Cítricos existenciales

Marga se da la vuelta en la cama; la radio/despertador está puesta y un chico cualquiera ha llamado a uno de esos programas nocturnos.
Como si hablara de un mal día corriente en el trabajo, cuenta cómo una noche de hace tres semanas su hermana le pilló de madrugada viendo una película porno en su habitación. Según narra el chico, ella entró sin más y cerró la puerta, se unió a él; y poco después hicieron el amor. Esa expresión utiliza: “Hicimos el amor”. Pero en silencio, añade, para no despertar a sus padres.
Y ahora, murmura ya más preocupado, la relación entre ellos es inexistente, casi ni se miran a los ojos. La locutora asiente a la anécdota con un parco “uhm”, antes del “Gracias por llamar/Gracias a ti por escucharme”. Luego una voz elegante pronuncia el nombre del programa y la emisora, entra el informativo de las tres en punto de la madrugada, y al cabo de dos minutos parece que, radiofónicamente, hace siglos que alguien contó una historia de incesto.
Marga, en cambio, es hija única; Dios en lugar de familia numerosa le concedió horas y horas de insomnio, y un apetito sexual fuera de lo común. Durante el informativo se cambia de bragas con la cabeza llena de hermanos fornicando, se pone una camiseta más fina y vuelve a la cama, como si ahora ya sí fuera a poder dormirse enseguida.

Irremediablemente, media hora después decide volver a quitarse la ropa y la deja cuidadosamente colocada en la mesilla. Comienza a jugar con dos dedos entre sus piernas, con la esperanza de poder sacudirse el tema de los hermanos sin tener que cambiar las sábanas después. Ella aún tiene diecinueve años, piensa; si sus padres decidieran darle una hermanito, para cuando fuera mayor de edad ella tendría… treinta y siete.
Treinta y siete aún es buena edad. Claro que, él tendría que acceder a tener sexo con ella. Marga dedica veinte minutos al onanismo, por suerte más seco de lo habitual; poco después consigue dormirse, convencida de que ella sí se beneficiaría a un familiar. Además, piensa, la gente en el fondo te adora si haces cosas así: les das de qué hablar.

Marga comenzó a posar como modelo de catálogo a los diecisiete. Y desde hace un año recibe como dos o tres cartas semanales, de amor o de sexo, o inclasificables, pegajosas, perfumadas, sospechosas…. Una vez incluso un sobre dentro del cual había un bote con esperma, sin nada más; sólo el semen. Marga sabe cómo es la gente: hay quien puede hacer algo así y luego llevar a sus hijos al colegio sin problema. La mayoría de las cartas son de tíos ya mayores, mayores en comparación con ella, y a veces mayores sin más: tíos de cuarenta años largos que dicen tener mujer e hijos, pero que ya sólo son algo felices mientras se tocan viendo sus fotos. Marga presume tener el suficiente material como para poder hacer una radiografía cercana a la auténtica naturaleza del ser humano. Todo son penes nómadas y coños desorientados. Tal y como ella lo ve, además las mujeres están demasiado lejos de poder comprender cómo funciona todo. En realidad no son más inteligentes, sólo están más perdidas.

Durante una sesión de fotos al día siguiente, hace un esfuerzo por no mojar la ropa interior de marca con la que posa de espaldas a un panel blanco. Mira hacia una cámara flanqueada por dos focos, mientras el fotógrafo dice cosas como: “Más intensa”, o, “Ahora en plan guarro”, o, “No creo que sea buena idea que se te vea el vello púbico”.
Marga no está tan cómoda como en otras sesiones, ya que el tipo de hoy no parece gay. Normalmente suele posar ante tíos con pluma, con mucha pluma, esos tíos que parecen querer ser más femeninos que las mujeres, y que para ello adoptan las poses y las expresiones más características de éstas; con la diferencia de que, en ellos, dichas “monerías” dan la sensación de ser totalmente forzadas.
La sesión se alarga hora y media. Hay problemas técnicos y el fotógrafo hetero no está contento con la iluminación. Una vez la dejan marchar, en el vestuario ve cómo sus bragas ya tienen un cerco húmedo en la zona de la vagina. Marga ha tenido el mismo problema desde adolescente: el más mínimo pensamiento morboso hace que comience a mojarse. Suele vestir faldas y tejanos oscuros, intentando evitar que se vea la mancha húmeda en la entrepierna, igual que el cerco de sudor que se ve a veces en la zona de las axilas en las camisetas.

Marga lleva un par de meses con un chico, un chico que le gustaba al principio, y por el que ahora comienza a sentir cierta sensación de hastío, como si cada vez que él hablara le diesen ganas de darle un puñetazo bien fuerte en la nariz, sin que se lo espere, sin venir a cuento, en público, en cualquiera de las cafeterías o bares en los que se ven.
Los primeros días parecía muy comprensivo, muy cachondo, abierto, gracioso. En fin, no alguien con quien ella se casaría ni nada parecido, pero sí quizá un novio con el que aguantar un par de nocheviejas; alguien con quien tener lo que la gente llama: “una relación larga”.
La cosa entre ellos se comenzó a torcer cuando él descubrió sobre ella lo que nunca nadie se atreve a catalogar en público como: “correrse a chorro”. Una de esas cosas de las que mucha gente no se atreve a hablar ni en susurros. Algo sobre lo que en internet ya debe haber más páginas temáticas de las que puedan tener muchas religiones y grandes marcas.
Un día, “Romeo” descubrió cómo Marga comenzaba a convulsionar mientras soltaba la carga lúbrica, después de lo cual ella se llevó dos dedos a la boca para chuparlos, para probar sus propios fluidos. Él entonces le recriminó el gesto con un comentario escueto y muy seco; y ella determinó para sí misma que probablemente estuviera tirándose a un tipo esencialmente patético, y tan mediocre como la gran mayoría de todos los hijos de vecino existentes.
Se dijo a sí misma que ya debería haber descubierto esa mediocridad cuando él dejó claro en sus primeros encuentros que no hacía sexo oral. Él, dijo, no chupaba coños.
¿Los límites nos los ponemos nosotros?, se pregunta siempre Marga, o ¿nos los ponen los demás sin consultarnos? ¿Alguien que no chupa coños no lo hace porque… le da asco?

Con el tiempo Marga ha empezado a comprender que hay pocas personas que sepan desquitarse de ciertas ataduras morales o sociales, y de ese pánico brutal que se le tiene a veces al sexo como festín de carne sin más. Normalmente esos remilgos parecen ser más propios de algunas mujeres, que enseguida utilizan el machismo contra sí mismas llamando putas a otras porque han tenido más chicos, o porque saben separar en cierto modo su vida sexual de todo lo demás. Así que esas mismas cotorras hipócritas luego no quieren hacer según qué practicas sexuales, por mucha curiosidad que tengan, porque saben que la cultura misógina machista que ellas mismas alimentan se les podría volver en contra.

Al acabar el día, agotada después aguantar a fotógrafos, modistos y demás fauna primermundista, según ella resultantes del erróneo individualismo que nos ha convertido a todos en gilipollas potenciales, Marga vuelve a enfrentarse al insomnio.
Cada vez está más harta de ser un símbolo, un reflejo típico y manido en el que se miran otras chicas que jamás se ven lo suficientemente delgadas en el espejo. La respuesta siempre es el dinero. Era una forma fácil de compaginar los estudios con un trabajo obscenamente bien pagado, siempre y cuando parezcas una muñeca de porcelana.
Para ella es eso, se lucra con ese cáncer social, el individualismo erróneo imperante; se está aprovechando de un agujero en la capa de ozono moral, en la que ser moderno significa acatar las reglas y arrugar el ceño ante cualquier vestigio de auténtica personalidad ajena. La Moda es el ejemplo perfecto: un solo modelo de mujer. Punto. Los nuevos fascismos están implantados en lo más profundo de la conciencia colectiva. Algunas chicas quieren adelgazar por el mismo motivo por el que jamás le harán una mamada a nadie; lo cual convierte a muchas en seres raquíticos, con esa piel morena brillante de máquina, lo que en muchas ocasiones es una proyección exterior de lo muy hipócritas que pueden llegar a ser por dentro; creen tener una gran personalidad, cuando en realidad ésta está formada por retazos de spots televisivos y artículos de revistas de moda.
Lo que Marga no sabía, era que esa actitud también afectara tanto a algunos tíos; tanto como para no dejar de meterte mano en el cine, y luego negarse a hacerte sexo oral.

Después de haber pasado la noche con mucha dificultad, horas de sudor, tres pajas, y dos sábanas empapadas, Marga decide por la mañana que dejará a ese tío. No tiene por qué aguantar con alguien que la considera un bicho raro por sentirse orgullosa de querer disfrutar plenamente del sexo, y a la vez ser mujer. No quiere estar con alguien que quiere verla acurrucada en un lado de la cama en cada encuentro sexual, esperando solventar la cuestión en dos minutos con la postura del misionero.
Mientras come a mediodía, le llama. Le dice que quiere cenar con él esta noche, que se venga a casa, que sus padres están de viaje, que ella misma preparará la cena. Que tienen que hablar.

A eso de las nueve Marga no puede evitar sonreír mientras cocina. No se siente nerviosa. Todo fluye correctamente, tiene la ropa seca, se siente bien. Mañana comienza una nueva etapa, ella espera que polígama; planea estar una buena temporada sin ataduras; planea utilizar internet para lo que mejor sirve: los encuentros sexuales; con toda su emoción, con la tensión de quedar con un desconocido en un hotel, y no saber si al acabar de follarte va a intentar rajarte el cuello con un cuchillo. La mayoría de tipos con los que se ha citado así suelen ser habituales del medio, convencidas maquinas de follar que no quieren oír hablar de novias, compromiso, suegros o álbumes de fotos. Es la polla perfecta, la que no te pide explicaciones, la que cuando despiertas ya ha cogido un tren para no volver a verte.
Cuando “Romeo” llega, parece poner cara de circunstancias, como si se lo viera venir. Y se sienta a la mesa desconcertado por la sonrisa de Marga, quizá porque desde que está con ella aún no la había visto sonreír de verdad. Marga ha preparado una mesa llena de suculento marisco, de carne, canapés y todo tipo de salsas. Le mira y no para de cavilar, los pensamientos se amontonan en su cabeza. No vas a ser nunca feliz, eres un desgraciado, vas a morir demasiado viejo sin haber hecho nada que valga la pena. Das pena, alérgico a los coños, reprimido. Te han lavado la cabeza, te crees normal porque la calle está llena de tíos como tú, pero eres mediocre y nunca lo sabrás porque un montón de tías estarán encantadas de autoengañarse contigo. Y jaja… te ahogarás en tu propia y falsa y común autocomplacencia. Adiós, capullo…
– ¿Cómo estás? – dice Marga, mientras le invita con un gesto a llenar su plato con lo que quiera.
– ¿De qué querías hablar?
Ni tan siquiera saluda, este tipo de tíos no puede soportar sospechar que hay algo fuera de su control; capullo, gilipollas, engreído…
– Bueno, quería decirte algo, pero puede esperar… A los postres. Vas a sufrir, gilipollas, no siempre vas a obtener lo que quieras de la gente, para eso hay que ser totalmente sincero con la gente y con uno mismo… Imbécil…
Marga mastica y saborea cada vez con más placer. Observa cómo él apenas come; bebe de su copa de vino y hace muecas sin parar. Está incómodo, irritado.
– Está bien -dice ella-, quiero cortar contigo… Pero quería hacerlo de una forma agradable, cenando… Tampoco llevamos tanto tiempo juntos, y no nos parecemos una mierda, reconócelo…
Él se lo toma con calma. Se le ve más irascible por la situación y por la espera, que por la noticia. El resto de la cena reina el silencio. Marga sigue disfrutando de la escena, y “Romeo” sigue arrugando el ceño cada vez que bebe de su copa de vino.
Para Marga lo peor de correrse a chorro es la perdida del control, las convulsiones. Sobre todo si lo que haces es meterte en la cocina para masturbarte de forma que, cada vez que sueltas un chorro de fluidos, tienes que apuntar a un vaso que sujetas con la mano izquierda, y que también tiembla.
Luego Marga vació media botella de vino y la rellenó mezclando el que quedaba con lo que ella llama, y muchos llamarían: “zumo de coño”. Una bebida que, aunque no sirva para rehabilitar a reprimidos, sí da buen resultado para echarte unas risas, mientras ves las caras que ponen al beberse bien fresquita tu filosofía sobre la vida.

[Un colega de contrastado criterio me envió hace unos días el video de arriba. A partir del cual he constatado que Chris Cunningham, su realizador, sigue en forma; y además he descubierto al grupo “The Horrors”, desconocidos para mí hasta ahora, y que tienen un discurso brutal, oscuro y muy llamativo. El tema del video quizá no es especialmente representativo, pero sí lo es en cuanto lo cadavérico y tétrico que es todo lo relacionado con este grupo. Recomiendo encarecidamente su disco “Strange House”, para todos los que busquen buen garage rock, punk, pop, y todas las etiquetas que abarquen… Abajo la foto es de Samantha Morton, la chica del videoclip, que igual trabaja con Spielberg o Woody Allen, que se sube la falda para unos punkies.]

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37 comentarios en “Cítricos existenciales

  1. Te creerás que entre para leer un poquito y dejar el resto para luego, y no he podido parar? pues sí, no he podido parar. No por lo morboso del tema, ja! que también, sino que qué fuerte! existen tíos así?? pues amigo, la respuesta es que sí. Igual que exisitrán tías que sean así. La cuestión es que según como, habemos los que con el paso del tiempo vamos descubriendo la sexualidad poco a poco, y siempre viene bien si das con alguien que te quita de complejos y te hace sentir querida, aunque luego te de una pata en el culo. Pero vaya, a diferencia de tu protagonista, prefiero las relaciones con sentimiento mas que el puro placer del sexo sin mas. O sease, me quedaré sin comer rosa como quien dice, jajajajaja. No bueno, siempre aparece a tiempo alguien que llena nuestro corazon y otras cosas, jajaja.

    Dicho lo cual, el relato me ha parecido muy bueno.

  2. Muchas gracias por llegar y dejar tu huella, la que me ha traído aquí.
    La verdad que me lo he leído todo de una vez…;-)
    Me ha parecido genial esta entrada, me has conducido suavemente por toda la historia totalmente absorta y tambien asombrada por tanto detalle tan personal…. jajajjaa!
    Marga…ídola!!
    Erótico, sensual, motivador…me gustó de principio a fin.
    Nunca pensé leer tanto…;-)
    Gracias…

    Ali

  3. Eres un genio de la escritura y de la expresión; sin duda alguna consigues enganchar al lector y hacer que continúe leyendo sin poder reservarse el final para otro momento. Seguiré leyéndote sin duda. Un saludo.

  4. El que no quiera comer coño, que se lo bebe diluido en vino.
    Buen relato. Creo que de los mejor redactados hasta ahora, es decir, por su corrección y uso del lenguaje. No obstante, también adoro aquellos que son pura fuerza incontrolada y, por tanto, no tan bien redactados.
    Eres un máquina, dale duro.

  5. “Ser moderno significa acatar las reglas y arrugar el ceño ante cualquier vestigio de auténtica personalidad ajena.”… ¿y la libertad, qué queda de ella?

    Sería estúpido preguntar en el siglo veintiuno sobre la vaga libertad, que ya se ha esfumado en tiempos remotos.

    Es Genial cómo todos tus texto se convierten también en un gran cuestionamiento.

    Saludos.

  6. Vaya como me ha agarrado el texto tan cargado de erotismo.

    Excelente, es como decir soy el fuego, ven a mí, yo soy ardiente, incorpóreo, un ser de luz que puede amarte, desearte y lograr la fusión perfecta…

    Saludos, te espera el gato danzarin…

  7. Mariano:

    No sé muy bien cómo asociar tus dos comentarios al texto, pero bueno, gracias por la visita.

    Latifa:

    El personaje del relato no pretende ser el reflejo ni la representación de ningún tipo de mujer concreto.

    Un saludo a todos.

  8. Mercedes:

    Yo no soy de los de juzgar a los personajes cuando leo una historia, sólo me interesa lo carismáticos o anticarismáticos que son. Pero de entrar a juzgar a Marga, como no añadas algo más…

    Saludos.

  9. Menos mal que me digne a leer pacientemente esta entrada.

    Me suele pasar muchas veces, es decir, veo un tochazo grande y me da pereza pero al final lo leo y me encuentro algo que merece la pena, como en esta ocasion.

    Ha sido muy interesante esta historia y como relatas, me gusta^^

    sigo leyendo 😉

    PD: gracias por tu visita al mio ^^

  10. Imposible comenzar a leerte y dejarlo para otra ocasión.
    Tienes algo especial que expresas con maestría. Me encantan
    tus personajes, son ricos en matices y en visiones sarcásticas
    o cínicas de la realidad humana.

    Ya sabes,… la extensión define el paisaje!

    Un saludo, jordim y gracias!!

  11. Lo decía porque sin duda Marga disfrutaría con la lectura, igual que me ha pasado a mí. Ni juzgar a los personajes, ni carismáticos, ni no carismáticos, ni nada de nada, hombre; no iban por ahí los tiros…Era sólo eso, por si no había quedado claro… 🙂

  12. Como siempre bien escrito….

    Me gustan algunos comentarios como el de las cotorras, la prota debería saber que nadie este obligado a hacer nada que no quiera y hoy me habré levantado remilgadita pero me ha dado un poquito de asco el final ….

    Hasta otro momento

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