Mártires

Ella era distinta a mí, unos quinientos mil euros más al mes. Yo pensaba que detalles como sus triunfos en la vida no me afectarían en absoluto. Que fuera más ambiciosa, sus cuatro coches, su casa con piscina, pista de tenis y gimnasio, y que encima esos lujos no fueran producto de unos padres millonarios… todo eso no tenía por qué hacer que mi polla colgara muerta en mis calzoncillos mileuristas. Pero a ratos me sentía como un pelele, un capricho más de la chica triunfadora: una empresaria que encima también era escultural, leída, tenía sentido del humor, de la crueldad bien entendida, y hasta del gusto.
Los restaurantes de la ciudad se estaban acabando para nosotros. Una vez fuimos a uno en el que la botella de vino ya costaba el doble de mi sueldo. Mi cartera con ella era siempre el último puto trozo de cuero sobre la faz de la Tierra.

Y llegaba la noche y para más inri se disfrazaba; utilizaba porno, correas, velas encendidas, lubricante… Casi siempre sabía pegar en el momento adecuado, chupar, morder… Todo con la intensidad justa.
Tenía tres ONG’s en marcha. La mitad de sus ganancias (sí, el cincuenta por ciento) se iban al estómago de los más necesitados; financió tres escuelas en Sierra Leona con sus respectivas bibliotecas, laboratorios y hasta puñeteros neumáticos para que jugaran los niños. Era la versión siglo XXI, multiorgásmica, joven y con el felpudo recortado de la madre Teresa de Calcuta. Y encima me quería.
Mi capacidad de superación individual y mi ego se iban poco a poco con cada comida que me pagaba, con cada orgasmo, beso, encuentro en el aeropuerto y navidad que pasaba. No había quien aguantara tal desequilibrio de poder. No supe sentirme bien con ella desde el principio, y cuanto más apego sentía por mí, más inútil me veía a mí mismo. Yo era un puto fracasado entre sus piernas depiladas a láser; tenía pesadillas despierto con la posibilidad de que agujereara los condones y yo tuviera que responder preguntas a nuestro hijo al cabo de cinco años.

Fantaseaba con la idea de que en realidad fuera una mafiosa, de que todo su dinero estuviera manchado de sangre, de que engañara a hacienda, sus tetas fueran falsas y su pelo rubio, teñido. Una vez tuve un sueño en el que la policía nos despertaba de madrugada echando la puerta abajo y se la llevaban esposada. Sonreía dormido, eso me dijo.
Nunca la he visto llorar, desfallecer, levantarse con el pie izquierdo. Nunca se enfada durante las múltiples conversaciones telefónicas diarias (un día las conté, más de cincuenta). Llevaba sus negocios tomando el sol en el césped al lado de la piscina, paseando conmigo por cualquier país, o durante cualquier rutina repetitiva. Duramos cuatro años de horizontes económicos sin fondo. Ella representaba mi existencia desperdiciada. Mis principios se convirtieron en una amalgama de hipocresías, dudas y sospechas.

Después de nuestro tercer aniversario, celebrado con una cena de trescientos euros por cabeza, comencé a resbalar definitivamente por un pasillo estrecho de vergüenza de clase media-baja. A aquellas alturas aún no conocía a sus padres. Éstos viajaban mucho y casi nunca llamaban por teléfono. Estaban jubilados y parecían haber estado postergando el encuentro con el novio pobre de la niña. Podía entenderles.
A pesar de ese distanciamiento progenitores-hija, no había ningún tipo de conflicto serio. O eso pude observar el día que me tocó conocer a esos nuevos ricos, padres orgullosos y desarraigados de la vida real. Incluso habiendo sido obreros buena parte de su vida, me dijeron sólo con gestos y ademanes descarados que no entendían qué cojones habría visto semejante amazona multimillonaria en un desgraciado sin metas como yo. Aunque obviamente en voz alta todo fueron cortesías y educación de frase hecha…

Después de aquella comida familiar no volví a ver a nadie más de su familia. Caí en un estado de hastío anímico; cruzaba los pasos de cebra a cámara lenta, estaba ido, me multaron un par de veces por no respetar la velocidad mínima en la autopista de camino al trabajo, y mi rendimiento laboral se fue al garete.
Pasaron dos meses de trifulcas hasta que me despidieron. Era deprimente, todo, estar despierto, existir. Toda una vida enfocada hacia la seguridad, dejando de lado todas mis pasiones, las carreras que quisiera haber estudiado, los dibujos… quería hacer cómics; ahora suena raro. No se me daba mal. En el cuarto de estar enorme de nuestra casa había colgadas dos caricaturas enmarcadas de la protagonista de todo esto, que por otro lado, dicho sea de paso, nunca fue mi mujer.
No quiso casarse conmigo. Eso en parte me aliviaba. Tenía un lado liberal desconcertante que combinaba con su rectitud como empresaria. No encajaba con el perfil de mujer “moderna”, decidida e histéricamente feminista con un palo metido por el culo que está tan en boga, pero tampoco era del todo conservadora. Conseguía lo que quería, siempre, y cualquier persona caía rendida sí o sí ante sus inapelables argumentos. Obviamente nunca la vi enferma, y tampoco se planteó en voz alta la posibilidad de tener hijos.

Ella se elevaba por encima de todos con una fina capa de maquillaje dando limosna a los mendigos, ayudando a los ancianos a cruzar la calle (esto me sacaba especialmente de quicio), y siempre con la respuesta correcta en los labios. Era transparente como el rostro de quien siente odio, y tierna como la Shirley MacLaine de “El apartamento”. Era cinéfila, melómana, se lo leía todo, siempre pedía sacarina con el café. Y por otro lado, fumaba, le gustaba la ya mencionada vertiente más light del sado, y a veces se emborrachaba y me exigía sexo anal.
Y la cuestión es: ¿Cuál era mi papel? ¿Debía buscar otro trabajo como informático? (sí, informática…) A ella no parecía importarle el hecho de que vagara por casa en batín estando en paro. “Si lo que querías era dibujar, dibuja”. Eso me decía.
Y cuando ese cuarto año de relación estaba llegando a su segunda época de frío, durante la eterna víspera de navidad, todo comenzó a suceder.

Un día paseamos por un parque. Hay un niño, un crío de no más de siete años. Está en silla de ruedas. Ella se detiene ante él, se queda mirándolo. Los padres, sentados en un banco al lado de su hijo, comienzan a alertarse. Ella se acerca a él. Pregunta a los padres qué le pasó, cómo se llama. Un accidente de coche. David.
Mi novia perfecta posa las manos en las piernas lisiadas y cierra los ojos un minuto. Luego los abre, y susurra:
– Mañana cuando despiertes en tu cama, te acordarás de mí, David.
Y nos fuimos (más bien se fue y yo la seguí, como siempre…). Ni siquiera se despidió. Sólo sonrío con dulzura natural al crío y a sus padres, y se encendió un cigarrillo.
Se está volviendo tarumba, pensé. Eso me hizo sentir un ramalazo de optimismo. A la larga podía convertirse en una excusa para volver a mi vida de clase media, podía ser mi oportunidad de buscar una novia más adecuada, más corriente, menos guapa. Más tonta que yo.

A más frío hacía, más rara se fue poniendo mi vida: la vida. Tres de diciembre. Salimos a nuestro paseo rutinario de por las tardes. Un coche se salta un paso de cebra y atropella a un chico de unos veinte años que rebota como un muñeco contra el parabrisas. Se oyen gritos, algunos curiosos sacan sus móviles, fotografían, graban, llaman… La gente se amontona intentando ver algo dramático y terrible, buscando algo para contar en nochevieja… Y cuando el cuerpo del chaval ya está rodeado de personas, mi cada vez más silenciosa y pensativa novia de lujo se mete entre todo el bullicio. Me dice: Espera aquí, ahora vuelvo…
Pasan como tres minutos y de repente todo el mundo comienza a aplaudir. Ella sale del gentío, sonríe, una señora mayor está llorando e intenta besarle la mano. Los otros la ovacionan o la miran estupefactos. Y acto seguido veo cómo el cuerpo del chico está de pie y todos le dan palmaditas en la espalda. Faltaban veintidós días para navidad, aunque luego supe que eso en realidad era un dato irrelevante.

Veinte de diciembre. Pasamos por delante de un hospital y ella entra sin más, sin darme explicaciones. La sigo, no digo nada. Llevo en una nube de incredulidad desde el accidente del día tres. En los periódicos trataron el suceso como cualquier otra noticia carente de ampulosidad; un atropello más en el centro de la ciudad. Nadie con credibilidad en ningún sitio pronuncia o escribe las palabras Milagro o Sanación.
Ya dentro del hospital vamos pasillo por pasillo y planta por planta. Ella se limita a entrar en las habitaciones, y al cabo de poco sale y le dice a alguna enfermera: “El chico ya ha despertado” o “Deberíais quitarle el yeso” o incluso una de las veces: “La mujer de la veintidós no estaba muerta”. Para acabar con la pregunta: “¿Alguien me puede decir dónde tienen aquí la morgue?”. Y después va y me suelta en voz baja:
-Eso será más complicado, esperame en la calle.

Dos días después las portadas de los periódicos parecen la versión multivitaminada del día de los inocentes. La mayoría de gente no se quiere creer nada. Otros, supongo, no tienen más remedio después de haber visto sus huesos soldarse de repente o a su abuelo vivo muerto hacía escasas horas. Muchos me hacen preguntas y no sé qué contestarles. La mayoría sospechan, susurran, sonríen negando con la cabeza; no pueden aceptar ver todos sus principios cayendo como fichas de dominó. Algo extraordinario estaba emergiendo en el mundo, y yo llevaba cuatro años follándomelo.

El día veinticuatro de diciembre a las nueve de la noche se celebra una rueda de prensa. Mi novia tiene que dar explicaciones a todos, al mundo. Ella decide el lugar. Una especie de salón de baile, abandonado, enorme. Diez horas antes los alrededores están llenos de periodistas. Todos saben que algo sucede; seguro, piensan, es una farsa, publicidad para una película, un anuncio viral épico. Pero sea lo que sea interesa, y los medios de comunicación, las venas eléctricas del mundo, como buenos carroñeros, no pueden perderse el acontecimiento. El programa incluye un comunicado y una cena de la chica misteriosa con algunos de sus amigos más íntimos, a los que yo no conocía…

La noche anterior, en nuestro dormitorio, mientras se quita las medias de rejilla y guarda en su maletín sus artilugios sado, me dice que obviamente estoy invitado, que no debo perdérmelo. Que aún no puede hablarme de lo que está pasando. Necesita contárselo a todos antes para después explicarme a mí la versión no oficial.
– No quiere decir que lo que les cuente a los periodistas vaya a ser mentira, pero tú tienes un papel importante en todo esto, y debo contártelo de otra forma… ¿Lo entiendes, cariño?
No. Pero no dije nada. Asentí. Llevaba mucho tiempo sin hablar con ella, a no ser para cosas como que me pasara la sal o que no me pegara tan fuerte por las noches. Mi rutina ya se había difuminado completamente. No tenía trabajo ni perspectivas personales, estaba deprimido y agobiado, y mi novia iba por ahí soldando huesos y curando enfermedades terminales con la misma facilidad que hacía que yo me corriera. Llegados a ese punto yo era un montón de moléculas en paro, y ella… bueno, básicamente era la respuesta a todas las preguntas. Era un Dogma en sí misma.

El día veinticuatro desperté y la estrella del momento no estaba en casa. Dejó una escueta nota en la que decía que tenía cosas que hacer, que nos veríamos por la noche. Yo era uno de los invitados de honor a esa cena rodeada de periodistas. Yo sería el paria, Jack cenando con la alta sociedad en el Titanic, pero sin el encanto de Leonardo Di Caprio. Me sentía estúpido. Algo iba a ponerse patas arriba a nivel global, y yo no tenía nada que aportar. Sólo miedo.
Había dormido fatal. No podía salir a la calle si no quería que la gente me parara o me intentara besar o pegar. De repente era famoso por ser el novio de la chica farsante, esa gilipollas que quería ser el centro de atención. Nadie sabía muy bien qué estaba pasando, yo tampoco. Pero estaban seguros de que sólo era una treta para que alguien que ya era rico ganara aún más pasta. Lo que tenía que pasar sólo era publicidad; casi todos estaban convencidos. La mayoría de las cosas que te sorprendían en la vida sólo sucedían porque alguien quería tu dinero. Todo se movía por interés de tal manera que el escepticismo era la mejor droga, y todo el mundo venía chutado de casa con las venas a reventar de madrugones, hipotecas, facturas y putadas de toda índole en el horizonte. De algún modo, lo que iba a intentar hacer mi novia era leerles un poema demasiado profundo a unos perros de presa. Yo ya no sabía qué pensar, mis ojos habían visto, pero mi cerebro parecía estar filtrando la información para que no me diera un infarto.

Me quedé las horas antes de la vergüenza en mi lujosa mansión moderna y regalada (en lo que a mí respectaba), deambulando de un lado a otro, apagando y encendiendo la pantalla de plasma. En la tele había tertulias absurdas sobre lo que podría pasar por la noche. Nadie decía nada coherente, y en ese momento eso era lo más coherente.
A eso de las seis de la tarde me venció el sueño; me quedé grogui en el sillón enorme de x plazas que teníamos en el salón. No había dormido más de cuatro horas por la noche. Me sentía como cuando llevas esperando durante mucho tiempo que llegue cierto día fatídico, y las horas antes sientes una extraña calma, como si hubieses agotado la angustia y te invadiera una especie de falso sosiego.
Así que dormí plácidamente. Y luego, cuando desperté, me di cuenta de que iba a llegar tarde al salón de baile.

Me vestí a toda prisa. Estando ya en el coche mi móvil comenzó a sonar; su voz en mi cabeza:
– ¿Estás de camino?
– Sí, es que me he…
– No te preocupes. Ya estamos todos aquí. Te esperamos.
Y colgó sin más. Se oía bullicio de fondo. Comencé a ponerme realmente nervioso. Me salté un par de semáforos. Al llegar al lugar vi cómo en la calle había una riada de fotógrafos y cámaras y reporteros. Tuve un mal augurio cuando vi que me miraban, hasta parecían reconocer el coche. Mi coche mileurista.
Todos me pusieron los micrófonos en las narices, me hicieron preguntas absurdas, creían que yo sabía lo que pasaba, qué iba a pasar. Una reportera daba por hecho que yo tenía poderes. Una anciana se me acercó, empujando la silla de ruedas de su marido, suplicante. Y yo sólo pude hacer mutis y pasar de todo el mundo. Pasé de largo con mis tejanos baratos y mi camisa, con mi barba de cuatro días.

Entré en el salón y comencé a recibir flashes en la cara. Crucé entre la gente a duras penas. La ropa no me llegaba al cuerpo.
Me quedé atónito cuando vi lo que había justo en medio de la pista de baile. Una mesa de madera alargada literalmente rodeada de curiosos y periodistas. Ella estaba en el centro de todo. Pude contar a once invitados a la cena además de a mi novia. Todos sentados en el mismo lado, con sus platos y sus cubiertos. Todos mirando hacía mí. Y cualquiera que tenga la más mínima curiosidad en esta vida conoce cierto cuadro de Da Vinci.
Había un asiento vacío; las sillas eran de madera acolchada, con el respaldo alto, superando las cabezas de aquellas once extrañas personas. Realmente estaban esperándome; todo el circo pendiente de mí. El decimosegundo apóstol.

Fui a sentarme en mi sitio, colocado en un extremo; iba casi mirando al suelo. Se me puso la piel de gallina cuando, entre los otros compañeros de mesa, reconocí al tío al que atropelló aquel coche, a dos enfermeras del hospital del milagro múltiple, y a mis supuestos suegros. Ni tan siquiera intenté darle sentido al asunto, sólo me quedé paralizado. La mesa, en su centro, estaba llena de micrófonos, todos apuntando a la nueva Mesías. Ella tenía un papel delante, alguna especie de guión. Todos estaban esperando respuestas; todos mis compañeros de mesa ya las sabían.
La Mesías levantó su mano derecha, y sin decir nada, se hizo el silencio. El soliloquio comenzó.
– Hola a todos… Siento el retraso, pero no podíamos empezar sin el protagonista de este encuentro… Porque la protagonista no soy yo. Sólo soy una pieza más aquí, una chica con la cabeza llena de pájaros que un día decidió que quizá se pueden cambiar las cosas…
Carraspeo. Silencio.
– Claro que… para que algo cambie, para que la gente despierte, por decirlo así, necesitamos mártires. Necesitamos personas que sean capaces de decir una verdad absoluta ante todos justo antes de pegarse un tiro en la boca.
La sala se llenó de murmullos. Ella volvió a levantar la mano y todo se quedó quieto otra vez.
– El chico que ha llegado tarde es mi novio… Era mi novio. O mejor dicho… él creía que era mi novio.
Se oyen algunos comentarios en voz alta. Yo me encogía en mi silla y rezaba para que todo acabase pronto, quería salir de allí y hacerme cirugía en la cara, irme a otro país… El Dios renacido continuó hablando con el tono de una ministra de economía. De repente no era dulce ni encantadora;
– Él ahora debe sentirse humillado… Pero lo que no sabe es que todos los que estáis aquí, con toda seguridad, sois igual que él… Las personas que veis a mi lado fueron en el pasado víctimas entre comillas como él. Yo también lo fui… Pero esta vez necesitábamos trascender, gritarle al mundo que estamos aquí, que existe una sociedad que va a dedicar sus esfuerzos a mejorar el mundo, en lugar de pasarse el día mirándose al ombligo… Queremos practicar el terrorismo inverso, como nos gusta llamarlo. Hemos funcionado de forma clandestina. Hemos contratado actores, especialistas, psicólogos, científicos. Somos de todas las clases y tenemos trabajos de todas las clases… Pero hemos decidido dedicar nuestro tiempo libre a esto. Y esto, todo, es un espectáculo, una farsa si queréis llamarlo así. Pero estamos seguros de que va a ser lo más auténtico que vais a ver en vuestra vida.
El murmullo se hace ya imposible de frenar. Algunas personas se van, pero la mayoría quiere saber cómo sigue la película.
– Cariño – me dice, mirándome; los flashes lo iluminan todo -, ahora te quiero porque te conozco. Tengo sentido de la empatía, emociones… Y sé que te he utilizado.
Y entonces vuelve a mirar al frente.
– Pero no ha servido de nada. He sido cariñosa, atenta, le he dado todo lo que me ha pedido, he sido su puta y su sirvienta. Me ha visto fundar y administrar ONG’s, dejar monedas en las bandejas de los sin techo. Ha tenido cuatro años a su lado a una persona que ha movido cantidades inmensas de dinero para ayudar a los demás. Y en la última fase de este experimento, hasta ha creído, como algunos de ustedes, que podía sanar a la gente con mis manos… Y no he obtenido la más mínima reacción por su parte… jamás ha querido imitarme, ayudarme, volverse mejor. Nunca ha venido conmigo en mis viajes, no ha querido saber nada de nadie siempre y cuando yo volviera a casa y le diera lo que él únicamente buscaba: Comodidad personal e intransferible. He aquí, señores, el reflejo de todos ustedes, la representación básica del ser humano corriente: un parásito automasturbatorio.

No sé qué cara debí poner. Las cámaras apuntaban todas hacia mí, como en un fusilamiento mediático a alguien que ya era un cadáver emocional. Mi defecto era que simplemente era normal, la representación idónea de lo que la gente considera normal. Me sentía como si estuviera pagando todos los platos rotos de los últimos veinte siglos. Y el discurso aún no había acabado;
– Tenemos, pues, después de cincuenta años de mártires analizados, un modelo de conducta que eliminar… Y sé que todo esto les parecerá absurdo. Mañana se llenarán la boca de palabras como Anarquía o Reduccionismo. Seguro que evitarán pensar de verdad, que esto sólo les habrá parecido un show o la performance elaborada de la promoción de una próxima película. Pero no lo es. Todos ustedes viven en este mundo. Les van a querer seguir engañando, adoctrinando, llenando de etiquetas. Todos son esclavos contentos de serlo. La peor cárcel que existe es la educación malentendida. Una educación aceptada por la que nadie quiere convertirse en conejillo de indias para mirar por algo más que no sea él mismo…
La mitad del la sala a esas alturas se había vaciado ya. Yo lo agradecí. La atención mediática al día siguiente fue menor de la que esperaba; brutal en cualquier caso, pero menor. Parte de mi vida había sido una comedia imitación de la vida de cualquier otro. Lloré durante varios días entre los brazos de ella. Al final fue verdad que me quería. Y continuó haciéndolo una vez consiguió que la perdonara definitivamente.
Hice las maletas al día siguiente, en navidad. Sí, ellos me acogieron;
– Así pues, seguiremos en el ajo. Ahora saben que existimos. Supongo que todo esto les habrá sonado demasiado romántico… No interpreten lo que les voy a decir como una amenaza, pero tengan cuidado con la próxima novia que se echen, con los contactos en las redes sociales, con sus suegros, sus parientes o los planes de futuro. Sus vidas podrían ser igual de falsas que hasta ahora, pero útiles para nosotros. Nos gustaría pensar que a partir de esta noche jamás volverán a dormir tranquilos… Soy optimista. En el fondo aún no saben de qué va todo esto. Somos ya demasiados para que nuestros planes caigan en saco roto. El hecho de estar vivo pronto va a significar algo completamente distinto… En todo caso, lo siento, Dios no existe. Gracias por haber venido. Gracias por escucharme.

[Es el décimo aniversario de “El club de la lucha”, película que me dejó con el culo torcido a los diecisiete años, y se pegó un batacazo en taquilla; cosa comprensible sabiendo los gustos (el mal gusto) del gran público, aunque incomprensible teniendo en cuenta sus videos de promoción (uno de ellos arriba). Esta película me marcó por su descaro, aún hoy me parece increíble que alguien se atreviera producirla en Hollywood; hoy por hoy parece una utopía. Cuando la volví a ver me fascinó. Me abrió la mente hacia muchos otros directores de cine y escritores. Al margen del culto creado alrededor de ella (vende dvd’s a espuertas) muchos la odian, otros dicen que es simplista, autoparódica, hipócrita… Pero lo cierto es que cabreó a muchos, y que eso suele pasar cuando alguien dice algo de verdad. Fincher hizo después otra joya como “Zodiac” (¿su mejor película?). Su última Benjamin Button me supo a poco teniendo en cuenta la filmografía que atesora este hombre. Y ahora parece que quiere hacer una película sobre los orígenes de Facebook. En cualquier caso, aquí queda mi Cumpleaños feliz para la obra de Palahniuk y Fincher.]

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71 comentarios en “Mártires

  1. ¡Por fin!

    No veas, ¡cómo ansiaba las vacaciones para tener tiempo de leer a tu novia la ONG de turno con patas!, y tu blog que es de mis favoritos…

    Lo joío que hay que cogerlo con calma, mucha calma… y ganas de saborearlo.

    Mañana vuelvo Jordim, a terminar lo que me queda pendiente. Eres un dulce, lo-se-pas.

    Ufff, no sé si eso te gustará. Dejémoslo que eres un escritor maldito de primera juas.

  2. Ufff casi que no termino por favor y el final bueno que te digo, pero estas seguro de que Dios no existe? yo aún no llego a pensarlo.
    Por cierto después de leer tu historia, me doy cuenta que eres demasiado bueno en esto me quito el sombrero.
    Un abrazo

  3. Weno…bonito relato….XD
    Fight Club de lo mejor que e visto….lo vi este año (17 años tambien XD)…un puñetazo visual increible..con repercuciones?….Obvioooooo…..!!!!!

  4. Para ser un cuento de Navidad dejaste a Dios hecho trizas, a la familia por el suelo y a la sociedad y la mediatización en general como está, pues peor ya será para el año que viene.
    A lo mejor cambiando de novia.. no sé sólo es una propuesta.
    Es verdad que ésta parecía quererle. Pero vaya si a eso lo llaman amor…

    Un abrazo, y gracias por tu paso por mi blog.

  5. yo creo que tal vez existe un estilo de dios, pero nada que ver a lo que se propone. no creo en la alabanza ni nada de eso, ni en la condena, ni que esto es algo transitorio.
    excelente me encanto.

  6. ¡ Ufff, Que rebueneo tu relato!!! Me impacto, me encanto, y estoy de acuerdo en algo: Dios, no existe.
    Una GENIALIDAD con mayusculas, este escrito. Mis aplausos.
    Mil besitos!!!

  7. Aniquiladora temática! Genial la imaginación y la forma!

    Estoy alucinada, generalmente sucede en este blog, Jordim, pero la historia… mejor que la anterior y seguramente, superada por la próxima!

    Un saludo humilde, pero muy sincero!

  8. Realmente perturbador para un domingo por la mañana, para cualquier día. No entiendo por qué, pero leyéndote se me han saltado las lágrimas. Una especie de tristeza neutra, impersonal, autocompasiva, me ha dejado KO. No te conozco, no sé quién eres… pero lo que has escrito me ha afectado, supongo que para bien. Un abrazo, de desconocido a desconocido (lamentablemente) y sigue así, por ese Dios que no existe, sigue así.

  9. Ya ves, las grandes diferencias no traen nada bueno…
    Ni las sectas!
    Por dos! He estado pensando al final que nos esperaba una crucifixión
    en toda regla! De esas con sangre y todo!
    Pero bueno, creo que el efecto sobre él ha sido similar…
    Qué escalofríos me dan estas “hermandades”…Ay!
    Pa fiarse de las parejas…ja!

    Un beso

    Lala

  10. Tus textos, amigo Jordim, son sumamente cinematográficos. Se nota la influencia de la cultura audiovisual que hemos “mamado” todos estos años. Son relatos eléctricos, de alto voltaje y con una plasticidad acusada. Leerlos y recrearlos en la cabeza es todo uno. Me encantan tus personajes, cómo enfrentas a personas normales con acontecimientos que les superan y desbordan. Son peces fuera del agua con los que nos identificamos.

  11. Esos extraños que nos rodean, nos miran, nos oyen y nos sonríen; a los que envidiamos, sin saber muy bien porqué y que en cualquier momento de la vida nos hacen ver claro que somos nosotros los zombies, los alien, los alienados…y que nuestra ridícula secta de ¿seres inteligentes? tiene los días contados, porque alguien gritará:
    – ¡Corten!, ya puede el camión de los residuos sólidos urbanos llevarse a los figurantes.
    Pero: ¿quienes son los humanos y quién los humanoides?; ¿quién manda dentro de una sala de cine, los que actúan o quienes miramos desde la oscuridad?.

    Tu historia me ha traído fragancias de, entre otras: la Edad de la Ignorancia (Denys Arcand) y El show de Truman (Peter Weir).
    Saludos.

  12. Hola Jordim,
    Me gustó mucho tu bondad escondida en modernidad, anarquía y ateísmo 🙂 Sí, la próxima vez que alguien haga cosas buenas, se porte de maravilla, gane mucho dinero y sea exitosa en mi presencia, la voy a imitar, no vaya a ser que me pase todo eso. ¡Me encantó cómo escribes!
    Muchos saludos,
    Carolina

  13. Como ya es habitual cada vez que leo un nuevo texto tuyo, vuelvo a quedar impresionado, por la calidad, por la trama. por su desarrollo… Consigues, a pesar de su extensión, que no pueda dejar de leer; y siempre sorprendentes los giros de la historia. No cabe la menor duda, eres un escritor de talla, dxe mucha talla. Gracia spor tus relatos.

  14. Nada, que los hombres tenéis unos problemas horribles si no tenéis un duro y os echáis una novieta millonaria, sin embargo, de toda la vida, las tías se han pegado por echarse un amante millonario y que las mantuviese de por vida con todo lujo de caprichos. Debe ser una cuestión educacional o de puro orgullo de macho, jeje, pero si yo estuviera en el lugar del prota de tu relato, me limitaría a disfrutar de tan regalada dolce vita en vez de a lloriquear porque no me llegase p’a pagar la botella de tintorro del güeno en el restaurante carísimo de turno, jajaja. Y encima que el pobre es un parásito automasturbatorio en palabras textuales de su mesiánica, (de pega), novia …En fin, cuidadín con esos ligues que ostentan tantos lujos y que sacan aparatitos de sado en menos que canta un gallo y que ayudan a las ancianitas a cruzar la acera o hacen milagros como quien invita a una caña… cuidadín…

  15. No he visto El club de la lucha. Y no sé muy bien por qué.
    Escribes de una forma que me gusta porque, independientemente del contenido, que no ha estado nada mal, lo haces sin artificios, ni demasiados adornos. Claro y directo.
    Saludos.

  16. Completamente perdida me qedado al final, pero lo qe importa (al menos a mi) esq siguen juntos y de qe una forma u otra, él recapacita. Antes de llegar al final pensaba qe muxos no estan contentos con lo qe tienen… por suerte le da un escarmiento, pero algo llamativo jajaj

    Muy bueno, como siempre 😉

    sigue asi!

  17. Escribes muy bien, lo leí de un tirón.
    Que el prota se cuide de esas chicas tan completitas, que hasta tienen excelentes argumentos y gran capacidad de convocatoria.
    Gracias por visitarme. Un abrazo

    PD El club de la lucha me impresionó cuando la ví, tiempo ha. La vida en una habitación cargada, muy cargada. Muy lúcida.

  18. Perdona, pero he dejado el comentario donde no correpondía. Lo repito aquí.

    Me ha parecido un relato magnifico. De esos que enganchan al lector del principio al final.

    Quizá estemos faltos de gente así. Aunque les temamos, más por ignorancia que por otra cosa. No sé, alguien o algo ha de poner ordén, pero ordén benigno.

    Me gustó la trama, el contenido y el desenlace

    Saludos

  19. Bueno, cari, la verdad es que he leído todo tu post pensando todo el rato que es lo que ese ángel de amor, esa joya del placer, esa mesías de la caridad podía ver en un hombre así para estar a su lado durante cuatro largos y desesperantes años… Y al no hacer mención explicita a sus atributos sexuales, realmente se me hacia bastante raro que una mujer así estuvirea al lado de alguien con tan poca utoestima y que no entendía nada, jajaj.

    Es decir, creo que si alguien tan maravilloso -al menos en apariencia- está al lado de otro, será pq lo merece…. algo que en este caso ni el entiende, jaja.

    El club de la lucha tiene -presencia de Bra Pitts aparte- el atractivo oscuro que tienen todas las obras de Palahniuk. A mi me lo hizo descubrir Shysh y ahora soy otro palahniukista más, jaja

    Bezos.

  20. Escribes de puta madre.
    Y esto se nota en dos cosas:
    -en que no podemos parar de leer hasta llegar al final
    -en que tienes ideas clarísimas y dominas el lenguaje.
    En serio, eres buenísimo escribiendo relatos.
    “La mayoría de las cosas que te sorprendían en la vida sólo sucedían porque alguien quería tu dinero. Todo se movía por interés de tal manera que el escepticismo era la mejor droga, y todo el mundo venía chutado de casa con las venas a reventar de madrugones, hipotecas, facturas y putadas de toda índole en el horizonte. De algún modo, lo que iba a intentar hacer mi novia era leerles un poema demasiado profundo a unos perros de presa. “, Joder,: es buenísimo.

    El final no me ha gustado mucho; para mí ha sido como un globo que se supone que al explotar va a hacer un estruendo enorme, y sólo hace “pop”; pero de cualquier manera, no he podido dejarlo hasta que ha acabado. Porque está muy bien escrito. Felicidades.

    (Y ahora en un apartito (aparte pequeñito) que no tiene la más mínima importancia, pero que tienes que arreglarlo: es el decimosegundo apóstol; o el apóstol doce; no el doceavo= 1/12. Y te has comido una “a” en lo de “pronto va significar…” está prácticamente al final)
    “El club de la lucha” yo no la he visto; pero la voy a ver porque me fío mucho de tu criterio dado lo bien que escribes.
    Y Dios sí que existe.. A mí me habla…y yo le saco juguetitos sados ;D Lo que pasa es que el resto andáis demasiado a lo vuestro y así va el mundo.
    Abrazos.

  21. Gata Chopada:

    Gracias por tu extenso e interesante comentario, y los halagos…

    Y por las molestias en lo de avisar sobre errores y erratas… (es lo que tiene escribir como una ametralladora, que a ratos ni piensas…).

    Insisto, gracias.

    Saludos a todos.

  22. Muy bueno, lo he leído de un tirón. Aunque reconozco que al final me he perdido un poquito y he tenido que releer, pero la mayor parte del relato me ha enganchado como una droga.

    Gracias por tu visita a mi blog. Me alegra que te gustase mi corrido de la mujer desgraciada, y espero volver a verte por allí. ;-)))

    Saludos.
    Narci

  23. Hola de nuevo, jordim.
    El lenguaje que utilizas, especialmente el que describe sentimientos, está siempre exento de romanticismo y deja entrever una mujer objeto. Da igual que la disfraces. Tal vez sea lo “normal” es estos tiempos, pero a mí me llama la atención sobremanera.
    Los textos, ricos en matices, son lineales. Toman acción ante los giros inesperados en la historia, para volver a ser lineales…Pero no me hagas caso, ya que no soy experta en la escritura. Son apreciaciones subjetivas que no te llevarán a nada.
    Me quedé con la sensación de que has escrito la historia con ganas de llegar al final. Esta vez no me hubiera importado que se alargara en descripciones que la completaran.
    Te agradezco la señal que me has hecho para que venga a leerte. Me gusta especialmente tu imaginacion.

  24. hola, me alegro de concer este rinconcito tan acojedor, me ha gustado mucho tu relato y la manera de transmitirnos, no se yo si a la iglesia le gustara tanto, jajajajajaja.
    Besazos

  25. Harán falta extraterrestres como esos
    para que nos arreglen el mundo porque
    los normales lo tenemos dificil.

    Da gusto leerte a pesar de lo extenso
    del relato eres capaz de mantener la
    atención de lector.

    Besos.

  26. El humor que se delata bajo las letras es síntoma de insanidad mental, lo cual queda plasmado en éste relato delicioso y agotador para el protagonista corto para quien lo disfruta y alucina.

    De lo mejor (a mi parecer) de la película que menciona, Edward Norton una actuación muy buena.

    Un biko lejano.

  27. Me ha encantado el texto- Un dulce cuento de Navidad . Me has dejado como dejó a la abuela Ethel el bueno de Auggie Wrenn y recordando la decisión de CIFRA:”
    ¿Sabe? Sé que este bistec no existe. Sé que cuando me lo meto en la boca es Matrix quien le está diciendo a mi cerebro: es jugoso y delicioso… Después de nueve años, ¿Sabe de qué me he dado cuenta? De que la ignorancia es la felicidad”
    Creo que seguro que volveré por aquí.

  28. quisiera evitar los juicios morales, la persona que aprueba o reprueba debe sentirse gran escritor o gran algo y creo que esto tiene que ver con la existencia o no del dios judío, un dios de cielo o infierno,¿alguien conoce otro dios? nietzsche decía palabras mas o menos “si me demostraran que dios existe; aun menos creería en él, el problema no es su existencia, el problema es su mal gusto.”
    saludos.
    un mancito

  29. Cuando he visto tu comentario me has parecido el típico bloguero que deja una chorrada de tres o cuatro palabras en cien blogs recién actualizados para que vayan a visitarte.

    No sé por qué, pero he accedido y ¿sabes qué? Que me ha gustado este primer post tuyo que he leído.

    Además, me gusta que te gusten las mismas películas que a mí y las mismas frases de Chuck Palahniuk que a mí.

    No sé si serás o no uno de esos blogueros capullos que sólo quieren ser leídos… pero sí sé que quiero seguir leyendo lo que escribas.

    Un saludo 😀

  30. Neverknowsbest:

    Efectivamente soy uno de esos blogueros capullos que sólo quieren ser leídos; para eso escribo… No me interesa lo más mínimo el medio ni la tecnología ni las mil gilipolleces que puedo hacer desde la administración del blog. Sólo me interesa escribir y que me lean.
    Y sí, muchas veces he comentado en blogs cuatro chorradas sólo para dejar huella, pero normalmente no en posts que me susciten algo más que mero entretenimiento. Claro que también a veces he sido parco en palabras aun habiendome tragado textos o poesía muy mediocre simplemente para no tener que extenderme…
    En el caso del comentario que dejé en tu blog, simplemente me dio una buena impresión tu texto, pero no como para enterrarte en halagos, así que decidí ser escueto, que es lo que suelo hacer tambíen en casos así…

    En cualquier caso, gracias por pasar y leer, y desde luego en el momento en que te canses mandas mi blog a tomar viento… 🙂

  31. Muchas gracias por la respuesta. Cuando decía “que sólo quieren ser leídos” me refería en realidad a que sólo quieren que miles de personas se pasen por su blog para decir “wow, que blog más chachi tienes, pero aunque no me he leído una puñetera palabra del post, te comento y así nos engordamos el número de comentarios mutuamente”. Lo he visto, vamos.

    Por supuesto que para eso se escribe un blog, para que le lean, porque uno tiene cosas que decir.

    Me gusta esa sinceridad y me gustaría que siguiera viva en cada palabra que escribas, incluso para no enterrarme en halagos (no creo que lo merezca y no es precisamente un alarde de humildad), porque es lo que más me ha gustado de lo que escribes, la honestidad.

    Sin más, un saludo y no te preocupes que no mandaré el blog a tomar viento, espero que nos sigamos leyendo y, en serio, que no te haya ofendido en absoluto mi post (lo digo por si acaso), en realidad no soy nada arisco.

  32. Neverknowsbest:

    Entiendo lo que dices, y no me pareció ofensivo tu comentario; sólo pensé que necesitaba una respuesta.
    Me gusta que la gente comente, y que entre al blog, y cuantos más mejor… Pero sobre todo lo que me gustaría es que los que entran leyeran… Pero como eso escapa a mi control (y mis relatos suelen ser demasiado largos para leerlos en pantalla), lo único que puedo hacer es plantar algunas semillas y esperar a que al menos lean dos de cada diez visitas.

    Nos leemos.

  33. Yo si que hacia tiempo que no pasaba por aqui. Veo con placer que sigues manteniendo afilada tu imaginacion y tu poder de fabulacion. Espero que estes planeando escribir para el cine o preparando la maleta para mudarte a Hollywood. Un beso.

  34. Jordim…. Hacía algún tiempo que no pasaba por tu “casa”…. Veo que sigues escribiendo, narrando, contando las historias con la misma intensidad…. Una gran historia, felicidades, supongo que un día veré algún libro tuyo en mi librería de toda la vida…. Saludos 🙂

  35. Una buena historia.
    No estaría mal que existieran de esos grupos que se dedicaran a poner en evidencia nuestra existencia de títeres. Podrían ser la oportunidad para tomar las riendas de una vida….

    Pero a veces los dedos justicieros y acusadores se crecen en su infalibilidad y se vuelven crueles déspotas…¡¡¡Vaya peligro¡¡¡¡

    Gracias por pasarte por mi casa. Abrazos.

  36. Gracias por tu visita a mi espacio. He venido a conocer el tuyo y de verdad que tu relato me impresionó. Mucha imaginación. En todas partes se cuecen habas. El final no me lo esperaba, demuestra tu creatividad. Un cariñoso saludo. Seguimos en contacto

  37. Abominable día de esos en los que no ocurre nada y nada es pan de todos los días… El avión, la esperanza.

    Magnífica forma de relatar la “vida”.

    Un saludo.

    Pd: gracias por tu comentario.

  38. Me deja un comentario en el blog, una de las personas que más admiro por la capacidad de escribir que tiene (me encanta lo que y como escribes).

    Dios mío, me siento afortunada.

    Muchas gracias.

  39. Hola Jordim: por lo que he leído- veo que eres ya un buen escritor; es un relato muy interesante. Creo que llegarás lejos. Adelante. Oye Jordim, a propósito… el consumismo, no me hace precisamente feliz. Gracias por…

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