (tenía unos cincuenta), y de ademán depredador. Él, que siempre se había imaginado tentado por alguna chica realmente joven, no contaba con esta imagen del engaño. Una mujer mucho mayor que su novia, MUCHO mejor en el sexo oral, y que no iba a follar si no era a pelo.
Él sabía que podía pararlo cuando quisiera.
Era víctima de una venganza moral.
Daba igual que fuera un chico o una chica.
Se trataba de ponerte a prueba por una vez.
Sacarte de la rutina blindada.
En efecto la mamada ya había comenzado. Ahora ya tenía algo realmente jodido que confesar. Periodista reciente, un chico intachable, imposible imaginar una infidelidad. Pero estaba sucediendo. Así es como sucede, piensa ahora. Simplemente sucede. La única protección ante ello era mantenerse alejado de ello. Sólo mirar culos por la calle. Sólo un poco de porno puntual, borrar historiales, una sana vida conyugal. Pero esto…
Todo lo que ella –esta mujer madura– hace, es mejor. Mejor en general. No solo un sexo mejor. También una vida mejor. Y aunque él sabe que sólo es una sensación pasajera, ya ha probado la manzana. Ya es uno de esos cabrones que ponen los cuernos. ¿Pero son unos cabrones?
Mientras la tía ya le cabalga, haciendo movimientos que le acercan y alejan adrede de la corrida final, sólo puede pensar en su novia. Esto acrecenta el placer, y a la vez se dice una y otra vez: lo confesaré, le diré lo que ha pasado (lo que he hecho), y le pediré que me perdone. Me tiene que perdonar. Por favor. Por favor…
La mujer, a sabiendas, tomando el control, se desmonta, y se mete el capullo en la boca, justo para recibir toda la descarga.
Mira a los ojos. Y traga.

Una vez ha logrado vestirse, mientras camina hacia la salida, casi llorando y abrumado por su recién descubierta carnalidad, oye la voz de la anfitriona:
–Que te vaya bien, animalito.

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10 comentarios sobre “Animalito

  1. Nos presentan la vida como unos raíles que marchan por un territorio conocido, con las paradas marcadas y sin posibilidad de cambio ni escapatoria. Si tienes suerte será así para siempre, no te harás preguntas, no te saldrás del camino… Si tienes suerte. De lo contrario todo serán dudas y preguntas que nadie podrá contestarte.

    Muy bueno el texto y el ritmo, como de costumbre 😉

  2. Hay mucho de eso en las mentes de las gentes, perseguidos por la corrección política y el que dirán, por los prejuicios y los perjuicios, aunque estoy convencido que las nuevas generaciones van a cambiar el sexo, no sé si para bien o para mal pero lo van a cambiar.
    Que somos varios los lectores, no te hagas el lobo solitario. Y pienso como Beauseant, hay textos que son más fáciles de comentar que otros pero estamos atentos a las actualizaciones!
    Abrazo!

      1. Pues, en lo general, sí . Pero hay excepciones, son pocas pero hay. ( sonrisaaa) ¿ No lees otros blogs o simplemente no te provocan interes para comentar algo? ¿ No te interesa feed-back? …uy , perdón por el interrogatorio , soy muy cotilla. Saludos.

  3. De hecho me gusta mucho saltar de blog en blog y dejar alguna huella, pero ahora hace mucho que no lo hago. Me da antes por escribir o leer, estoy devorando libros a mayor ritmo del habitual este año. Será porque es un año de mierda, aunque tengo algunos en cola que no pienso leer hasta que no vea alguna luz al fondo del túnel, cosas mías… :))

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